miércoles, abril 18, 2007

A TRAVÉS DEL VITRAL (I)

A través del Vitral (I)


Por Oscar Mario González

LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - La noticia del cierre de la revista Vitral ha causado honda pena entre los católicos laicos y la población cubana, tanto en la Isla como en el exilio. La aflicción está justificada. Vitral se ha ganado el respeto y la admiración de los cubanos. Un adecuado balance informativo que da cabida a los más diversos temas y opiniones, son los motivos de las preferencias entre el público lector.

Publicación bimestral de la diócesis de Pinar del Río, debía cumplir su décimo tercer aniversario este año. Los diez mil ejemplares destinados a los suscriptores pasaban de mano en mano, multiplicándose de manera incalculable entre una población ávida de conocer puntos de vista diferentes a los que ofrece la prensa oficialista, que por su machacona insistencia y alejamiento de la realidad, provocan el hastío y la indiferencia del público lector.

Recuerdo que los presos comunes con los cuales compartía prisión me asediaban para leer la revista. Una delación me hizo objeto de requisa, y me incautaron dos ejemplares, bajo pretexto de poseer propaganda enemiga. Conversando recientemente con Juan Carlos González Leyva, ex preso de conciencia y opositor pacífico, me refería que en las prisiones del interior del país las autoridades carcelarias perseguían con saña a la revista. Parece como si la luz de la verdad a través del vitral de la revista suscitara el espanto de los carceleros.

( Damas de Blanco en el XII Aniversario de Vitral )

La publicación, dirigida por el laico Dagoberto Valdés, era vitrina expositiva de lo que debiera ser la futura prensa en una Cuba democrática, comprometida únicamente con la verdad y la objetividad.

Las razones que se ofrecen para el cierre de la publicación, implícitas en una breve nota del número 78, correspondiente a marzo-abril, no son convincentes; semejan pueriles argumentos.

Es absurdo pensar en la falta de recursos como motivo. De seguro sobran en el mundo comunidades católicas conscientes de la importancia de Vitral, dispuestas a correr con los gastos de su edición. Tal es la opinión del laicado y de los cubanos en general.

Lo cierto es que en los últimos años se observa una actitud demasiado contemplativa por parte de la Conferencia Episcopal. Ello, con razón o sin ella, suele asociarse a la persona del cardenal Jaime Ortega y a otros obispos de tendencia exageradamente prudencial. Lo más delicado del asunto es que la excesiva prudencia tiende a interpretarse, en las actuales circunstancias, como complicidad, porque en la situación del país la distancia entre ambas es muy tenue.

No se trata de ver convertida la Iglesia en una tribuna política, porque ello, además, es inútil. Además de inútil, es locura, ya que estaría fuera de su razón de ser, delineada por su misión pastoral y evangelizadora, que anuncia, llama y congrega en pos de la edificación del reino de Dios.

Ahora bien, nada de lo que atañe al hombre puede ser ajeno a la Iglesia Católica. Esta es una de las hermosas características que la distingue de otras confesiones cristiano-protestantes. Es la única poseedora de una doctrina social que la aleja del totalitarismo e inclina su voluntad a favor de la democracia, asignándole a cada miembro un deber y un papel en la vida social y política de la nación o comunidad.

Los ecos de la carta episcopal "El amor todo lo espera", de 1992, por su importancia cívica y teológica, aún resuena en los oídos de los hijos de Cuba. Esto, unido a la prédica de Juan Pablo II en su visita de enero de 1998, son motivos que mueven al amor y al compromiso. Los grandes retos y dificultades que afectan al cubano, de aquí y de allá, están reflejados en las homilías que pronunció ese santo peregrino de la esperanza. También las quejas, privaciones, anhelos; todo ello expresado en un lenguaje amoroso, que sin faltar a la verdad, señala y reprocha sin intención de anular o estigmatizar, sino de lograr la necesaria enmienda o rectificación.