martes, febrero 25, 2020

¿Hubo alguna vez una edad de oro de las ESBEC?. Waldo Acebo Meireles: Las Escuelas Secundaria Básica En el Campo (ESBEC) fueron una pesadilla desde todo punto de vista, incluyendo el económico


Tomado de https://www.cubaencuentro.com/

¿Hubo alguna vez una edad de oro de las ESBEC?

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Las ESBEC fueron una pesadilla desde todo punto de vista, incluyendo el económico
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Por Waldo Acebo Meireles
Miami
24/02/2020

Imaginemos que estamos a mediados de los años 70, en lo que algunos suponen fue la etapa de oro de las llamadas ‘escuelas en el campo’, francamente yo no creo que hubiese tal etapa, aunque en comparación con lo que vino después podemos argüir que fue más o menos aceptable, si descontamos la separación de los jóvenes de la familia, quizás en los momentos en que más lo necesitaban y un sinfín de cosas que no vamos a enumerar aquí. Pero vamos a poner un ejemplo que conocí personalmente.

Todo comenzó el día que invitaron a la madre de un recluta que había muerto en Angola en la aventura militar castrista, y con cuyo nombre habían bautizado una ESBEC en San Antonio de los Baños, su municipio natal.

La madre, que esperaba tener algún consuelo con esta visita, quedó tan consternada con lo que en esa escuela pudo ver, y no vio casi nada, que le escribió una carta al ministro de Educación solicitándole que le retiraran el nombre de su querido a hijo a dicha escuela.

Al frente del MINED estaba como ministro José Ramón Fernández (a) ‘el Gallego’[1], militar de academia cuya única experiencia como docente había sido la de impartir la asignatura de artillería a los cadetes de Managua, que había asumido ese cargo gracias a su apoyo irrestricto al castrismo. Fernández decidió enviar un pequeño grupo a inspeccionar la escuela encabezado por un funcionario del Departamento de Inspección de relativo alto nivel y por la metodóloga de Historia en el ministerio al que yo me sumé cuando fui comisionado por la Dirección Provincial para acompañar a los dos funcionarios ministeriales, quizás como una forma de equilibrar los criterios y defender los intereses de la provincia.

Desde la llegada al centro nos llamó la atención el grado de deterioro de las instalaciones, no recuerdo que día de la semana llegamos, pero el plan era permanecer allí hasta el sábado cuando salían de pase los alumnos. La primera entrevista con el director del centro ya nos dejó altamente preocupados, a mi pregunta de cuantos alumnos conformaban la matrícula de la escuela no nos pudo dar una respuesta concreta, solo evasivas, por mi experiencia sabía que eso no auguraba nada bueno, iban a ser unos días difíciles. Lo fueron.

Mi primera tarea fue tratar de determinar el número de alumnos, si no me falla la memoria solo existían unos 200 y tantos, es decir menos de la mitad de la matrícula de 500 que correspondían a esos centros, pero aún peor era la asistencia a las aulas, y estamos hablando de un centro interno, que no rebasaba el 80 %, menor que la asistencia promedio en una escuela externa. Y nadie de la dirección o el claustro controlaba esto ni tan siquiera tenían idea de lo que estaba pasando.

Debemos anotar que a la dirección municipal se le había ocurrido la genial idea de enviar a un director de primaria, que al parecer había tenido buenos resultados en su gestión en esa enseñanza, a dirigir la escuela secundaria. Era como el cuarto o quinto director que pasaba por ese centro, más abajo nos referiremos a este asunto, y el joven maestro de primaria estaba muy, muy por debajo de lo que ese centro requería. Su hablar pausado y en voz tenue, me llegó a exasperar.

Ni los profesores, ni nadie, subían a los albergues, tenían miedo, y pronto encontré el porqué. Un grupo de cuatro o cinco alumnos de los mayores, habían establecido el control sobre la escuela, y vivían apartados en lo que se conocía como el ‘cuarto de los choferes’[2]. Les llevaban allí la comida a la sala del trono, pero no asistían a clases, jamás participaban en la jornada agrícola y las hembras les lavaban la ropa, y no sé, ni quiero pensar en otros tributos, no limitados a la renta en especie y en trabajo.

Un rasgo de la prepotencia y el poder real de aquellos magnates escolares, aprendices de gánsteres, era el brillo de sus zapatos eran como espejos logrados con un paciente pulir del betún que le aplicaban en su extenso tiempo libre.

Entre los albergues dos y tres de los varones habían abierto un hueco en el piso, no se me ocurre con qué intención, ni como habían perforado el concreto. En esos albergues cocinaban, los pájaros que cazaban, en fogatas, aunque parezca increíble, y supimos de que una ocasión habían hecho lo mismo con un perro. Las ventanas carecían de la mayor parte de las tablillas e incluso de los marcos, ya que los habían utilizados en sus actividades culinarias. Las literas las habían colocado formando un circulo alrededor del centro donde se preparaba la fogata, era como una tribu amazónica.[3]

Entre otros destrozos habían desaparecidos los interruptores eléctricos, dos cables pelados sobresalían y eran unidos manualmente para encender las pocas luces que quedaban, otra función era la de producir chispas con los cuales encender cigarros y naturalmente la fogata. No faltaba más.

Cuando demandé que el cuarto de los choferes fuese desmantelado y los alumnos reincorporados a las tareas docentes y naturalmente a las agrícolas, los afectados actuando como sicarios me arrojaron desde el cuarto piso una litera, pero con tan mala puntería que cayó a más de diez metros de donde yo estaba en ese momento. Me salvé.

Los días fueron transcurriendo y ningún esfuerzo por parte de nuestro equipo se materializaba en medidas concretas del director y del personal docente de la ESBEC. Después de la cena —el tema de la comida lo abordaré más abajo— nos sentábamos en los bancos de concreto en el pasillo central y enseguida un grupo de alumnos, generalmente varones y de los primeros grados nos rodeaban, habían presentido que éramos parte de algo que podía beneficiarlos de alguna forma, y con ellos entablábamos conversación.

Evidentemente estaban ansiosos de hablar con algún adulto que los escuchasen, ya para esa hora todo el personal docente se había escabullido no se para dónde ni cómo; estábamos prácticamente solos en la escuela con los alumnos. Y empezamos a enterarnos de cosas terribles, como por ejemplo que los más pequeños y desvalidos frente a los alumnos mayores, andaban con todas sus pocas pertenencias a cuesta y muchos se iban a dormir a una casa de tabaco cercana, tres o cuatro se apiñaban por la noche para dormir en la caseta de la bomba de agua, cuestión que pude comprobar directamente.

Uno de aquellos alumnos, quizás el más atrevido, extrovertido y por cierto divertido nos contó, imitándolos, cómo eran los directores que él había conocido. Según nos contó, mientras los otros aprobaban con la cabeza, uno de estos reunió a todo el personal en la dirección y cuando ya estaban todos apretujados dentro el director que se encontraba afuera metió la cabeza por la puerta entreabierta y grito: ¡Sálvese quien pueda! Se fue y jamás lo volvieron a ver. Era una historia con un toque de humor, pero esencialmente dramática.

La comida se despilfarraba, al discutir con el administrador como era posible que él no conociese para cuantos había que cocinar, solo me respondió con excusas. Supuse que aparte de lo que se robara debía haber un acuerdo con otros beneficiarios, ya que en la práctica los campesinos de los alrededores alimentaban a sus puercos espléndidamente con las tanquetas y bidones de comida que se desperdiciaba diariamente, incluyendo la leche que puntualmente llegaba a la escuela todas las mañanas.

El sábado cuando comenzaron a salir de pase los alumnos, decidí hacer una rápida visita a los almacenes llamados de base material de estudio y el de vida. Esperaba encontrarme un caos, pero fue algo peor: Al entrar al ‘almacén de estudio’ me encontré a una persona que se presentó como el de ‘mantenimiento’ mirando la TV, un televisor en colores, cuando en toda la escuela no había ni uno solo en blanco y negro para el entretenimiento de los alumnos. Al preguntarle qué hacía ese televisor allí me respondió que lo estaba probando ya que acababa de llegar del taller de reparaciones. Pasé un dedo por encima del televisor y se lo enseñé con una capa de polvo de semanas. No obtuve respuesta.

Pasé al ‘almacén de vida’ donde se guardan los productos alimenticios, al llegar allí un alumno, delgadito y pequeño, salía del almacén con una jaba al parecer algo pesada, al preguntarle que llevaba en ella se asustó y le pedí que entrara nuevamente al local, en eso el supuesto empleado de mantenimiento se aproximó y me dijo que quién era yo para revisarle las pertenencias a un alumno, no le hice el menor caso y le pedí al alumno casi lloroso que sacara lo que llevaba y debajo de una toalla habían dos latas, una mediana de ‘spam’ ruso y otra grande de tronchos de macarela japonesa (por cierto eran excelente).

Estando yo inclinado sobre el contenido de la dichosa jaba cuando el de mantenimiento intentó abalanzarse sobre mí, pero me bastó incorporarme, yo le llevaba como medio pie de altura y unas cuantas libras, para que saliese corriendo. Al interrogar al muchachito y decirle que sus padres podrían ir presos por lo que él llevaba escondido, me respondió que se lo había dado el almacenero para que se lo entregase al de mantenimiento que vivía cerca de su casa. El almacenero había desaparecido de la escena desde el inicio del conflicto.

Otro alumno, de raza negra y aún más pequeño estaba mirando toda la escena con los ojos bien grandes y también tenía una jaba y cuando le pregunté que llevaba el mismo sacó un jabón de lavar y me confesó que nadie se lo había dado, y que él lo había cogido al ver que estaban repartiendo cosas. Interiormente me dio risa su confesión. Les largué un largo sermón y repuse los artículos robados. Durante un par de meses estuve investigando lo que yo esperaba fuese el final de esta historia y al parecer a nadie le ocurrió nada.

La escuela fue desactivada, su alumnado fue dispersado en otras ESBEC; desconozco si después de una reparación capital fue vuelta a abrir, espero que con otro nombre. Este no fue un caso común, aunque conocí directamente varios similares en otros municipios habaneros y otras provincias. Sin embargo, algunas ESBEC, (muy pocas) alcanzaron logros organizativos y docentes, pero no fueron capaces sus dirigentes y claustro de darle estabilidad y continuidad a su labor. Es por ello que considero que no existió tal edad de oro de las escuelas en el campo, fueron una pesadilla desde todo punto de vista, incluyendo el económico, aunque esto no era lo más importante. Lo de más trascendencia fue la deformación de más de una generación, lo que repercutirá en la sociedad cubana durante decenios.

[1] Falleció el 6 de enero de 2019, a los 95 años de edad.

[2] En la concepción original de las ESBEC cada escuela, por lo menos en las construidas en la provincia de La Habana, e Isla de Pinos (rebautizada por Castro como Isla de la Juventud) tenía cuatro ómnibus, un camión, un automóvil, y un microbús Prontamente fue evidente que tal cosa era un derroche de recursos y se centralizaron los ómnibus y los camiones al nivel regional. En la concepción original cada escuela necesitaba más de siete choferes considerando la guardia necesaria para caso de emergencia, de ahí la necesidad del llamado ‘cuarto de choferes’ adosado al albergue de varones, pero el mismo generalmente estaba vacío, el chofer de guardia no lo utilizaba.

[3] El que yo comparase la situación en las ESBEC e IPUEC con lo narrado en el ‘Señor de las moscas’ de William Golding fue una de las ‘razones’ para que me expulsaran por casi un año de las filas de los educadores.


© cubaencuentro.com
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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano.

Las ideas e iniciativas de Fidel Castro tenían que ser positivas y brillantes  aunque en la realidad fueran un desastre. La creación de las  ESBEC  y posteriormente de los  IPUEC llevaton  al promocionismo y con ello a los fraudes masivos reflejados de manera indudable en los 100 % de promoción en un gran número de escuelas secundarias y de preuniversitarios cuyos  nombres aparecían en una larga  lista del diario Granma como un logro de  de la Revolución mediante el sistema de estudio y trabajo. En Cuba, desde un punto de vista histórico,  el porciento de promoción  en las escuelas secundaria era alrededor del 70%.

Pero el promocionismo no fue lo único negativo de las secundarias  y los pre universitarios en el campo: muchos jóvenes e improvisados profesorores y profesoras mantenían relaciones sexuales con alumnas y alumnos en un intercambio de ¨favores¨. En esas escuelas los estudiantes son menores de edad, al ser menores de 18 años.  Se dieron casos de profesores que a sus  estudiantes amigos  les decían cuando y donde iba a tener relaciones con una alumna para que ¨le cogieran la veta¨; es decir: miraran escondidos  como el hacía el acto sexual con ella.  En más de una ocasión se tuvo que usar  la guagua con el chofer de guardia para llevar urgentemente a un hospital a una alumna con hemorragia vaginal producto de un desgarro  al ser desflorada por un profesor. Las relaciones sexuales entre alumnos, el robo, el matonismo, etc.  eran algo  ¨normal¨ en las  ESBEC y en los IPUEC. 

Los que hemos estudiado a los clásicos del marxismo  sabemos que unos de los objetivos priorizados del comunismo  son  la destrucción  de la familia, el matrimonio  y que los hijos sean criados y educados por  la comunidad. Pueden leer, por ejemplo, La familia, la propiedad privada y el Estado.

Es importante puntualizar que en Cuba antes del triunfo de la revolución de 1959 había educación gratuita  desde la escuela primaria hasta la universitaria.   En los años 50 del pasado siglo más del 20% de la matrícula de la Universidad de La Habana eran matrícula gratis pese a que la carrera más  costosa era la de Medicina  con un costo de 70 pesos cubanos anuales   (incluyendo 5 pesos por el uso del estadiun universitario)  y el pago se podía hacer en tres cuotas. También existía educación privada. El Estado cubano en esa época era uno de los Estados de América Latina que  dedicaba, de su presupuesto anual, el mayor porciento a la Educación de sus habitantes.
FIDEL CASTRO RUZ EN EL DISCURSO PRONUNCIADO EN CONMEMORACION DEL XX ANIVERSARIO DEL ATAQUE AL CUARTEL MONCADA  EL 26 DE JULIO DE 1973 EXPRESÓ: En la educación está el instrumento fundamental de la sociedad para desarrollar los individuos integrales capaces de vivir en el comunismo.  
 
Tampoco podemos ignorar que el Estado Castrista  le pagaba y paga de por vida salarios indecorosos  a todos sus trabajadores, incluyendo a los profesionales. Durante décadas  más del 90% de la fuerza laboral de Cuba tenía como patrón al Estado con sus escalas salariales. 

Finalmente: 
 
Una de las ideas fundamentales del comunista Antonio  Gramsci puede resumirse en su frase: “Tomen la educación y la cultura y el resto se dará por añadidura”.



(Fragmento)

¨Pero si analizamos no ya la universidad, si analizamos qué está sucediendo a un nivel inferior, qué está sucediendo con las escuelas secundarias básicas en el campo y cuáles son los resultados de la aplicación del principio del estudio y del trabajo, pues el año pasado teníamos cinco o seis escuelas secundarias básicas en el campo; este año tenemos ya 51 escuelas en este curso.  Es decir que tenemos 25 500 estudiantes de secundaria.  Y se acaban de realizar ahora las primeras pruebas.  Una de las cosas más interesantes es cómo la cuestión de la promoción —podríamos decir que por primera vez en la historia del estudiantado, y casi pudiéramos decir que por primera vez desde que el estudiantado existe— se convirtió en un problema de los propios estudiantes.  Las mismas causas, que explicábamos anteriormente, las mismas contradicciones que conspiraban contra el estudio en el pasado, hacían también que el estudio fuese interés de los padres, de la minoría de padres que les podían pagar el estudio a los hijos o los podían mandar a la escuela, del interés de la familia en que el hijo tuviera unos conocimientos determinados y ocupara un lugar después destacado.  La cuestión de la promoción era, en primer lugar, una preocupación de la familia, y podía ser en parte una preocupación de los profesores. 

Pero en nuestro país, en la medida en que se va aplicando este principio del estudio y del trabajo —y sobre todo en estos centros donde ya se está aplicando ese principio—, la promoción ha venido a ser no ya un problema de la familia solamente o de los profesores solamente, sino un problema importante, un problema fundamental de los propios estudiantes.  Y cuando nosotros habíamos visto la fuerza que había tomado en el seno de los estudiantes la idea de la promoción, nos preguntábamos cuáles habrían de ser los resultados.  Cuáles habrían de ser los resultados de un sistema educacional donde cada joven participa tres horas diarias en las actividades productivas directas.  Y el resultado lo tenemos aquí con las primeras pruebas que han tenido lugar en las escuelas secundarias básicas en el campo. 

Y como ustedes saben, para esas escuelas secundarias no había siquiera suficientes profesores.  ¿Cómo íbamos a resolver el problema de los profesores en las escuelas secundarias, de esos profesores que tienen que estar en el interior y que tienen que estar en el campo, si el país no tenía profesores? 

Pues se resolvió precisamente mediante la aplicación del principio del estudio y del trabajo:  mediante el reclutamiento de jóvenes graduados de décimo grado que quisieran empezar a enseñar como profesores en esas escuelas, guiados por un pequeño colectivo de profesores de más nivel, y a la vez estudiar para profesores. 

De manera que la aplicación del principio del estudio y del trabajo ha sido la única solución posible para dotar de profesores a estas escuelas.  Porque para 50 no teníamos profesores, ¿cómo íbamos a tenerlos después para 200?  ¿Cómo íbamos a tenerlos después para 500?  ¿Cómo íbamos a tenerlos después para 1 000 o para 2 000 escuelas, entre institutos tecnológicos, escuelas politécnicas, preuniversitarios y secundarias básicas?  Sencillamente mediante la aplicación del principio del estudio y del trabajo. 

Y aquí vemos los resultados:  el promedio histórico de promociones a final de curso (que siempre son más altos al final que en las primeras pruebas) estaba alrededor de 70 ó 70 y tanto por ciento.  Y ya en estas 50 escuelas solamente una escuela estuvo por debajo del 70% de promoción con el 68%; y otras 24, tuvieron promociones entre el 70% y el 90%; y 25 escuelas han tenido promociones de más del 90%; y 13 escuelas de las 50 han estado por encima del 95%.  Y aquí tenemos escuelas como “Carlos Liebknecht”, de Santa Clara, que tiene 98,2%; escuela Vanguardia de La Habana, en Isla de Pinos, que tiene 98%; Héroes de Varsovia, en Ariguanabo, La Habana, que tiene 97,8%; General “Antonio Maceo”, de Ceiba, en La Habana, 97,6%; Primero de Mayo, en Santa Clara, 97,3%; General “José Artigas”, de Ariguanabo, La Habana, 97,3%; Comuna de París, de Ariguanabo, La Habana, 96,8%; General “Máximo Gómez”, de Ariguanabo, La Habana, 96,7%; República Popular de Bulgaria, de Artemisa, La Habana, 96,6%; General “Bartolomé Masó”, Holguín, 95,7%; “Mariana Grajales”, de Holguín, Oriente, 95,7%; República Democrática Popular de Argelia, de Quivicán, Habana, 95,3%; Batalla de las Guásimas, Ciego de Avila, Camagüey, 95%.  De siete secundarias básicas de Oriente, cinco tienen más del 90% de promoción en estas primeras pruebas.  De manera que es un fenómeno que se observa no solo en La Habana, sino se observa también en Isla de Pinos, se observa en Las Villas, se observa en Oriente, se observa en Camagüey. 

¿Y cuándo en nuestro país una escuela secundaria obtuvo en unas pruebas una promoción de 98,2%, o de 98%, o de 97,8% o de un 90%?  ¿Cuándo?  Si ustedes se ponen a hurgar en los archivos de todas las escuelas secundarias que ha habido en este país, no se encuentran este fenómeno. 

De modo que uno de los resultados más asombrosos de la aplicación del estudio y del trabajo en los niveles de secundaria básica son precisamente los resultados pedagógicos.  Es decir, digamos ya los resultados académicos, para darle a lo pedagógico una concepción más global.  Los resultados académicos son asombrosos, a pesar de que la inmensa mayoría de estas escuelas son nuevas, a pesar de que los profesores todavía no pueden tener gran experiencia, a pesar de que el Ministerio de Educación no ha podido todavía recoger todas las enseñanzas que se derivan de la práctica con estas escuelas, en todo lo que se refiere al perfeccionamiento de los métodos de dirección y de trabajo con los profesores y con los alumnos, a pesar de que una gran parte de los profesores son alumnos del destacamento pedagógico. 

¿Qué será cuando tengamos junto a cientos de escuelas, a más de 1 000 escuelas, a 2 000 escuelas, en la industria y en la agricultura, combinando el estudio y el trabajo en los alumnos de nivel medio.  ¿Qué será cuando tengamos profesores graduados y con muchos años de experiencia?  ¿Qué será cuando miles y miles de esos jóvenes del destacamento pedagógico se hayan graduado ya como profesores después de cinco años de combinación de estudio y trabajo?  Estudiando y trabajando precisamente en esa escuela, ¿podrá o no podrá nuestro país proponerse un día promociones superiores al 90%?  Ya nosotros no tenemos la menor duda de que el promedio de promoción de las 51 escuelas que comenzaron este curso será de más del 90%.  Actualmente en las primeras pruebas, que suelen ser las más bajas, el promedio está algo por encima del 87%. 

Ahora el Ministerio puede inmediatamente dirigir sus esfuerzos a ver cuáles fueron las razones por las que una escuela sacó el 68%.  Si hubo mala dirección, si hay ineficiencia de los profesores, o hubo concentración de alumnos que, procedentes de la primaria, tenían muy bajo nivel.  Para el funcionamiento del propio Ministerio de Educación estas escuelas típicas con un sistema típico de estudio y de trabajo le será mucho más fácil ver cuáles son los fallos, cuáles son las dificultades, y aplicar en las escuelas más atrasadas las experiencias de las escuelas más adelantadas. 

Sobre las perspectivas no solo en el campo educacional, en el campo cultural en general, y en el campo deportivo, no hay duda de que estas escuelas ofrecen muy amplias perspectivas a nuestro país, porque son escuelas que ya tienen su base material, tienen sus instalaciones, tienen todas las posibilidades. 

Y nosotros creemos que con estas escuelas se inicia un proceso ininterrumpido de investigación pedagógica y de estudio de sus posibilidades que a nuestro juicio son ilimitadas. 

En la vieja escuela secundaria, en la vieja concepción, jamás habríamos tenido estos resultados, y jamás, desde luego, nuestro país se habría podido proponer obtener promociones por encima de un 90%, como ya es evidente y claro que se va a obtener en estas escuelas. ¨


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