lunes, mayo 14, 2007

A LAS MADRES CUBANAS EN SU DÍA

Tomado de Cuba Democracia y Vida.org


"A LAS MADRES CUBANAS EN SU DÍA"

Por Iliana Curra.

No tengo un día especial para las madres. Para mí, son todos los días de la vida. Pero la sociedad crea homenajes para que no las olviden los desmemoriados. Los que no recuerdan que nacieron de ellas. Y no quiero hablar en especial de una. Quiero hablar de todas.

Las que con ternura y amor cuidan de sus hijos y no permiten que nadie les haga daño. Las que defienden hasta con las uñas –si es preciso- a sus retoños. Que con pasión les entregan la vida y lo cuidan por siempre y para siempre. Quienes olvidan hasta su propia vida para vivir la de ellos, porque el desvelo es parte de su vida diaria hasta el final.

Madres, que encerradas en inmundas cárceles soportaron las torturas, porque al final del camino esperaban los brazos abiertos de sus hijos ya crecidos, hechos hombres y mujeres. Que perdieron su juventud y hasta su vida por ver libre también a una madre: la Patria. Las que no pudieron concebir porque la reclusión les privó de su maternidad y de una vida normal en un país que todo funcionaba…hasta un día.

Las que cargando jabas de alimentos recorrían la isla para ver a sus hijos privados de libertad, prisioneros de un sistema enajenante que repartía años al por mayor por el simple hecho de querer ser libres. Madres que nunca supieron dónde se encontraba la tumba de sus hijos fusilados un día cualquiera por órdenes arbitrarias. Que ni siquiera pudieron derramar sus lágrimas ante sus cuerpos inertes y torturados, porque llorar, era un delito mayor. Las que nunca los vieron salir vivos de las cárceles castristas cuando nadie escuchaba la verdad de un pueblo que no quería someterse a la tiranía. El llanto amargo de una realidad triste que nunca ha cesado, a pesar de las décadas recorridas. Las madres fueron las que más sufrieron, y eso nadie lo puede negar.

Las que segregadas injustamente fueron a parar al otro extremo de la isla para que no apoyaran la resistencia contra el régimen, dejando atrás a muchos de los suyos. Las que nunca más pudieron tender su mano a quienes de ellas habían nacido. Perdidas en un lugar inhóspito y extraño y tratadas como animales, sin derechos, ni piedad.

Las que aún continúan recorriendo kilómetros para llevarles su amor a las lejanas cárceles de una Cuba que nunca ha dejado de tener prisioneros políticos. Las que se quitan lo poco que tienen para dárselos con devoción, para verlos sonreír, aún detrás de las rejas frías y mal pintadas, y darles un poco de felicidad haciéndoles creer que no pasa nada, que todo está bien. Como cuando eran pequeños y desvalidos. Madres que no les cabe otro nombre, porque después de éste, no habrá otro que les sirva mejor.

Las que en una isla arrasada por la frustración y la desesperanza caminan en busca de una luz por un túnel largo y oscuro con la fe siempre de llegar. A las que vieron partir a sus hijos a una guerra de expansión comunista en países lejanos del continente africano, y regresaron después de varios años en ataúdes sellados llenos de huesos recogidos para cumplir apariencias políticas. Las que desde lejos de su nación sueñan con un día regresar para agradecer su cubanía porque decidieron irse al arribo de un procedimiento siniestro que nunca debió llegar. Y sueñan con ese retorno, para visitar en el cementerio, el sepulcro de su madre que dejaron enterrada -y las que no pudieron enterrar-. La distancia –tan corta y simple- fue imposible superarla porque el derecho al regreso fue anulado por leyes absurdas e improcedentes. Las que desde lejos, sueñan encontrarse un día con los que dejaron atrás porque no creen en el olvido. Madres, convertidas ya en abuelas, que cuentan a sus nietos de sus sueños rotos en su propio suelo. Una patria que nunca ha estado lejos porque la llevan dentro, en el corazón.

A esas madres, a todas, quiero hacerles llegar mi humilde, pero necesario homenaje en este Día de las Madres. Un día especial de júbilo y recogimiento a la vez. Un día de felicidad y de lágrimas. Un día de agradecimiento a las que han mantenido a la especie humana por siempre.

En Cuba y en el exilio, estas madres seguirán siendo el baluarte de generaciones que lucharon –y luchan- no solo por sus hijos, sino también por la libertad. A ellas, mis felicitaciones.

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¿DÓNDE ESTÁN LOS CAMBIOS?

Por Iliana Curra.

Las noticias sobre la realidad que viven hoy en día los prisioneros políticos en Cuba no es nada diferente. Todo está intacto en cuanto a la represión. Los presos siguen mal viviendo en celdas mugrientas y en las peores condiciones que puedan existir. Hacinamiento, golpizas, hambre, enfermedades y contagios es lo que tienen por haberse atrevido a expresarse en un país apoyado por las democracias más reconocidas del mundo.

Los opositores al régimen reciben como cuota diaria las amenazas, los insultos y las turbas paramilitares dispuestas a matar, si fuera preciso, por tal de no perder el control de una nación sometida por la bota militar de un vejete que no acaba de viajar al mismísimo infierno.

Lo peor es, y lo seguiré repitiendo, la anuencia de países llamados democráticos, la prensa liberal del mundo que tanto cacarea sobre la guerra en Irak, y algunos congresistas norteamericanos que a diario pierden su vergüenza, si la han tenido, tratando de levantar restricciones a la dictadura sin tener en cuenta a ese pueblo reprimido.

¿Intereses? Al parecer hay muchos. Levantar las prohibiciones a la dictadura les permitiría auxiliar al decadente desgobierno castrista y favorecerlo con los créditos que tanto necesita, aún con la protección del gorila venezolano, Hugo Chávez, quien usa a Venezuela como su tarjeta de crédito favorita, endeudando el futuro hasta la saciedad.

Los negocios de estos congresistas con el régimen les proporcionan ganancias que, a la larga, pagaremos los contribuyentes de este país, porque como todos saben, Castro no paga. Que nadie olvide los tiempos en que lideró la llamada “Deuda Externa”, conminando a todos los países a que no pagaran. ¿Qué pueden esperar los prestamistas actuales con ese sucio récord de no devolver nada?

Pero estos politiqueros izquierdistas sólo les interesan su bienestar personal e irle en contra a la administración de turno. Tampoco les importa afectar a su propia nación, más allá de lo patriotas que dicen ser.

En Cuba la única apertura que existe es la de las rejas de las cárceles. Los presos políticos que han sido excarcelados, no ha sido por la benevolencia del heredero del trono, Raúl Castro, es porque ya han cumplido su condena, la cual nunca debió existir. Muchos demagogos ahora quieren dar a entender que, con Raúl a la cabeza de la dictadura, se están notando cambios sustanciales, lo cual es totalmente incierto.

El hecho que la Aduana castrista ahora permita la entrada de productos que antes tenía prohibido, no es más que la desesperación de un sistema que se cae a pedazos y necesita la inyección económica de los exiliados que, a pesar de los años que llevan fuera de su patria, no olvidan a los suyos que quedaron atrás. De esa manera todos los que tienen familia pudieran recibir más ayuda económica para levantar sus tristes economías personales, mientras que la gran mayoría, que no tienen a nadie en el exterior, continuarían empeorando su vida hasta la mendicidad.

Demagogia les sobra a esos cubanólogos que tratan de engañar diciendo que en Cuba se están vislumbrando cambios después que el vejete moribundo muriera políticamente el 31 de julio de 2006 y le traspasara la corona a su hermano, tan asesino y anti demócrata como él.

Los únicos cambios en Cuba son para peor, pues el pueblo sigue en la misma miseria material y espiritual de siempre, careciendo de las esperanzas de un futuro donde pudieran vivir decentemente y sin represiones políticas, económicas, ni sociales.

¿Dónde están los cambios? Me pregunto cada vez que veo a ese pueblo hundirse más en la desesperanza propia de aquellos que tienen que marchar y gritar consignas estúpidas para mantener ese empleo que les sirve, al menos, para sobrevivir en esa Cuba donde todo es controlado por el régimen.

¿Dónde están los cambios? Me pregunto cuando veo a esos jóvenes desencantados que solo miran hacia el norte, perdidos en la vorágine de una vida donde prevalece el sexo y el alcohol.

¿Dónde están los cambios? Me pregunto cuando veo a los niños con sus pañoletas de pioneros comunistas diciendo que quieren ser como el Che, un terrorista asqueroso, adoctrinados por el odio de un sistema que, es lo único que les brinda en abundancia.

Habrán cambios en Cuba, sí, pero serán verdaderos y genuinos, llevados a cabo por ese pueblo que, cansado de soportar tanta ignominia, pronto dirá: ¡Basta ya!

Entonces si estaré convencida de que, en Cuba, habrá cambios para mejor.