viernes, febrero 23, 2024

Francisco Almagro Domínguez: La Gran Culpa. La palabra culpa encierra una trampa filosófica y psicológica. Culpables fuimos todos: Supuesta carta del dueño de la revista Bohemia antes de suicidarse

 
Tomado de https://www.cubaencuentro.com

La Gran Culpa

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La palabra culpa encierra una trampa filosófica y psicológica

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Por Francisco Almagro Domínguez

Miami

22/02/2024

Todos los días hay noticias de un nuevo obituario de los “históricos”. Es la implacable biología. La única certeza cierta: vamos a morir. A una generación que muy joven tomó el poder absoluto, y se ha negado casi hasta el final de sus días a renunciar a las melazas de la Hacienda-Isla, la parca debe parecerle una cosa muy fea y peluda. La reacción de quienes no los quieren tanto es de fracaso: se van de este mundo sin pagar por el desastre económico, cultural, social y político de más de medio siglo en Cuba. Y ese público cada día mayor y diverso se pregunta si quedara alguien a quien culpar por todo; al menos un segundón que pague la deuda moral para que la historia no vuelva repetirse; para que un hombre o un grupo no pueda decidir la vida y la muerte de millones de seres humanos.

La palabra culpa encierra una trampa filosófica y psicológica. Filosófica porque remite, inexorable, a un castigo cuasi divino como única consecuencia. El culpable no tiene defensa posible. Solo si admite el error y se arrepiente puede que un dios u otros hombres lo perdonen. Desde la psicología, la culpa lleva a la tristeza, la desesperación, y finalmente a la parálisis. Es lo que sucede con la violencia en general y de género en particular. El abusado(a)r hace sentir al otro que merece el castigo, verbal y físico. Si el destinatario así lo cree, se genera un ciclo perverso de culpas y resentimientos cuya única salida es más violencia.

Una posible solución al entuerto tramposo es cambiar la palabra culpa por responsabilidad. Este cambio cognitivo redirige las consecuencias del acto en sí. Ya no se trata de una situación donde solo se aceptan los efectos de la falta y la promesa de no reincidir en el mismo error, sino que la palabra responsabilidad implica el grado de participación, consciente no, en el hecho. Los tribunales anglosajones se basan en el principio de la culpabilidad. De ese modo dejan escapar la participación pequeña pero esencial en la situación punible. Debería ser “Tanta culpa tiene el que mata la vaca…”. Se es o no culpable, lo cual no quiere decir que alguien sea totalmente inocente. En el terreno de la psicología la palabra responsabilidad permite la concientización del hecho y el grado de comprometimiento: los detalles importan. Mientras la culpa generaliza, la responsabilidad individualiza. Hace que la persona responda por sí misma. En tanto la culpa paraliza, la responsabilidad moviliza.

Por estos días en que “los héroes se despiden”, vamos sintiendo que la “caza” de culpables ante el inminente final de la Involución se amplía. Los obituarios están sirviendo, de este lado del Estrecho, para recordar cuanto sufrimiento cada personaje fue capaz de provocar a sus compatriotas. A menos que suceda un milagro —los comunistas no creen en eso a pesar de haber tenido ellos mismos tantas evidencias— este puede ser un año de definiciones biológicas y sociales. A la finitud existencial de quienes iniciaron el proceso, y aun sostienen simbólicamente el sistema, se añade el agotamiento de una forma de gobernar y hacer país que quedó en el siglo XX. El plan puede ser que la llamada Continuidad —y es para lo único que serviría— garantice el transito pacífico y sin ruidos a otra dimensión de la existencia de los que se resisten a los mandatos del tiempo. Después, veremos, como dice la canción.

Muchos compatriotas estarán esperando por un Nuremberg tropical. Imaginan el entarimado en 23 y 12, donde se proclamó el carácter socialista de la Involución hace 62 años; allí los jueces, hombres y mujeres impolutos, sin manchas, y en el banquillo de los acusados, los únicos y depositarios de toda la “culpa involucionaria”, quienes no pudieron escapar a Oriente ni envenenarse con una poción de moringa. Una prisión para los únicos responsables en el mismo penal donde otros juraron ser libres o mártires, pero juntos con presos y mosquitos comunes. El problema para el futuro será quienes tendrán la justicia en sus manos, y como se juzgará tanto daño por tanto tiempo. Es el mismo dilema que han enfrentado todas las dictaduras: cómo poner punto final a un régimen totalitario de responsabilidades compartidas de modo que no se repita nunca más.

Sin duda, necesitaremos un profundo análisis de conciencia sobre responsabilidades por acción, obra y omisión a lo largo de medio siglo. Casi nadie está exento de responsabilidad en diferentes grados de participación, así como también somos libres para rectificar cuando es necesario. De otra manera un régimen improductivo y totalitario como el cubano no hubiera durado más allá de sus primeros errores capitales.

Pudiéramos, por ejemplo, “culpar” a los ausentes, comenzando por aquellos que un día dieron armas y dinero para el terrorismo urbano, un factor en la derrota de la dictadura batistiana. O culpar a los compañeros y las compañeras que abandonaron las iglesias para ir los “domingos rojos” de forma masiva y voluntaria al sembrar café Caturra. Inculpar ad infinitun a los cederistas, los “ojos y oídos de la Revolución”, que por millones vigilaron, denunciaron, y agredieron al vecino por sus ideas políticas. A los veteranos de las guerras en Angola y Etiopia, ponerles demandas a pesar de que muchos aun padecen estrés postraumático —una entidad de la que no se habla en la Isla— por enseñar medallas herrumbrosas con inocultable frustración.

Un repaso de nuestras fortalezas y debilidades como país será imprescindible para reconstruir lo demolido hasta en sus valores morales. Donde la verdad, la belleza y el bien se soslayan en busca de un mendrugo acido para pasar el día. Donde, como en cualquier ambiente carcelario, lo que se piensa no se dice, y lo que se hace no se comparte con el compañero de celda. En tal ambiente enrarecido es habitual que la responsabilidad individual se diluya, carezca de sentido. Por esa razón, un primer paso es cambiar la culpa generalizadora y paralizante por la responsabilidad que hace al ser humano tomar una actitud positiva y creadora.

Viktor Frankl, a quien nunca dejaremos de citar, fue un psiquiatra judío internado en un campo de concentración nazi. Frankl fue uno de los pocos sobrevivientes de su familia. Su testimonio como médico y a la vez prisionero tiene un valor incalculable. De aquí que ideara una de las más fascinantes corrientes psicoterapéuticas del siglo pasado, la Logoterapia. Bastan estas notas de Frankl para comprender que la responsabilidad individual para procesar las desgracias y las culpas es lo que nos salva de morir en cuerpo y alma. Escribe así el psiquiatra: “Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento”.

© cubaencuentro.com

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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Agustín Tamargo militó en la izquierda y no supo  distinguir  entre ¨el mal menor¨  y ¨el mal mayor¨ al  preferir  en la lucha contra Batista  a Fidel Castro antes que el régimen de Batista que ya estaba ¨de salida¨ pues Batista  había prometido irse de Cuba después de  la entrega del poder al electo  Rivero Aguero, el cual para algunos políticos, era un buen político para encabezar  la transición a la plena democracia. Tengo entendido que Agustín Tamargo escribió en la revista Bohemia, revista que contribuyó grandemente al arribo al poder de la  peor y más larga   dictadura que ha padecido Cuba:  la tiranía Castrista. Agustín Tamargo, quizás por haber escrito en  esa Bohemia de Miguel Ángel Quevedo negaba la autenticidad de la supuesta carta de Miguel Ángel Quevedo antes de suicidarse pero nunca lo oí negar que el contenido de esa carta fuera verdad. Agustín Tamargo también tuvo parte de responsabilidad del arribo del Castrismo al Poder y en la consecuente tragedia cubana..

Un poco de agricultura y de conga chambelonera.

A los cubanos no nos encanta inculparnos de lo sucedido en nuestra nación; realmente la inmensa mayoría de los cubanos que hemos pasado en estos últimos 65 años por nuestra juventud, madurez, vejez, o hasta por la muerte, somos culpables de que el Castrismo haya nacido, echado raíces y crecido en nuestra Patria. Unos permitimos que se sembrara esa semilla o que hubiera tierra fértil para que germinara; otros no arrancamos o aplastamos a tiempo ese aparente insignificante arbusto en crecimiento, esperando que otros se ocuparan de hacerlo, ya que considerábamos que eso era tarea de otros y que quizás hasta nuestros vecinos más cercanos no permitirían que creciera de tal manera que con sus raíces y sombra los afectara; otros, le echamos abonos, agua y le limpiamos los alrededores de supuestas ¨malas yerbas¨ para que creciera frondosamente y diera los abundantes y dulcísimos frutos anunciados, cuando realmente esas yerbas estaban haciendo una tarea tal, que de haberlas dejado crecer hubieran ¨ahogado¨ a ese arbusto que se ha convertido en un viejo y espinoso árbol que nunca dió los frutos prometidos pese a la abundancia de abonos e injertos recibidos durante décadas; esas yerbas nunca más han aparecido. 

No oíamos a aquellos que nos aconsejaban, por anteriormente haber dormido bajo sus ramas, que no dejáramos crecer a ese árbol, pues en otras lejanas tierras ya había aparecido ese tipo de árbol y había acabado con los demás árboles, sembradios y con la fertilidad de la tierra; les respondíamos ingenua, ignorante o testaduramente que este árbol no era como aquellos a los que se parecía, hasta que un día, cada quien a su tiempo, nos dimos cuenta por su tronco, raíces, espinas y míseros y agrios frutos que era de la misma especie que aquellos, pero ya en ese momento el árbol había alcanzado un tamaño y una fortaleza tal, que otros decidimos (cómo y cuándo pudimos) mudarnos por un tiempo, tiempo que aún hoy no ha concluido, para fincas más cercanas mientras tratábamos de encontrar sustancias defoliadoras para secarlo, pero la cantidad que conseguiamos de esas sustancias era muy poca, de mala calidad y hasta tan mal aplicadas que hasta el árbol se fortalecía con ellas.

 Finalmente llegó el momento en que nos negaron la posibilidad de adquirir y utilizar esas sustancias. Como sucede con las circunstancias y eventos muy largos en  el tiempo, muchos nos cansamos de seguir tratando de acabar con el árbol y nos dedicamos a otros menesteres tratando de olvidarnos de ese maldito árbol y hasta de la finca en que nació. Solamente unos pocos porfiados seguimos insistiendo denunciar la maldad de ese árbol y la necesidad de arrancar de raíz al carcomido árbol que aún así, sigue arruinando la tierra en que un día lo dejamos crecer y esparciendo su mala semilla por otras tierras.

Como en la conga ¨La Chambelona¨: ¨unos tienen la culpita y otros tienen la culpona¨, pero ahora es el momento de arrancar e incinerar al árbol ¿ tarde? ¡ es cierto!, pero en las tareas de erradicar lo dañino, es mejor tarde que nunca, pero teniendo en cuenta lo que dijo nuestro José Martí: ¨En pueblos, sólo edifican los que perdonan y aman. Se ha de amar al adversario mismo a quien se está derribando en tierra. Los odiadores debieran ser declarados traidores a la república. El odio no construye¨ (Tomo 14, p. 496) . Pero perdonar y amar no exime de reparar las faltas y de hacer Justicia; hasta en el sacramento cristiano de la Reconciliación eso se cumple. De no ser así, entonces los Castro habrán ganado aunque ya hace rato se hayan ¨ido del parque¨(1).

(1) Para los no cubanos o los que no son entendidos en la jerga cubana actual: ¨irse del parque ¨ significa morirse.

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LOS TRÁNSFUGAS

Por Agustín Tamargo


Los tránsfugas que hasta ayer medraron con el sacrificio ajeno son una mala ralea. No huyen de la tiranía sino del hambre. Mientras hubo comida y gasolina, mientras hubo becas y viajecitos, mientras hubo puestos de privilegio en que medrar, no se fueron. Se van ahora como buenos camaleones que son, dejando atrás el viejo pellejo fidelista. ¡Caras de cemento! Los tránsfugas son una superchería, un asco.

Ver a los esbirros intelectuales y políticos del fidelismo arrodillarse, ante el exilio, ver como repiten dientes afueras los mismos ataques a la dictadura, que hasta ayer ellos calificaban de “infamias“, no puede provocar más que eso, puro asco. Si tuvieran pudor por lo menos se callarían. Afirman que puesto que todo el pueblo se equivocó y hay que perdonarlo, el mal que ellos hicieron debe ser también perdonado, por que ellos forman parte de ese pueblo. Culpa de todos, culpa de nadie. Pero esa patraña no pasará. Ellos siguieron allí, al lado del felón. Ellos le aplaudieron las fechorías. Ellos disfrutaron de los periódicos robados y de los puestos diplomáticos, ellos obtuvieron medallas por disparar contra el pueblo en Bahía de Cochinos y en el Escambray, ellos mataron africanos por órdenes de Castro y bajo la bandera rusa.

¿Se les puede respetar ahora, cuando se arrastran y llegan hasta a elogiar la dictadura de Batista? ¿Se les puede considerar en el mismo nivel de aquellos que prefirieron la cárcel, la muerte o el destierro antes que la ignominia de la complicidad? Yo creo sinceramente que no.

“Somos un solo pueblo”, dicen en Miami. ¿Un solo pueblo ahora, cuando hasta ayer nos llamaban “la gusanera”? Hay que perdonar y olvidar, repiten ahora. ¿Perdonar y olvidar a los que causaron tanto daño y nunca se han arrepentido de él? Docenas de libros hay, millares de hojas de periódicos hay, donde muchos de estos que están hoy aquí, nos cubrieron de oprobio ayer por negarnos a hacer lo que ellos hacían, que era doblar el espinazo. Muchos de los que ahora se entreveran con nosotros fueron los que esgrimieron el hacha, o azuzaron al que la esgrimía. Recuerdo particularmente al periódico “Revolución”, biblia de la mediocridad, agujero del resintimiento.

En 1959 ese periódico se consagró de manera sistemática a destruir cuanta reputación limpia había en Cuba. Fueron los hombres de “Revolución” quienes se dedicaron a la degollina de todo el que nos los había tomado en cuenta, de todo el que les hacía sombra. Se quieren abrigar con el olvido. Pero hay muchos que viven, que todavías no han olvidado. Son los testigos, las víctimas de aquella época de cacería, cuya pieza mayor era una cabeza independiente.

Hace más de 30 años escribí en la Bohemia Libre de Nueva York, un artículo titulado “Los Descarados” en que describía a esta fauna que conocí y que padecí. Muchas grandes figuras intelectuales de Cuba morirán antes de que volvamos. Lo que no morirá  nunca es la náusea que produce ver cara a cara a estos cambiacasacas. La misma que nos produce una rata muerta en la habitación.

(Artículo de Agustín Tamargo, publicado en “El Nuevo Herald” el 7 de marzo de 1993 y en Nuevo Acción en la edición del jueves 18 de junio del 2009)
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Artículo de Agustín Tamargo  que se encuentra en la revista Bohemia de la semana del 18 al 25 de enero de 1959:

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Tomado de https://www.cubanet.org/

Carta póstuma de Miguel Angel Quevedo

Sr. Ernesto Montaner
Miami, Florida
12 de agosto de 1969.

Querido Ernesto:

Cuando recibas esta carta ya te habrás enterado por la radio de la noticia de mi muerte. Ya me habré suicidado ¡al fin! sin que nadie pudiera impedírmelo, como me lo impidieron tú y Agustín Alles el 21 de enero de 1965.

Sé que después de muerto llevarán sobre mi tumba montañas de inculpaciones. Que querrán presentarme como "el único culpable" de la desgracia de Cuba. Y no niego mis errores ni mi culpabilidad; lo que sí niego es que fuera "el único culpable".

Culpables fuimos todos, en mayor o menor grado de responsabilidad.

Culpables fuimos todos. Los periodistas que llenaban mi mesa de artículos demoledores, arremetiendo contra todos los gobernantes. Buscadores de aplausos que, por satisfacer el morbo infecundo y brutal de la multitud, por sentirse halagados por la aprobación de la plebe. Vestían el odioso uniforme que no se quitaban nunca.

No importa quien fuera el presidente. Ni las cosas buenas que estuviese realizando a favor de Cuba. Había que atacarlos, y había que destruirlos. El mismo pueblo que los elegía, pedía a gritos sus cabezas en la plaza pública.

(Miguel Ángel Quevedo y Fidel Castro Ruz en los primeros días de enero de 1959)

El pueblo también fue culpable. El pueblo que quería a Guiteras. El pueblo que quería a Chibás. El pueblo que aplaudía a Pardo Llada. El pueblo que compraba Bohemia, porque Bohemia era vocero de ese pueblo. El pueblo que acompañó a Fidel desde Oriente hasta el campamento de Columbia.

Fidel no es más que el resultado del estallido de la demagogia y de la insensatez. Todos contribuimos a crearlo. Y todos, por resentidos, por demagogos, por estúpidos o por malvados, somos culpables de que llegara al poder. Los periodistas que conociendo la hoja de Fidel, su participación en el Bogotazo Comunista, el asesinato de Manolo Castro y su conducta gansteril en la Universidad de la Habana, pedíamos una amnistía para él y sus cómplices en el asalto al Cuartel Moncada, cuando se encontraba en prisión.

Fue culpable el Congreso que aprobó la Ley de Amnistía. Los comentaristas de radio y televisión que la colmaron de elogios. Y la chusma que la aplaudió delirantemente en las graderías del Congreso de la República.

Bohemia no era más que un eco de la calle. Aquella calle contaminada por el odio que aplaudió a Bohemia cuando inventó "los veinte mil muertos". Invención diabólica del dipsómano Enriquito de la Osa, que sabía que Bohemia era un eco de la calle, pero que también la calle se hacía eco de lo que publicaba Bohemia.

Fueron culpables los millonarios que llenaron de dinero a Fidel para que derribara al régimen. Los miles de traidores que se vendieron al barbudo criminal. Y los que se ocuparon más del contrabando y del robo que de las acciones de la Sierra Maestra. Fueron culpables los curas de sotanas rojas que mandaban a los jóvenes para la Sierra a servir a Castro y sus guerrilleros. Y el clero, oficialmente, que respaldaba a la revolución comunista con aquellas pastorales encendidas, conminando al Gobierno a entregar el poder.

Fue culpable Estados Unidos de América, que incautó las armas destinadas a las fuerzas armadas de Cuba en su lucha contra los guerrilleros.

Y fue culpable el State Department, que respaldó la conjura internacional dirigida por los comunistas para adueñarse de Cuba.

Fueron culpables el Gobierno y su oposición, cuando el diálogo cívico, por no ceder y llegar a un acuerdo decoroso, pacífico y patriótico. Los infiltrados por Fidel en aquella gestión para sabotearla y hacerla fracasar como lo hicieron.

Fueron culpables los políticos abstencionistas, que cerraron las puertas a todos los cambios electoralistas. Y los periódicos que como Bohemia, le hicieron el juego a los abstencionistas, negándose a publicar nada relacionado con aquellas elecciones.

Todos fuimos culpables. Todos. Por acción u omisión. Viejos y jóvenes.Ricos y pobres. Blancos y negros. Honrados y ladrones. Virtuosos y pecadores. Claro, que nos faltaba por aprender la lección increíble y amarga: que los más "virtuosos" y los más "honrados" eran los pobres.

Muero asqueado. Solo. Proscrito. Desterrado. Y traicionado y abandonado por amigos a quienes brindé generosamente mi apoyo moral y económico en días muy difíciles. Como Rómulo Betancourt, Figueres, Muñoz Marín. Los titanes de esa "Izquierda Democrática" que tan poco tiene de "democrática" y tanto de "izquierda".

Todos deshumanizados y fríos me abandonaron en la caída. Cuando se convencieron de que yo era anticomunista, me demostraron que ellos eran antiquevedistas. Son los presuntos fundadores del Tercer Mundo. El mundo de Mao Tse Tung.

Ojalá mi muerte sea fecunda. Y obligue a la meditación. Para que los que pueden aprendan la lección. Y los periódicos y los periodistas no vuelvan a decir jamás lo que las turbas incultas y desenfrenadas quieran que ellos digan. Para que la prensa no sea más un eco de la calle, sino un faro de orientación para esa propia calle. Para que los millonarios no den más sus dineros a quienes después los despojan de todo. Para que los anunciantes no llenen de poderío con sus anuncios a publicaciones tendenciosas, sembradoras de odio y de infamia, capaces de destruir hasta la integridad física y moral de una nación, o de un destierro. Y para que el pueblo recapacite y repudie esos voceros de odio, cuyas frutas hemos visto que no podían ser más amargas.

Fuimos un pueblo cegado por el odio. Y todos éramos víctimas de esa ceguera.

Nuestros pecados pesaron más que nuestras virtudes. Nos olvidamos de Nuñez de Arce cuando dijo: Cuando un pueblo olvida sus virtudes, lleva en sus propios vicios su tirano.

Adiós. Éste es mi último adiós. Y dile a todos mis compatriotas que yo perdono con los brazos en cruz sobre mi pecho, para que me perdonen todo el mal que he hecho.

Miguel Ángel Quevedo 

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miércoles, agosto 30, 2023

El orgullo de ser cubano. Francisco Almagro Domínguez: Para reconstruir el país habrá que difundir todas las historias alternativas que han sido celosamente trastocadas, ocultadas

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Mi aporte  para el conocimiento de la Historia de Cuba. Para más detalles ir a Amazon  haciendo click en cualquiera de las siguientes imágenes.



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 Tomado de https://www.cubaencuentro.com/

El orgullo de ser cubano

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Para reconstruir el país habrá que difundir todas las historias alternativas que han sido celosamente trastocadas, ocultadas

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Por Francisco Almagro Domínguez

Miami

28/08/2023

Le presento además a un número creciente de cubanos que han confundido la

Patria con un partido; la Nación con el proceso histórico que hemos vivido en las

últimas décadas, y la cultura con una ideología. Son cubanos que, al rechazar todo

de una vez sin discernir, se sienten desarraigados, rechazan lo de aquí de Cuba y

sobrevaloran todo lo extranjero. Algunos consideran éstas como una de las causas

más profundas del exilio interno y externo.

Monseñor Pedro Meurice, arzobispo de Santiago de Cuba. Palabras de

Bienvenida San Juan Pablo II (fragmentos). 24 de enero de 1998

No debería sorprendernos a estas alturas. Cada día los compatriotas que vienen de la Isla, no solo no saben casi nada de la historia de su país. La rechazan. Sienten vergüenza de llamarse cubanos. No quieren hablar “de política”. Solo quieren saber dónde se puede encontrar un pasaje de avión, sea para ver volcanes o conocer la estepa siberiana. Así me lo ha confirmado un amigo que recién llega para regresar en breve, pues otros cubanos en la Isla reclaman el concurso de sus muchísimos esfuerzos.

De más está decir el nivel de casi indigencia alcanzado por la Continuidad. Eso se traduce en (malas) conductas y un lenguaje típico de quien necesita subsistir. La miseria material puede ser vencida, usando las herramientas y las libertades en muy breve plazo. No la indigencia espiritual. El vacío existencial. El daño producido por no saber de dónde vienes, hacia dónde vas. Es el mayor dilema de la Cuba de hoy. Del peatón de esquina, del esperador de guaguas, del turista de futuros.

El padre Carlos Manuel de Céspedes García-Menocal, vicario de la arquidiócesis de la Habana, y quien por obvias razones conoció desde la cuna a varios sobrevivientes de la guerra de independencia, solía decir que su Casa-Cuba tenía una capacidad de reinventarse, de levantarse de las ruinas, que pocos eran capaces de imaginar. Eso es algo que la historiografía castrista minimiza y oculta con celo, salvo para engatusar a quienes todavía esperan la resurrección del comunismo insular.

Tras la reconcentración de Weyler y la Tea Incendiaria de los rebeldes, no quedó ni donde amarrar la chiva, literal. No solo la población cubana mermó en casi un diez por ciento, sino que los cultivos y la ganadería prácticamente desaparecieron en la mitad del país. Imaginemos, además, que la industrialización era mínima, excepto para la producción de azúcar y transporte ferroviario. Pues en un tiempo tan corto como poco más de cincuenta años —1902-1958—, Cuba se puso a la cabeza de América Latina en varios aspectos económicos, sociales y culturales. Las estadísticas existen, avaladas por organismos internacionales.

La estrategia del adoctrinamiento pasa, precisamente, por negar lo positivo y publicitar lo negativo de lo que, para vergüenza de intelectuales y políticos cubanos, han llamado Pseudorepública o República mediatizada. No se dan cuenta que fue esa misma República “a medias” la que les permitió, con luces y sombras, realizar sus obras, publicar libros, militar en el Partido Comunista y crear sindicatos de obreros. Todo el conocimiento y el oficio de quienes después se llamarían revolucionarios fueron forjados en las aulas universitarias —tenían autonomía— y en los círculos de estudio, en una época, permitidos.

Nuestros jóvenes son incapaces de establecer un hilo conductor entre la llamada Generación del seminario de San Carlos y San Ambrosio —el Padre Varela, Saco, Caballero, Bachiller Y Morales—, el maestro Rafael María de Mendive —también ex discípulo del seminario—, y su alumno, José Martí. Al despojar a Martí de su ancestros culturales y espirituales cristianos, y entregarnos un Martí que no es ni por asomo materialista, no comprendemos su poesía —que tanto debe a la mística española—, ni su filosofía política —liberal, nacionalista— y mucho menos su crítica a los Estados Unidos, no de enfrentamiento violento sino de corrección, para que los futuros cubanos evitaran ciertos excesos norteños, precisamente materiales, como la adoración al dinero, el egoísmo, y la individualidad irritante.

Cuando cayó el Muro de Berlín, la propaganda castrista tenía un mantra: se han quedado sin historia. Sin duda, estaban proyectando lo sucedido en Cuba años antes cuya expresión simbólica, visible, fue cambiar los nombres de pueblos, calles, parques y tumbar las estatuas de los presidentes anteriores, chapucería delatada por aquellos zapatos de Estrada Palma —el sustituto de José Martí en el Partido Revolucionario Cubano, y primer presidente— que escaparon a la tala de la memoria nacional. Y donde hubo un cuartel, inaugurar una escuela… con el nombre y el programa de estudios que cambie la historia; los cuarteles, fuera de las ciudades. No otro fatídico 26.

Bloquear toda narrativa alternativa es imprescindible si se quiere que la nueva versión cobre cuerpo. Ni por casualidad un cuento que roce con el pétalo de una cuartilla la “verdad” sobre la Sierra, el Llano, la Guerra Civil en el Escambray —“Eduardo era un León”—, y los éxodos o estampidas. El exilio es un gran museo de “excubanos” que un día se creyeron escritores, cineastas y plásticos dentro de la Revolución y terminaron con la Revolución nada.

Todo parecía, en el plano comunicacional, marchar como entierro de esclavos, hasta que apareció el Internet, el celular, y los influencers, que si bien a veces no saben nada, hacen bastante “ruido”. Entonces el peatón de esquina, el esperador de guaguas, el turista de futuros rechaza el todo de manera ciega. El emigrado cubano no quiere oír hablar del Martí comunista y antimperialista, autor intelectual del desastre. Ni le importa quién fue el ¿Padre? Varela, ni el contrapunteo del azúcar y el tabaco porque no hay ni uno ni lo otro, sino “caldosa” y nunca ajiaco con carnes y verduras. Si a eso se le adiciona la causa eficiente, la ausencia del vasito de leche, todo el discurso anterior, doctrinal, cae en el vacío.

Esa es la situación a la cual hemos llegado. Hay suficientes motivos y razones para, a pesar de tantos odios y contradicciones, sentir orgullo por haber nacido en Cuba, como canta Albita. Sentirse y actuar cubano, donde quiera que se esté, y profese la idea política o religiosa que desee —un derecho humano—, es también un acto de resistencia, de rebeldía, de fe en que un día volveremos a ser la Casa-Cuba que tanto amaron nuestros mayores y de la que no había motivos para emigrar, a no ser por culpa de las dictaduras que tanto nos persiguen en nuestra corta historia de nación independiente.

Pero duele. Duele que haya tanta gente llegando que no quiere saber de Cuba. Sienten pena por ser cubanos. Ocultan los acentos y los gustos culinarios. Hubieran querido nacer en otro país. Tienen lástima de sí mismos porque los han lastimado sesenta años de rencores y fracasos. Y lo que es peor: van a la Isla para restregarle sus familiares la libertad que gozan, con una ‘jaba” en ocasiones prestada o a crédito.

Para reconstruir el país habrá que difundir todas las historias alternativas que han sido celosamente trastocadas, ocultadas. Levantar la autoestima de un pueblo que ha dejado de creer en sí mismo y en sus potencialidades. Revisitar la historia verdadera, porque oculto en las peores sombras siempre se descubre un aro de luz. Quizás hasta sea necesaria una amnesia temporal, un reposo de antipatías, un margen a recobrar la espiritualidad perdida, la verdaderamente martiana, esa que no es ara ni pedestal de nadie.

© cubaencuentro.com

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SOY CUBANO, en la voz de Agustín Tamargo


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Fragmento de una carta de Gastón Baquero a Lydia Cabrera del año 1982:

Lidia: hiciste muy bien en nacer un 20 de mayo. Eres lista prenatal. Naciste en el día del nacimiento de la República, y tú y yo sabemos a cuánta maravilla sabe la palabra República, la República. Lo que eso quiere decir para los cubanos con un poquitico de raíces criollas intactas, es difícil contarlo a los extraños. Ahora andan sueltos por ahí y por aquí, y por todas partes, algunos cubanitos comemierdas que dicen no sentir la patria, ni importarles nada su destrucción y su pena. Yo creo que adoptan esa pose, no por la cursilería de hacerse los europeos o los norteamericanos, sino porque les falta el valor de amar a Cuba, de querer a la patria, y estar lejos de ella. Para no sufrir, fingen no amar, no sentir nostalgia, ni echar de menos las raíces. Han hecho de la expatriación una despatriación, para que no les duela la diáspora, porque su egoísmo, su frivolidad y su hedonismo de quincallería les exige quitarse del corazón todo lo que pueda llevarlos al santo insomnio de Cuba.

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Fernando Ortiz ya en 1913 escribió sobre el desarrollo económico de Cuba comparado con las de sus hermanas repúblicas latinoamericanas: 

El sabio Don Fernando Ortiz y su artículo Cuba y sus hermanas


Por Pedro Pablo Arencibia Cardoso
 Miami
16 de septiembre de 2013

Don Fernando Ortiz, llamado ¨el tercer descubridor de Cuba¨, escribió en 1913 el artículo Cuba y sus hermanas donde mostraba comparativamente la posición privilegiada que ya en ese año tenía Cuba económicamente en comparación con el resto de las repúblicas latinoamericanas. Esta posición privilegiada se alcanzó después de una devastadora guerra de independencia en la que hubo, pese al pequeño tamaño de Cuba, más del doble de tropas de la Metrópoli que las que hubo en toda Sur América en el siglo XIX en las diferentes guerras de independencia. La guerra terminó en agosto de 1898 y Cuba se convirtió en una república libre e independiente en 1902.

Esta capacidad de recuperación de Cuba probablemente preocupan mucho a gobiernos de otros países del continente americano que verían afectadas las economías de sus países si Cuba se libera y en ella se instala la democracia con un sistema de economía de mercado y un sistema de gobierno que vele por el bien y la prosperidad de todos sus ciudadanos. Quizás esa preocupación explique la ¨indiferencia¨ que en muchos países hermanos ha existido con respecto a la tragedia cubana y la complicidad que han tenido muchos de sus gobiernos con la dictadura totalitaria de los hermanos Fidel y Raúl Castro.

En Miami ese milagro cubano volvió a repetirse a partir de 1959 con la llegada de exilados cubanos al sur de la Florida.

Si salva en su computadora u ordenador la fotocopia que está en pequeño y la amplian tendrán más datos interesantes.

Disculpen los garabatos en las fotocopias, pero muy probablemente fue uno de mis hijos cuando niño que trató de imitarme señalando en el texto lo más interesante :-)
















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miércoles, octubre 12, 2022

Alfredo M. Cepero: LAS PATRIAS DEL CAMINANTE

 
Tomado de http://www.lanuevanacion.com/

LAS PATRIAS DEL CAMINANTE

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“No hay camino caminante, se hace camino al andar”, Antonio Machado.

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Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

Sígame en: http://twitter.com/@AlfredoCepero

10-11-22

 Nací y viví las primeras dos décadas de mi vida en la idílica isla de Cuba. Antes de verme obligado a abandonarla estaba convencido de que no había comida más deliciosa que el arroz con pollo, ritmo más cadencioso que el danzón, prenda más elegante que la guayabera, ni mujeres más bellas que las cubanas. Hoy, pasadas ya mis ocho décadas de vida, sigo admirando con la misma intensidad todos los atractivos de mi patria de origen, pero a través de un prisma muy diferente.

Porque así como alguien dijo una vez que “el hombre es él y sus circunstancias” yo digo que “los hombres somos producto de nuestras experiencias.” Y experiencias he tenido muchas al caminar por un mundo a veces hostil y a veces propicio. En mis primeros años de exilio fregué platos, descargué vagones de ferrocarril, conduje taxis, vestí uniforme militar y hasta participé en empeños de liberar a Cuba de las garras del castro comunismo.

Después vinieron tiempos propicios y, con ellos, viajes por medio mundo y el ejercicio de mi profesión de periodista. Es en ese momento en que empecé a mirar el mundo a través de un prisma mucho más amplio y diverso. Comprobé, por ejemplo, que la bondad o la maldad no son exclusivos de ningún pueblo. Que mi patria de origen no era perfecta y que hay personas buenas, malas y hasta regulares en todas las latitudes del planeta Tierra.

En el curso de mi caminar por el mundo tuve experiencias inolvidables. Lo mismo disfruté de un asado argentino al ritmo de una milonga que degusté una enchilada mexicana al ritmo de una ranchera. Más adelante en el camino consumí un pabellón criollo mientras escuchaba un contagioso joropo venezolano y bailé al ritmo de una cumbia colombiana después de haber ingerido una bandeja paisa. Pero el camino fue más largo. Descubrí los sabores de una cazuela chilena mientras observaba a unos “cuequeros” interpretar el baile nacional de Chile y quedé cautivado por la armonía de una samba al tiempo en que ingería una deliciosa picanha brasileña.

Todos esos países tienen su cultura, sus ritmos, sus comidas y sus patriotas; pero no hay que haber nacido en ninguno de ellos para admirar sus atractivos. Ignorar sus atractivos es privarnos de la felicidad de explorar lo desconocido y la sabiduría de aumentar nuestro conocimiento. Conocerlos dejó en mí una huella que me hace más eficiente a la hora de amar y de servir a mi primera patria.

Vino después matrimonio, familia y el echar raíces. Porque si la patria obliga la familia manda y trae consigo responsabilidades. En aquellos tiempos el periodismo en español en Estados Unidos no pagaba lo suficiente para cumplir con las responsabilidades que conlleva una familia numerosa y—con la ayuda de Dios—decidí reinventarme a mí mismo. Me gradué de materias y saqué licencias para ganarme la vida en el mundo—hasta entonces para mí desconocido—de los seguros y de la planificación financiera.

Encaminada mi familia regresé a  mi primera patria. Lo hice fundando un partido político, asistiendo a la disidencia interna y publicando una revista cibernética—La Nueva Nación—en la que ustedes leerán estas notas. Ahora los Estados Unidos son mi segunda patria y lo que he aprendido en ellos—si Dios me da vida—quiero ponerlo al servicio de mi primera patria.

De esa primera patria escribí una vez en mi poema “La Barca de la Patria” los siguientes versos:

 “¿Dónde está la justicia y el amor entre hermanos

y aquel timbre de orgullo de llamarnos cubanos?

Hace falta caminos, pero más caminantes

que no cuenten sus pasos al buscar libertades.”


“Hace falta soldados, en la mano el fusil

y en la mente el concepto del respeto al civil.

Hace falta el concepto de ser buen ciudadano,

el respeto a la Ley y a su guarda el soldado”.

En conclusión, la palabra mística y emotiva de patria tiene connotación casi sagrada para quienes hemos tenido la desgracia de andar por los caminos del mundo buscando sin éxito un sustituto para la tierra musical y florida donde dimos nuestros primeros pasos. De hecho, nuestro amor por ella se ha hecho más intenso con la distancia y el tiempo. Algo así como un hechizo inexplicable que es al unísono redención y cruz. Andamos con ella a cuestas en la búsqueda obsesiva e infatigable del camino que nos lleve de regreso a la tierra, al mismo tiempo añorada y prometida, de una Cuba Libre.

10-11-22

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Soy Cubano leido por su autor: Agustin Tamargo



#alexisvaldes #soycubano #willychirino

Alexis Valdes & Willy Chirino - YO SOY CUBANO (Video Oficial)





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martes, enero 18, 2022

Esteban Fernandez: CARTA A CUBA. Video Soy Cubano, en la voz de Agustin Tamargo

 
CARTA A CUBA. 

Por Esteban Fernández

Cuba, mi Cuba, mi amor eterno: se cumplen 60 años sin verte y te adoro más que nunca. Jamás he dejado de quererte, ni ha pasado un solo día de mi vida sin que de alguna forma te recuerde.

Siento que yo debía estar en un libro de récords como la persona que más ha mencionado o escrito tu nombre, hablado en público sobre ti, y añorado más.

He corrido pequeños peligros tratando de salvarte, de liberarte de los que te tiranizan. He dedicado toda una vida a odiar a los que te han destruido. Y no me arrepiento, en realidad hubiera querido que los riesgos hubieran sido mayores.

He criticado a quienes te olvidan, te desprecian, y a los que no te han defendido. Pocos han ofendido públicamente al monstruo que se adueñó de ti más que yo.

Ni un solo centavo ha llegado a las manos de tus opresores por conducto mío. Ni directa ni indirectamente. Y tampoco he recibo un solo dólar por mi labor, completamente altruista, en favor de tu emancipación...

Jamás he permitido que tu destrucción física, ni el adoctrinamiento de tus pobladores, me lleven a sentir desprecio hacia ti. Yo -en la distancia- con las casas despintadas y cayéndose, con los baches en tus calles, con Comités de delatores en cada cuadra, con tantos hijos del diablo que han nacido dentro de tus entrañas, yo te sigo observando como una vez te vio Cristóbal Colón: “Como la tierra más hermosa que ojos humanos han visto”.

No, no te visito, ni te visitaré jamás, mientras que tenga que pedirle permiso para entrar y salir a la banda de criminales te han llenado de oprobios.

Casi 60 años ignorando a todos aquellos que -aunque sean llenos de buena fe- me han pedido que me olvide de ti.

Evito a todo el que intente decirme: “No pienses más en Cuba, olvídate de esa Isla que solamente está en tus recuerdos, esa Cuba ya no existe” porque son palabras que recibo como latigazos en mi espalda.

Contra viento y marea, a mí no me sale de lo más profundo aceptar tu disolución como país, y me mantengo firme creyendo que Dios no podrá permitir eternamente que no vuelvas a reinar entre los países más prósperos y libres del planeta.

Te quiero Cuba, aunque por ese amor quieran colocarme dentro de una minoría de cubanos en extinción, aunque me llamen "dinosaurio", y aunque llegara a ser el último que te venere.

Sé que es imposible físicamente poder volver a vivir otros 56 años sin verte, pero si eso fuera posible te seguiría queriendo igual, queriéndote más.

Y si la reencarnación existiera, y volviera a nacer, con todos los defectos que muchos te achacan, con todas las críticas que tengo contra las nuevas generaciones, quisiera VOLVER A NACER SIENDO CUBANO.

Cuba, tú has sido mi madre, mi novia más querida, mi primer y más grande amor, la tierra que no olvido. Mi devoción absoluta para todos los que han anegado con sangre tu fértil tierra tratando de salvarte, y mi rencor eterno contra todo aquel que sus botas te han pisado esclavizándote.

Y todos los que no te quieran, todos los que le han dado las espaldas a tu sufrimiento, todos los que de alguna forma cooperan con tus opresores, todos los que no quieran oír y leer nada de ti, aléjense de mí, quítense de mi camino, ignórenme, que yo no los quiero en mi vida, no los necesito, no me interesan su amistad.

Si bien mi cuerpo salió y se alejó de ti, mi corazón siempre se quedó allí, porque Cuba -y quiero que te quede muy claro- jamás te he dicho “Adiós”. Hoy, mañana y siempre te dije, te digo y te diré “Hasta Luego”. Esteban Fernández Gómez

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 Soy Cubano, en la voz de Agustin Tamargo

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jueves, mayo 20, 2021

20 de Mayo, un día de nostalgias, de orgullo y de dolor por la Cuba que se perdió

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

BENNY MORE EN VIVO ... "AY MI CUBA" ... EXCELENTE IMPROVISACION


La Patria, aunque se lleve a cuesta, duele y duele mucho.

El  gran escritor Guillermo Cabrera Infante  decía que la nostalgia era una puta

Hoy es una de esos días  en que la dama del sexo tarifado me ha visitado y  no cesa, a su ritmo y antojo,  de cabalgar  encima de mi  bajovientre y de mi pecho mientras entorna, multiorgásmicamente,  sus ojos por el  placer de   ensañarse  en mi dolor. 

José Martí definió  Patria  con estas palabras: «Patria es comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas»

El relevante  arquitecto y urbanista  Nicolás  Quintana y Cómez  expresó en su última conferencia: 

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 Luis Aguile - Cuando Sali De Cuba (1967)

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Luis Aguilé - Cuando Vuelva A Cuba


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 Soy Cubano, en la voz de Agustin Tamargo

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SOY CUBANO



Por Agustín Tamargo


Sobre mi mesa de trabajo encontré una nota. No sé de dónde vino, ni quién la escribió, acaso fui yo mismo en días que he olvidado. Pero quiero transmitirla a mis lectores porque creo que recoge un sentimiento colectivo. La nota dice así:

Soy cubano. Para algunos tal vez no es mucho, pero a mí me basta y me sobra. Soy cubano. Podría ser venezolano, español o norteamericano. Pero sería un modo de ser artificial, de voto y pasaporte, hijo del papel y la tinta, que no cuadra a mi naturaleza. Soy cubano. Un cubano integral, de las buenas y de las malas. Soy cubano. Tengo un himno y una bandera. Y tengo, sobre todo, una historia, llena de nombres, hechos y lugares gloriosos en la que bebo, como en una fuente, cada vez que me acosa el desaliento. ¿Podría cambiar por algún hecho histórico extranjero a Las Guásimas, Palo Seco y Peralejo? ¿Podría negociar por algo el 10 de Octubre, el 24 de Febrero, Baraguá, Playa Girón o El Escambray? Soy cubano. Cubano de café negro, de tabaco y de casabe, de son y de ron, de baile en La Tropical y de guateque guajiro. Soy cubano de hablar a gritos, de jugar a la pelota, de piropear a las mujeres. Y de bajar como un río de fuego por la escalinata de la universidad.

No soy un hombre, si se mira bien, soy una pasión que camina, y cuando enfrento la realidad última de mi vida, que es la de que no tengo patria, me vuelvo una verdadera furia. Por eso los extranjeros no me entienden. ¿Cómo van a entender que quien lo tiene todo siga pidiendo más? Y es que esos extranjeros no saben que ese todo, adquirido en tierra prestada y bajo sol ajeno, no puede curar una enfermedad fatal que se llama nostalgia de la tierra natal. Dicen que lo bello, cuando se pierde, se vuelve más bello todavía. ¿Y qué era Cuba desde que la bautizó Colón sino la tierra más hermosa que ojos humanos vieron?

Así, dentro del alma, carga el cubano a Cuba por todas partes como un escapulario para defenderse de la soledad. Podría decir también como un escudo. Con la historia de Cuba al brazo va el cubano por el mundo defendiendo a su tierra bienamada frente al envidioso y el calumniador. Cuba es su niña. Cuba es su obsesión y su desvelo. Cuba es su madre, pero es también su hija. Cuba es su amante lejana inolvidable. Los libros que el cubano no leía en la isla los lee ahora aquí. La música que allá no escuchaba la escucha ahora aquí. Los cuadros que allá no miraba los mira ahora aquí. El cubano no vive en una casa ni en un apartamento, vive en un baúl de recuerdos. Cada vez que abre ese baúl y encuentra una fotografía marchita por el tiempo sufre una herida. Cada palabra criolla que no conocía o había olvidado y redescubre de pronto se le transforma en un instrumento defensor de su autenticidad. En el hipódromo de Hialeah hay una hermosa guardarraya de palmas. No son palmas canas, ni palmetos, sino palmas reales, ésas que en Cuba coronan las lomas y las riberas de ríos. Están allí, pero fueron traídas de allá. Se asegura que por las noches un hombre solitario camina bajo esas palmas hablando solo. No es invención de nadie. Ese hombre soy yo.

Soy cubano. No quiero, ni puedo, ni acepto ser ninguna otra cosa. Ser cubano es hoy una prueba amarga, un desafío. Allá en la isla un sujeto inicuo que una vez metió en ella a los rusos mete ahora a los traficantes y a los turistas extranjeros con la misma finalidad: pisotear al nativo. Aquí en el destierro, la prosperidad material por un lado y la indiferencia del extraño por otro, hacen del cubano un ser solitario e incomprendido. Nadie lo entiende, nadie respeta su afiebrada vigilia en espera del amanecer de la libertad. Todos le piden que se olvide, que se adapte, que haga como el resto de los refugiados del mundo, que inicie una nueva vida. ¿Se puede, realmente, iniciar una nueva vida? ¿Dónde afincará sus raíces esa nueva vida? ¿En el Cuatro de Julio americano? ¿En el Dos de Mayo español? ¿En el 14 de Julio francés? No, no.

La historia de un pueblo no puede ser una falsificación copiada. La historia de un pueblo es una continuidad, el plebiscito diario de que hablaba Renan. De Diego Velázquez a Fidel Castro la historia de Cuba ha sido un largo peregrinaje hacia la única felicidad posible: la que proporciona la libertad. Cuba mató su indio, masticó su negro y se tragó su español y de esa misteriosa ceremonia de sangres mezcladas, de infinitos tonos, sacó al cubano.

Hombre de islas, hijo del sol, ese cubano lo ha sido todo sobre su tierra ardiente. Matemático y jugador de gallos, ajedrecista y cantor de puntos guajiros, hacendado y político, rumbero y profesor. Fernando Ortiz es el cubano, Miguel Matamoros es el cubano, Gastón Baquero es el cubano, Alvarez Guedes es el cubano, José Canseco es el cubano, el chinomulato Wifredo Lam es el cubano. ¿Se puede olvidar un país así sólo porque el anfitrión ocasional sea generoso y la mesa esté bien servida? Yo sinceramente creo que no. Como decía Martí de los que iban a su tierra cuando aún el español la ofendía con su presencia: Otros pueden, yo no puedo''.

Hasta aquí la nota misteriosa que encontré en mi escritorio. Apareció allí como una página testamentaria, como una botella al mar. Vino Colón, vino Hernán Cortés, vino la desolación de la huida en masa. Pero la isla está allí, Cuba está allí. Esperando con los brazos abiertos por sus hijos dispersos. Hijos a los que simboliza dolorosamente ese cubano que habla solo por las noches bajo las palmas de Hialeah.

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La legión del regreso

Por Agustín Tamargo

Los cubanos salen de una isla pequeña y se han diseminado por todo el mundo. Uno es profesor en una universidad de Australia; otro, inauguró en Alaska un restaurante. Nada los detiene, ni el frío ni el calor. Los seduce el trópico de la Florida, pero soportan igualmente a pie firme los hielos de Boston y Nueva York…

No mendigan, trabajan. Los que en Cuba eran pobres, aquí son ricos. Los que allá eran medio pelo, aquí son pelo y medio.

Ningún obstáculo detiene su laboriosidad beligerante si la oferta es digna. Uno es rector de la Universidad; otro, maquilla muertos. Cambian, pero solo en la superficie. En Miami siguen jugando la bolita (lotería Prohibida), peleando gallos a escondidas y enviando los hijos a la escuela privada. En Madrid, están contra José Luis Rodríguez Zapatero y en Caracas, contra Hugo Chávez, siempre en la oposición.

Se les critica y se les envidia pero en el fondo se les admira. Gallegos por el trabajo y judíos por la voluntad de sobrevivir, constituyen una legión empecinada que no se deja ignorar. Traen su música calurosa, el ruido de sus tambores, los frijoles negros y el bistec de palomilla con moros y maduros. Pero traen sobre todo la simpatía, la cordialidad y la laboriosidad.

Quienes son? Son los cubanos del destierro, la única población mundial trasplantada, que (salvo los hebreos) en más de un tercio de siglo no han perdido su identidad. Los que admiraban a Cuba desde lejos como ejemplo supremo de pujanza latinoamericana, los que veían a Cuba como un milagro étnico y cultural, donde todo parecía un relajo pero todo funcionaba bien, ya no tienen que ir a Cuba para conocerla. Aquí la tienen dentro de los mismos Estados Unidos. Esta es Cuba. Estos son los cubanos. Exagerados, fanfarrones, ruidosos, sí, pero también intensos, profundamente creadores y buenos amigos.

Y que no han hecho en estos 47 años de destierro los cubanos para poder sobrevivir con dignidad? Cuál actividad manual o intelectual no han ensayado en este o en aquel país, por complicada que pareciera, lo han realizado para no quedarse detrás, para no dejarse discriminar.

En alguna de esas actividades han llegado tan lejos que superan a emigraciones que los precedieron por cerca de medio siglo. No hay hospital en Estados Unidos donde no haya hoy un medico cubano. No hay periódico donde no haya un periodista cubano, ni banco donde no haya un banquero cubano, ni publicitaria donde no haya un publicitario cubano, ni escuela donde no haya un maestro cubano, ni universidad donde no haya un profesor cubano, ni comercio donde no haya un manager cubano.

En las Grandes Ligas del béisbol sus nombres también brillan. En Madrid, el primer poeta latinoamericano es un negro cubano.

En la Coca Cola, Kellog’s, McCormick, Pepsi Cola y tantas otras su dirigente es o fue un cubano. En el Congreso de Washington hay cuatro cubanos, en el Senado federal se sientan dos cubanos, el Ministro de Comercio de E. U. es un cubano, la Viceministro de Salud es una doctora cubana. Caramba, son unos pocos en éste país y llegaron hace muy poco tiempo.

En las tierras prestadas del extranjero parecen llevar siempre en la frente la marca del sitio de donde vienen. Los cubanos llevan a Cuba. La enaltecen y la honran, porque además de en la frente la llevan en el corazón.

Pero hay algo en el desterrado cubano, a mi juicio, superior a esa actividad profesional triunfante, y es su odio al despotismo del que huyen, su amor a la tierra que dejaron. Eso lo separa y lo define. Eso da a sus triunfos en medio del desarraigo, una grandeza que de otro modo no tendría. Por qué, preguntan algunos, no se acaban de quedar tranquilos los exiliados cubanos?

¿Por que no aceptan de una vez que perdieron la batalla? Se han afincado definitivamente en estas tierras hospitalarias que los han acogido y donde viven en lo material muchas veces mejor que como vivían en Cuba.

Los que se preguntan esto, no conocen a los cubanos. El cubano sabe esto. Aun teniéndolo todo, si les falta Cuba, no tienen nada. Quizás por ello han hecho su Cuba aquí. Saben mas todavía que esta prosperidad de que disfrutan, lejos de su isla hambreada y aterrada, es en cierto modo una forma de traición. Por eso, si se le mira bien, se verá que a veces parece que el cubano ríe, pero en realidad esta llorando por dentro.

Le nace el hijo, le crece, se le gradúa en la Universidad, pero el cubano suspira. Ay, si estuviera en mi Cuba! Compra una casa, un auto, o una lancha y sigue suspirando. Ay! Si todo esto lo tuviera en Cuba! De una manera misteriosa, que no puede definir, hay un vinculo con aquello que tira de aquí hacia allá. Ahora que perdió a su país, sabe que no puede vivir sin Cuba, y la sueña de noche, y le agiganta los valores y la embellece y la idealiza, y se culpa de no haberla entendido mejor, y la recrea en sus cantos y bailes, y la revive en sus historias en sus costumbres y en sus comidas.

Por que compran hoy los cubanos mas libros cubanos que nunca? Por que tienen sus casas, sus negocios y sus oficinas llenas de palmas, de banderas, de escudos y de retratos de José Martí? Por qué aunque sean USA citizens SIGUEN SIENDO CUBANOS? Por qué se reúnen en sus municipios formados en el exilio, borrando antiguos antagonismos de partido o clase?

Porque el cubano sabe que lo único auténticamente suyo fue SU CUBA y que a ella quisiera el poder regresar. No les preocupa que le devuelvan la residencia o el negocio, si lo tenían. Lo único que desean es volver a su tierra. La casa donde nació esta destruida, al pueblo se lo han puesto desconocido, la madre ha muerto. Pero no importa. El exiliado cubano quiere de todos modos ir a esa casa, a ese pueblo y a esa tumba. La Patria empieza ahí. En el exilio tropieza, yerra y se equivoca, pero está salvado también porque en el fondo de su ser nunca traicionó a Cuba.

Cuando llegue ese momento muchos volverán, otros no podrán hacerlo, pero las semillas que dejaron donde estuvieron exiliados no los olvidará, perdurarán por siempre y para siempre porque lo hicieron con mucho sacrificio, tenacidad y amor. Y aunque a lo mejor no tendremos la oportunidad de leerlo, muchos escribirán sobre su paso aquí para orgullo de sus descendientes.

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miércoles, marzo 24, 2021

Dos diferentes maneras de defender la CUBANÍA: Alexis Valdes & Willy Chirino -con la canción YO SOY CUBANO y el inolvidable periodista Agustín Tamargo con su patriótico escrito SOY CUBANO

#alexisvaldes #soycubano #willychirino

Alexis Valdes & Willy Chirino - YO SOY CUBANO (Video Oficial)


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 Soy Cubano, en la voz de Agustin Tamargo



  Jesus Sobero Cuellar escribió recientemento: Ser cubano, es más que haber tenido la dicha de nacer allá, es una forma de vivir, es amanecer con el dolor de su tragedia rompiéndote el alma.

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SOY CUBANO


Por Agustín Tamargo


Sobre mi mesa de trabajo encontré una nota. No sé de dónde vino, ni quién la escribió, acaso fui yo mismo en días que he olvidado. Pero quiero transmitirla a mis lectores porque creo que recoge un sentimiento colectivo. La nota dice así:

Soy cubano. Para algunos tal vez no es mucho, pero a mí me basta y me sobra. Soy cubano. Podría ser venezolano, español o norteamericano. Pero sería un modo de ser artificial, de voto y pasaporte, hijo del papel y la tinta, que no cuadra a mi naturaleza. Soy cubano. Un cubano integral, de las buenas y de las malas. Soy cubano. Tengo un himno y una bandera. Y tengo, sobre todo, una historia, llena de nombres, hechos y lugares gloriosos en la que bebo, como en una fuente, cada vez que me acosa el desaliento. ¿Podría cambiar por algún hecho histórico extranjero a Las Guásimas, Palo Seco y Peralejo? ¿Podría negociar por algo el 10 de Octubre, el 24 de Febrero, Baraguá, Playa Girón o El Escambray? Soy cubano. Cubano de café negro, de tabaco y de casabe, de son y de ron, de baile en La Tropical y de guateque guajiro. Soy cubano de hablar a gritos, de jugar a la pelota, de piropear a las mujeres. Y de bajar como un río de fuego por la escalinata de la universidad.

No soy un hombre, si se mira bien, soy una pasión que camina, y cuando enfrento la realidad última de mi vida, que es la de que no tengo patria, me vuelvo una verdadera furia. Por eso los extranjeros no me entienden. ¿Cómo van a entender que quien lo tiene todo siga pidiendo más? Y es que esos extranjeros no saben que ese todo, adquirido en tierra prestada y bajo sol ajeno, no puede curar una enfermedad fatal que se llama nostalgia de la tierra natal. Dicen que lo bello, cuando se pierde, se vuelve más bello todavía. ¿Y qué era Cuba desde que la bautizó Colón sino la tierra más hermosa que ojos humanos vieron?

Así, dentro del alma, carga el cubano a Cuba por todas partes como un escapulario para defenderse de la soledad. Podría decir también como un escudo. Con la historia de Cuba al brazo va el cubano por el mundo defendiendo a su tierra bienamada frente al envidioso y el calumniador. Cuba es su niña. Cuba es su obsesión y su desvelo. Cuba es su madre, pero es también su hija. Cuba es su amante lejana inolvidable. Los libros que el cubano no leía en la isla los lee ahora aquí. La música que allá no escuchaba la escucha ahora aquí. Los cuadros que allá no miraba los mira ahora aquí. El cubano no vive en una casa ni en un apartamento, vive en un baúl de recuerdos. Cada vez que abre ese baúl y encuentra una fotografía marchita por el tiempo sufre una herida. Cada palabra criolla que no conocía o había olvidado y redescubre de pronto se le transforma en un instrumento defensor de su autenticidad. En el hipódromo de Hialeah hay una hermosa guardarraya de palmas. No son palmas canas, ni palmetos, sino palmas reales, ésas que en Cuba coronan las lomas y las riberas de ríos. Están allí, pero fueron traídas de allá. Se asegura que por las noches un hombre solitario camina bajo esas palmas hablando solo. No es invención de nadie. Ese hombre soy yo.

Soy cubano. No quiero, ni puedo, ni acepto ser ninguna otra cosa. Ser cubano es hoy una prueba amarga, un desafío. Allá en la isla un sujeto inicuo que una vez metió en ella a los rusos mete ahora a los traficantes y a los turistas extranjeros con la misma finalidad: pisotear al nativo. Aquí en el destierro, la prosperidad material por un lado y la indiferencia del extraño por otro, hacen del cubano un ser solitario e incomprendido. Nadie lo entiende, nadie respeta su afiebrada vigilia en espera del amanecer de la libertad. Todos le piden que se olvide, que se adapte, que haga como el resto de los refugiados del mundo, que inicie una nueva vida. ¿Se puede, realmente, iniciar una nueva vida? ¿Dónde afincará sus raíces esa nueva vida? ¿En el Cuatro de Julio americano? ¿En el Dos de Mayo español? ¿En el 14 de Julio francés? No, no.

La historia de un pueblo no puede ser una falsificación copiada. La historia de un pueblo es una continuidad, el plebiscito diario de que hablaba Renan. De Diego Velázquez a Fidel Castro la historia de Cuba ha sido un largo peregrinaje hacia la única felicidad posible: la que proporciona la libertad. Cuba mató su indio, masticó su negro y se tragó su español y de esa misteriosa ceremonia de sangres mezcladas, de infinitos tonos, sacó al cubano.

Hombre de islas, hijo del sol, ese cubano lo ha sido todo sobre su tierra ardiente. Matemático y jugador de gallos, ajedrecista y cantor de puntos guajiros, hacendado y político, rumbero y profesor. Fernando Ortiz es el cubano, Miguel Matamoros es el cubano, Gastón Baquero es el cubano, Alvarez Guedes es el cubano, José Canseco es el cubano, el chinomulato Wifredo Lam es el cubano. ¿Se puede olvidar un país así sólo porque el anfitrión ocasional sea generoso y la mesa esté bien servida? Yo sinceramente creo que no. Como decía Martí de los que iban a su tierra cuando aún el español la ofendía con su presencia: Otros pueden, yo no puedo''.

Hasta aquí la nota misteriosa que encontré en mi escritorio. Apareció allí como una página testamentaria, como una botella al mar. Vino Colón, vino Hernán Cortés, vino la desolación de la huida en masa. Pero la isla está allí, Cuba está allí. Esperando con los brazos abiertos por sus hijos dispersos. Hijos a los que simboliza dolorosamente ese cubano que habla solo por las noches bajo las palmas de Hialeah.

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La legión del regreso


Por Agustín Tamargo

Los cubanos salen de una isla pequeña y se han diseminado por todo el mundo. Uno es profesor en una universidad de Australia; otro, inauguró en Alaska un restaurante. Nada los detiene, ni el frío ni el calor. Los seduce el trópico de la Florida, pero soportan igualmente a pie firme los hielos de Boston y Nueva York…

No mendigan, trabajan. Los que en Cuba eran pobres, aquí son ricos. Los que allá eran medio pelo, aquí son pelo y medio.

Ningún obstáculo detiene su laboriosidad beligerante si la oferta es digna. Uno es rector de la Universidad; otro, maquilla muertos. Cambian, pero solo en la superficie. En Miami siguen jugando la bolita (lotería Prohibida), peleando gallos a escondidas y enviando los hijos a la escuela privada. En Madrid, están contra José Luis Rodríguez Zapatero y en Caracas, contra Hugo Chávez, siempre en la oposición.

Se les critica y se les envidia pero en el fondo se les admira. Gallegos por el trabajo y judíos por la voluntad de sobrevivir, constituyen una legión empecinada que no se deja ignorar. Traen su música calurosa, el ruido de sus tambores, los frijoles negros y el bistec de palomilla con moros y maduros. Pero traen sobre todo la simpatía, la cordialidad y la laboriosidad.

Quienes son? Son los cubanos del destierro, la única población mundial trasplantada, que (salvo los hebreos) en más de un tercio de siglo no han perdido su identidad. Los que admiraban a Cuba desde lejos como ejemplo supremo de pujanza latinoamericana, los que veían a Cuba como un milagro étnico y cultural, donde todo parecía un relajo pero todo funcionaba bien, ya no tienen que ir a Cuba para conocerla. Aquí la tienen dentro de los mismos Estados Unidos. Esta es Cuba. Estos son los cubanos. Exagerados, fanfarrones, ruidosos, sí, pero también intensos, profundamente creadores y buenos amigos.

Y que no han hecho en estos 47 años de destierro los cubanos para poder sobrevivir con dignidad? Cuál actividad manual o intelectual no han ensayado en este o en aquel país, por complicada que pareciera, lo han realizado para no quedarse detrás, para no dejarse discriminar.

En alguna de esas actividades han llegado tan lejos que superan a emigraciones que los precedieron por cerca de medio siglo. No hay hospital en Estados Unidos donde no haya hoy un medico cubano. No hay periódico donde no haya un periodista cubano, ni banco donde no haya un banquero cubano, ni publicitaria donde no haya un publicitario cubano, ni escuela donde no haya un maestro cubano, ni universidad donde no haya un profesor cubano, ni comercio donde no haya un manager cubano.

En las Grandes Ligas del béisbol sus nombres también brillan. En Madrid, el primer poeta latinoamericano es un negro cubano.

En la Coca Cola, Kellog’s, McCormick, Pepsi Cola y tantas otras su dirigente es o fue un cubano. En el Congreso de Washington hay cuatro cubanos, en el Senado federal se sientan dos cubanos, el Ministro de Comercio de E. U. es un cubano, la Viceministro de Salud es una doctora cubana. Caramba, son unos pocos en éste país y llegaron hace muy poco tiempo.

En las tierras prestadas del extranjero parecen llevar siempre en la frente la marca del sitio de donde vienen. Los cubanos llevan a Cuba. La enaltecen y la honran, porque además de en la frente la llevan en el corazón.

Pero hay algo en el desterrado cubano, a mi juicio, superior a esa actividad profesional triunfante, y es su odio al despotismo del que huyen, su amor a la tierra que dejaron. Eso lo separa y lo define. Eso da a sus triunfos en medio del desarraigo, una grandeza que de otro modo no tendría. Por qué, preguntan algunos, no se acaban de quedar tranquilos los exiliados cubanos?

¿Por que no aceptan de una vez que perdieron la batalla? Se han afincado definitivamente en estas tierras hospitalarias que los han acogido y donde viven en lo material muchas veces mejor que como vivían en Cuba.

Los que se preguntan esto, no conocen a los cubanos. El cubano sabe esto. Aun teniéndolo todo, si les falta Cuba, no tienen nada. Quizás por ello han hecho su Cuba aquí. Saben mas todavía que esta prosperidad de que disfrutan, lejos de su isla hambreada y aterrada, es en cierto modo una forma de traición. Por eso, si se le mira bien, se verá que a veces parece que el cubano ríe, pero en realidad esta llorando por dentro.

Le nace el hijo, le crece, se le gradúa en la Universidad, pero el cubano suspira. Ay, si estuviera en mi Cuba! Compra una casa, un auto, o una lancha y sigue suspirando. Ay! Si todo esto lo tuviera en Cuba! De una manera misteriosa, que no puede definir, hay un vinculo con aquello que tira de aquí hacia allá. Ahora que perdió a su país, sabe que no puede vivir sin Cuba, y la sueña de noche, y le agiganta los valores y la embellece y la idealiza, y se culpa de no haberla entendido mejor, y la recrea en sus cantos y bailes, y la revive en sus historias en sus costumbres y en sus comidas.

Por que compran hoy los cubanos mas libros cubanos que nunca? Por que tienen sus casas, sus negocios y sus oficinas llenas de palmas, de banderas, de escudos y de retratos de José Martí? Por qué aunque sean USA citizens SIGUEN SIENDO CUBANOS? Por qué se reúnen en sus municipios formados en el exilio, borrando antiguos antagonismos de partido o clase?

Porque el cubano sabe que lo único auténticamente suyo fue SU CUBA y que a ella quisiera el poder regresar. No les preocupa que le devuelvan la residencia o el negocio, si lo tenían. Lo único que desean es volver a su tierra. La casa donde nació esta destruida, al pueblo se lo han puesto desconocido, la madre ha muerto. Pero no importa. El exiliado cubano quiere de todos modos ir a esa casa, a ese pueblo y a esa tumba. La Patria empieza ahí. En el exilio tropieza, yerra y se equivoca, pero está salvado también porque en el fondo de su ser nunca traicionó a Cuba.

Cuando llegue ese momento muchos volverán, otros no podrán hacerlo, pero las semillas que dejaron donde estuvieron exiliados no los olvidará, perdurarán por siempre y para siempre porque lo hicieron con mucho sacrificio, tenacidad y amor. Y aunque a lo mejor no tendremos la oportunidad de leerlo, muchos escribirán sobre su paso aquí para orgullo de sus descendientes.

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