miércoles, mayo 10, 2006

LA REVISTA VITRAL CUMPLE 12 AÑOS

Nota del blogguista


Sabiendo que en ese año 2004 muy probablemente sería mi última oportunidad, en años. de asistir a un aniversario de Vitral, ya fuera por estar preso o por estar en el Exilio, escribí unas palabras que para muchos del colectivo de Vitral no les fue difícil comprender que tenían el aroma triste de la despedida. El último párrafo de esa comunicación por el X Aniversario de Vitral dice así:

" Finalmente para concluir quiero expresar: ¡ Gracias y Felicidades Vitral! por cumplir tu promesa fundacional de ser «palabra y cauce, resonancia y espejo…a cuantos tengan sed de comunicación, reflexión y diálogos, sin distingos de colores ni empobrecedores filtros para la luz» ; ¡ Gracias y Felicidades Vitral!, por haber sido la Puerta de Luz que me dio fuerzas para recorrer durante estos siete años y medio, el oscuro túnel de la muerte incruenta. Muerte civil que me privó de ganar el sustento familiar y grados científicos y de darle a mi pueblo, los mejores y más maduros frutos de mi vida profesional y académica. Vitral, tú has sido la Puerta; la Luz: Tú, mi Señor.
¡MUCHAS GRACIAS! "

En el número 61 de la revista Vitral, la cual puede leerse en http://www.vitral.org, en su sección del X Aniversario puede leerse íntegramente esa comunicación mia titulada " VITRAL, Diez años después ".

******************

VITRAL CUMPLE 12 AÑOS



Editorial. Revista "Vitral". No. 72. Marzo - Abril de 2006


“Los medios de comunicación social
se deben utilizar para edificar y sostener
la comunidad humana, en los diversos sectores,
económico, político, cultural, educativo, religioso.
La sociedad tiene derecho a una información
fundada en la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad.”
(Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Nros. 848 y 849)


Vitral cumple 12 años.

Cada dos meses, sin faltar nunca a la cita con nuestros lectores, Vitral ha salido con la única intención del primer día: “ser un espacio para la transparencia y la luz multicolor de nuestra cultura y nuestra sociedad.”(Editorial 1)
Así Vitral nació no para sí misma, ni siquiera sólo para la Iglesia que la engendró, sino que surgió con la misma vocación de su Maestro y Señor, vivir para los demás, más allá de las fronteras de la comunidad cristiana, aunque desde su seno, Vitral siempre ha querido estar al servicio de nuestra cultura y nuestra sociedad sin distinciones.
Así lo expresamos claramente en nuestra primera página:
“Vitral es palabra y cauce, resonancia y espejo, que ofrece el Centro de Formación Cívica y Religiosa, a cuantos tengan sed de comunicación, reflexión y diálogo, sin distingos de colores ni empobrecedores filtros para la luz. Tan polícroma y plural quiere ser nuestra revista como escasos son, en nuestras ventanas actuales, la diversidad de diseños y matices.”(idem)
Nuestra palabra ha querido ser cauce para los que no han tenido voz y resonancia para los que teniendo su palabra propia y distinta, no ha encontrado dónde ni cómo expresarla. Un espejo de Cuba, imperfecto, sin pretensiones hegemónicas ni preciosistas, no hemos querido estar entre los únicos ni los más pulidos de los espejos, pero hemos intentado reflejar lo más fielmente posible nuestra realidad plural y polifacética. El filtro no ha sido para disminuir la luz sino para garantizar la transparencia ética de la ventana.

Hoy resuena, con más vigencia y urgencia que nunca, aquella invitación primigenia:
“Invitamos, pues, a todos los pinareños de buena voluntad y ansias de renovadas vertientes a que se asomen a este Vitral; a que diseñen con nosotros sus siempre mejorables contornos; a que aporten sus propios colores y tonalidades para que así el Amor pueda realizar la maravillosa síntesis de fundir la luz y el cristal para dejar pasar la tenue claridad de nuestra existencia cotidiana amanecida en libertad.”(idem)
A doce años de aquel nacimiento, nuestra pequeña publicación es todavía una adolescente: el rostro que hoy tenemos es el que nuestros diseñadores nos han dado. La estatura que tenemos es la tirada que poco a poco, como un niño que crece, nuestros bienechores nos han alcanzado, de 300 ejemplares en 1994 a casi 10 000 hoy. Las ideas que hemos expresado no sólo son las nuestras plasmadas en los Editoriales, sino las de centenares de colaboradores que las han regalado sin más interés, ni menos, que expresar sus opiniones y compartirlas con los demás.
Precisamente ha sido este el milagro de su sobrevivencia. Vitral ha vivido y existe hasta hoy, gracias a sus colaboradores. Todos sabemos que no hay revista posible, ni viable, ni duradera si no tiene colaboradores dispuestos a dar su nombre, su identidad, su pensamiento y su coraje para que los editores tengan con qué armar la ventana. Ventana sin luz es un absurdo. Revista sin colaboradores no existe ni pervive.
El milagro de esta docena de años es precisamente aquella síntesis que propusimos al principio. Síntesis vital y comunión de propósitos y esperanzas entre la luz del pensamiento de nuestros colaboradores y el cristal traslúcido y sin rajaduras del espacio que ha brindado la publicación. Esa comunión entre la verdad y la solidaridad ha permitido que, para cada lector y cada colaborador, se haya adelantado la experiencia inenarrable de poder contemplar su propia existencia cotidiana amanecida en libertad, aún antes de que el sol haya salido para una Cuba en que “quepamos todos”.

<-- Foto tomada por la opositora Adela Soto durante el IX Aniversario de Vitral, aparecen algunos miembros de la Oposición pinareña y Dagoberto Valdés, director de VITRAL El primero de la segunda fila ,y detrás de Dagoberto Valdés, aparece Ricardo González Alfonso, condenado a 20 años; en la primera fila aparece Raúl Rivero quien también sería condenado en la Primavera Negra de Cuba a 20 años.


Esa experiencia adelantada del amanecer, sin abortar el día, es la que ha dado realidad y sentido al pequeño lema de nuestra revista: “La libertad de la luz”. Nunca hemos aspirado a ser la luz de la libertad, porque hubiera sido como considerar que los demás, y las demás publicaciones, no tenían sino tinieblas. No hemos querido ser “la” luz para nadie, porque creemos firmemente que cada persona tiene luz propia e inextinguible. Aún cuando nos parezca que esa luz agoniza dentro de nosotros y en nosotros, estamos convencidos que lo que necesita la lumbre para crecer y pervivir es un espacio donde pueda respirar en una atmósfera abierta y sana.
Eso sí hemos querido ser: un espacio para la luz de cada persona, un pequeño espacio para cada cubano y cubana. Un espacio plural, ni único ni por encima de nuestra realidad. Un espacio sin más pretensiones, ni menos, que servir de eco al rumor de las conciencias, de servir de resonancia a los sentimientos más nobles… de servir, en fin, de paso-pascua-tránsito a la libertad de la luz que cada cual lleva dentro y desea sacar fuera para compartir, convivir y completar en diálogo con los demás.
Sabemos que ha sido un espacio polémico y difícil. Pero la verdad y la solidaridad, que es un nuevo nombre del amor, siempre lo son. Así que la polémica levantada no nos asusta ni nos remuerde, sino que nos consuela y nos alegra. Las dificultades vividas en nuestras propias historias personales y en las de nuestros colaboradores y amigos no nos duelen tanto como la voluntad de cerrar los ojos de aquellos que no han querido ver lo que realmente aparece ante su vista. Lo que sentimos es que la experiencia no siempre se sobrepuso al prejuicio y la cerrazón no siempre dio paso a la razón dialogada y compartida. Pero tenemos la esperanza de que eso ocurrirá y entonces, como hace doce años, aquí estaremos para dialogar y razonar junto con cuantos aún no han podido comprender que esa es nuestra opción y nuestra aspiración irrestricta.
El diálogo es el instrumento para abrir espacios y tender puentes. Pero para dialogar, como para tender puentes se necesitan dos pontones, dos cabezas de puente, dos o más personas, dos o más grupos o instituciones. Nadie puede dialogar solo, a no ser que lo haga con su conciencia para no perder el entrenamiento vital del amor. Pero dialogar no es acomodarse en las coincidencias, eso es el diálogo de la complacencia. Falta otra faceta inseparable del diálogo que es reconocer, debatir y solucionar juntos las diferencias.
Quien cierra el puente no es quien reconoce las diferencias sino quien se encierra en la uniformidad creyendo poder ocultar ante el otro lo que es evidente ante todos. Quien daña el puente del diálogo es quien disimula la pluralidad de la vida y de las ideas e intenta construir un puente sobre la arena movediza de las oportunidades. En fin, quien corta el puente es quien considera enemigo o inoportuno a quienes piensan diferente y desean ser transparentes, sin amarguras, con el debido respeto, pero sin decir lo que no es. Creemos que el debate para buscar la verdad es y debe ser gradual y múltiple, pero también creemos que la verdad es única e irrenunciable. Mentir para alcanzar un bien mayor es demostrar con hechos que el fin justifica los medios y creemos que eso ni es ético ni es cristiano.
Por otro lado decir la verdad no es morder al otro, ni ofender sus personas, ni desacreditar sus vidas cuando no hay suficiente convicción para criticar sus obras o sus ideas. Los cubanos, todos, sin distinción de ideologías o lugar de residencia, debemos empeñarnos en aprobar esta asignatura pendiente: Criticar las ideas sin ofender a las personas, denunciar lo que consideremos erróneo pero sin demoler la vida de quienes han caido en el error.
Vitral quiere perseverar en su opción de ser espacio para el ejercicio del criterio sobre las ideas y sobre las obras y realidades que conforman nuestra cultura y nuestra sociedad. Por eso, ratificamos nuestro perfil editorial de no atacar a las personas, ni ofender a los que piensan diferente. No sentamos cátedra sobre nada ni creemos que poseemos una verdad excluyente y temeraria. Estamos para ofrecer un espacio para la luz de la verdad que cada cual lleva en sí, unas veces escondida y otras rebosante por los poros de la transparencia lograda a fuerza de virtud y audacia. Muchos, cada vez más, lo han logrado en medio de nuestro pueblo. Muchos, cada vez más, desean decir lo que piensan. Muchos, cada vez más, desean hacer lo que dicen y muchos, cada vez más, desean escuchar sin rencores, ni amarguras, lo que otros piensan, dicen o hacen. Eso es la libertad de la luz. Eso es la libertad de conciencia, de expresión y de acción. Esa es nuestra esperanza.
A doce años de abrir esta sencilla ventana nos alegramos de haber publicado, sin distingos, a católicos y evangélicos, a creyentes y ateos, a militantes y disidentes, a jóvenes y ancianos, a mujeres y hombres, a cubanos que han decidido seguir amando y sirviendo a su Patria viviendo en la Isla y en la diáspora. Esto es un hecho que puede ser constatado en nuestras páginas.
Nos alegramos también de haber mantenido nuestro estilo de que cada crítica termine con una mirada alta y digna, sin derrotismos, ni parálisis. Nuestros lectores podrán comprobar que especialmente nuestros editoriales, donde expresamos formalmente nuestra forma de pensar, siempre terminan confiando en el pueblo cubano, en sus capacidades, en sus virtudes. Contando con todos, que es una buena forma de edificar sobre la roca de la realidad, por dura que sea, en lugar de levantar para arriba sobre falsos cimientos triunfalistas o que enmascaran la realidad interior con pintura de exterioridades.
Por último, agradecemos a Dios que hasta nuestros críticos más severos hayan reconocido, sin pasiones y sin prejuicios, la cubanía de nuestra revista. Su invariable amor a Cuba. Su pasión por nuestra cultura y nuestra nacionalidad. Su defensa irrestricta de nuestra soberanía desde abajo y desde dentro. La promoción de nuestra identidad nacional y de nuestra conciencia de cubanos y cubanas. Nuestra opción, clara y dialogante, por el proyecto, aún inconcluso pero vigente e inspirador, de Varela y Martí.
Creemos en la fuerza de lo pequeño, en la virtud de la verdad, en la capacidad de los cubanos y las cubanas para edificar nuestro futuro en paz y libertad.
Si Vitral ha logrado despertar algo de esto en sus lectores, o ha podido fortalecer la cubanía y la conciencia en sus detractores, eso tendrá sus propios frutos, no visibles por ahora, no por el mérito propio de nuestra publicación sino por esa fuerza interior que tiene en sí cada persona y que la impulsa a creer “en el mejoramiento humano y en la utilidad de la virtud”. Pero un día aparecerán esos frutos sin avisar y sin estridencias. Junto con los sinsabores e incomprensiones del trayecto de estos doce años, los pondremos en el altar de la Patria.
Y los que creemos en Dios y hemos recorrido este camino de cruz y de luz, pondremos estos frutos y sinsabores también en el Altar del Señor, porque en fin de cuentas Él y sólo Él, es el Señor de la Historia.

Vitral está en Sus Manos.


Pinar del Río, 25 de marzo de 2006
Encarnación del Señor y Manifiesto de Montecristi.