domingo, mayo 20, 2007

LA LIGA DE PAPITO SERGUERA

Tomado de El Tono de la Voz. Blog de Jorge Ferrer.


La liga de "Papito" Serguera
sábado 19 de mayo de 2007 12:17:45

Por Jorge Ferrer

La que sigue es carta llegada en la noche de ayer a mi buzón de correo.

Carta privada, alegará alguno, pero cuyo tono, desprovisto de cualquier excesiva familiaridad, parece ensayado para llegar a un público más amplio.

No teniendo yo relación alguna con los parientes de Serguera, entiendo que al estar circulando, ellos -alguno de ellos-, han entendido que merece alcanzar un ámbito más amplio que el de sus destinatarios directos. También yo lo creo así.

Sobre todo, porque la carta pone de manifiesto circunstancia con la que habrá que lidiar pronto. La del represor que se considera víctima. Y que, en cierto sentido –y hasta en sentido pleno- lo sea. Esa vasta troupe que regresará a los micrófonos con el alibí, y la rabia, de su “plan piyama”.

Recuperar un espacio de acción social democrática exigirá también sumar todos esos nombres y sus reclamos, y ambiciones. Muchos de ellos, como este Serguera, aguardan con impaciencia cada vez mayor el momento de salir al ruedo a gestionar sus agravios. Cualquiera que haya atendido a los procesos de transición en la Europa del Este, sabe que las prensas cubanas tendrán trabajo mayúsculo imprimiendo esos "Yo acuso", que, en realidad, esconderán muchos "Yo me vindico".

Ciudad de La Habana, 18/1/07

Queridos hermanos C., R., Ch. y A.:

Las conversaciones que he tenido con Uds. en estos días y la preocupación que noto en sus preguntas, me llevan a escribirles este mensaje.

Se trata de la diatriba digital desatada por intelectuales cubanos de dentro y fuera, como resultado de la salida en televisión de tres personas, una de las cuales es nuestro padre.

Lo llamo diatriba, porque esto no es una polémica. Una polémica implica la participación de al menos dos partes y es evidente que aquí sólo hay una.

Las dos personas que acompañan al viejo en la parte fea de la diatriba, me son desconocidas. No soy un intelectual sindicado, como los que promueven la algaraza y tengo el valor de reconocer, a diferencia de algunos de los involucrados, que en la época en que se sitúan los hechos de que estos hombres son culpados, yo era, como algunos de ellos, punto menos que un imberbe adolescente, más interesado en cuestiones de, aquella, mi edad. Si son culpables o no, de lo que se les imputa, no lo sé. Probablemente lo sean. “Es un lío de ellos”, siguiendo la lapidaria frase de nuestro viejo, el que se defiendan o no y conviertan o no esta diatriba en una polémica.

( Papito Serguera al centro de la foto de la privilegiada zona donde vive)

Sobra decir, que al viejo de nosotros sí lo conozco y me resulta evidente que la mayor parte de los escribientes, simplemente, no lo conocen. No pretendo defender al viejo en este trance ante los ojos de Uds. ni de nadie. A nuestro padre le sobran las armas para defenderse por sí mismo.

La lectura de los comentarios de estos días, ha provocado en mi cabeza una pregunta recurrente: ¿Cuan conocido es realmente nuestro padre? Su singular apellido y su bien conocido y sonoro apodo nos conducen siempre a un engaño. Creemos que es muy conocido cuando no lo es. Ni para sus amigos, ni para sus detractores ni para sus compañeros o sus antiguos compañeros.

Nuestro viejo no encaja en ninguna personalidad estereotípica, su extraordinario coeficiente intelectual no implica espejuelos de fondo de botella, distracción o mañas hurañas. Su alegría, entusiasmo, curiosidad quasi infantil, su amor por los placeres mundanos, marcados por una bien definida y activa tendencia heterosexual, encubren el bagaje intelectual, las largas horas de lectura, el amor por la música clásica, la fascinación por la cultura, de uno de los hombres más brillantes de su generación.

Decir que formó un “tandem” o fue “compinche” de otros en una “época gris”, es desconocerlo. Nuestro viejo no formó nunca parte de ningún “grupo” dentro de las interioridades de la política en Cuba. Tal vez es por eso que tiene detractores en todos los bandos.

Si tuviera que emitir un juicio sobre nuestro padre, diría que él es un individuo genuino.

En los tribunales de urgencia en la época de la dictadura batistiana, estaba solo. Defendió más de setenta casos y el que le sigue defendió seis.

A la Sierra, al alzarse, llegó solo. No fue formando parte de ningún refuerzo o grupo.

Sus aventuras africanas las ideó solo. Y son suyas las propuestas y acciones primarias que dieron lugar a lo que luego se llamaría Internacionalismo Proletario para gloria de otros estrategas.

De Africa volvió solo. Por su cuenta y riesgo. Y así siguió: solo. Cuando tributó para la desaparecida Revista el Pensamiento Crítico (cosa que los intelectuales de hoy seguramente ignoran). Cuando mantuvo el programa radial Nocturno de Radio Progreso contra la opinión abierta y expresa del poder de que era “marihuana ideológica”. Cuando mantuvo el apoyo irrestricto a Jorge Ibarra, en sus programas radiales polémicos de la época y que llevarían más tarde a la calificación de Jorge de Loco, Orate, etc.

Solo estaba y se quedó, cuando dejó de pertenecer a la clase política cubana a mediados de los años 70.

Solo estaba cuando escribió su libro sobre la Aventura Africana, que explica magistralmente de donde salieron todas las cosas que marcarían la historia cubana para los siguientes veinticinco años. Libro, que en mi humilde opinión, es el más brillante e intelectualmente profundo, testimonio-ensayo sobre episodio alguno de lo que se ha dado en llamar Revolución Cubana. Libro, que estoy seguro desconocen los intelectuales que le atacan. Libro que no ha sido publicado en Cuba, cosa que seguramente también ignoran los que alguna vez padecieron semejante trato en el “quinquenio gris” y han devenido hoy premios literarios en el país.

Hay gentes para las que el quinquenio gris no ha terminado. Para los que todavía estamos en el siglo XX. ¡Que nos hablen a nosotros, Papito y sus hijos, estos intelectuales cubanos, de época gris!

En relación con una polémica acerca de la cultura cubana, el viejo opina que es legítima y necesaria.

En relación con los hechos de los que lo hacen “compinche”, dice que no le conciernen, no tiene que ver con ellos. No peló a nadie ni cortó la saya de nadie. Ni inventó la UMAP, ni la alimentó con excomulgados de su organismo. Ni impidió publicar, ni juzgó jamás a nadie por sus preferencias sexuales. Y por tanto, no tiene que contestar a lo que hoy se dice. Sabe que esas cosas pasaron y por ella deben responder los verdaderos involucrados.

El viejo entiende que una respuesta suya puede ser tomada como una defensa en toda la línea de un status quo responsable. Y dice que “ese no es su lío”, ni tampoco su “liga”. Cualquier polémica en la que él esté dispuesto a participar, está “más arriba”, en otro nivel.

Esa postura, provocó en un intelectual amigo la consabida frase: “El que calla otorga”. A lo que el viejo, con la velocidad que sus neuronas suelen tener, respondió: “El que calla no otorga. El que calla no ha dicho nada.”

La diatriba de hoy está llena de calificativos. En algunos de los ponentes alcanza la categoría de insulto. Un calificativo o insulto no es más que eso y nunca es sustituto de una idea. Delata el resentimiento contenido, no contra nuestro viejo, sino contra el status quo de aquella época y el actual.

Pero tiene una faceta muy interesante, desde posiciones sociológicas: es un conato de parlamento virtual, en medio de una coyuntura inédita en los últimos 48 años de la historia de Cuba. Su ulterior desarrollo y la reacción del poder están por ver.

Nuestro padre está más interesado en el aspecto sociológico del problema que en los insultos. Por otra parte, no pueden Uds. imaginar la cantidad de llamadas de apoyo y aliento que está recibiendo en estos días.

Nuestro viejo, como todos los hombres, se parece más a su tiempo que a sus padres. Quizás esta, su hombría, y su compromiso con sus compañeros de lucha, sea su culpa suprema. Nosotros sus hijos, sus amigos más cercanos y los oyentes indiscretos nada cercanos, conocemos de sobra sus opiniones. Las razones de su ostracismo político, de la “impublicabilidad” de su libro.

Si los intelectuales cubanos que lo atacan no lo saben “es un lío de ellos.”

Un abrazo a todos,

J.

2 Comments:

At 6:05 a. m., Anonymous Anónimo said...

Admiro muchisimo la humildad, el apoyo y la valentia conque defiendes a tu padre. Desconozco su historia pero por la sinceridad con que hablas, quizas tengas razon. Muchos han sido hombres de su tiempo. Me gustaria muchisimo poder leer su libro. Un saludo.
Aurora

 
At 6:30 p. m., Anonymous Anónimo said...

Despues de muerto todo el mundo es bueno.

 

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