miércoles, mayo 13, 2009

HISTORIA TRISTE DEL TOMATE

Historia triste del tomate


Por Oscar Espinosa Chepe

LA HABANA, Cuba, mayo (www.cubanet.org) - Desde hace años, el consumo del tomate en Cuba se ha basado en gran parte en su adquisición en el exterior. Las fábricas de conservas han funcionado con compras de la pulpa en la lejana China, por ser insuficientes las cosechas nacionales. También se han importado grandes cantidades de pasta, salsa, puré y kétchup de distintos países, entre ellos Estados Unidos, España, México e Italia, por insuficiencia de la producción interna.

Esta historia de compra en el exterior de un artículo agrícola que perfectamente se puede producir en el país, no sorprende, cuando se conoce que el 84,0% de los suministros agrícolas necesarios para la alimentación de los cubanos son adquiridos fuera de nuestras fronteras, lo cual constituye uno de los factores por lo que el comercio exterior cada año impone records en sus déficits y, por tanto, la situación financiera empeora continuamente.

Hasta el azúcar se importa de Brasil y Colombia, y muchos productos agrícolas se adquieren en Estados Unidos, que se ha convertido en el principal suministrador de alimentos, una verdadera vergüenza, como lo calificara el nuevo Ministro de Comercio Exterior e Inversiones, Rodrigo Malmierca, en declaraciones formuladas a principios de abril.

Este año, al parecer, debido a las óptimas condiciones climáticas, la producción de tomate ha sido excepcionalmente alta. Pero para que no escasearan las dificultades, según reportes de la televisión, las fabricas procesadoras no tienen capacidades suficientes para enfrentar la oferta de la solanácea ni la organización de acopio puede asegurar la recogida a los productores, en ocasiones por falta de cajas y otras por carencia de transporte o combustible.

Además, las fábricas están en pésimas condiciones, como se ha podido apreciar en la televisión. Tienen maquinarias con más de 60 años de explotación sin haber recibido el mantenimiento adecuado, por lo que las conservas se producen con muchas dificultades y en condiciones higiénicas muy deficientes; el ambiente laboral, de acuerdo a la vistas se asemeja bastante a los descritos por Charles Dickens en sus novelas respecto a las condiciones de Inglaterra en la época Victoriana.

Una ayuda a esta situación hubiera sido bajar los precios en los mercados para el gustado vegetal, con lo cual muchas personas habrían elaborado sus conservas como ha ocurrido en años anteriores. Pero, al menos en La Habana, eso no se ha realizado en un grado satisfactorio para estimular la demanda.

Por tanto, ha habido pérdidas considerables del producto cosechado. A ello contribuyó que en la capital, y posiblemente en otros partes del país, el gobierno ha cerrado la mayoría de los lugares de venta de productos agrícolas luego de los tres huracanes, sin que se hayan reabierto, lo cual ha dificultado la comercialización, y se ha creado una concentración en determinada plazas. Esto ha incidido de forma negativa en el precio al consumidor, que en algunos establecimientos no ha bajado de los 5 pesos la libra, a pesar de las altas cosechas.

Hay que subrayar que pasada la zafra del tomate, las conservas tendrán que adquirirse fundamentalmente en las tiendas de venta en divisas del Estado, pues desde hace muchos años dejaron de ofertarse por la libreta de racionamiento, y son prácticamente inalcanzables en moneda nacional. En las referidas tiendas, un litro de puré de tomate marca Premium, de producción nacional, se vende a 3 pesos convertibles (CUC) equivalentes a 75 pesos en moneda nacional, o sea, 18.0% del salario medio mensual (414 pesos al cierre de 2008); un litro de Kétchup Del Monte cuesta 5.95 CUC, 149 pesos a la tasa oficial, más de la tercera parte del salario mínimo. Si el kétchup es de la marca RED and White de procedencia norteamericana, el precio es algo más llevadero, pues un pomo de 24 onzas cuesta 2.20 CUC o sea 51 pesos MN, algo más del 13,0% de salario mínimo.

Como puede apreciarse en el caso de la zafra del tomate de este año, la problemática de la agricultura cubana hay que analizarla de forma integral, no sólo tomando en consideración los elementos agrarios, sino también el acopio y, en muchos casos, el procesamiento para el consumo posterior. Mientras no se elaboren planes integrales, situaciones análogas ocurrirán con otros productos en detrimento de la economía y el nivel de vida de la población.