sábado, julio 24, 2010

CUBA: ENSAYAR JAKARTA

ENSAYAR JAKARTA





Por Juan González Febles
Periodista independiente.
juanchogonzal@gmail.com
22/07/2010


Lawton, La Habana, 22 de julio de 2010, (PD) La policía de Seguridad del Estado parece haber comenzado un ensayo dirigido a aislar del mundo exterior a periodistas, activistas políticos y todo tipo de elementos en la sociedad civil que no les resulten confiables o que por el contrario, consideren del todo antagónicos a las políticas y decisiones gubernamentales.

Para ello suspendieron el servicio de teléfonos fijos y móviles desde horas de la mañana del viernes 16-07-10, a los que seleccionaron en su ensayo. Se trata de una decena más o menos de un grupo vario pinto en que se cuenta con políticos como Manuel Cuesta Morúa y periodistas como Aleaga Pesant. Como Internet ha sido convertida en un acertijo tramposo, con emboscadas policiales debajo de cada tecla y de cada teclado, la operación silencio promete ser un éxito.

La buena noticia es que al cabo de más de cincuenta años de ejercicio totalitario e inmodesto del poder, sobreviene un desgaste comprensible y alentador. Ya no resultan tan herméticos los propósitos, fines, primeras y hasta terceras intenciones de estos privilegiados y promocionados policías.

Hace varias décadas, durante los años iniciales del proyecto fallido de revolución, la dictadura realizó un canje de moneda. Según se dijo en aquellos momentos, se trataba de dejar sin liquidez a la ‘burguesía contrarrevolucionaria’. Logísticamente fue un éxito de la incipiente policía de Seguridad del Estado y esto tenía entre otras sólidas y no tan sólidas explicaciones, la de que aquellos hombres creían sinceramente en lo que hacían, sin detenernos en si esto era correcto o no. También, gozaban del respaldo popular del que hoy carecen. Esto garantizaba un hermetismo y un secreto que conseguía superar con éxito los marcos escogidos para cada operación.

En la actualidad, en que son odiados y repudiados en silencio por todos y que este conjunto universo se divide sólo, entre los que les temen y los que no, la condición del silencio absoluto militante, se acabó. Todo se filtra y casi nada permanece en secreto por mucho tiempo.

Hoy día se vive un ambiente de cisma en las estructuras de la dictadura. Los conservadores de línea dura comienzan a pedir sangre y largas condenas en prisión desde blogs creados en fechas más o menos recientes. Circula por la ciudad el octogenario líder Fidel Castro, devaluado en sus capacidades, pero aún bueno para intimidar y para poner en claro quién manda. En estas circunstancias, el reciente ensayo de aislamiento pudiera ser el preocupante preludio de algo espectacular y quizás terrible.

Para algunos dentro de Cuba, el hecho trasciende las ya conocidas intervenciones arbitrarias en la vida y la privacidad de los ciudadanos a que nos tiene acostumbrados la policía de Seguridad del Estado. Un cuerpo armado cuyos miembros dicen no saber de leyes porque cumplen órdenes.

Los más paranoicos entre los consultados para este trabajo, están convencidos de que el régimen ensaya un golpe de estado contra sí mismo, al estilo del que se produjo en el Uruguay de los años 70 del siglo XX. En aquellos momentos, se dijo que era necesario para terminar con aquella banda terrorista de los Tupamaros. Por esto, los paranoicos de quienes hablé y que no son pocos, manifiestan que el régimen prepara una especie de Jakarta caribeño, donde eventualmente matarían a discreción a quien necesiten, en medio de un clima de ‘desorden controlado’, siempre a cambio de ‘tranquilidad ciudadana’ y continuidad en el poder.

Quizás esté ahí una razón para la semi-oculta y creciente intervención de la Contrainteligencia Militar del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Minfar) en un escenario de enfrentamiento en donde este cuerpo siempre mantuvo una saludable distancia. Si se tiene en cuenta los cambios que podrían sobrevenir, entonces se justificaría tal incremento en el actuar de agencias militares en lo que fuera el predio casi exclusivo de la versión paramilitar conocida como policía de Seguridad del Estado o DGCI-DGI del Ministerio del Interior.

Otro elemento de presión para el ancianato verdeolivo empoderado, podría ser el final previsible de su aliado venezolano. Este sería el escenario ideal en que se verían obligados a negociar con Europa, con los Estados Unidos y quizás hasta con los actores de la sociedad civil y la oposición interna a los que nunca han reconocido identidad ciudadana.

Ojo atento con las interrupciones y los baches en las comunicaciones. Junto a la creación de la oposición light, que refuerza a la ya existente, un Jakarta verdeolivo de izquierda podría estar a la vuelta de la esquina con intervención militar incluida en funciones de represión política ciudadana. Como dice un buen amigo: “Pueden hacerlo, porque ellos siempre encontrarán en Cuba y fuera de ella al pendejo que aplauda”. A fin de cuentas, se trata de salvar la revolución.

El último salvamento dejó un saldo de tres fusilados y 75 arrestados, junto a impuestos onerosos que no sólo se centraron en el dólar estadounidense, sino en el euro, después de 2003. Curiosamente, la guerra que organiza desde su imaginación el anciano Fidel Castro, me remite a otra que si fue real: la invasión de Irak en 2003 que sirvió de tapadera mediática a la Primavera Negra de Cuba.