domingo, julio 10, 2016

: No lloren por Estados Unidos todavía. Carlos Alberto Montane en el marco de las elecciones de EEUU en 2016


 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

No soy simpatizante de ningún partido político; no me gusta Donald Trump; no me gusta Bernie Sanders y mucho menos me gusta Hillary Clinton. En mi opinión los mejores candidatos de ambos partidos mayoritarios en EE.UU.  han  sido  dejados en el camino.

No he leido un artículo de Carlos Alberto Montaner  incisivo con respecto a la  posible candidata Hillary Clinton ¿En esto habrá influido, según he oido,  que su nieta trabaja en la campaña de Hillary Clinton? Una carrera larga y prestigiosa debe cuidarse  con mucho celo hasta los últimos momentos de nuestras vidas.

Tengo la opinión que la labor de Jorge Ramos, relevante periodista y en la práctica activista del Partido Demócrata de origen mexicano,  me parece suficiente ¨palanca¨ o ¨enchufe¨ para que sus nietos y parientes (genéticos o ¨políticos¨)  obtengan posiciones  dentro de un gobierno demócrata ya sea ocupando posición  en la política  o en alguna otra responsabilidad parapolítica.  Tengo la opinión que la capacidad, la labor desarrollada y otras característica personales deben ser tomadas en cuenta para que una persona sea idónea para  ocupar un cargo y desempeñarla con responsabilidad y eficiencia pero es vox populi que eso no se  cumple siempre y en no pocos de esos casos la ¨palanca¨  de influyentes personas ha decidido que la persona idónea no ocupe ese cargo o responsabilidad.

Aunque se que Montaner no es creyente desde un punto de vista religioso, le diré que en religión existen los pecados de obra, palabra y omisión; en política ocurre lo mismo.
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Tomado de http://www.elblogdemontaner.com/

No lloren por Estados Unidos todavía

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El señor Donald Trump asegura que bajo su presidencia Estados Unidos volverá a ser un país extraordinario.
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Por Carlos Alberto Montaner
10 de julio de 2016

Tan pronto triunfe en los comicios, afirma, recuperará los puestos de trabajo que, según él, se han trasladado a Asia o a México. Los inmigrantes ilegales y los terroristas no podrán franquear los muros erigidos en las fronteras. Las fuerzas armadas de su país serán otra vez imbatibles. Pulverizará a los enemigos islamistas. Los aliados tendrán que pagarle al gobierno federal por la presencia de tropas norteamericanas que impiden las invasiones extranjeras. Pondrá todo su peso como negociador experto en terminar o modificar los tratados de comercio libre que no favorezcan a Estados Unidos. El resto del planeta, en consecuencia, comenzará de nuevo a respetar y a admirar a su patria.

Se trata de un mensaje electoral efectivo, pero falso, con ciertos elementos de paranoia que pueden resultar contraproducentes. Stephen D. Reicher y S. Alexander Haslam (Scientific American Mind), advierten que no hay mayor estímulo al reclutamiento de terroristas islamistas que amenazarlos con el exterminio. No obstante, el discurso de Trump conecta con esa parte sustancial del censo que sostiene una visión pesimista de la realidad social y económica de Estados Unidos. Ocurre, sin embargo, que es una percepción equivocada.

La verdad es que Estados Unidos, pese a los problemas que presenta, y a las numerosas patologías sociales que exhibe, inevitables en una nación diversa y democrática de 323 millones de habitantes procedentes de todas las culturas, etnias y orígenes, es la primera e indiscutible potencia del mundo. No hay ninguna nación del planeta que, por ahora, le dispute la hegemonía.

En el 2016 su PIB está muy cerca de los 19 billones (trillones en inglés). Es el primero del mundo. Con menos del 5% de la población mundial, el país produce el 20% de los bienes y servicios que se generan en la Tierra, y su productividad es cinco veces mayor que la china.

El 86% de las transacciones internacionales se realizan en dólares. El dólar es la divisa más importante que existe, y moneda-refugio en épocas turbulentas (como ahora). El índice de desempleo, en torno al 4.7%, es de los más bajos del mundo desarrollado, y si bien es cierto que se han destruido empleos industriales, han sido sustituidos por formas más apacibles y creativas de ganarse la vida en el sector de los servicios y en la llamada economía de la información.

Diecisiete de las  20 mejores universidades del planeta son norteamericanas. Es la sociedad, con mucho, que patenta más hallazgos científicos y técnicos. El inglés es la lengua franca de la humanidad. El resto de las naciones imitan, fundamentalmente, a Estados Unidos. Visten como los estadounidenses. Se curan las enfermedades como ellos. Componen música como ellos. Bailan como ellos. Ven sus películas, leen sus libros, hacen sus carreteras, hospitales, aeropuertos, casi todo, como ellos.

Las fuerzas armadas norteamericanas disponen de un presupuesto que excede los 600,000 millones de dólares. Más que todos sus enemigos potenciales combinados: China, Rusia, Corea del Norte, Irán y Venezuela. Su potencial capacidad destructiva es asombrosa. Ese aparato bélico no sólo es militarmente temido por el resto de las naciones, sino probablemente contribuye a la admiración que despierta el país.

Según la empresa The Anholt-GfK Roper Nation Brand Index,  que encuesta seriamente el nivel de afecto que internacionalmente despiertan las cincuenta naciones más importantes del mundo, Estados Unidos está a la cabeza de todas. El 2014, por primera vez, fue Alemania, pero en el 2015 Estados Unidos recuperó la primacía.

Agréguesele a este cuadro la solidez institucional norteamericana. Hace pocas fechas la Declaración de Independencia cumplió 240 años. El país ha tenido presidentes extraordinarios y personajillos lamentables; periodos brillantes y  mediocres; recesiones y ciclos de crecimiento; esclavos, hombres libres y libertos; legisladores venales y probos; jueces estupendos e idiotas; etapas de guerras y de paz; mujeres subyugadas y otras que han conquistado su espacio social valientemente; minorías silenciosas y aguerridas. Pero todas estas transformaciones y confrontaciones, algunas verdaderamente revolucionarias, han sucedido sin que se interrumpiera la ordenada transmisión de la autoridad, dentro de una legalidad imperfecta aunque funcional, que le confiere una enorme solidez al país.

¿Hasta cuándo? No se sabe. Tenemos la melancólica certeza de que todas las naciones hegemónicas algún día dejan de serlo. Así ha sucedido siempre, pero todavía no hay síntomas de que Estados Unidos entró en la fase de decadencia, aunque el señor Trump se empeñe en demostrar lo contrario, y aunque muchos de sus correligionarios, casi todos blancos, casi todos varones, casi todos ultranacionalistas y aislacionistas, coincidan en su percepción pesimista de la realidad. Sencillamente, se equivocan.
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ALGUNOS  COMENTARIOS DEJADOS

montaner como siempre nos tiene acostumbrado a ese poder de convencimiento que emana de una sabiduria propia natural tambien incorporada por su cultura diversa. Creo es real todo lo que ha escrito per deseo nos escriba de la Clinton y si fue a cuba y corto cana en su juventud y como podria mandar en este pais habiendo sido tan irresponsible en toda su vida.
Anónimo
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Señor Anónimo

¿ Cuál es su opinión de aquellos intelectuales, sobre todo periodistas y otros comunicadores,  que conociéndolo  callaron, por una razón o por  otra,  el pasado de gansterismo  político y otras ¨lindezas¨  de Fidel Castro  en la lucha contra Batista ? ¿Usted no cree que a  muchos cubanos les hubiera gustado conocer quién era verdaderamente Fidel Castro?¿Usted no agradecería conocer  de personas prestigiosas sus opiniones sobre problemas importantes?

El bloguista de Baracutey Cubano

1 Comments:

At 5:42 p. m., Anonymous Anónimo said...

montaner como siempre nos tiene acostumbrado a ese poder de convencimiento que emana de una sabiduria propia natural tambien incorporada por su cultura diversa.
Creo es real todo lo que ha escrito per deseo nos escriba de la Clinton y si fue a cuba y corto cana en su juventud y como podria mandar en este pais habiendo sido tan irresponsible en toda su vida.

 

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