miércoles, julio 16, 2008

COMIDAS RAPIDAS PARA ESTOMAGOS EXHAUSTOS

Comidas rápidas para estómagos exhaustos


Lucas Garve, Fundación por la Libertad de Expresión

LA HABANA, Cuba, julio (wwwcubanet.org) - La soledad del escritor es un mito en mi barrio del sur de La Habana. El grito de una vecina me reclama y abandono el artículo que escribo para enterarme de la venta de tamales que saca de una jaba.

El tamal es uno de los platos preferidos de los cubanos, entre lo que me incluyo. Elaborados a base de maíz tierno, con sus pedacitos de carne de cerdo y buena sazón de puré de tomate y especies, satisfacen el paladar más exigente. La vecina los vende a cinco pesos y su estrategia es imbatible. Simplemente aparece y te dice que trae unos tamales y que se los pagues después. A las once y media de la mañana es difícil no rendirse ante el olor de la oferta y la llamada urgente del estómago por salir del ocio al que lo he tenido condenado. Sin embargo, rechacé ambas exigencias, aunque ahora mismo, a la 1 y 34 del mediodía, me pese.

Migdalia hace tamales generalmente buenos. Pero ya la semana pasada compré cuatro. Unas veces vende tamales; otras, mermelada de guayaba, y con las ganancias redondea su pensión, compra diferentes alimentos que acomodan mejor con su diabetes, y llena las bocas de una hija recién operada y del nieto.


Hace unos años vendía papas rellenas y hamburguesas de picadillo de pollo. La libra de picadillo se compra a 15 en cualquier establecimiento donde haya. Y vendía a 2 la croqueta y 3 la hamburguesa. De esto se encargaba ella sola.

( Comida criolla; a falta de ella, un solitario tamal sin carne de puerco, bajo en sazón, harina mas seca que tierna y con más hojas que harina para engañar al hambriento comprador; todavía me acuerdo de ellos. Nota del blogguista)

Todo resulta simple si se tiene en cuenta lo anterior. No obstante, hay que contar con la disminución de la venta del picadillo de pollo en estos momentos y la subida de precio de las especies. Además, esta pequeña actividad comercial no está autorizada.

Para realizarla “como Dios manda” necesitaría de una autorización de elaboración de alimentos. Pagar un impuesto, recibir visitas de inspectores, etc. La vecina no parece dispuesta a complicarse tanto.

Por eso vende tamales y mermeladas ahora, sin saber que en Londres ofertan la hamburguesa más cara del mundo a 189 dólares en un Burger King del barrio Chelsea, con tal de batir el récord Güines. Evidentemente, los ingredientes de la top hamburguesa son exclusivos. Está hecha a base de carne de reses cuidadas con masajes y alimentadas con cerveza y sake en Kobe, Japón. Además, a la hamburguesa la acompañan con lonjas de jamón español, cebolla al champagne Cristal, sazonada con sal de roca rosa del Himalaya, azafrán iraní y vinagre de Módena, Italia. Seguramente por eso vale tanto.

Como Migdalia está lejos del consumismo, y apenas sabe qué es Internet, a ella no le interesa mucho esa información.

Aquí todo es más simple, quizás más directo. Porque de res hablando, nada hay más intangible que la carne de res en Cuba, donde las vacas son más sagradas que en India, pues si matas una sin autorización gubernamental, te condenan a más años que si robas un banco. Entonces, la tentación de comerse la hamburguesa de res queda para después. En tanto, lamento no haberle comprado aunque fuera un tamal, porque a las dos en punto de la tarde mi estómago reclama un poco de atención. En Cuba no hay hambre; sólo apetito.