sábado, enero 02, 2016

GOLPEADOS PERO JAMÁS VENCIDOS. Alfredo M. Cepero sobre los 57 años de aquel día aciago de 1959 en que unos vándalos disfrazados de libertadores le robaron la libertad y la esperanza a Cuba



GOLPEADOS PERO JAMÁS VENCIDOS.

Por Alfredo M. Cepero
12-28-15
Director de www.lanuevanacion.com
Sígame en: http://twitter.com/@AlfredoCepero

Es cierto que quienes integramos el exilio histórico que ni se rinde ni se vende somos cada día menos en número pero hemos ganado en nuestra determinación de mantener vivo el ideal de la libertad de Cuba para que sea consolidado por las generaciones futuras.

Este primero de enero se cumplen 57 años de aquel día aciago de 1959 en que unos vándalos disfrazados de libertadores le robaron la libertad y la esperanza a la patria de mis amores. Estos 57 años superan la esperanza de vida de más del 80 por ciento de los actuales habitantes de la Tierra. En el curso de estos años han nacido dentro de la Isla tres generaciones de cubanos que han sido envenenados y envilecidos por unos monstruos tan carentes de compasión, de principios y hasta de humanidad que parecen haber venido de otra galaxia. En el mismo período, uno de cada cuatro de los habitantes de Cuba en 1959 se ha visto obligado a abandonar su tierra para salvar la vida, preservar la dignidad o mitigar el hambre. En un principio como exiliados políticos y en los últimos 40 años como migrantes económicos. Esto explica la Torre de Babel en que se ha convertido la diáspora cubana de éste 2016.

Mientras el exilio político se redujo la migración económica se multiplicó. La enfermedad, la muerte y el cansancio se han encargado de diezmar lo que una vez fuera un exilio pujante y militante que no aceptaba otra solución que la erradicación absoluta de la tiranía. Al mismo tiempo, aunque por razones diferentes, la fuga del infierno castrista ha mantenido su número y su ritmo. Pero estos migrantes ya no hablan de una libertad que nunca han conocido sino aspiran a la prosperidad material que jamás lograron bajo el fracasado sistema comunista. Padecen de una especie de esquizofrenia política en que se fugan de la tiranía que los martiriza pero que todavía admiran y se refugian en el imperio en el que logran prosperidad material pero al que siguen detestando como resultado del lavado de cerebro al que los sometieron los tiranos.

Por otra parte, muchos hijos de los exiliados originales han rechazado los principios libertarios de sus padres y adoptado los parámetros materialistas y pragmáticos de la sociedad norteamericana en que se han formado y prosperado económicamente en los últimos 40 años. Esta gente mide el éxito por el monto de su cuenta bancaria y no tiene otra lealtad que a la de sus mezquinos intereses materiales. Son los apátridas que ahora viajan a Cuba, elogian la falsa apertura económica de la tiranía y están dispuestos a dar oxígeno a los mismos tiranos que una vez condenaron a sus padres a la miseria, la esclavitud y la orfandad de patria. Estos nuevos ricos y los migrantes económicos han forjado una indigna alianza que se alinea con la izquierda virulenta que controla el poder en Washington, en el Vaticano y en las democracias secuestradas de la América Hispana.

Esta gente y sus papagayos bien pagados de las encuestas adulteradas y de la prensa arrodillada vaticinan que el exilio histórico cubano está condenado a desaparecer. Su frivolidad y su oportunismo les hace atribuir una importancia determinante a los números y les impide medir la fuerza de nuestra convicción y de nuestro compromiso de luchar por una causa superior a nosotros mismos hasta el último minuto de nuestras vidas. No entienden que, a nosotros, no nos interesan las cuentas bancarias sino la cuenta que le rendimos todos los días a nuestras propias conciencias. Pero eso no pueden entenderlos estos adoradores contumaces del bíblico "becerro de oro". Es cierto que quienes integramos el exilio histórico que ni se rinde ni se vende somos cada día menos en número pero hemos ganado en nuestra determinación de mantener vivo el ideal de la libertad de Cuba para que sea consolidado por las generaciones futuras. Como Gandhi digo que: "En materia de conciencia, la ley de la mayoría no cuenta".

Esto no quiere decir que yo ignore mis limitaciones físicas ni niegue el impacto del tiempo sobre mis habilidades para promover la causa a la que he dedicado la totalidad de mi vida adulta. Ya no puedo correr tres kilómetros ni resistir el culatazo de un rifle M-1 como hice en mis años mozos, pero puedo seguir siendo luz, guía y ejemplo para los jóvenes dispuestos a restaurar la libertad, la prosperidad y la felicidad a una Cuba que fue una vez orgullo de América y envidia del mundo. Y esa Cuba solamente será restaurada cuando desaparezcan los tiranos que la oprimen y se niegan a darle la libertad por medios pacíficos.

Pero, así como el día sigue a la noche, estos patanes ensoberbecidos recibirán un día su merecido porque nada es eterno bajo el sol. Aunque quienes iniciamos esta lucha no podamos verla, esa libertad vendrá como fruto del esfuerzo de todos los que hemos luchado por ella, los mártires, los presos, los actuales opositores dentro de Cuba y los exiliados que, parafraseando al difunto Eduardo Chivas, decimos que la "vergüenza vale más que el dinero". Los que aún seguimos con vida tenemos esa sagrada obligación con los que se han ido manteniendo siempre presente que nadie puede vencerte mientras tú mismo no te des por vencido. Que eres invencible siempre que sirvas a una causa superior a ti mismo. Sepan, por lo tanto, los tiranos y sus cómplices dentro y fuera de Cuba que, aunque estemos golpeados por el calendario, ni nos han vencido ni nos vencerán jamás.