miércoles, diciembre 17, 2025

Alberto Roteta Dorado: CHILE, LA TRASCENDENTAL VICTORIA DE JOSÉ ANTONIO KAST

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La reciente victoria del representante del Partido Republicano, José Antonio Kast, frente a la comunista Jeannette Jara, tiene un significado de carácter trascendental, no solo para Chile, sino para toda la región.

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Por: Dr. Alberto Roteta Dorado

16 de diciembre, 2025

Santa Cruz de Tenerife. España. Hispanoamérica está experimentando un positivo cambio desde el punto de vista político. Naciones como Argentina, Ecuador, Bolivia y Perú decidieron decir adiós al socialismo luego de varios años de dominación izquierdista, algunas, como el caso de Argentina con el Kirchnerismo se prolongó lo suficiente como para dejar profundas huellas con repercusiones en su economía, sin olvidar a Ecuador, bajo la sombra de un correísmo que sobrepasó los límites de la democracia para dar paso a un sistema muy cercano a lo dictatorial, por solo mencionar dos ejemplos con matices diferentes en su proyección; aunque con un denominador común: el socialismo del siglo XXI.    

Ahora, Chile se suma al grupo de países que han decidido, mediante el voto, desprenderse de una ideología y sistema político que, junto al nacismo, tiene un enorme récord si se tiene en cuenta el total de muertes originadas como consecuencia de las acciones directas o indirectas sobre las naciones que han estado bajo su dominación.  

La reciente victoria del representante del Partido Republicano, José Antonio Kast, frente a la comunista Jeannette Jara, tiene un significado de carácter trascendental, no solo para Chile, sino para toda la región. No se trata de algo anecdótico, sino de un hecho relevante, toda vez que se enfrentaron dos candidatos diametralmente opuestos en sus ideologías y el representante de la derecha salió victorioso con más del 58% de los votos, lo que representa una diferencia de 16 puntos por encima de la comunista Jeannette Jara. 

Esto demuestra el despertar del pueblo chileno después de haber experimentado la agonía socialista de manos de Gabriel Boric (2022-2026), la etapa más reciente, y de Michelle Bachelet (2006-2010) - (2014-2018), la socialista que impuso las aberradas doctrinas del Socialismo del siglo XXI en la nación suramericana, en etapas anteriores. El triunfo de Kast tuvo, además del significado trascendental y simbólico, un carácter histórico, si se tiene en cuenta que ganó en todas las regiones de Chile, sin excepción, algo que no había ocurrido nunca desde el retorno a la democracia. 

Las sociedades en estos tiempos suelen estar demasiado polarizadas, algo que se refleja en el comportamiento de las multitudes tras conocerse el triunfo de José Antonio Kast. Las reacciones de los chilenos van desde la euforia ante su triunfo definitivo y el adiós al socialismo, pasando por el escepticismo y la incertidumbre, hasta llegar al rechazo más radical por parte de aquellos que permanecen anclados a los cánones de un aparente progresismo del que viven, cual parásitos humanos. Ya los más radicales de estos últimos se lanzaron a las calles en son de protesta ante su derrota. Ya sabéis que la izquierda siempre se resiste a aceptar cuando se pierde. 

Muchos expresan con gran alegría su afinidad hacia el futuro gobernante, otros se refieren a la necesidad de un cambio rotundo tras varios años del socialismo de Boric y de la alternancia entre etapas progresistas y conservadoras, otros son más enérgicos y se pronuncian abiertamente contra el comunismo, los hay que, con una perspectiva un tanto visionaria alertan de la grave amenaza que representa le persistencia del socialismo, no solo en Chile, sino para toda la región.  

Recordemos que Chile ha estado bajo los efectos de un ritmo alternante, en el que, de manera cíclica gobierna un partido o coalición abiertamente socialista, seguido de una etapa de derechas, algo que resulta patente desde los inicios del siglo XXI. Esta alternancia cíclica de izquierda-derecha, derecha-izquierda, durante dos décadas es el reflejo de esa polarización social y política de Chile. Esto no es un fenómeno aislado en el contexto de Suramérica. Con la llegada del Chavismo en Venezuela y bajo el impulso que ofrecieron los líderes de izquierda de varias naciones como Ecuador, Bolivia, Argentina, Brasil y Chile, entre otras, parecía que en la región suramericana echaría raíces esta aparente nueva modalidad socialista, la que, al final, tenía muy poco de nuevo y mucho de perversión y corrupción.  

Como era de esperar, una vez que las promesas se quedaron en promesas, la corrupción pasó a ocupar el protagonismo de la nueva escena socialista y las limitaciones a las libertades más elementales mediante severas restricciones, sin olvidar las modificaciones a las Constituciones para lograr permanecer en el poder cuasi de manera perpetua, las multitudes dejaron de creer en el “milagro prometido” del nuevo siglo.

De ahí que países como Argentina, con la elección de Mauricio Macri; Brasil con el voto para Jair Bolsonaro; Ecuador con la llegada al poder de Guillermo Lazo; el propio Chile con Sebastián Piñera y Bolivia con el rotundo triunfo de Rodrigo Paz, experimentaron cambios rotundos. Este viraje radical a partir de la asunción del poder de gobiernos de derecha o centroderecha pudiera resultar alentador si se ve solo desde la óptica de las estadísticas, los números y los resultados eleccionarios. 

Sin embargo, los que hemos tratado de adentrarnos en el estudio y la observación del comportamiento de las multitudes de estas naciones de la región sabemos que, generalmente, luego de una etapa donde gobierna la derecha llega otra con el resurgir de las tendencias de izquierda. Siempre queda el germen latente de la perversidad de los temerarios movimientos izquierdistas. Téngase presente lo que ocurrió en Brasil, una nación donde fue electo el expresidiario Luis Ignacio da Silva, acusado con pruebas demostrables que lo llevaron a cumplir su condena, así como en Colombia, país que se había logrado mantener al margen del socialismo, donde las masas ignorantes eligieron a Gustavo Petro, un exguerrillero con un amplio historial de criminalidad. 

Esto demuestra que a las masas les interesa muy poco, o nada, el origen, antecedentes, orientación política y un largo etcétera de sus mandatarios. Si los líderes durante sus campañas electorales los logran convencer, mediante la persuasión deliberada, de sus proyectos sociales, generalmente dirigidos a poblaciones manipulables y en estados de gran vulnerabilidad como la pobreza, la extrema pobreza, la marginalidad y el ostracismo, la desigualdad racial, étnica o social, entre otros aspectos, serán elegidos, toda vez que el voto es algo puramente numérico, o sea, exclusivamente cuantitativo. De ahí que el voto emitido por un intelectual, con capacidad de análisis reflexiva para distinguir la realidad del malévolo engaño de los socialistas, tenga el mismo valor del que emite un iletrado, con limitaciones intelectuales que le impidan ver "con ojos de más luz", para elegir adecuadamente a alguien que de verdad pueda asumir el mando de un país. 

No es pesimismo, sino la realidad contextual de la llamada América Latina. Es triste, pero esta es su historia si de mandatos, elecciones, candidatos presidenciales, reformas constitucionales, referéndum, plebiscitos, etc., se trata. Esta alternancia de gobiernos de derechas y de izquierdas como patrón identificativo de su política es un hecho innegable – como si se siguiera el ritmo cósmico del universo en sus vaivenes de actividad y reposo–. De modo que este triunfo reciente de José Antonio Kast solo les dará una etapa transitoria de democracia, de libertad y de prosperidad a los chilenos. Recordemos los caos antes citados de Brasil y de Argentina con su retorno a los regímenes de izquierda. 

Luego de su mandato podrán elegir, como lo han estado haciendo desde la llegada del presente siglo, a un representante de izquierdas capaz de saquear a su patria, de intentar modificar la Constitución, de convocar a los líderes marxistas del progresismo a amplias tenidas burocráticas para “salvar” a la izquierda de su indetenible decadencia – como hizo Boric recientemente–, entre otras tantas cosas que, como todos sabéis, siempre hacen los gobiernos de izquierda, porque, insisto, no hay izquierda moderada, atenuada o más o menos liberal. Los gobiernos de izquierda son siempre temerarios y devienen, sin exclusión alguna, en dictaduras.  

Por ahora, hemos de felicitar al pueblo chileno que esta vez supo elegir adecuadamente, dejando a la militante comunista excluida y permitiendo, a través del voto, el contundente triunfo de un hombre que representa los ideales de la libertad, la tradición, la cultura del mundo occidental, los valores de la religión, del hombre y de la familia.   

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El Primer Discurso del Presidente Electo José Antonio Kast



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