jueves, enero 30, 2020

Carlos Ripoll sobre la falsificación de José Martí en la Cuba oprimida por el castro comunismo. Parte I: Martí y Lenin. El mito de Carlos Baliño. El Centro de Estudios Martianos ."El autor intelectual del Moncada". Parte II: Los partidos marxistas. El Partido Revolucionario Cubano



La falsificación de Martí en Cuba(*) Parte II



Karl Marx y Federico Engels fueron los ideólogos   del genocidio moderno

Por Carlos Ripoll 
ÍNDICE


Introducción

Honrar en el nombre lo que en la esencia se abomina y combate,
es como apretar en amistad un hombre al pecho y clavarle un puñal en el costado.
José Martí

Los partidos marxistas

Debido a su actualidad, quiero referirme en particular a otro caso de falsificación de Martí. Está relacionado con su idea del partido político. El propósito de este manejo es justificar la existencia de un solo partido, y darle una razón cubana al unipartidismo que defienden Castro y los suyos, a su monopolio del poder. El asunto se viene manejando desde antes de proclamar la Constitución de 1976: es bien sabido que en esa Constitución, en su artículo 5, se define al Partido Comunista como "la vanguardia de la clase trabajadora", y como la más alta y única dirigencia de la sociedad y del Estado. Aprovechando su discurso en el centenario de la muerte de Ignacio Agramonte, una ocasión bien cubana, dijo Fidel Castro: "...Martí hizo un partido, no dos partidos, ni tres partidos, ni diez partidos; en lo cual podemos ver el precedente más hermoso y más legítimo del glorioso partido que hoy dirige nuestra revolución: el Partido Comunista de Cuba..."(20) Esa arbitraria y ridícula comparación entre los dos partidos se ha usado, hasta la saciedad, por los voceros del régimen, pero aquí sólo vamos a recordar tres oportunidades en las que Castro insistió en el asunto: una fue en su discurso a fines de 1987, durante la Conferencia de la Asociación de Juristas Americanos, que se celebró en La Habana; allí dijo: "...No hay que tenerle temor al partido, porque el fundador de nuestra nacionalidad, que fue José Martí, lo primero que hizo fue organizar un partido —está en la tradición de Cuba— el Partido Revolucionario Cubano; no organizó ni 15 ni 25 partidos, organizó uno. Antes que Lenin, Martí desarrolló el concepto de un partido para dirigir la revolución..."(21) En abril de este año [1991], en el 30 aniversario de Bahía de Cochinos, asediado por amigos y enemigos que le piden el multipartidismo y una apertura como la de la Unión Soviética, dijo: "Nadie se haga ilusiones de que el socialismo cubano hará concesiones, porque tendremos un partido, (un único partido, como el que se corresponde con la etapa larga revolucionaria! (Un único partido, como el que fundó José Martí para llevar adelante la guerra de independencia!"(22) Y en iguales términos lo oímos, hace sólo unos días, desde Santiago de Cuba, en el discurso de clausura del Cuarto Congreso, justificar la exclusión de otros partidos en Cuba porque Martí sólo fundó uno; dijo: "...pero tenemos un partido, un solo partido, como tuvo Martí, un partido, un solo partido para hacer la revolución.."(23)

(Karl Marx)

También ahí se echa mano a las trampas para justificar con algo de nuestra tradición lo que es ajeno a ella. Con ese fin, todo el aparato de la cultura oficial se lanza a buscar las coincidencias entre Martí y el marxismo, y, cuando no las encuentran, a disculpar, con mayor o menor hipocresía, a Martí, por carecer del enfoque clasista y de la voluntad de crear la dictadura del proletariado, que son la base y el propósito del partido en el marxismo-leninismo. Es tan débil, y falso, y tan disparatado el argumento del unipartidismo totalitario de Cuba como reflejo de la concepción martiana del partido político, que no valdría la pena detenerse en él si no fuera porque, de tanto repetirlo, y sin poder allí nadie salir a denunciar la mentira, para muchos, como es natural que suceda, el argumento parece válido.

Veamos primero qué idea del partido ha tenido siempre el marxismo. Ya desde 1848, en el Manifiesto Comunista, Marx y Engels plantearon la necesidad de crear un movimiento independiente, de la mayoría proletaria, para defender los intereses de esa misma mayoría, es decir, un partido exclusivamente obrero e independiente de los demás partidos.(24) Más tarde, 20 años antes de la creación por Martí de su Partido Revolucionario Cubano, en una "Resolución" adoptada en la Haya, en el Congreso de la Asociación Internacional de Trabajadores, concretaron: "Contra el poder colectivo de la clase propietaria no puede la clase trabajadora actuar como clase sin antes constituirse en un partido político distinto de, y opuesto a, los viejos partidos de las clases propietarias". Antes de la Comuna de París, el 13 de febrero de 1871, Engels le escribió una carta al Concilio Federal Español, de la Internacional, en la que decía: "En todas partes la experiencia ha demostrado que la manera mejor de librar a los obreros del dominio de las viejos partidos es la creación de un partido proletario en cada país, con una política propia, una política bien diferente de la de los otros partidos".(25) En Lenin la idea del partido alcanza su más estrecha concepción. En ¿Qué Hacer? (1902) planteó la necesidad de crear un partido cerrado sin la amplia base de la clase trabajadora que habían propuesto Marx y Engels. El "nuevo tipo de partido", dijo, tiene que ser "la vanguardia de las fuerzas revolucionarias... una organización de revolucionarios... que hagan su profesión la actividad revolucionaria... Dicha organización, necesariamente, no puede ser muy amplia..."(26) Lo que pensaba Lenin del partido está resumido en estas palabras: "El partido es una parte organizada de la clase trabajadora... El partido no es sólo la más alta forma de asociación de la clase proletaria, sino que es también un instrumento en las manos del proletariado para establecer su dictadura cuando todavía no la ha logrado, y para consolidar y extender su dictadura cuando ésta ya esté establecida... El proletariado necesita el partido no sólo para lograr la dictadura proletaria, sino que aun le es más necesario para mantenerla y extenderla y lograr así la victoria completa del socialismo..."(27) Y Stalin, la más constante, aunque menos confesada, inspiración del comunismo cubano, para amparar su dictadura y en defensa de la tesis de un solo partido como imprescindible para el socialismo, dijo en 1938:


(Meme. Todas las imágenes fueron añadidas por el Bloguista de Baracutey Cubano)


"Para no equivocarse en política hay que mantener sin compromisos una política clasista proletaria, no una política reformista para armonizar intereses del proletariado y de la burguesía... Por lo tanto, el partido proletario, en su actividad práctica, no debe guiarse por motivos casuales sino por las leyes del desarrollo de la sociedad, y por deducciones prácticas de esas leyes... Por lo tanto, para no equivocarse en política, para no convertirlo en un partido de soñadores, el partido del proletariado no debe basar su actividad en abstractos "principios de la razón humana".. . ni en los buenos deseos de los "grandes hombres", sino en las necesidades reales para el desarrollo material de la vida en la sociedad."(28)

De las ideas de Marx, Lenin y Stalin, y, repito, sobre todo de Stalin, viene la empecinada resistencia de Cuba al multipartidismo. En Cuba no hay un partido único porque Martí creó un sólo partido, sino porque, en primer lugar, por supuesto, conviene a la voluntad de absoluto poder de los gobernantes, quienes así superan el miedo de ir a unas elecciones y perderlas, y, en segundo lugar, porque responde a la cerrada concepción política estalinista, que es la única base teórica del oportunismo de Fidel Castro y los suyos.(29) Precisamente esa "política reformista de armonía de intereses del proletariado y la burguesía", que negaba Stalin, era la de Martí: esa "actividad práctica del partido basada en los buenos deseos de individualidades extraordinarias", en "la razón" y en "la moral universal", que rechazaba Stalin, fueron las bases para la actividad política de Martí.

El Partido Revolucionario Cubano



Además de una infamia, es un disparate hablar de parecidos y coincidencias entre un partido marxista-leninista y el de Martí; aquél para imponer a un grupo que también ha de gobernar por la violencia; el otro, para armonizar intereses y para que de esa unión saliera un gobierno "con todos y para el bien de todos".(30) Pero como no se puede disimular el carácter dictatorial y elitista del partido del marxismo-leninismo, quieren probar que también el partido de Martí tenía algunas de esas características, y recurren al testimonio de dos de sus contemporáneos, aunque enemigos suyos: de Enrique Trujillo, con quien Martí había tenido un problema personal relacionado con Carmen Zayas Bazán, la esposa de Martí, el cual lo acusaba de haber empleado métodos dictatoriales en la creación del Partido Revolucionario Cubano;(31) y del anexionista José Ignacio Rodríguez quien, para desacreditarlo, lo acusó en su libro de 1900 de ser socialista y de odiar a los ricos; escribió:

"Favorecido [Martí] por el cielo con una inteligencia clara y con una imaginación fervidísima, pero indisciplinadas la una y la otra hasta aquel extremo que se vio con frecuencia entre muchos de los revolucionarios franceses de 1789 y 1793, aparecía muchas veces, a los ojos de los que no eran sus discípulos, o que no estaban fascinados por la influencia magnética que entre su círculo inmediato ejercía con tanto poder, como si fuese víctima de un desequilibrio mental... Predicaba el odio a España, el odio a los cubanos autonomistas... el odio al hombre rico, cultiva y conservador... y el odio a los Estados Unidos de América, a quienes acusaba de egoístas, y a quienes miraba como el tipo de una raza insolentes, con quien la que dominaba en los demás países de la América continental, tenía que luchar sin descanso... El elemento personalísimo, dictatorial e intolerante, que se reveló en él desde el principio, le enajenó simpatías aun entre muchos de los más antiguos y bien probados revolucionarios cubanos. Uno de ellos, el señor don Enrique Trujillo, director de El Porvenir, de Nueva York, se puso frente de él, con su fervor acostumbrado, combatiéndolo sin descanso. Artículo tras artículo que reunió después en un folleto, salieron de su pluma para atacar la organización del «Partido» en lo que tenía de antidemocrático..."(32)

Así, con el testimonio de dos enemigos de Martí, hacen ver que la base antidemocrática, clasista y unipersonal del Partido Comunista de Cuba no le viene todo de Marx, o de Lenin y Stalin, sino del Partido Revolucionario Cubano de Martí. Por citar solamente un ejemplo, veamos lo que ha dicho José Antonio Portuondo, una de las autoridades de Cuba en asuntos relacionados con la cultura: "Martí y Lenin", afirmó, "coinciden en la organización celular de los partidos respectivos..." En los Estatutos Secretos del Partido Revolucionario Cubano, sigue diciendo Portuondo, "imperaba lo que, a partir de Lenin, se conocerá con el nombre de «centralismo democrático»... Martí como Lenin después, chocaría con los viejos revolucionarios, honestos pero incapaces de comprender el nuevo sentido de la organización partidaria, a quienes resulta dictatorial e intolerable la actitud del Delegado..."(33) Desde luego, Portuondo no dice quiénes fueron "los viejos revolucionarios honestos pero incapaces" que vieron en el Partido de Martí una actitud "dictatorial e intolerable", pero con esa gratuita afirmación se disculpan los procedimientos, ésos sí dictatoriales e intolerables. del Partido Comunista de Cuba y de sus dirigentes, y quien tenga reparos ante los abusos del poder se calla para que no lo consideren incapaz de entender algo que venía ya impuesto por José Martí.

El 5 de enero próximo [1992] hará un siglo que se aprobaron en Cayo Hueso las Bases del Partido Revolucionario Cubano. No sólo por lo que conviene para ver en cuánto el partido de Martí niega los partidos marxistas, sino también por la fecha que se nos acerca, vamos a recordar cómo y con qué propósito nació el Partido Revolucionario Cubano. El mes de octubre de Martí, hace 100 años, en lo político, fue el más crucial de su vida. Parecía como si hubiera un conjuro de acontecimientos para precipitarlo en la campaña decisiva por Cuba. Meses antes concluyó la Conferencia Monetaria, de Washington, a la que fue como representante del Uruguay, en la que pudo comprobar que el expansionismo de este país amenazaba seriamente la independencia de Cuba, por lo que era necesario lograrla, también como protección para el resto de nuestra América; desde Washington le escribió a Gonzalo de Quesada: "...(Libre el campo, al fin libre, libre y mejor dispuesto que nunca, para preparar, si queremos, la revolución ordenada en Cuba, y con los brazos afuera! Sentada, la anexión. Los yanquis mismos, valiéndose de la Conferencia Monetaria como de un puñal, lo han clavado en el globo aquel del continente y de las reciprocidades... En la Conferencia todos, hasta los más flojos y torpes, han visto el juego..."(34)

Enseguida suspendió sus colaboraciones en La Nación, de Buenos Aires, y poco después, citó para un acto en el que se iba a conmemorar el 10 de Octubre, y allí anunció a los emigrados en qué estaría basada su campaña política que aspiraba a la creación de un pueblo "para el bien de todos", de "un porvenir en que quepamos todos", y resumió su idea con estas palabras: "(Nosotros no somos aquí más que el corazón de Cuba, en donde caben todos los cubanos!" Y como para desmentir a José Ignacio Rodríguez y a los que ahora en Cuba le achacan una condición clasista a su obra revolucionaria para acercarlo a la revolución bolchevique, y al odio proletario hacia el rico, advirtió de aquellos ricos de entonces que en verdad lo eran no sólo en fortuna sino también en patriotismo:

"...son carne nuestra, y entrañas nuestras y orgullo nuestro, y raíces de nuestra libertad y padres de nuestro corazón, y soles de nuestro cielo y del cielo de la justicia, y sombras que nadie ha de tocar sino con reverencia y ternura... aquellos padres de casa, servidos desde la cuna por esclavos, que decidieron servir a sus esclavos con su sangre, y se trocaron en padres de nuestro pueblo; aquellos propietarios regalones que en la casa tenían su recién nacido y su mujer, y en una hora de transfiguración sublime se entraron selva adentro con la estrella en la frente; aquellos letrados entumidos que, al resplandor del primer rayo, saltaron de la toga tentadora al caballo de pelear; aquellos jóvenes angélicos que del altar de sus bodas o del festín de la fortuna salieron arrebatados de júbilo celeste a sangrar y a morir, sin agua y sin almohada, por nuestro decoro de hombres..."

Y, a continuación, Martí propuso para la república no lo que dicen ahora que dijo Mella, que le dijo Baliño, que le había dicho Martí, que en ella haría una revolución proletaria, sino que habló de los "días buenos, después de la redención, del trabajo continuo, y de buena fe, para evitar el exceso de política de los desocupados ambiciosos, o de los aspirantes soberbios, o de los logreros de la palabra y del valor..." —es decir: la política de justicia y equilibrio que fue siempre la norma de su política; y allí también censuró a los anexionistas, "a los que buscan en un poder extraño la salvación que no saben sacar de su voluntad", y a los autonomistas que buscaban un arreglo imposible con España, a los autonomistas que entonces calificó de "liberales de aguamiel".(35)

Pero, quizás Martí mentía para lograr un fin no confesado, como han hecho, y hacen, otros; pero poco después dijo en un artículo de Patria: "La república, sin secretos. Para todos ha de ser justa, y se ha de hacer con todos... Levantarse sobre intrigas es levantarse sobre serpientes. En revolución, los métodos han de ser callados, y los fines públicos..."(36) No, no mentía Martí; mienten los otros. Al día siguiente de aquella conmemoración, el 11 de octubre de 1891, un periódico de Nueva York denunció a Martí porque hacía propaganda contra España siendo cónsul de la Argentina; y el 11 de octubre renunció el cargo diplomático. Más elocuente que su palabra en el acto patriótico fue el renunciamiento: "El apóstol", decía Martí, "que lo sea a costa suya".(37) Conmovió a la emigración de Tampa y lo invitó el Club "Ignacio Agramonte" de aquella ciudad. Aquel fue el primer paso en la preparación de la guerra. Allí repitió lo que había adelantado en Nueva York: su república iba a ser "con todos y para el bien de todos". En Tampa dijo también las palabras que hipócritas copiaron en la Constitución socialista de Cuba: "Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre".(38) Se supo entonces, en Cayo Hueso, de su programa y lo invitaron, y allí nació el Partido Revolucionario, en la "Duval House", de la patriota Josefina Bolio, ante una asamblea de 26 cubanos partidarios de la independencia: antiguos soldados, obreros y dueños de tabaquerías, intelectuales: Fernando Figueredo y Gerardo Castellanos; Carlos Baliño y Eduardo Hidalgo Gato; Francisco María González y José Dolores Poyo...

Las "Bases" del Partido fueron aceptadas no porque Martí las impuso, como dijo el viejo esclavista Enrique Trujillo y dicen ahora en Cuba, sino, precisamente, porque no eran de él, porque eran lo mejor de los esfuerzos revolucionarios anteriores a Martí, y con aquel programa entraban en armonía los distintos intereses que formaban la emigración, resumen y síntesis de los que habrían de formar su república. Leemos en el artículo cuarto de aquellas "Bases": "El Partido Revolucionario Cubano [se propone] fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legítimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer, por el orden del trabajo real y el equilibrio de las fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud". Y en el quinto artículo añadía: "El Partido Revolucionario Cubano no tiene por objeto llevar a Cuba una agrupación victoriosa que considere la Isla como su presa y dominio, sino preparar, con cuantos medios eficaces le permita la libertad del extranjero, la guerra que se ha de hacer para el decoro y bien de todos los cubanos, y entregar a todo el país la patria libre".(39) Obsérvese pues lo que pretendía el Partido Revolucionario Cubano: ". ..fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legítimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera democracia... [con] el equilibrio de las fuerzas sociales... para el decoro y bien de todos los cubanos..."

Y nos preguntamos, ¿dónde está ahí la voluntad clasista para establecer la dictadura del proletariado que proponían Marx, Lenin y Stalin, que sirve de fundamento al socialismo cubano? Eso no era lo que quería Martí. Jamás lo quiso, y aunque hubiera vivido mil años, sobre 100 Lenins y 100 Stalins, lo hubiera querido. Bien claro lo dejó dicho al hablar de "Los pobres de la tierra", su artículo de Patria, donde otra vez dejó constancia del programa de su Partido; allí aclaró: "Ni se ha adulado, suponiendo que la virtud es sólo de los pobres, y de los ricos nunca; ni se ha ofrecido sin derecho, en nombre de una república a quien nadie puede llevar moldes o frenos, el beneficio del país para una casta de cubanos, ricos soberbios, o pobres codiciosos, sino la defensa ardiente, hasta la hora de morir, del derecho igual de todos los cubanos, ricos o pobres, a la opinión franca y al respeto pleno en los asuntos de la tierra..." Y eso lo dijo porque él entendía, y sigo con sus palabras que, "un pueblo está hecho de hombres que resisten, y hombres que empujan: del acomodo, que acapara, y de la justicia, que se rebela: de la soberbia, que sujeta y deprime, y del decoro, que no priva al soberbio de su puesto, ni cede el suyo: de los derechos y opiniones de sus hijos todos está hecho un pueblo, y no de los derechos y opiniones de una clase sola de sus hijos..."(40) Había otros partidos políticos en la isla, y otras tendencias y grupos en la emigración: jamás Martí habló de suprimirlos para gobernar su república, jamás. Su vocación democrática no sólo lo inclinaba sino que le exigía el multipartidismo.

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