viernes, julio 17, 2020

Arnaldo M. Fernández: La CIA financió Bohemia Libre en el contexto de la invasión por Bahía de Cochinos

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Independientemente de su autenticidad la supuesta carta de  despedida de este mundo  de Miguel Ángel Quevedo, es una carta llena de verdades.

 Ahora bien: la carta  está dirigida personalmente a Ernesto Montaner (padre del prolífico escritor  Carlos Alberto Montaner) el cual vivía en EE.UU.; luego la susodicha carta  no era una carta pública para cualquiera que llegara a la escena del suicidio y mucho menos para  que la encontrara Agustín Tamargo. Al lado del cuerpo de Miguel Ángel Quevedo si se encontró una carta dirigida a las autoridades competentes y a la opinión pública en general  y otra carta dirigida  a su hermana Rosa Margarita con la cual compartía apartamento en la ciudad de Caracas, Venezuela, la cual estaba en la cocina cuando oyó el disparo en el cuarto de dormir de su hermano. La palabra dirigida en dicha carta a Ernesto Montaner, quien vivía fuera de Venezuela,  me induce a pensar  que no era una carta para ser  dejada en el lugar del suicidio y quizás fue enviada por correo postal días antes a Ernesto Montaner por haberle impedido suicidarse en otro momento.  Agustín Alles Soberón estuvo muy implicado como periodista  en la sección En Cuba, la cual era la sección más  cargada en contra de  la política cubana que hubiera en ese momento y en particular en contra del gobierno de Fulgencio Batista; quizás por eso, o por ser menos cercano que Ernesto Montaner,  quedo excluido como destinatorio dado el contenido de la carta. 

 Por otra parte: ¿La viuda de Castañeda era  perita en caligrafia o grafóloga? . Tampoco  perdamos de vista que si la carta fue escrita inmediatamente antes de suicidarse, los rasgos de la caligrafía, producto de la tensión del momento,  pueden verse alterados.  No olvidemos que Castañeda fue integrante significativo del colectivo de periodistas de  Bohemia y el contenido de la carta no deja muy bien parados  a los que escribían en ella y también afectaría el prestigio y la venta de la revista lo cual no era conveniente a aquellos que quisieran vivir de  su publicación y venta en el Exilio cubano. 

Por otra parte: Es extremadamente raro que no aparezca una fotocopia o fascimil de la supuesta  carta de despedida de Quevedo a su amigo Ernesto Montaner. No he encontrado ningún artículo, escrito o entrevista donde Carlos Alberto Montaner aborde esa carta y su conocimiento u opinión sobre la autenticidad o no de dicha carta.
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Efemérides de la Contrarrevolución Cubana

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La CIA financió Bohemia Libre en el contexto de la invasión por Bahía de Cochinos
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Miguel Ángel Quevedo y Fidel Castro en 1959, revista Bohemia.

Por Arnaldo M. Fernández
Broward 
16/07/2020 

El 17 de julio de 1960, Miguel Ángel Quevedo, alias Miguelito, reunió a periodistas y otros empleados de la revista semanal ilustrada Bohemia para anunciarles que marchaba al exilio [1]. Al siguiente día se asiló en la embajada de Venezuela. Hacia octubre de 1960, este director y propietario de la revista desde 1927 [2] agrupaba a colaboradores en Nueva York para dar a imprenta Bohemia Libre. La rima editorial siguió en San Juan de Puerto Rico y en Caracas, donde Miguelito terminaría suicidándose el 12 de agosto de 1969.

El finado Agustín Alles, quien fuera reportero de la sección “En Cuba” de Bohemia, explicó a Wilfredo Cancio, entonces reportero de El Nuevo Herald, que las denuncias contra Batista forjaron la falsa percepción de que Quevedo era partidario de Castro, pero en realidad abogaba por la solución pacífica y electoral del problema cubano. Y como Castro sabía perfectamente que la revista tenía muy buena acogida entre cubanos, “maniobró contra Quevedo para imponer a Enrique Delahoza [3] como director y acabar con la independencia de Bohemia”.

El historiador Antonio de la Cova discrepaba de Alles: tanto Quevedo como todos los redactores de Bohemia “fueron fervientes partidarios de Fidel Castro. Después del 1 de enero de 1959, perdieron toda objetividad periodística para convertirse en propagandistas”.

Edición de la Libertad

El 11 de enero de 1959, Bohemia publicó un número especial con tirada de un millón de ejemplares y portada con imagen cuasi-religiosa de Fidel Castro y el bajante “Honor y Gloria al Héroe Nacional”. Un empleado del área de publicidad, Oscar Zangroniz, atestiguaría cómo Castro llegó así por primera vez a la portada de la revista:

“[Mario] Kuchilán trajo el dibujo donde Fidel aparecía como un Cristo y dijo que no podía publicarse en [el periódico] Prensa Libre porque no había colores. Fidel estaba allí, pero se hacía el indiferente, como quien no estaba oyendo la conversación. Cuando se fueron todos, Quevedo me llamó y me preguntó si debíamos publicarlo y yo le respondí que teníamos sólo dos caminos: o publicarlo o él [Quevedo] debía ir haciendo las maletas para irse de Cuba”.

Aquel número pregonó en titular la fake news “Más de veinte mil muertes arroja el trágico balance del régimen de Batista”, que De la Cova atribuyó al expresidente Ramón Grau [quizás refiriéndose a toda la trayectoria del dictador desde el 4 de septiembre de 1934] y sería repetida revolucionariamente por Castro y Che Guevara, así como contrarrevolucionariamente por Manuel Artime y otros [ceñida al último período dictatorial (1952-58) de Batista]. Los dos números siguientes —18-25 de enero y 1 de febrero— abundarían en reportajes de corte más o menos sensacionalista para completar aquella edición especial de Bohemia.

Ediciones en Libertad

Estando asilado en la embajada de Venezuela, Quevedo remitió a Nueva York una carta al periodista Carlos Castañeda con este augurio: “Estoy profundamente esperanzado de que esto va a cambiar muy pronto y también muy entusiasmado con la idea de Bohemia Libre, a quienes estos miserables le tienen un terror pánico. Nos vamos a dar gusto haciendo una gran revista y amargándoles todas las horas del día de este H. de P”. Al cabo saldrían Bohemia Libre [del 9 de octubre de 1960 al 31 de diciembre de 1961] y Bohemia Libre Internacional [del 7 de enero de 1962 al 20 de enero de 1963], que sería “puertorriqueña, dominicana, venezolana” del 7 de abril al 22 de septiembre de 1963 y “venezolana, puertorriqueña” del 27 de septiembre de 1963 al 7 de diciembre de 1964.

Aunque la publicación retoma su nombre original del 17 de diciembre de 1964 al 18 de mayo de 1969 y agregaría “la revista de mayor impacto” el 25 de mayo de 1969, la empresa mediática de Quevedo se fue a la quiebra en Caracas y tuvo que venderla al Grupo Armas. El número del 27 de julio de 1969 salió ya con Armando de Armas como director.

El mismo día que se suicidó, Quevedo habría fechado una carta-testamento al periodista Ernesto Montaner, quien procedió a publicarla. Entre sus pasajes resalta: “Fidel no es más que el resultado del estallido de la demagogia y de la insensatez. Todos contribuimos a crearlo. Y todos, por resentidos, por demagogos, por estúpidos o por malvados, somos culpables de que llegara al poder”.

Aunque Montaner y Alles habían impedido ya que Miguelito se suicidara el 21 de enero de 1965, Agustín Tamargo acudió de inmediato adonde ahora yacía con balazo en la sien. Y como no encontró ningún escrito por ningún lado, desmentiría a Montaner. Tras comparar el estilo de redacción del presunto testamento epistolar con varias cartas de Quevedo a Guayo, fotógrafo de Bohemia, así como con otra de puño y letra de Quevedo a su esposo, la viuda de Castañeda confirmaría el desmentido de Tamargo: “La famosa carta de Miguel Ángel Quevedo, que ha circulado por los medios sociales, es totalmente falsa”.

AMVANG-1

La CIA dio a Quevedo este nombre en clave y también financió Bohemia Libre en el contexto de la invasión por Bahía de Cochinos. El Inspector General Lymann Kirpatrick revelaría:

“Bohemia Libre, a handsome weekly magazine, budgeted at $300,000 but actually costing about $35,000 an issue, had bad luck from the start in seeking advertising and once missed an issue on that account. Additional funds had to be sought for it several times. Yet it developed an audited circulation of 126,000” [4].

El 16 de octubre de 1960, el oficial de la CIA Bernie Reichhardt contactó a Quevedo y a su allegado Bebo Saralegui [AMVANG-2]. Luego de recitar Quevedo su historial anticomunista y proamericano, ambos expusieron que el Frente Revolucionario Democrático (FDR) distaba mucho de ser efectivo porque sus líderes no tenían apoyo en el insilio ni liderazgo en el exilio. Propusieron a Miró Cardona como líder, por ser “figure of national stature”, amén de resaltar a otros exfuncionarios de Castro, como Manuel Ray, Raúl Chibás y el coronel Ramón Barquín. Un cable de la CIA fechado el 25 de marzo de 1964 reportaría que AMVANG-1 era una suerte de “unofficial Manuel Ray representative” en Caracas.

Quevedo sería reportado también como ministro sin cartera —representante de los medios de prensa— del Consejo de Ministros del Gobierno de Cuba en el Exilio, que el 23 de agosto de 1961 se presentó en nota manuscrita a Richard Goodwin, Subsecretario de Estado de USA para Asuntos Interamericanos.

Coda

La CIA recogió hasta chismes sobre Miguelito. En el memorando “Debilidades e información despectiva” sobre el comandante Rolando Cubela [AMLASH-1], de 24 de octubre de 1964, quedó plasmado que el director de Bohemia Libre se encontraba “now in exile in the US and working for us; however, it is true that Quevedo is and was openly known to be a homosexual”.

Notas

[1] Así mismo se exiliaron otros muchos directores de medios de prensa, entre ellos José Ignacio Rivero (Diario de la Marina), Raúl Alfonso (EI Mundo), Jorge Zayas (Avance), Sergio Carbó (Prensa Libre), Guillermo Martínez (EI País) y Herminia del Portal (Vanidades).

[2] Fundada el 10 de mayo de 1908 por su padre, Miguel Angel Quevedo Pérez, este semanario ilustrado se consagraría en la década del 30 como publicación señera con tiradas que llegaron a 400,000 ejemplares distribuidos en Cuba, el resto de Latinoamérica e incluso Estados Unidos. Recibió golpes de tres dictadores en sucesión: la clausura temporal por Machado, la censura por Batista y la conversión por Castro de medio de prensa liberal en órgano de propaganda de su Estado totalitario.

[3] Delahoza [o De la Osa] había fundado en 1943, junto con Carlos Lechuga, la popular sección “En Cuba”, que como espacio de periodismo de investigación e interpretativo sumó prestigio a la revista sobre todo por certeras revelaciones de corrupción política.

[4] Inspector General Survey of the Cuban Operation, octubre de 1961, Parte 1, Párrafo 50.

© cubaencuentro.c
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SUPUESTA CARTA DE MIGUEL ÁNGEL QUEVEDO ANTES DE SUICIDARSE
Sr. Ernesto Montaner
Miami,
Florida
12 de agosto de 1969
Querido Ernesto:
Cuando recibas esta carta ya te habrás enterado por la radio de la noticia de mi muerte. Ya me habré suicidado —¡al fin!— sin que nadie pudiera impedírmelo, como me lo impidieron tú y Agustín Alles el 21 de enero de 1965.
( Miguel Ángel Quevedo )
Sé que después de muerto llevarán sobre mi tumba montañas de inculpaciones. Que querrán presentarme como «el único culpable» de la desgracia de Cuba. Y no niego mis errores ni mi culpabilidad; lo que sí niego es que fuera «el único culpable». Culpables fuimos todos, en mayor o menor grado de responsabilidad.
Culpables fuimos todos. Los periodistas que llenaban mi mesa de artículos demoledores, arremetiendo contra todos los gobernantes. Buscadores de aplausos que, por satisfacer el morbo infecundo y brutal de la multitud, por sentirse halagados por la aprobación de la plebe. vestían el odioso uniforme que no se quitaban nunca. No importa quien fuera el presidente. Ni las cosas buenas que estuviese realizando a favor de Cuba. Había que atacarlos, y había que destruirlos. El mismo pueblo que los elegía, pedía a gritos sus cabezas en la plaza pública. El pueblo también fue culpable. El pueblo que quería a Guiteras. El pueblo que quería a Chibás. El pueblo que aplaudía a Pardo Llada. El pueblo que compraba Bohemia, porque Bohemia era vocero de ese pueblo. El pueblo que acompañó a Fidel desde Oriente hasta el campamento de Columbia.

Fidel no es más que el resultado del estallido de la demagogia y de la insensatez. Todos contribuimos a crearlo. Y todos, por resentidos, por demagogos, por estúpidos o por malvados, somos culpables de que llegara al poder. Los periodistas que conociendo la hoja de Fidel, su participación en el Bogotazo Comunista, el asesinato de Manolo Castro y su conducta gansteril en la Universidad de la Habana, pedíamos una amnistía para él y sus cómplices en el asalto al Cuartel Moncada, cuando se encontraba en prisión.
Fue culpable el Congreso que aprobó la Ley de AmnistíaLos comentaristas de radio y televisión que la colmaron de elogios. Y la chusma que la aplaudió delirantemente en las graderías del Congreso de la República.
Bohemia no era más que un eco de la calle. Aquella calle contaminada por el odio que aplaudió a Bohemia cuando inventó «los veinte mil muertos». Invención diabólica del dipsómano Enriquito de la Osa, que sabía que Bohemia era un eco de la calle, pero que también la calle se hacía eco de lo que publicaba Bohemia.
Fueron culpables los millonarios que llenaron de dinero a Fidel para que derribara al régimen. Los miles de traidores que se vendieron al barbudo criminal. Y los que se ocuparon más del contrabando y del robo que de las acciones de la Sierra Maestra. Fueron culpables los curas de sotanas rojas que mandaban a los jóvenes para la Sierra a servir a Castro y sus guerrilleros. Y el clero, oficialmente, que respaldaba a la revolución comunista con aquellas pastorales encendidas, conminando al Gobierno a entregar el poder.
Fue culpable Estados Unidos de América, que incautó las armas destinadas a las fuerzas armadas de Cuba en su lucha contra los guerrilleros.
fue culpable el State Department, que respaldó la conjura internacional dirigida por los comunistas para adueñarse de Cuba.
Fueron culpables el Gobierno y su oposición, cuando el diálogo cívico, por no ceder y llegar a un acuerdo decoroso, pacífico y patriótico. Los infiltrados por Fidel en aquella gestión para sabotearla y hacerla fracasar como lo hicieron.
Fueron culpables los políticos abstencionistas, que cerraron las puertas a todos los cambios electoralistas. Y los periódicos que como Bohemia, le hicieron el juego a los abstencionistas, negándose a publicar nada relacionado con aquellas elecciones.
Todos fuimos culpables. Todos. Por acción u omisión. Viejos y jóvenes. Ricos y pobres. Blancos y negros. Honrados y ladrones. Virtuosos y pecadores. Claro, que nos faltaba por aprender la lección increíble y amarga: que los más «virtuosos» y los más «honrados» eran los pobres.
Muero asqueado. Solo. Proscrito. Desterrado. Y traicionado y abandonado por amigos a quienes brindé generosamente mi apoyo moral y económico en días muy difíciles. Como Rómulo Betancourt, Figueres, Muñoz Marín. Los titanes de esa «Izquierda Democrática» que tan poco tiene de «democrática» y tanto de «izquierda». Todos deshumanizados y fríos me abandonaron en la caída. Cuando se convencieron de que yo era anticomunista, me demostraron que ellos eran antiquevedistas. Son los presuntos fundadores del Tercer Mundo. El mundo de Mao Tse Tung.
Ojalá mi muerte sea fecunda. Y obligue a la meditación. Para que los que pueden aprendan la lección. Y los periódicos y los periodistas no vuelvan a decir jamás lo que las turbas incultas y desenfrenadas quieran que ellos digan. Para que la prensa no sea más un eco de la calle, sino un faro de orientación para esa propia calle. Para que los millonarios no den más sus dineros a quienes después los despojan de todo. Para que los anunciantes no llenen de poderío con sus anuncios a publicaciones tendenciosas, sembradoras de odio y de infamia, capaces de destruir hasta la integridad física y moral de una nación, o de un destierro. Y para que el pueblo recapacite y repudie esos voceros de odio, cuyas frutas hemos visto que no podían ser más amargas.
Fuimos un pueblo cegado por el odio. Y todos éramos víctimas de esa ceguera. Nuestros pecados pesaron más que nuestras virtudes. Nos olvidamos de Nuñez de Arce cuando dijo:
Cuando un pueblo olvida sus virtudes, lleva en sus propios vicios su tirano.
Adiós. Éste es mi último adiós. Y dile a todos mis compatriotas que yo perdono con los brazos en cruz sobre mi pecho, para que me perdonen todo el mal que he hecho.
Miguel Ángel Quevedo
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