KUNDERA EL TRAIDOR
Por Héctor García Quintana
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Raro. Un documento, aún no autenticado, que duerme el sueño de los justos desde 1950, resguardadito, descansando entre otros cientos de legajos de la policía y nunca salió para desacreditar a un escrito que desde Occidente, y con el comunismo en horas altas –o eso aparentaba– se había convertido en un paladín de la libertad; cáustico crítico, casi fáustico, del comunismo mundial. Una de las cabezas visibles que enroscaba sus dedos sobre las llagas del comunismo y que parte del mundo se negaba a reconocer. No sale el documento entonces, y justo en vísperas de la designación del premio Nobel, sale a la luz. Raro. Huele a tufo, casi engañifa.
Pero no desacreditemos al semanario Respekt que ha dado la noticia. Demos por bueno que un joven entusiasta de veinte años, y por tanto manipulable, denunciara a un compañero al que creía sedicioso en una comisaría. ¿Y qué? ¿Han vivido los críticos bajo un gobierno de banderas con hoz y martillo?
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Dostoievski nos dijo en su novela que todo crimen tiene y merece un castigo que debemos asumir y purgar. Este señor de un país que ahora son dos –checos y eslovacos– ya depuró sus culpas –si es que tuvo alguna– cuando escribió La broma, Los amores risibles y La insoportable
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