sábado, diciembre 24, 2016

Excelentes artículos de Tania Quintero sobre la Niochebuena y las Navidades en Cuba que me ha hecho recordar mi niñez.antes del fatídico 1959


 Así se celebra la Navidad en la  Cuba reciente


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Martí Noticias
Published on Dec 23, 2016
Durante años, la Navidad fue un evento prohibido en la isla comunista, pero los cubanos aún mantienen vivas sus tradiciones y hoy, a pesar las órdenes de “llevar festividades con discreción”, en Cuba buscan cómo celebrar la Nochebuena.

 A los cubanos les sale cara la Nochebuena




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 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

En la sección lateral derecha hay videos con relevantes  villancicos y canciones  navideñas 


 Los siguientes versos son de un  mensaje navideño del Padre Eloy Pérez Simón*, quién partió hacia la Casa del Padre hace apenas unos días  y  para mí un futuro santo español, quien vivió y ofició haciendo el bien en su querido Madrid;  fue un fiel  seguidor de equipo de fútbol del  Real Madrid (en su adolescencia y juventud practicó dicho deporte) pero nunca olvidó a su natal Jaraiz de la Vera, en Cáceres, Extremadura donde fue muy querido. No se si algún día la Iglesia lo llevará a los altares pero muy probablemente ya Dios le otorgó el regalo de la Santidad; su desvelo por los inmigrantes que llegaban a la  parroquia Nuestra Señora del Camino (advocación de la Virgen María que dió su nombre a la cubanísima Virgen del Camino)  cuando era su Cura Párroco y administrador ha sido uno de sus Ministerios.
A todos los lectores de Baracutey Cubano y a mis amigos les hago llegar también este mensaje navideño lleno del verdadero sentido de la Navidad.

¡ Feliz Navidad 2016 y Próspero Año 2017 !
Navidad eres Tú
Cuando ríes con alegría,
Cuando trabajas por la paz,
Cuando sufres por los otros,
Cuando luchas por la vida,
Cuando ayudas a ser libre,
Cuando evangelizas la salvación,
Cuando amas en silencio,
Cuando rezas, crees,
y esperas la justicia.
No dejes de ser Navidad.
* Eloy Pérez Simón
Párroco Emérito de Nª Sra. del Camino
Ex-Profesor del Liceo Francés
Capellán de la Residencia de Nª Sra. del Pilar

A continuación excelentes artículos de Tania Quintero que me ha hecho recordar mi niñez, pues tenía nueve años de edad cuando llegó a Cuba el fatídico 1 de enero de 1959  con la sangrienta Robolución,

Una de las cosas que más me gustaba del invierno cubano, estación asociada a la Nochebuena, Navidad y Año Nuevo, eran las flores de aguinarldos blancos cubriendo los campos cubanos; eran la nieve de Cuba; conocí la verdadera nieve a los 56 años.

Nací en 1949. Los turrones de yema, el membrillo, el turrón de varios colores y el de coco eran cubanos; los de maní molido (o ¨de Jijona¨) así como los de granos de maní enteros (o ¨de Alicante¨, muy sabrosos pero muy buenos para partir los dientes) eran de España; la marca Monerris Planelles era muy famosa por sus anuncios así como la sidra ¨El Gaitero¨. Esas marcas eran marcas populares; no se de las marcas para las familias de muy altos ingresos. Los dátiles acaramelados de una marca llamada ¨Camell¨ que venían en unas cajas de cartón y se veían los dátiles a través de un pedazo de celofán; eran muy sabrosos y me gustaban más que los higos. Los buñuelos de yuca me gustaban mucho y creo que se le olvidaron a Tania, algo imperdonable :-); un poco de papa los dejaba más suaves y sabrosos. Las nueces y avellanas las comía pero sin mucho entusiasmo. De los dulces de frutas caceros el que más me gustaba era el de coco y el de naranja agria; el que más me gustaba de los dulces envasados era el de mitades de melocotón en almibar, Varias veces mi padre mandaba asar el puerco en la panadería de Mantilla que quedaba frente al ¨Paradero de la Ruta 4¨, aunque en ocasiones le gustaba asarlo él mismo en la casa. Siempre que lo llevaba a la panadería le ponían cierta marca mediante un alalmbre dentro de la carne para que no se lo cambiaran.

Algo que deseo que no lo tomen como una pedanteríasino algo que quizas a muchos les guste conocer. Hay varias Pascuas. El significado de la palabra pascua es ¨el paso del Señor¨.
  • La Pascua Judía es ¨el paso ¨del Mar Rojo que es cuando, según La Biblia, después del Ángel de la Muerte matar a los primogénitos de aquellas familias en Egipto que no tuvieran marcadas con sangre de cordero el dintel y los puntales de la puerta del hogar, el Faraón temeroso del dios de los hebreos, liberó a los isarelitas de la esclavitud en Egipto y permitió que Moisés y Aaron los guiara a salir de Egipto; el faraón posteriormente se arrepintió de su decisión y persiguió a los israelitas. Dios para salvar a los israelitas les abrió las aguas en el Mar Rojo para que cruzaran a pie dicho mar ( realmente por una zona de marismas) , los cual los salvó del ejército de Faraón.
  • Se llama(ba) Pascua a la Navidad porque es ¨el paso¨ o la encarnación del Hijo (Segunda Persona divina de la Santísima Trinidad).
  • La Pascua más importante para los crisitianos es la ¨Pascua de Resurrección¨ que es cuando Jesús da ¨el paso¨ de la muerte a la vida. es la más importante porque, como escribió San Pablo: si Cristo murió y no resucitó, nuestra Fe es vana. Por eso la Semana Santa es la Semana Mayor o más importante para los cristianos, aún más que la Navidad.
  • El tiempo litúrgico de la  Navidad  concluye no el Día de Reyes (realmente Magos del Oriente) , con la adoración al niño Jesús como el Rey de Reyes y de la humanidad (que en la Iglesia Ortodoxa es el Día de la  Epifanía del Señor y es  la festividad mayor  de la Navidad en esa Iglesia),   sino  días después, cuando José y la Virgen  María  presentan al bebé Jesús en el templo y el anciano Simón dice que ya puede morir pues a visto al Salvador  y la anciana  ¿Ana?  le profetiza a María, entre otras cosas, que un puñal  traspasará su corazón.
Siempre tuvimos Reyes Magos y a Santa Claus lo conocíamos pero ese no tenía niños esperando por él en mi barrio, salvo mi amiguito de al lado de la casa, que tenía unos parientes trabajando en EE.UU. y cuando regresaban a Cuba le traían los regalos que ¨SánaCló¨ le había dejado por allá , que ahora es ¨por acá¨.

Recuerdo una Nochebuena inolvidable de mi niñez en casa de mis abuelos maternos en Ciudad Jardín, una entonces incipiente urbanización que queda frente a Parcelación Moderna en La Habana, en una residencia que mi tío Ramón Cardoso recientemente le había regalado a sus padres y hermanas solteras a principios de la segunda mitad de los años 50s. Algo interesante que muestra realmente, sin ser un Paraiso, como era la anterior República: Mi tío, un guajirito mulato de Unión de Reyes (es contemporáneo con Guillermo Álvarez Guedes y asistieron a la misma escuela primaria) de padre sastre y hermanas modistas, había matriculado en la Escuela de Artes y Oficio en La Habana (Belascoaín) y después se había hecho Arquitecto en la Universidad de La Habana; trabajaba en ese entonces en una compañía, ¨La Jaimé Canavé¨, que quedaba frente al Zoologico Nacional; la casa se las había regalado con un Chevrolet del año 1953 en el garage. Él, después de morir mis abuelos, se fue del país y vive desde hace muchas décadas en los EE.UU. : vive actualmente ya retirado en Homestead.

Pués bien, en esa Nochebuena esperando la Navidad nos reunimos todos los nietos, sobrinos e hijos y se pusieron varias mesas hasta hacer una mesa inmensa para comer todos juntos. Después que llegó la Revolución nunca hicimos una igual: La Revolución dividió y dispersó a la familia cubana ...
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Navidades, en plural

Por Tania Quintero
Lucerna
18-12-2011

'El lechón salía en una bandeja de la panadería y las frutas venían de California, pero los turrones eran cubanos…'

Nací en 1942 y en mi infancia decíamos Navidades, en plural, y muchas postales decían Felices Pascuas, cuando en realidad la Pascua se celebra el lunes siguiente al Domingo de Resurrección, marcando el fin de la Semana Santa. Detalles que no importaban a los cubanos de mi época, en particular a los niños, deseosos de que llegaran los meses de diciembre y enero.

Las Navidades se ajustaban a los bolsillos. Como en mi familia paterna todos trabajaban, cada uno aportaba algo. Mis tres tías eran modistas, un tío era carpintero y el otro agricultor. Y mi padre alternaba su oficio de barbero ambulante con el de guardaespaldas (fue guardaespalda del líder comunista Blas Roca en esa época.  nota del bloguista de BC). En realidad lo que a mi padre le gustaba era ser panadero. Lo aprendió siendo adolescente y al amanecer, cuando llegaba cargado de flautas calientes, su madre lo estaba esperando con una chancleta en la mano. No aceptaba que uno de sus hijos dedicara las madrugadas a hacer pan para que se lo comieran quienes dormían plácidamente toda la noche.

Se fuera más o menos pobre, nunca se dejaban de celebrar las dos fechas de diciembre más importantes en la Cuba de entonces: la Nochebuena, el 24 de diciembre, y la llegada del Año Nuevo, el 31 de diciembre. Ni tampoco el de más ilusión, el día de los Reyes Magos, el 6 de enero.

Vivíamos en el segundo piso de un viejo edificio, a dos cuadras de la Esquina de Tejas, en El Cerro. Mi madre tenía ocho hermanos, cinco residían en la capital y tres en Sancti Spiritus. Que yo recuerde, nunca fuimos a cenar el 24 ni esperar el año junto a alguno de sus hermanos, con los cuales se llevaba muy bien. Es que ella, caso raro, congeniaba muy bien con su suegra y sus cuñados, y de buena gana iba a Luyanó, a casa de Matilde, mi abuela paterna, una mulata que medía seis pies y no creía en cuentos de caminos.

En la mañana del 24 cogíamos la ruta 10 en la Esquina de Tejas, a un costado del cine Valentino y la valla de gallos, hace tiempo desaparecidos. Cuando llegábamos, ya mi abuela y mis tías tenían distribuidas las tareas. Mi padre iba a la panadería, a ver si ya le quedaba poco al lechón y averiguar a qué hora se podía ir a buscar.

Había familias que preferían comprar el puerco, cerdo, macho o marrano ya muerto y limpio, pero otras lo compraban vivo y lo mataban en el patio de su casa o de un vecino. Luego de sacarle la grasa y las vísceras, lo adobaban con sal, ajo, cebolla, naranja agria y orégano. Y lo llevaban a la panadería del barrio, que cuando llegaban las Navidades, a la producción diaria de pan, galletas de manteca y palitroques, añadían los numerosos encargos para asar puercos en sus hornos de leña.

(La autora, a la izquierda, junto a su madre y una vecinita. (La Habana, 1945))

El momento más esperado era cuando hacía su entrada triunfal el bandejón que prestaban en la panadería, con el animal bocabajo, asado y crujiente, que uno quería comérselo enseguida, sin arroz ni frijoles ni yuca.

Una de las cosas que más recuerdo de aquellas Nochebuenas era el olor a lechón asado que inundaba toda la ciudad, proveniente de los timbiriches vendiendo pan con lechón en trozos, por libras, a precios accesibles a las personas de pocos recursos.

Volviendo a Luyanó. A uno de los tíos le tocaba ir a la bodega, que quedaba al lado, a comprar dos o tres botellas de vino tinto español, y para los fiñes, Materva y Salutaris, refrescos muy populares. El agua, de la pila, enfriada en el refrigerador, nada de agua mineral El Cotorro, la más famosa de La Habana. Prohibida la cerveza y el ron. "Es un día para estar en familia, no para jalarse", decía la matriarca del clan.

A mis primos varones, para que no fastidiaran dentro de la casa, que no era muy amplia, los mandaban a jugar a la calle. Eran vigilados por la abuela Matilde, sentada en un sofá de madera con rejillas de mimbre, al lado de la puerta de la calle, que mantenía entreabierta. A las hembras nos tocaba ayudar a limpiar el arroz y los frijoles negros, escoger las hojas de lechuga y lavar los tomates y rabanitos. O fregar y secar con un paño la vajilla y los cubiertos.

Las mujeres, entre ellas mi madre, se encargaban de cocinar el arroz, los frijoles negros (deliciosos cuando le echaban hojitas de culantro), la yuca con mojo y el fricasé de guineo o gallina de Guinea. Cocinaban en grandes calderos, por partes, porque la cocina solo tenía tres hornillas.

[Tania Quintero de niña.] Tania Quintero de niña.

Los dulces caseros, tradicionales en el menú criollo de Nochebuena, se preparaban con antelación: cascos de guayaba, naranja o toronja en almíbar, que se comían acompañados de queso blanco de Camagüey o de Jicotea, un poblado villaclareño. O queso amarillo, de esos de cubierta roja que vendían en las bodegas por pedazos.

El postre más esperado lo repartían al final. En una bandeja de cristal, turrones españoles, de jijona, alicante y yema, y también mazapán y membrillo, en pedacitos demasiado pequeños para el gusto infantil. En otra bandeja, los dátiles e higos secos, traídos de no sé cuál país árabe.

Después de los postres llegaba el turno de las nueces y avellanas, vendidas a granel en las bodegas. Para partirlas se utilizaban rompenueces de metal, que recordaban instrumentos de dentistas para sacar muelas. Había llegado el momento de conversar y reírse. Si existía alguna desavenencia familiar, Matilde no permitía que se tratara de solventar en ese momento.

En casa de mi abuela no había televisor, tampoco en nuestra casa (vinimos a tener uno ruso, de la marca Krim, el 31 de diciembre de 1977, no olvido la fecha porque ese día falleció el padre de mis hijos). Como a mi abuela y tíos les gustaba la música cubana, se prendía la radio y esa noche en la sobremesa se escuchaba, entre otros, a Barbarito Diez, Benny Moré y María Teresa Vera, la cantante favorita de mi padre, según él, la mejor intérprete de Y tú qué has hecho (En el tronco de un árbol), de Eusebio Delfín, natural de Palmira, Cienfuegos, la patria chica de mi familia paterna.

Aunque todos ellos habían nacido en Palmira, municipio con fama de grandes santeros y brujeros, ninguno tenía creencias religiosas, católicas o afrocubanas. En casa de mi abuela nunca vi una imagen del Sagrado Corazón ni de un santo o virgen. El cuadro que presidía la sala no podía ser más realista: una de esas fotos retocadas y coloreadas que se hacían a principios del siglo XX y en la que aparecían seis bebés desnudos, mi padre y sus cinco hermanos, en poses que ocultaban el sexo de hembras y varones.

Pese a su agnosticismo, todos los años se ponía un arbolito navideño, con sus bolas, pico, guirnalda y algodón sobre las ramas, recurso usado en Cuba para imitar la nieve.

Alrededor de las 12 de la noche emprendíamos el regreso a casa. Ya estaba funcionando la confronta, y si la ruta 9 venía primero que la 10, la cogíamos y nos bajábamos en la Calzada de Cristina, y caminábamos unas cinco cuadras.

Al día siguiente, 25 de diciembre, nos volvíamos a reunir en Luyanó. No para ver qué regalos nos había traído Santa Claus, personaje conocido por la gran influencia que teníamos de las costumbres en Estados Unidos. Si no para la "montería", como llamaban al almuerzo con los restos de cerdo, calentados tal y como habían quedado de la Nochebuena o guisados, con cebolla, ají, puré de tomate y otros condimentos.

A veces también se freían chicharrones. O se compraban en los puestos de chinos, verdaderos especialistas, sobre todo en los chicharrones de tripitas o de viento. En la montería los niños tomábamos malta o maltina y los mayores cerveza, Hatuey, Polar o Cristal, de fabricación nacional. Una o dos botellas. Matilde no permitía borracheras en su hogar.

Seis días después, el 31 de diciembre, se celebraba un nuevo encuentro familiar en casa de la abuela. El menú consistía en arroz congrí o moros y cristianos; guanajo (pavo) en fricasé; ensalada de lechuga y tomate y tostones de plátano verde.

En los postres se repetían los dulces caseros, pero los turrones eran cubanos. Antes, en Cuba, en La Estrella o La Ambrosía, dos de las principales fábricas de galletas, caramelos y chocolates, se elaboraban turrones de maní, semilla de marañón, yema, mazapán...

Los mayores bebían vino blanco y los menores, jugo. Mientras esperábamos las 12 de la noche, de una gran bandeja en el centro de la mesa podíamos coger manzanas, peras, melocotones y albaricoques. A pocas cuadras de nuestra casa, en Frutas Rivas, un gran almacén en la calle Monte frente al Mercado Único de Cuatro Caminos, se dedicaba a la importación de frutas frescas de California.

Para el 31, mis padres compraban allí esas frutas y también las uvas, verdes y moradas, que se preparaban en ramitos de 12 y se comían cuando se acercaban las doce campanadas. El brindis, deseando salud y un próspero año nuevo, se hacía con sidra El Gaitero, la más consumida en la isla en aquellos años.

Todas esas costumbres se fueron perdiendo, por la escasez material, la pérdida de valores morales y las rupturas familiares que trajo consigo la revolución de Fidel Castro. Tal vez un día, cuando Cuba tenga una economía desarrollada y vuelva a ser una nación democrática y cosmopolita, la tradición de las Navidades deje de ser un recuerdo.
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La Navidad antes de 1959

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La cena solía consistir en arroz blanco, frijoles negros, puerco asado, fricasé de guanajo, ensalada de tomate, lechuga y rabanitos, yuca con mojo y tostones de plátano verde.
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El cerdo asado, junto al arroz con frijoles y la yuca con mojo constituyen la comida tradicional cubana de fin de año.

Por Tania Quintero
diciembre 24 2012
Antes de Fidel Castro y los barbudos tomar el poder, el 1 de enero de 1959, la llegada de la Navidad era un acontecimiento en todos los hogares, al margen del presupuesto doméstico y la categoría social. Nunca se dejaba de celebrar.
Las familias numerosas y de modestos recursos, como la mía, el 23 de diciembre llevaban un puerco, ya adobado, a la panadería más cercana para que se lo asaran. Los que vivían en las afueras, preparaban condiciones para asarlo en el patio.
En esa época, la década 1940-50, no se cenaba el 24 con bistec o una pierna de cerdo, como ahora se estila en Cuba, sino con un puerco asado completo, como el de la foto. Además, había la posibilidad de comprar las partes del animal que uno prefería, ya asadas, en los quioscos y timbiriches esparcidos por toda la ciudad, y que la inundaban con un sabroso olor a lechón asado.
También vendían pan con lechón, a 0.20 centavos. El pan de flauta era fresco, y luego de servidas las masas con sus correspondientes gorditos y pellejitos crujientes, el vendedor lo rociaba con un mojo de naranja agria, ajo y cebolla. Si a uno le gustaba el picante, le echaba un aliñado de vinagre con ají guaguao y pimienta de guinea.
El 23 era el día de los preparativos, de revisar si no faltaba nada o si había que comprar más. Entonces mandaban a los muchachos a la bodega de la esquina, a comprar más turrones, de jijona, alicante, yema o mazapán; nueces, avellanas, dátiles, higos...
Mis padres y yo siempre cenábamos el 24 en la casa de mi abuela Matilde, en Luyanó, barrio obrero en las inmediaciones de La Habana. Nos íbamos temprano, para ayudar en lo que hiciera falta. Como vivíamos cerca de Frutas Rivas, un almacén importador de frutas de California, frente al Mercado de Cuatro Caminos, llevábamos un cartucho grande con manzanas, peras y melocotones, que se ponían en una fuente en la mesa. En Nochebuena no se comían uvas: éstas se dejaban para despedir el año, el 31 de diciembre, a razón de doce por persona.
La cena solía consistir en arroz blanco, frijoles negros, puerco asado, fricasé de guanajo, ensalada de tomate, lechuga y rabanitos, yuca con mojo y tostones de plátano verde. Para beber, vino blanco o tinto para los adultos y refresco para los niños. De postre, dulce casero: coco rayado, mermelada de guayaba o cascos de toronja con queso blanco. Los turrones, nueces, avellanas, higos y dátiles se comían en la sobremesa. Al final, la imprescindible tacita de café.
El arbolito ocupaba un lugar especial en las salas de las casas. A veces les ponían algodón, para imitar la nieve. Debajo, más grande o más pequeño, el nacimiento o belén. En las tiendas vendían adornos navideños, importados de Estados Unidos o Europa, pero a la gente le gustaba decorar con flores de pascuas, común en los jardines cubanos en estos meses del año. Otra costumbre era el envío de tarjetas por correo y los intercambios de regalos.
Mis tres tías eran modistas; los dos tíos, carpinteros, y mi padre, barbero ambulante. Si a alguno se le presentaba un compromiso y no podía ir a cenar, tenía que pasar y disculparse con la abuela Matilde, una mulata que medía 6 pies y pesaba 100 kilos. Era la matriarca. Y para ella, Navidad, Nochebuena y Fin de Año eran citas obligadas para toda la familia.
Este post, de la periodista Tania Quintero, fue publicado originalmente en el Blog de Iván García y sus amigos.

Navidades Con La Sonora Matancera - Celia Cruz / Carlos Argentino / Celio Gonzales



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ALGUNOS COMENTARIOS DEJADOS

...y que pena recordar que enrique nuñez rodriguez, el escritor castrista decia que a Cuba le era mas tradicional una "caldosa" de barrio que el acostumbrado lechoncito asa'o...mira que la mierda hace metastasis!. *Solo falto decir en su articulo que el vecino que no hacia su puerquito por luto reciente o alguna enfermedad recibia una pierna de cada vecino y terminaba teniendo mas que los otros, al menos en mi Puerto Padre solo se comia despues del envio al necesitado...
Ricardo Rodriguez Bosch.
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Comentario del Bloguista de Baracutey Cubano

Lo mas triste es que ese gran escritor humorista sabia que lo que estaba diciendo no era cierto.
En La Habana y Pinar del Rio  todo el mundo de corazon  te brindaba comida, bebida, turrones, etc. Tenias que declinar muchas de esas invitaciones para no buscarte una indigestion o una bronca por no comer en tu casa por estar ahito de comida o borracho.
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Tomado de https://www.youtube.comwatch?v=lRHrm6ebphs

MGCubanHistory
Uploaded on Nov 27, 2011

La Navidad, en el caso de Cuba, tiene una historia muy particular. Ésta se divide en cuatro períodos, cuyos puntos de giro corresponden a los años 1959, 1969 y 1997; o sea, antes de la Revolución, el período de tolerancia a regañadientes (1959-1969), y su prohibición desde 1969 hasta 1997, cuando se permite de nuevo, en vísperas de la visita al país del papa Juan Pablo II. Poco tiempo después del triunfo de la Revolución, el nuevo Estado, laico y socialista, acusa a la Iglesia católica de complicidad con la contrarrevolución, expulsa a cientos de sacerdotes y monjas, incauta colegios y otras instituciones religiosas y confina la práctica de la religión a los lugares de culto. Aunque no se prohíbe la Navidad, es una festividad impropia de "verdaderos revolucionarios". En 1969, el gobierno alega que la Zafra de los Diez Millones requerirá todos los esfuerzos del pueblo, por lo que suprime las fiestas navideñas y de año nuevo. Esta última, en que no sólo se espera el año nuevo, sino también un nuevo aniversario de la Revolución, se restaurará al año siguiente.

La Navidad sólo regresará 28 años más tarde, el 25 de diciembre de 1997, cuando se establece ese día como feriado, con carácter excepcional, como un gesto de Fidel Castro a Juan Pablo II, cuya visita se producirá en enero de 1998. Sin dar mayores explicaciones, al año siguiente, en 1998, el gobierno declara feriado este día, lo que queda legislado desde entonces A pesar de que durante casi tres décadas el 25 de diciembre fue tratado oficialmente como otro día cualquiera, unas parte de la población continuó celebrando la Navidad como fiesta familiar, de modo más o menos recatado en dependencia de sus condiciones personales, dado lo ardua que resultaba por entonces a los católicos practicantes la vida social y laboral. A partir de 1997, comenzaron a verse de nuevo símbolos navideños en la Isla, incluso en establecimientos comerciales, centros de trabajo y vidrieras, y se empezaron a vender arbolitos de Navidad y sus accesorios. Ese mismo año, se registró en todas las iglesias del país una asistencia masiva (ya desde 1993 existía esa asistencia masiva a la Misa del Gallo. Nota del Bloguista de Baracutey Cubana y se había incrementado significativamente los bautizos y las Primera Comunión en las iglesias del país. aclaración del bloguista de BC) a la tradicional Misa del Gallo, tradición que se ha mantenido hasta hoy. A la misa celebrada en la Catedral de la Habana en esa fecha acudieron los principales dirigentes del Estado, encabezados por Fidel Castro.

La Navidad cubana exhibe unas marcadas tradiciones culinarias, herencia de la época colonial, en sintonía con las condiciones del país. No es el tradicional pavo norteamericano, sino el cerdo asado, preferiblemente en púa y sobre madera de guayaba, el que preside la mesa navideña. En su defecto, una pierna o costillar asado. En las ciudades, tradicionalmente, las panaderías ofrecían el servicio de asar la carne en sus hornos. Del cerdo, además, se consumen las vísceras, los chicharrones y las masitas fritas. En los lugares donde se sacrifica el animal y se siguen todos los pasos para su correcta preparación, la familia y los amigos se reúnen y el día entero es de fiesta. El cerdo se pela y se asa lentamente en púa o a la parrilla mientras con una brocha se le va untando el mojo, muy cargado de ajo y naranja agria. Mientras, se prepara la gandinga, vísceras muy especiadas, que se riegan con ron y cerveza. En la mesa navideña no faltará el congrí salteado de chicharrones, o los frijoles negros y el arroz blanco. Habrá chicharritas y chatinos o tostones, conocidos en La Habana como plátanos a puñetazos; yuca con mojo; tamales en hoja o tamal en cazuela, y ensalada de tomate, lechuga y rabanitos. Todo acompañado con vino tinto o blanco, sidra y cerveza, en dependencia de cuan caluroso sea diciembre. Para cerrar la mesa navideña, turrones españoles de yema, alicante, jijona o, más recientemente, de chocolate o frutas. Y los postres: dulce de coco y cascos de guayaba con queso blanco o amarillo, boniatillo, torrejas, buñuelos, flan de calabaza. Para cerrar, una tacita de café cubano bien cargado y, habitualmente, demasiado dulce. La mesa puede variar en dependencia de las posibilidades o gustos de cada familia, pero la que permanece intacta es la percepción de que se trata de la única fiesta familiar del año, cuando se consolidan afectos, se restauran lazos y se conciertan treguas y pactos. La familia recupera su naturaleza como sitio de protección y amparo frente a las inclemencias de la realidad.


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NAVIDADES DE UNA CUBA LIBRE -ANTES DE CASTRO-



Aunque Cuba es un País pequeño, sus costumbres varían de una región a otra, y también de acuerdo ala posibilidad de la familia.

Mi ciudad: CÁRDENAS (CIUDAD BANDERA, CIUDAD DE COCHES Y BICICLETAS Y DE CANGREJOS) tenia una particularidad en las Navidades: el 23 de diciembre se sacrificaba el cerdo (puerco, cochino, lechón, marrano, chancho, macho etc) se lavaba y colgaba para que destilara todo residuo de sangre y agua, se preparaba un adobo con: naranja agria, ajo, orégano, pimienta y sal, y poniendo el puerco en una tártara o en yaguas de palmeras real, se le ponía este adobo para que estuviera toda la noche del 23. El 23, era -como les decía- algo especial en Cárdenas, pues todos iban a la plaza del mercado, y se podían adquirir todas las cosas necesarias para las fiestas pascuales. Y en la noche habían bailes en distintos lugares, donde se festejaba el comienzo de La Navidad. Hasta la casa mas humilde, desde el 15 de diciembre se preparaba para este evento, pintando sus casas, y poniendo el árbol de Navidad y Nacimientos, quizás algunos extraordinariamente lujosos y otros muy humildes, pero todos celebraban.
En cuanto a la cena, también existían sus variantes, según el sitio y posibilidades. Para la Noche Buena (24 de diciembre) se celebraba hace años a las 12 de la noche, esperando el 25, luego se fue adelantando el horario, cenando mas temprano y festejando con bailes o yendo a la iglesia despues.
24 de diciembre:
La cena consistía en:
  • arroz blanco
  • frijoles negros
  • yuca (hervida y con su mojo de naranja agria, ajo sal y cebolla); en algunas zonas orientales 
    ponían ñame -malanga- hervida
  • lechón asado (en horno, pincho, hamaca, etc.), gallina de guinea (en fricase, en casas mas pudientes)
  • ensalada (lechuga, tomates verdes y maduros y rábano)
  • pan (no puede faltar)
  • vinos, cervezas, sodas
Postres:
 
(buñuelos)
  • Dulce de fruta bomba (papaya, lechosa busca pleito etc)" " toronja, naranja agria, coco
  • La variedad de turrones
  • quesos amarillo y blanco
Culminación:
  • Una sabrosa taza de café
25 de diciembre:
  • Se hacia "la montería" plato hecho con lo que había quedado de la cena del 24. (algunos hacían pavos para ese día o gallina de guinea)
  • Habían bailes en muchos sitios (guateques -en el campo-)
  • Regalos
31 de diciembre:
  • Se hacia otra cena temprano, podía ser puerco, pavo, o gallina de guinea (al gusto)
  • Había reuniones familiares, a las 12 de la noche, se sentían tiros, cohetes etc.
  • Algunos tiraban 12 cubos de agua frente a sus hogares.
  • Se repartían 12 uvas por persona, (en la playa se quemaba un muñeco -año viejo :-)
  • Habían nueces, avellanas, almendras, ajonjolí, maní, castañas asadas etc.
  • Se brindaba con champaña, sidra, vino cerveza (según la posibilidad
  • Besos, abrazos, buenos deseos, reconciliaciones etc.
  • Y desde luego, desde temprano: la música y el baile
6 de enero

DÍA de Reyes, DÍA especial para los niños, recibiendo sus juguetes (Fin de la festividad)

QUE CUBA LA NUESTRA!!!!!!.  ALGÚN DIA VOLVEREMOS, Y CELEBRAREMOS!!!!!!!!!

Samuel Torres
samzor@bellsouth.net

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1 Comments:

At 8:45 p. m., Blogger Eduardo Lema said...

Estoy tratando de encontrar datos de primas de mi madre que residen en Cuba. Su nombre es Elena Durand, y creo eran propietarios de una panaderia "Del Hogar" en Palma Soriano Oriente. He podido encontrar familiares en Lafayette EEUU, pero de Cuba nada por el momento.
Agradezco de antemano y saludo atentamente.
Eduardo Lema
Montevideo Uruguay
elema2003@adinet.com.uy
carloseduardolema@gmail.com

 

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