jueves, diciembre 16, 2021

Alejandro Ríos sobre la la canción patriótica Alas de espuma : La fusión del rock con el rap nunca estuvo mejor resuelta, forman una sola manifestación de melancolía iracunda



 Tesis de menta con Raudel Escuadron interpretan Alas de espuma

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Tomado de https://www.cubanet.org/

El rock cubano y la rebeldía en Alas de espuma

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La fusión del rock con el rap nunca estuvo mejor resuelta, forman una sola manifestación de melancolía iracunda

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Por Alejandro Ríos

14 de diciembre, 2021

MIAMI, Estados Unidos.- Sin duda la exitosa canción Patria y Vida abrió un camino de insospechadas posibilidades para la música cubana que se produce en el exilio, en franca oposición a la superstición castrista.

Sin preverlo, porque la popularidad sigue siendo un misterio indescifrable en el arte, se transfiguró en esta suerte de himno directo, doliente, acusador, armonioso, compuesto dentro de los parámetros artísticos del género urbano, tan afín a las nuevas generaciones.

La visión del país de Patria y Vida corresponde al panorama de una dictadura en sus postrimerías, donde priman maldad, indigencia, terror, rabia, a la vez que exige el cambio necesario, desmantelamiento de lo insufrible.

Curiosamente en el año 1971 Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola, por entonces juglares primigenios del régimen, especularon muy metafóricamente sobre la necesidad de la libre expresión en una de las tantas manifestaciones políticas musicales de la llamada nueva trova: la canción Cuba va, donde reconocen “que cualquier hombre pueda gritar sus propias esperanzas, sus heridas y su lucha”.

La lectura de la canción que se produjo como parte de un documental, interpretada por el Grupo de Experimentación Sonora, es intemporal, de cierta manera no ha envejecido. Con algunos mínimos giros, hoy pudiera ser considerada una declaración contrarrevolucionaria: “Puede que algún machete se enrede en la maleza, puede que algunas noches las estrellas no quieran salir, puede que con los brazos haya que abrir la selva, pero a pesar de los pesares como sea Cuba va”.

Habla de esfuerzos mancomunados para alcanzar la promesa, tantas veces desvirtuada por el propio castrismo, del bienestar y la patria de todos que los cubanos merecen.

Su filosofía de esperanza, sin embargo, no pudo sobrevivir un contexto social tan crispado de falaz adoctrinamiento.

En definitiva, estos versificadores revolucionarios abogaban por la extensión y “reparación” de la violencia dictatorial que ya los había castigado en el orden personal y propinaba daños irreparables a la cultura con “palabras a los intelectuales”, congresos de educación, resoluciones absurdas, censura, parametración, vigilancia y delación, así como toda la cantaleta de oprobios que le son afines.

Esa época de complicidad, cuando el arte se puso a disposición del dogma castrista, no se salva a la hora del recuento.

El apocalipsis maniqueo de preferir “hundirse en el mar”, antes de perder la gloria revolucionaria, y la recomendación malévola de “crear en cada cuadra un comité” (de defensa revolucionaria), sitios de control comunitario, selló el final de esta corriente que luego continuó con trovadores mediocres y oportunistas, ahora incriminados por abusar de mujeres, entre otros desmanes.

Afortunadamente, el cancionero contestario que renovó con nuevos bríos Patria y Vida ha seguido rindiendo frutos entre músicos cubanos exiliados.

Recientemente el legendario grupo de rock Tesis de Menta, fundado en el 2003 por el músico Roberto Perdomo, y ahora establecido en Miami, ha dado a conocer una poderosa y reveladora canción: Alas de espuma, donde cuentan con la presencia del rapero Raudel Collazo.

La pieza viene acompañada de un video clip donde se ve al grupo en plena interpretación, según los cánones del género, a la vez que se narra la historia del enfrentamiento entre el régimen de intimidación que encarna una siniestra figura militar en la penumbra y el niño del futuro que decide competir echando un pulso para tratar de vencer, definitivamente, esa rémora que confina el progreso de los cubanos.

La fusión del rock con el rap nunca estuvo mejor resuelta, forman una sola manifestación de melancolía iracunda en la canción Alas de Espuma, esmerada declaración de amor por la isla:

“Cuba, madre de mis sueños/Te desplomas en mentiras/Así van lo malos cuervos/Descarnando tu alegría”.

Es una suerte de venganza del rock cubano y sus intérpretes, mucho tiempo zarandeados por la censura desgastante de la dictadura:

“Eres llanto que resguardo/en las sombras de la bruma/Y no sé cómo ni cuándo/Parirás alas de espuma”.

“Cuba espera/Cuba sol/Cuba llanto y temor/Cuba muere en rencor/Cuba vive en mi interior”.

“Cuba eterna/Cuba flor/Cuba escombros/Cuba amor/Cuba ausencia y estupor/Cuba pierde la razón”.

La historia nacional prescindirá de la teoría que la ha adulterado a favor de una siniestra ideología. Cuando sea libre, en el resumen necesario, tendrá a su disposición para el análisis y el disfrute, una pléyade de interpretaciones artísticas de sus penas y glorias, en canciones como Alas de espuma.

“Cuba, madre de mis sueños/Te desplomas en mentiras/Así van lo malos cuervos/Descarnando tu alegría”.

Es una suerte de venganza del rock cubano y sus intérpretes, mucho tiempo zarandeados por la censura desgastante de la dictadura:

“Eres llanto que resguardo/en las sombras de la bruma/Y no sé cómo ni cuándo/Parirás alas de espuma”.

“Cuba espera/Cuba sol/Cuba llanto y temor/Cuba muere en rencor/Cuba vive en mi interior”.

“Cuba eterna/Cuba flor/Cuba escombros/Cuba amor/Cuba ausencia y estupor/Cuba pierde la razón”.

La historia nacional prescindirá de la teoría que la ha adulterado a favor de una siniestra ideología. Cuando sea libre, en el resumen necesario, tendrá a su disposición para el análisis y el disfrute, una pléyade de interpretaciones artísticas de sus penas y glorias, en canciones como Alas de espuma.

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 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano


¨¨... Lo aplastante, sin embargo, es oírles decir que fueron felices.¨

Esteban Montejo,  la persona cuya vida sirvió de base  para  el libro Biografía de un cimarrón de Miguel Barnet, dio la respuesta hace años cuando el dramaturgo alemán Peter Weiss fue a conocerlo:


El propio Miguel (Barnet) ha contado de qué manera, por ejemplo, la narración y las reflexiones de Esteban Montejo, recreadas por él —dicha sea este concepto con absoluta propiedad, puesto que todos y cada uno de los pasajes del libro implican una auténtica re-creación—, impactó en el célebre dramaturgo alemán Peter Weiss, el mismo de Marat – Sade y La indagación.

(Esteban Montejo)

Weiss quiso conocer a Esteban y cuándo estuvo ante éste “le hizo una pregunta muy alemana, muy ontológica”, según recuerda Miguel: “Esteban, en sus ciento y pico de años, ¿cuándo cree usted que fue más feliz?”  El anciano luchador respondió: “Cuando yo era cimarrón”. Weiss insistió que cómo era eso, si en el monte era perseguido y tenía que inventar qué comer. Esteban le dijo: “Sí, es verdad, pero yo era joven.”...

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Tomado de http://www.diariolasamericas.com/

Yesterday, made in Cuba

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Como casi todo en Cuba, conseguir o reparar una batería no era fácil. Cuando se le rompían las láminas de un redoblante o de un bombo tenía que buscar “placas” de rayos X para arreglarlos
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Por José Antonio Évora
09 de Mayo de 2016

Horacio “El Negro” Hernández es uno de los mejores bateristas del mundo. Antes de venir a Estados Unidos y tocar con Carlos Santana, Paquito D’Rivera, Alejandro Sanz y Michel Camilo, “El Negro” vivía en La Habana y formaba parte de bandas empeñadas en que la mediocridad política no privara a los cubanos de rock en vivo. Pero como casi todo en Cuba, conseguir o reparar una batería no era fácil. Cuando se le rompían las láminas de un redoblante o de un bombo tenía que buscar “placas” de rayos X para arreglarlos. No era raro que sus baquetas descargaran en la radiografía del fémur, el omóplato o el parietal de alguno de los que estaba en la fiesta.

De esas cosas se entera usted al ver A Contratiempo, el documental de Jorge Soliño estrenado hace pocos días en el Teatro Tower, de La Pequeña Habana.  Antes de que la mala memoria y el olvido empezaran a enterrar lo que hoy parecen alucinaciones sicodélicas, Soliño se las arregló para reunir testimonios de aquellos invencibles roqueros tropicales, protagonistas de una sublevación que en el fondo era más vital que musical.

Ahí está el recuerdo de los días pasados en celdas de Villa Marista, la sede de la Seguridad del Estado de Cuba, por el imperdonable pecado de interpretar Stairways to Heaven (Escaleras al cielo). Tenga el privilegio de ver lo que dice El Conde, rey de reyes en el abolengo del rock cubano, pero -como Celia Cruz- condenado a morir en Miami sin haber podido volver a cantar en La Habana. Lo difícil que era conseguir una guitarra eléctrica, o los retos de hacerla Made in Cuba, con madera de un escaparate y gruesas cuerdas de piano. Ahí está el bajista que terminaba la fiesta y volvía a casa con los dedos ensangrentados por pulsar esas cuerdas, quién sabe si pensando escribir también la palabra FIDEL en una pared, y al lado una frase, PLEASED TO MEET YOU: HOPE YOU GUESS MY NAME  (Encantado de conocerte, espero que adivines mi nombre) El mío, Fidel Castro, no el tuyo. Sé que quieres endiosarte, pero aquí estoy para impedirlo.

Hay que ver las fotos: en casi todas aparece una muchacha.  A Soliño le preguntan por qué tantas bandas cubanas de rock en aquella época tenían una mujer entre sus integrantes. Pero no. Era la que cumplía los 15. La censura obligaba a Los Gnomos, a Los Kent, a Almas Vertiginosas, a los Jets, a Los Pacíficos y a todos esos grupos insurgentes a tocar casi siempre en fiestas privadas. La música del enemigo debía hacerse en silencio, o bajito, entre cuatro paredes.

Estos muchachos sacaron la cara no por el rock. Sacaron la cara por la libertad, y la disfrutaron intensamente, lo mismo en salones furtivos que en espacios callejeros a los que entonces llegaba la policía con orejas de hierro. Ellos les ganaban con música de corazón.

Muchas de las entrevistas fueron hechas aquí, en Miami, pero a algunos los fue a buscar a La Habana el eterno cómplice, Jorge Dalton, un salvadoreño -hijo del poeta Roque Dalton- cuya partida de nacimiento sufre hace rato serios trastornos de identidad. Los roqueros de allá se quedaron a vivir su vida donde siempre, y no falta quien confiese que sólo la vive en los recuerdos de una noche a medio camino entre Deep Purple y Led Zepellin. Los de acá han sufrido una doble alienación: cuando eran jóvenes se sentían en el lugar equivocado; cuando llegaron a la meca del rock, ya les habían aguado la fiesta.

Nunca mejor dicho: a contratiempo. Lo aplastante, sin embargo, es oírles decir que fueron felices.
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"A CONTRATIEMPO"





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