miércoles, febrero 07, 2007

LA INOPORTUNA DEMORA DE LA MUERTE.

LA INOPORTUNA DEMORA DE LA MUERTE.


Por Iliana Curra Luzón

He leído innumerables escritos referentes al tema de la muerte del vejete. Algunos consideran que, celebrar su muerte física, pues ya está muerto políticamente, es un error.

No se quedan atrás los periodistas, superdotados, cubanólogos, comentaristas, expertos en la materia, sentimentales y cristianos que, consideran la celebración, fiesta o como quieran llamarle: “una idea espantosa”, como dijo un artículo de Andrés Oppenheimer publicado en El Nuevo Herald el pasado 1ro. de febrero.

Y para escribir al respecto, Andrés Oppenheimer llamó a Cuba para entrevistar a varios disidentes, entre los que se encontraron, Oswaldo Payá, quien dirige el Movimiento Cristiano Liberación, y que dijo lo siguiente: “Yo no celebro la muerte de nadie…” “…creo que actos de celebración de la muerte de alguien ofenden a su familia y resquebrajan la dignidad del que lo hace”. Y referente a lo que debería hacer el exilio, dijo: “creo que lo que valdría hacer es una celebración dentro y fuera de Cuba el día que Cuba sea libre, el día que iniciemos el camino de la reconciliación y la democracia…” “…sin herirnos, sin atacarnos, y respetándonos todos en este concepto de gran familia que somos todos los cubanos”.

Y tiene el derecho Payá a expresar su idea. A lo que no hay derecho es, a limitar lo que otros deben o quieren hacer. No se trata de celebrar “la muerte de nadie”, pues ese “nadie” no es más que un tirano infecto que ha sumido a Cuba en la etapa más triste de su historia. Tampoco somos una “gran familia”, aunque “somos todos cubanos”. Familia no es la que castiga, ni tortura. Familia no es la que lleva a los suyos al paredón de fusilamiento, ni le lanza sacos de arena a aquellos que huyen en balsas de la isla. Familia no es la que hunde un remolcador con niños y mujeres dentro, ni la que patea a los presos políticos. El concepto de familia es otro.

No podía quedarse fuera otro disidente, como es el caso de Oscar Espinosa Chepe, quien considera que celebrar una fiesta en Miami después que muera Castro “no tiene ningún sentido, y va a ser un escándalo internacional”. Aunque no hayan sido escándalos internacionales los fusilamientos masivos, ni la barbarie cometida contra ese pueblo por casi cincuenta años. Pero Chepe considera que “las repercusiones que eso tendría en Cuba serían muy negativas”. ¿Para quiénes? Preguntaría yo, pues estoy convencida de que la gran mayoría de ese pueblo sometido quisiera lanzarse a las calles a festejar y, si no lo hacen, es por el terror implantado por ese mismo pestilente sistema que los reprime. Pero sigue diciendo el disidente que: “[Castro] deja una cosa sentimental, de respeto en muchas personas…”. Lo que no aclara bien es a qué personas se refiere. ¿A los esbirros del régimen? ¿A las brigadas paramilitares que utilizan contra la oposición? ¿A los que se prestaron para acabar con la vida del opositor, Miguel Valdés Tamayo?

Pero, sin pensarlo dos veces, continúa Espinosa Chepe: “una celebración organizada por la ciudad de Miami ayudaría enormemente a la maquinaria de propaganda del régimen cubano, que durante décadas ha venido repitiendo a diario que los exiliados de Miami –la “Mafia de Miami”- como los llama el régimen, quieren volver a la isla a reclamar sus antiguas casas, vengarse de los cubanos que se quedaron en el país, y convertir a Cuba en una colonia del los Estados Unidos”. Una preocupación absurda la de este disidente que siempre se las arregla para estar del otro lado del exilio, más allá de la parte física. Aún así continúa: “El gobierno va a decir que la oposición de Miami es inhumana, que los exiliados están llenos de odio, que están buscando venganza y revancha. Eso va a paralizar a muchos sectores de la población que participaron de la revolución”.

Como si al exilio de Miami tuviera que preocuparle lo que dice el régimen. Como si a este exilio tuviera que importarle un bledo lo que piensa y dice una dictadura totalitaria, responsable justamente de que existan millones de cubanos fuera de su patria, regados por todo el mundo como parias. Relegados y sin derechos en su propia nación que los vio nacer. Esos que “participaron de la revolución”, como dice el Sr. Chepe, si fueron capaces de torturar y reprimir, tendrán que responder ante la justicia en una Cuba libre.

Particularmente, celebré el día 31 de julio de 2006 la muerte política del ancianito en jefe. Disfruté muchísimo que estuviera fuera del trono, aunque se lo cedió al tiranillo de su hermano. Pero supe que sería el principio de una caída sin freno de un sistema que ha conculcado todos los derechos de los cubanos.

Es verdad, lo disfruté y sé que disfrutaré mucho más cuando esa fetidez llamada Fidel Castro vaya camino al infierno. No es un ser humano quien estará muriendo. Será una bestia llena de excrementos camino a las mismas calderas del Diablo.

Aunque tengo que reconocer que, en ese momento de regocijo, también sentiré la amargura y la enorme tristeza de recordar a todos aquellos que han quedado en el camino. A miles y miles de cubanos que murieron, tanto en las cárceles, como en el Estrecho de la Florida, o cruzando el campo minado hacia la base Naval de Guantánamo buscando ser libres. Me vendrán a la mente los niños hundidos en el mar por el odio de ese sistema absoluto, y a los tantos y tantos cubanos que han muerto en el exilio esperando el regreso que nunca llegó.

Mientras, espero que, tanto Chepe, Payá y hasta el mismo Oppenheimer, se dejen de preocupar por lo que diga o haga el régimen de La Habana. Y aunque tengan derecho a hacer sugerencias, creo que sería mejor que las utilicen para sí mismo. A los de Cuba, que reviertan su rencor contra el exilio y lo dirijan a quienes allí en la isla los tienen marginados y reprimidos. Al sagaz periodista, que desvíe su “humilde sugerencia” hacia los que en su país carecen de alimentos y haga “una recolección de comida bajo el lema: un bife de chorizo para cada argentino. De esa manera, no tendrá su presidente que reírle las bufonadas al candidato a dictador, Hugo Chávez, ni al vejete hediondo de Fidel Castro, al cual aún, a pesar de la peste, todavía venera.

La fiesta no es inoportuna. La que es inoportuna es la demora de la muerte.