martes, mayo 01, 2007

ESPIA ERA `LA REINA DE CUBA'

ESPIA ERA `LA REINA DE CUBA'

Por Olga Connor
Miami Herald.

En abril de 1996, uno de los datos significativos sobre la puertorriqueña Ana Belén Montes, que presentó Reg Brown, analista de la Agencia de Inteligencia del Departamento de Defensa (DIA), a Scott W. Carmichael, investigador de contrainteligencia de la DIA, fue el hecho de que ella desapareciera de una reunión en el Pentágono exactamente a las 8 p.m., después de recibir una llamada personal en su oficina. La reunión se llevó a cabo inmediatamente después de que Cuba hubiera derribado las avionetas de Hermanos al Rescate, donde cuatro pilotos fallecieron en alta mar el 24 de febrero de 1996. Allí se discutía la posible reacción del gobierno norteamericano. Montes era la experta número uno sobre inteligencia militar y política cubanas en la DIA --y, de hecho, en toda la nación.
No se concebía, cuenta Carmichael en su libro True Believer: Inside the Investigation and Capture of Ana Montes, Cuba's Master Spy (Naval Institute Press, Annapolis, Maryland), que la persona de mayor rango sobre la situación militar en Cuba no estuviera presente hasta el final de aquella reunión. Esto hizo sospechar a Brown, quien ya venía recogiendo información sobre ella. Pensó que la llamada personal era su contacto cubano ansioso por saber cómo respondería Estados Unidos al ataque. Carmichael cuenta que fue Montes quien arregló la reunión del jubilado almirante de la Marina Eugene Carroll con altos oficiales del gobierno americano el 23 de febrero, un día antes del derribo de las avionetas, para trasmitirles el mensaje que él había recibido en una visita oficial a La Habana anteriormente. El mensaje era que iban a derribarlas. Carroll confesó luego por televisión que él les había advertido de esa posibilidad a los funcionarios americanos el día antes, lo que tuvo como resultado hacer creer que era el gobierno norteamericano culpable de estas muertes, y no Cuba. La espía participó en el desarrollo de esta acción criminal premeditada, que no sólo truncó las vidas de tres ciudadanos norteamericanos y un residente permanente, sino que hizo detener los vuelos de Hermanos al Rescate y atraer a la opinión mundial a favor del gobierno de Cuba.

Sin embargo, Montes no fue detenida hasta el 2001. Carmichael cuenta el porqué en su libro, del que dio avances en Books & Books el sábado, adonde acudió una gran representación de la comunidad exiliada cubana y también los congresistas Mario y Lincoln Díaz Balart e Ileana Ros Lehtinen. ¿Cuál era uno de los problemas que tenían en dudar de esta espía? Era una mujer muy inteligente, muy calificada que comenzó a trabajar en 1985 y había subido rápidamente en la estructura. 'Estábamos muy felices de haberla conseguido, tenía una ética de trabajo impecable, era autodisciplinada, producía una gran cantidad de información. La llamábamos `la Reina de Cuba' '', dijo Carmichael. ''Lo que Ana decía se hacía. Era una empleada modelo. Uno no está entrenado para investigar a gente modelo y creer que puedan ser espías''. Ella subió rápidamente en el escalafón y pasó muy bien los exámenes poligráficos, contó el autor, quien después de entrevistarla en 1996 prácticamente se olvidó de ella hasta el año 2000. En ese entonces, el FBI (Federal Bureau of Investigations) estaba buscando a una agente cubana en Washington. ''Me di cuenta de que podría ser Ana Montes, pero el FBI me rechazó como unas cinco veces en un mes'', confesó Carmichael, quien alabó el trabajo profesional de los investigadores del Buró Federal. El resto es historia que se cuenta en el libro con lujo de detalles.

Carmichael se sorprendió de que le permitieran publicar su historia, que sólo le tomó dos semanas escribir. Aseguró que ésta no es el único espía de los cubanos en Washington. Estos no sólo informan a Cuba de las decisiones a los más altos niveles, sino que desinforman a los dirigentes del gobierno de Estados Unidos. Montes era consultada en todo lo que se hacía con respecto a Cuba, ella aprobaba todos los discursos escritos acerca de las relaciones con Cuba, nada se hacía sin ella. ''Castro les teme'', dijo Carmichael hablándole al público cubano exiliado. ''Se siente compelido a colocar agentes entre ustedes''. La otra cara de la moneda es que cualquier información secreta de los altos comandos de Estados Unidos que recibe el gobierno cubano la comparte con Irán, Venezuela y otros países enemigos, explicó Carmichael. Las consecuencias pueden ser funestas para soldados americanos en combate. Por ejemplo, el caso de Gregory A. Fronius, quien murió a consecuencia de los informes dados por Montes al gobierno cubano que asesoraba a las guerrillas en El Salvador.

Lo más terrible es que esta historia de tal magnitud en los anales del espionaje jamás obtuvo la cobertura de prensa que merecía, porque la espía fue apresada 10 días después de los sucesos del 9/11 y un día antes del desarrollo de los planes de la guerra contra Afganistán (de los que ella hubiera informado a Cuba si no la hubieran apresado). La congresista Ros Lehtinen dijo que otra razón podría ser que Montes se confesó culpable y no hubo jurado, sólo la decisión del juez, que la condenó a 25 años de cárcel. Mi opinión es que la prensa nacional no tiende a colaborar con la libertad de Cuba, sino con sus enemigos. Por otra parte, el gobierno norteamericano y el Pentágono no tendrían a su favor ninguna propaganda del hecho de que por tanto tiempo siguieron las recomendaciones de una agente del gobierno cubano.