lunes, junio 17, 2013

Juan González Febles desde Cuba: Inolvidable experiencia


Inolvidable experiencia


Por  Juan González Febles

El hambre es una experiencia inolvidable. Nunca es buena consejera y nunca es perdonable cuando la experiencia es impuesta por un sinvergüenza asistido por una banda de sus iguales, ansiosos por retener el poder, sus privilegios y sus prebendas. Ese fue el carácter del hambre compartida y sufrida en aquel periodo especial en los primeros años de la década de los 90 del pasado siglo XX en Cuba.

Se han escrito novelas y ciertamente las escritas por mujeres son las que más se acercan en la descripción de este terrible fenómeno. Pero en términos subjetivos personales ninguna novela abarca toda la gama de secuelas que esto puede dejar en el imaginario, tanto personal como colectivo.

Cuando leo que extranjeros estudiosos, asistidos por piratas de la profesión nacionales –que no lo sufrieron- hablan del efecto benéfico en términos de enfermedades cardio vasculares que tuvo el periodo especial, pienso que nadie  -o quizás muy pocos- murieron en los campos de concentración nazis,  camboyanos o soviéticos como consecuencia del colesterol alto. Aquí tampoco. La gente se muere despacio o sufre, -también despacio- de neuropatías periféricas, oftálmicas, displasias, etc. Vamos, si bien no matan con la velocidad con que lo hace una escuadra de fusilamiento, aportan un summum de sufrimiento que te hacen desear la muerte cada día durante todo el tiempo que se prolongue la experiencia.

Durante ese periodo aciago en los 90, vivía bajo el asedio absoluto de la policía Seguridad del Estado porque a partir de un escabroso asunto de faldas, protagonicé un episodio de rebeldía personal en la sede de la policía Seguridad del Estado, que terminó por marcar la pauta de lo que sería y es mi vida.

De vuelta con esa temporada, se trataba de pensar en comer y cómo hacerlo cada minuto. Mientras tanto, oficiales de la policía Seguridad del Estado visitaban cada lugar que frecuentaba y cada amistad para intimidar y advertir que yo era un “elemento contrarrevolucionario potencialmente peligroso”. Recuerdo que en esos momentos “tan especiales”, perdí muchos amigos, -que quizás no lo eran tanto- vi muchas puertas cerrarse y la pasé verdaderamente mal.

Como contrapartida y debido a la mala persona que soy, decidí que en algún momento les devolvería cada mal rato pasado y ciertamente es la ocupación más sugestiva y atractiva a la que podría dedicarme. Riesgos aparte, es fascinante y muy gratificante hacerlo. Mucho más si se trata de ¿personas? Incapaces de pedir disculpas. Este último rasgo convierte el propósito en algo verdaderamente fascinante.

Como todo tiene sus compensaciones, a cambio de tomar esa “ruta de locos”, he conocido personas muy valiosas. Entre muchos, a Rogelio Menéndez, Ángel Moya y Orlando Zapata Tamayo. Más adelante a Laura Pollán a quien ya conocía de la Logia Rosacruz habanera Lago Moeris y quien se convirtió en animadora y líder inolvidable de Damas de Blanco. Laura por entregar, entregó hasta su nombre a sus Damas de Blanco que continúan como la más formidable organización opositora desde su surgimiento en 2003, a partir de circunstancias por todos conocidas.

La vida continuó premiándome inmerecidamente y así, me enorgullezco de conocer a Berta Soler la actual líder de Damas de Blanco que logra mantener el paso en ascenso de las Damas dentro y fuera de Cuba. También a la Dama de Hierro, la vertical e inamovible Marta Beatriz Roque, con tantas capas, defensas y fortificaciones que resulta verdaderamente una proeza llegar a su predio de la ternura, aunque bueno, al final se llega porque existe.

Los amigos y colegas de Primavera, tanto los que desde esta tierra la hicieron y continúan haciéndola, como los que apoyaron y apoyan desde la distancia. Entonces, haber conocido a Rogelio Fabio Hurtado, Frank Cosme, Osmar Laffita y a nuestra siempre presente e inolvidable Ainí, valió la pena.

De aquella hambre y de aquellos tiempos, no todo fue perder. Algunos amigos se quedaron. Así se quedó hasta hoy y creo que hasta el último momento, mi socio de siempre y de aquellos tiempos, Luis Cino. Y como todo no podía ser tan malo, apareció mi compañera de la vida y de todos los azares, Ana.

La inolvidable experiencia del hambre con sus secuelas de neuropatías, displasias óseas y otras, fueron preludio de la maravillosa experiencia representada cada jueves por la aparición de la nueva entrega de otra Primavera Digital hecha en Cuba para todos los cubanos. Que sea esta la única forma de reconciliación posible con todos los represores inescrupulosos, desalmados y crueles que he conocido hasta hoy, pero que incluso podría incluir a las personas decentes que pueda haber entre ellos, si es que los hay, y que aún, -dadas mis limitaciones- no conozco.
j.gonzalez.febles@gmail.com