martes, marzo 15, 2016

Esteban Fernández: ¿INDEPENDENCIA… PARA QUÉ?



¿INDEPENDENCIA… PARA QUÉ?


Por Esteban Fernández
14 de marzo de 2016

Toda la vida los cubanos hemos hablado de Independencia. Ese siempre fue uno de los anhelos cubanos por excelencia. Luchar por la Independencia de España, ser independientes de los Estados Unidos y salir de la tutela de la Unión Soviética o China eran sinónimos de patriotismo y orgullo nacional. Ese fue nuestro barrenillo eterno. No existe un orador anticastrista que no haya clamado por la independencia de la Patria.

Desde luego, eso ha cambiado muchísimo y la miseria imperante – junto a la desmoralización rampante- ha sido tan brutal que la gente lo que quiere es poder depender de algo, de alguien o de algún país que quiera mantenerlos. Cuba desde 1959 siempre ha estado en venta al mejor postor. ¿Se acuerdan que nosotros decíamos “búscate un chino que te ponga un cuarto”? Bueno, los cubanos quisieran que hubieran un billón de chinos poniendo cuartos en Cuba.

Hace rato que los compatriotas notaron que cuando eran dependientes vivían mejor que cuando temporalmente ha desaparecido el amparo extranjero.

Se fueron los americanos  -o los fueron- y la cosa empeoró, salieron de Cuba los rusos y “la  caña se puso a tres trozos”, la obligatoria desaparición del vínculo soviético trajo como consecuencia el periodo especial y la hecatombe nacional.

Y la solución del castrismo para todo es buscarse alguien a quien explotar y le cayeron como pirañas encima a Hugo Chávez y a Nicolás Maduro. Y los cubanos, desde luego, contentos con ser subvencionados por Venezuela. Como es natural y lógico el resultado fue el mismo que con la URSS: la bancarrota venezolana no se hizo esperar.

Y después de haberse peleado con los familiares que salían al destierro, después de haberlos escupido y echado los perros en el puerto del Mariel, comenzaron las cartas, las súplicas y las exigencias en un intento desesperado -y logrado muchas veces- por convertirse en dependientes de la parentela exiliada de la cual tanto renegaron.

Los viajes de la comunidad cubana a Cuba no fueron -y siguen siendo- más que un plan preconcebido por el castrismo -tras el cansancio y la quiebra de los países “papaninis” y su imposibilidad de soltar el billete en ese barril sin fondo que representa la Isla depauperada  y entonces se lanzan descaradamente a conseguir que los exiliados carguen con esa responsabilidad. Con el beneplácito, desde luego, de la necesitada población cubana.

Y la tapa al pomo es la situación actual donde existe el desespero generalizado entre  esclavos y esclavistas para que Cuba vuelva a depender de los que se han pasado 57 años llamándolos “Imperialismo Yanqui” y “Norte Revuelto y brutal”. Ahora, sin rubor alguno, buscan que los antiguamente vilipendiados vecinos resuelvan la miseria reinante y el país se ha llenado (¿de dónde han salido?) de banderitas norteamericanas.

Y eso no es nada, si el Diablo prometiera visitar a la Isla “y resolver algo” entonces La Habana se  llenaría de banderas con la efigie de Satanás y recibirían a Lucifer con la misma alegría que recibieron a dos Papas y recibirán a un Obama.