viernes, julio 22, 2011

Alfredo M. Cepero sobre el compromiso con la Patria cubana: DE LA GRATITUD Y LA LEALTAD

Tomado de http://www.lanuevanacion.com


DE LA GRATITUD Y LA LEALTAD



Por Alfredo M. Cepero
Director de www.lanuevanacion.com


En estos días calientes y soñolientos del verano algunos cubanos en el exterior se dirigen a las playas, otros viajan a centros de vacaciones en busca de entretenimiento y otros no podemos evitar entregarnos al recuerdo y la reflexión. Es cierto que todos aquellos que vivimos en libertad tenemos numerosas razones para dar gracias a Dios por las bendiciones que sobre nosotros derrama. Sobre todo quienes, como los cubanos, tenemos una eterna deuda de gratitud con el pueblo de los Estados Unidos donde, además de haber prosperado económicamente, muchos de nosotros hemos contraído matrimonio, visto nacer nuestros hijos y enterrado a nuestros seres queridos.

Por otra parte, nadie que se considere bien nacido puede dar preferencia a la tierra del refugio, por muy generosa que ella sea, sobre aquella donde dimos nuestros primeros pasos en ese escalar cumbres que es forjar el carácter para la vida. A esa tierra la llamamos PATRIA que, en la cautivadora oratoria de José Martí, “es comunidad de ideales, comunidad de intereses, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas”. Para nosotros esa es la Cuba que llevamos a cuestas contra los vientos de la indiferencia y las mareas de las traiciones. Esa es la Cuba por la que han ofrendado su vida, sufrido cautiverio y padecido exilio centenares de miles de compatriotas. Solo ella merece nuestra lealtad imperecedera. Una lealtad que no puede ser supeditada a ninguna gratitud.

En nombre de esa lealtad tenemos que continuar luchando contra la tiranía, estar alerta frente a quienes por avaricia o cobardía facilitan su permanencia y ser solidarios con aquellos que se proponen derrocarla por cualquiera de los medios a su alcance. Si alerta debemos estar frente a los mercaderes de Europa y los Estados Unidos que hacen negocios con el tirano, alerta debemos estar frente a los gobiernos de Caracas, Washington o Buenos Aires que por acción u omisión facilitan la permanencia del régimen. Si solidaridad merece la oposición interna, solidaridad merecen quienes la apoyan desde el exterior. Si admiración despiertan quienes hoy se oponen al régimen por medios pacíficos dentro de la Isla, gratitud imperecedera merecen quienes antes se enfrentaron a la tiranía con las armas en la mano y, muchos de ellos, ofrendaron la vida en el empeño.

Por otra parte, en nombre de ninguna gratitud tenemos los cubanos que callar ante la sarta de engaños, hipocresías y hasta traiciones que hemos padecido por más de medio siglo a manos de gobiernos supuestamente amigos, sin dejar fuera al de los Estados Unidos. En este caso doloroso, once administraciones norteamericanas han mantenido paralizada a nuestra comunidad exiliada. Once administraciones de ambos partidos políticos. Por lo tanto, basta ya de que los cubanos nos arranquemos el pellejo y ultrajemos nuestra bandera en la gestión de recabar apoyo para aspirantes en contiendas electorales que nos prometen su ayuda como forma de lograr nuestro apoyo para después olvidar las promesas.

Admito que es importante y hasta loable que los cubanos participemos en la política norteamericana pero jamás esgrimiendo el argumento de que el candidato que apoyamos solucionará el problema de Cuba. Ese problema es al mismo tiempo nuestro deber y nuestro privilegio. Para que nadie diga que los cubanos no supimos cumplir el deber de nuestro tiempo o se considere con derechos a intervenir en nuestros asuntos internos.

Ninguno de los presidentes norteamericanos, desde Eisenhower hasta Barack Obama, se ha propuesto ayudarnos en serio a derrocar al tirano. Unos nos han abandonado a nuestra suerte y otros han obstaculizado nuestros esfuerzos. Todos nos han faltado al respeto. Como pruebas irrefutables pasemos revista a una lista abreviada de las traiciones de Girón y del Pacto Kennedy-Khrushev durante la Crisis de los Cohetes, los contubernios del Pacto de Piratería Aerea durante el gobierno de Nixon y de la pasividad del Presidente Carter ante las masacres perpetradas en Africa por tropas cubanas al servicio de la Unión Soviética. Y en tiempos mas recientes, el salvaje asalto contra una familia indefensa para entregar a Elián González a un tirano ensangrentado y diabólico a quién trataron de apaciguar ignorando la felicidad del niño y humillando a un por ciento mayoritario de la comunidad cubana.

Por si todo esto fuera poco, con el transcurso del tiempo los exiliados nos hemos convertido en migrantes y los libertadores en terroristas. Fuimos utilizados para mostrar la maldad del comunismo y mantener a raya al régimen de Castro mientras existía la Unión Soviética. Ya no somos necesarios y ni siquiera útiles. Ahora nos vemos reducidos al papel de testigos silenciosos del espectáculo deplorable de ver al Servicio de Guardacostas perseguir a los balseros cubanos en un juego trágico y muchas veces macabro del gato y el ratón al amparo de una ley absurda y cruel que han dado en llamar de “pies secos, pies mojados”.

Como contraste, mientras Cuba ha sido abandonada a su suerte, tropas norteamericanas han preservado la libertad en el continente con desembarcos en Panamá, Granada, Haití y República Dominicana. En nombre de la democracia y los derechos humanos se han librado guerras en Vietnam, Bosnia, Afganistán e Irak. Hasta la inocua y distante Somalia fue objeto de la protección de Washington ante la constante presión de los grupos negros norteamericanos.

No olvidemos, sin embargo, que por su cercanía geográfica, su poderío económico y la presencia de una masiva e influyente comunidad cubana en este país, los Estados Unidos serán nuestro socio comercial más importante después de la caída del régimen de Castro. Ahora bien, como bien dijo el Santo Padre Juan Pablo Segundo, “Cuba debe abrirse al mundo”, y por ende, negociar con el mundo sin cerrarse ninguna oportunidad beneficiosa para su pueblo. En otras palabras, nuestras futuras relaciones internacionales deben tener como prioridad los intereses de la nación cubana sin estar supeditados a ningún interés foráneo. Gratitud a los Estados Unidos, lealtad únicamente a Cuba.