miércoles, septiembre 27, 2006

OPINIÓN DE GERARDO MARTÍNEZ SOLANA SOBRE DISCURSO DEL PRESIDENTE CHÁVEZ

Opinión de Gerardo E. Martínez-Solanas dada en el Foro de Democracia Participativa . Net




Estimados amigos de la democracia:



El Presidente Chávez ha superado en dos días todos los excesos anteriores de la indecencia política en su visita a Nueva York. Nunca se habían escuchado tantos insultos al Presidente de una nación por parte de un Presidente que visita el país del insultado. Lo llamó “diablo”, “tirano”, “mentiroso”, “alcohólico”, “loco”, “acomplejado” y, no conforme con los epítetos, se burló gráficamente del Presidente Bush con gestos que acompañaban afirmaciones como “camina como John Wayne”, “llegó ahí porque es hijo de papá” o “no tiene la más mínima idea de lo que es política”. Como si el mandatario venezolano demostrara con sus palabras que la tiene.

El digno silencio de los aludidos podría haber sido imitado por la prensa para no darle publicidad a este actor de circo ni permitirle robarse las primeras planas con tan insustancial discurso. Empero, el insulto no se limita a la agresión soez contra el mandatario norteamericano, ni siquiera a la falta de respeto a poco más del 40% de los norteamericanos que todavía respaldan a su Presidente, sino que osa faltarle el respeto a todo el país al comentar con desparpajo que “Estados Unidos debería elegir un presidente con el que se pueda hablar y trabajar” y que el pueblo norteamericano no sabe elegir.

En la Asamblea General le han reído sus burlas y le han aplaudido sus insultos. Se entiende porque hay muchos allí que dicen representar a sus pueblos, pero son abiertamente enemigos de la democracia y optaron por formar parte del circo. Otros, quizás, porque el discurso de Chávez y sus gestos ridículos provocaban risa. Lo inconcebible es que actores, intelectuales y personalidades norteamericanas en Harlem hayan tenido la enorme falta de decoro de celebrarle la grosera payasada a este huésped que no conoce el significado de esa palabra. Algunas declaraciones dignas de quienes no se dejaron hechizar por este aprendiz, incluso entre algunos adversarios de Bush, han lavado parcialmente la afrenta. En cualquier otra parte habrían expulsado al enloquecido Presidente como persona non grata y le negarían el ingreso al país agraviado por el resto de su vida.

Por todo eso no critico la incapacidad de la prensa de guardar un discreto silencio ante tanta impertinencia. El agravio es demasiado grande. Lo que critico son las horas interminables dedicadas en tantísimos programas de radio y televisión y las cuartillas malgastadas solamente en el comentario o la noticia de estos hechos sin intentar siquiera equilibrar la información con tantas declaraciones relevantes, interesantes y de altura que han tenido y tienen lugar en las Naciones Unidas en estos días, incluyendo el mensaje del Presidente Bush, que bien estemos de acuerdo con lo dicho o lo critiquemos, tiene alcance mundial y plantea cuestiones de peso a sus interlocutores y a la opinión pública internacional.

Entre el 14 y el 29 de septiembre se están desarrollando en la Asamblea General grandes acontecimientos. La falta de cobertura de los medios resta importancia a lo que es genuinamente pertinente en este segmento del período de sesiones anual del órgano mundial. ¿Cuántos han leído o escuchado en alguna parte que las personalidades mundiales se reunían en Nueva York el 14 y 15 de septiembre para entablar un “Diálogo de alto nivel sobre migración internacional y desarrollo”? ¿Cuántos que los días 18 y 19 se dedicaron a una “Reunión de alto nivel sobre el Programa de Acción a favor de los países menos adelantados”? ¿Cuántos han sido informados que el resto de esos días entre el 14 y el 29 se dedican a un “debate general” donde Presidentes, Primeros Ministros y otros altos dignatarios de casi todos los países del mundo exponen sus planes, sus aspiraciones y los puntos de vista de sus pueblos sobre las grandes cuestiones que preocupan a la humanidad?

Eso se ha perdido en la palabrería de Chávez, digno discípulo de Castro a la hora de robarse titulares con proclamas y declaraciones intrascendentes, en una táctica de “escándalo” que hechiza con demasiada facilidad a quienes están encargados de informarnos.

Cordialmente,

:::Gerardo E. Martínez-Solanas