sábado, julio 19, 2008

DE REFORMAS Y REFORMISTAS

Tomado de http://www.patriadigital.com/



DE REFORMAS Y REFORMISTAS

Por Orlando Fondevila

No pasa un día sin que la prensa nos informe de las “reformas” que están teniendo lugar en la Cuba de los hermanos Castro. Cualquier banalidad, cualquier engañifa coloreada vale para un titular. Desde la venta liberada de un juguetito electrónico hasta la presencia desenfada del “nuevo” líder en guayabera. Desde la graciosa concesión en usufructo, que no en propiedad, de marabuzales que nadie quiere, hasta la invitación desvergonzada a que famélicos viejitos se reincorporen con entusiasmo al trabajo. Eso sí, todo controlado y convenientemente vigilado por la autoproclamada “vanguardia de la nación cubana”: el Partido Comunista. Y, además, al fondo, y no como mero paisaje, los tanques, los policías y las cárceles repletas de “hombres nuevos” y de inconformes. ¡Toda una esperanza de reformas!

Durante mucho tiempo, y aún hoy, sagaces analistas y empalagosos “cubanólogos” han estado escudriñando en la nomenklatura del régimen buscando reformistas. Tiene que haberlos, nos dicen. Y hasta se aventuran con algunos personajes. Pues ahí los tienen. Raúl Castro es el jefe de los reformistas. Más bien se trata de tramposos “arreglistas” que Intentan ajustar una ventana por aquí, tapar una gotera por allá, sustituir un cerrojo por otro lado (los cerrojos son muy importantes), pero el deterioro de la casa es irreversible. Y es que lo que hay que hacer es demoler la casa y reedificarla desde los cimientos. Y a eso sí que no están dispuestos.

Mientras tanto, los “reformistas” van a lo suyo. Crean expectativas y reblandecen conciencias. De momento aspiran a conseguir el crédito de la esperanza y el del tiempo. Apuestan por aguantar que no se les derrumbe la casa en un corto plazo. Ya vendrán entonces los otros créditos. Ya vendrán en su auxilio, piensan, los Obama y los Zapatero de este mundo. Y los cubanólogos, los reconciliadores y los blanditos.

Digamos no a las reformas y a los reformistas. Digamos no a los arreglos y arreglitos. Digamos sí a la demolición. Digamos sí al cambio verdadero: la libertad.