Luis Cino desde Cuba sobre Silvano Pedroso Montalvo, el obispo cubano negro que escuchaba a los Beatles y terminó sirviendo a los más humildes
Tomado de https://www.cubanet.org/
Silvano, el obispo que escuchaba a los Beatles y terminó sirviendo a los más humildes
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Primer obispo negro de la historia de la Iglesia Católica cubana, Silvano Pedroso dejó una huella profunda por su sencillez, su compromiso con los más vulnerables y su extraordinaria calidad humana.
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Por Luis Cino
Junio 18, 2026
LA HABANA.- Atenidos a falsos estereotipos acerca de los sacerdotes, y más aún si se trata de un obispo, algunos pudieran suponer que monseñor Silvano Pedroso Montalvo, fallecido el pasado 13 de junio a los 73 años, era una persona solemne, sermoneadora y regañona.
Estarían completamente equivocados. Monseñor Silvano era, además de una excelente persona —de las mejores que he conocido—, un hombre sencillo, accesible, comprensivo y jovial, que irradiaba un inmenso calor humano. Puedo dar fe de ello porque fui su amigo durante más de 45 años.
Nos conocimos allá por 1981 en la casa de un amigo común, Agustín Gordillo, que era vecino suyo en Alta Habana y con quien había estudiado en la secundaria básica y el preuniversitario. Coincidimos muchas veces allí y terminamos trabando amistad. A los tres nos unían la afición por el cine, los libros y, sobre todo, el rock.
Hasta unos años antes, Silvano, que por entonces llevaba el cabello al estilo afro, había cantado en un grupo de Alta Habana que tocaba versiones de temas populares, llamado Los Welles, donde ocasionalmente tocaba la guitarra —¡y de qué manera!— su amigo y vecino Jorge Luis Fernández Pita, más conocido como Pepino en el mundillo del rock habanero.
Me contaba Gordillo en estos días de dolor que, a finales de los años 60, Silvano, apasionado de la música de los Beatles y los Rolling Stones, se pegaba cada sábado, a las nueve de la noche, a un radio de onda corta para escuchar en la BBC el programa Ritmos. Aquello le costaba las reprimendas de su padre, un severo médico de las FAR, preocupado por el diversionismo ideológico de su hijo. Su carácter era muy distinto al de la madre de Silvano, una mujer dulce que trabajaba como enfermera en el policlínico de Alta Habana.
Un día de 1989, Silvano, que trabajaba en el Instituto de Geografía —se había graduado de geógrafo en 1979—, nos convocó a reunirnos en casa de Gordillo para anunciarnos su decisión de ingresar en un seminario católico y formarse como sacerdote.
Durante su tiempo como seminarista y después de ordenarse sacerdote en 1995, nos vimos menos, pero nada cambió en nuestra relación. Ni siquiera cuando fue nombrado obispo. Nunca dejamos de considerarlo uno más del grupo, aunque fuera el más indicado para dar consejos, siempre que se los pidiéramos.
A finales de los años 80, cuando los amigos empezaron a emigrar, nos reuníamos en casa de Gordillo para despedirlos. En una de esas reuniones, Silvano y Gordillo, que aún no habían cumplido los 35 años, hicieron el compromiso de visitar el Gran Cañón del Colorado cuando llegaran a los 60.
Gordillo, que emigró en 1990, nunca falla cuando promete algo a sus amigos. Me consta: en agosto de 2017 me llevó a Nueva Orleans y a Graceland, la casa de Elvis Presley. Aprovechando una visita pastoral de Silvano a Miami en 2013, y como fue el primero de los dos en cumplir los 60 años, lo llevó al Gran Cañón.
En 2018, al ser nombrado obispo, Silvano Pedroso se convirtió en el primer prelado negro en la historia de la Iglesia Católica cubana.
Fue designado al frente de la Arquidiócesis de Guantánamo, la región más pobre del país. Allí, atendiendo a los más necesitados, oficiando en las localidades más apartadas de las montañas y visitando las cárceles, monseñor Silvano demostró una extraordinaria vocación de servicio al prójimo.
Nunca imaginamos, cuando hace varias semanas nos enteramos de que había enfermado durante una visita al Vaticano, que su muerte estuviera tan próxima.
Su funeral tuvo lugar la tarde del sábado 13 de junio en la Parroquia de Santa Catalina de Siena, en El Vedado. Unas dos mil personas, entre rezos y cantos, integraron el cortejo fúnebre que lo acompañó hasta el Cementerio de Colón.
Si Silvano hubiera podido presenciar aquel homenaje, probablemente habría dicho, sonriente y con su habitual sencillez:
—No es para tanto. Solo hice lo mejor que pude aquello que me correspondía hacer.
Etiquetas: Agustín Lara, canción, cuba, estereotipos, fallece, falsos. música, Guantánamo, iglesia católica, Obispo, pobres, rock, servicios, Silvano, solamente una vez, vulnerables









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