viernes, julio 07, 2017

Alberto Roteta Dorado. sobre el supuesto fin de la tenebrosa década Correísta. en Ecuador

Ana Mercedes Diaz - Conferencia "72 horas en Ecuador" durante FORO "FRAUDE ELECTORAL EN ECUADOR"


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Ecuador, fin de la tenebrosa década correísta.

Por el Dr. Alberto Roteta Dorado.
Julio 2017

Naples. Estados Unidos.- En todas las naciones en las que sus gobernantes establecieron sistemas socialistas como modelo político, social y económico, en realidad lo que prevaleció fueron regímenes dictatoriales y totalitaristas. Los casos de la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Polonia, Rumanía, Hungría, entre otros países de Europa Oriental, Cuba y Corea del Norte, y más reciente Venezuela, Ecuador y Bolivia, en Latinoamérica son ejemplos más que convincentes.
La nacionalización, con el consiguiente paso colectivo de los medios y fuerzas de producción al estado, ha sido un denominador común en todos los intentos de socialismo, aún en los que precedieron a Marx. Toda vez que se hacen modificaciones – por muy necesarias que sean o por muy renovadoras que puedan parecer– que se aparten de este patrón común, que desde el punto de vista teórico establecieron aquellos que de manera especulativa – en el verdadero significado del término desde la óptica de la filosofía y de la antropología social– diseñaron en sus concepciones, el modelo deja de ser socialista. 

Ya me he referido en un escrito titulado: El “nuevo” modelo económico “socialista” cubano, vía definitiva hacia el capitalismo, muy publicado hace solo unas semanas, a la imposibilidad de estar en puntos medios. Nos situamos con firmeza en la senda de los jóvenes hegelianos de la Alemania del siglo XIX, o asumimos definitivamente una posición en la línea de la derecha. 

De modo que los engendros que adquirieron cierta popularidad en Latinoamérica durante la última década en realidad tienen muy poco de socialismo; aunque mucho de totalitarismo y de carácter dictatorial. Se destaca sobremanera en este aspecto la llamada Revolución Ciudadana, el eslogan que a modo de clonación de la Revolución Bolivariana quiso asumir Rafael Correa para la instauración del Socialismo del siglo XXI en Ecuador. 

Pero sucede que en la pequeña nación andina la privatización jamás pudo eliminarse a pesar de que el mandatario, quien por más de una década manipuló el poder a su manera, trató de asfixiar al sector privado, algo que no es sinónimo de nacionalización – fenómeno que si se dio en Cuba, al menos  en las cuatro primeras décadas de comunismo–. En Ecuador se han entrelazado un estado popular o ciudadano, en el nivel político, con un capitalismo social, en el nivel económico, lo que lo distancia del modelo clásico marxista, y por lo tanto no es socialismo, aunque se empeñen en proclamarlo ante el mundo, y hasta investigadores muy serios de la respetada Pontificia Universidad Católica del Ecuador admitan que la modalidad establecida reconoce y valida a la teoría de Marx como fundamento histórico; pero una cosa es aceptar teóricamente una concepción y otra bien diferente es consumarlo como acto, algo que jamás ocurrió en la tierra de los enormes volcanes.  

(Lenin Moreno)

Según los teóricos Juan J. Paz y Miño Cepeda: “El nuevo socialismo articula, en definitiva, empresa privada con inversión pública e intervencionismo económico y regulador del Estado, amplias políticas sociales y firmes medidas para redistribuir la riqueza; pero, además, se basa en la captación del Estado, para desplazar los intereses de las burguesías/oligarquías e imponer la hegemonía del poder de los ciudadanos y sectores populares”. 

Así las cosas, aunque el odiado y despreciado expresidente Rafael Correa tuvo siempre a flor de labios su eslogan de Revolución Ciudadana y sus errados conceptos socialistas, a pesar de su licenciatura en economía – téngase en cuenta que el socialismo, además de sistema político es un modelo económico, y que las investigaciones de Marx están fundamentadas en aspectos económicos, más que filosóficos–, en la tierra del general Eloy Alfaro jamás ha existido el socialismo propiamente dicho. En su lugar un sistema dictatorial se impuso durante una tenebrosa década, que sin duda, ofreció cierta calma y estabilidad política a una nación con un historial de presidentes que “dejan mucho que desear”, como suele decirse en Cuba, y como me han expresado decenas de ecuatorianos.
Como contrapartida de esta condición se impusieron prohibiciones de todo tipo, quedando limitadas las libertades de expresión y de pensamiento. Correa modificó unas leyes, enmendó otras, y estableció otras tantas. Ninguna para beneficiar las libertades y los derechos mínimos, y si para perpetuarse en el poder y perjudicar a aquellos que más allá del promedio de la nación lograron construir un mínimo de capital  – a los que llamó pelucones y despreció públicamente–.

Su excluyente tónica provocó el malestar no solo de los amplios sectores de la oposición; sino de la propia cúpula militar, del gremio de maestros, de estudiantes universitarios, y hasta de las comunidades indígenas que protagonizaron sendas marchas de protestas y acciones que intentaron paralizar al país.  

Pero en Ecuador las cosas van tomando un matiz diferente. Desde el 24 de mayo Lenín Moreno asumió oficialmente la presidencia del país, y aunque en realidad estamos en un caso de continuismo político – algo que preparó el dictador Rafael Correa y logró a partir de la consumación de uno de los más grandes fraudes de la historia continental–, el nuevo presidente ha comenzado muy bien su mandato, tan bien que de manera un tanto sutil, aunque con firmeza y conocimiento de causa, está estableciendo límites precisos entre el correísmo y su nuevo estilo, que es el de la inclusión y el diálogo, a diferencia del de su predecesor, que fue el de la exclusión, la confrontación, la agresión y la maleficencia. “Estoy aquí para gobernar, y para gobernar primero debo escuchar”, acaba de declarar el nuevo presidente. 

Moreno, apartándose de los estereotipos de aquel decadente socialismo predicado por Correa – con lo que suprime toda alusión a la Revolución Ciudadana, a modelos socialistas de nuevo tipo, y a un enemigo que desde el imperio está al asecho–  pretende diferenciarse del arrogante y excéntrico camarada de los Castro, y lo está logrando con creces a pesar de que sabe perfectamente que se expone a los ataques de aquel que le preparara el camino para su mandato, con lo que se estimó que se mantendría la continuidad política de Alianza PAIS, que hasta el momento solo ha conservado el nombre y una simbólica fachada. 

Una serie de transformaciones radicales han sido emprendidas por el nuevo presidente, lo que ha estremecido a los más conservadores defensores del correísmo, y al propio Correa que no se hizo esperar y ya arremetió con su ironía característica. Hasta el presente, y con solo un mes en la presidencia, el nuevo líder ha determinado:  

1.- Inicio de una campaña anticorrupción que incluye sendas revisiones de procesos y acciones que durante la década tenebrosa tuvieron lugar. Moreno ha creado el Frente de Transparencia y Lucha contra la Corrupción. De manera particular se destacan la intervención que el propio vicepresidente del país ha tenido que hacer ante la Asamblea Nacional Ecuatoriana debido a las fuertes sospechas que sobre el recaen en el sonado caso de Odebrecht, así como la destitución del contralor Carlos Pólit, por no presentarse a comparecer y por incumplimiento de sus funciones. 

2.- La puesta en marcha de un gran diálogo nacional, instrumento para concretar acuerdos que permitan el fortalecimiento del mandato popular y la construcción de políticas que mejoren la gobernabilidad. “Un diálogo que no llega con condicionamientos, ni amenazas”, según acaba de afirmar el presidente al evocar la enseñanza de Gandhi, algo que está asumiendo desde una perspectiva puramente democrática, sin imposiciones, con aceptación de las posibles diferencias, incluyendo a todos para “construir este país en donde todas la voces sean escuchadas y valoradas por igual". “Aunque pensemos distinto vamos a dialogar”, precisó Moreno, “no vale la pena pelearse por cuestiones políticas”.

3.- Eliminación del enlace ciudadano, una especie de tribuna abierta según el vocabulario comunista cubano, en los que el exmandatario invirtió elevadas cifras de dinero, por cuanto, estas citas tenían un carácter itinerante, y había que llenar grandes espacios para demostrar una aceptación popular que las encuestas desmentían luego. Un noticiero semanal, breve, conciso, con algunas de las acciones más importantes de la semana en las diferentes provincias del país, ha sustituido a los enlaces o sabatinas correístas.   

4.- Reforma de la Ley de Comunicación establecida en la etapa correísta y que ata a los periodistas, reporteros, analistas y empresarios de los medios a los cánones de la Revolución Ciudadana, la que con su aplicación y el soporte de otras leyes contribuyó a cerrar varias emisoras radiales provinciales, el diario Hoy y la revista Vanguardia. 

5.- Campaña de valores y personajes emblemáticos, con la que se suprime el retrato del presidente en instituciones y lugares públicos, dejando atrás el culto a la personalidad tan promocionado por su antecesor que se creía rey de reyes. En su lugar se retomarán las imágenes de personajes emblemáticos de la historia del país, comenzando con Manuela Espejo, los que al propio tiempo representarán un valor. 

En fin, que si teóricamente jamás existió un verdadero socialismo en la nación andina, y ahora el nuevo mandatario intenta transformar lo emprendido por Correa a nombre del llamado Socialismo del siglo XXI, no habrá dudas para admitir la idea de que Ecuador sale de las garras del comunismo, a Venezuela le queda ya muy poco, Nicaragua y Bolivia no cuentan para nada, y Cuba a solo un paso del establecimiento de su economía de mercado, el retorno a la privatización y la marcada diferencia de clases de su nueva sociedad – aunque sus anquilosados gobernantes digan lo contrario –, se salió hace ya mucho del paradigma del modelo socialista, lo que significa que en Latinoamérica estamos sepultando definitivamente el socialismo, el peor de los males de estos tiempos.