miércoles, abril 01, 2026

Video en el que el Buró Federal de Investigaciones (FBI) reveló como durante décadas la dictadura castro comunista de Cuba recluta espías en los Estados Unidos

 El Buró Federal de Investigaciones reveló como durante décadas el régimen de La Habana recluta espías en los Estados Unidos y el peligro que representa la dictadura para la seguridad nacional.

Daniel Benitez News

31 de marzo, 2026

Cuba: un peligro para la seguridad de USA, el FBI revela cómo dictadura recluta espías y su labor

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DE LOS ARCHIVOS DEL BLOG BARACUTEY CUBANO


HISTORIAS DE ESPIAS  EN LA VIDA DEL EXILIO

Por Pablo Alfonso
El Nuevo Herald
Florida
E.U.
Infosearch:
José F. Sánchez
Jefe de Buró
E.U.
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Abril 2, 2006

Cuando Cucú Bringuier Rodríguez supo que había estado conviviendo en su apartamento de Miami con un espía castrista se pegó un tiro en la cabeza. A sus 79 años eso era mucho más de lo que su condición de ex preso político y su estado emocional podían soportar.

El suceso conmocionó en su momento al exilio cubano de Miami. Ocurrió en el verano de 1998. El cuerpo de Bringuier fue encontrado en la cama de su apartamento y un hilillo de sangre corría desde el sitio en la barbilla donde se disparó.

Esa es la explicación oficial. Ruth Montaner, entonces una activista de derechos humanos, recuerda que Bringuier le comentó durante un almuerzo en el Restaurante Versailles: ``¡He estado viviendo con un espía!''.

Días después la llamó de nuevo porque, según dijo, ''tenía algo urgente que decirle''. Nunca llegaron a verse y ella siempre dudó de la versión oficial.

''Mi opinión no es que se suicidó sino que lo suicidaron'', aseguró Montaner.

La trágica historia de Bringuier forma parte de una cadena de sucesos relacionados con el espionaje castrista en Miami. En el último cuarto de siglo esas historias de espías -- autoproclamados y arrepentidos, descubiertos o destapados por la propia dictadura castrista --, han acaparado la atención de los medios locales de prensa, enrarecido el ambiente de los grupos de exiliados políticos y alimentado comentarios y rumores de todo tipo en los peñas de exiliados cubanos, que se dan cita en los más conocidos restaurantes y cafeterías de la ciudad.

Este recuento, sustentado en los archivos periodísticos, intenta servir de contexto a los más recientes episodios del espionaje castrista en el exilio:

• El encausamiento de Santiago Alvarez y Osvaldo Mitat, arrestados por un presunto contrabando y posesión de armas, supuestamente denunciado a las autoridades por un colaborador de ambos y que algunos sospechan es un agente de la inteligencia cubana.

• El arresto de dos profesores de la Universidad Internacional de la Florida, los esposos Carlos Alvarez y Elsa Prieto, acusados de ser presuntos espías.

• Y el más publicitado caso de los integrantes de la llamada Red Avispa, juzgados bajo cargos de espiar en favor del gobierno cubano, cinco de los cuales esperan una revisión de su caso.

Lo cierto es que la comunidad exiliada ha estado siempre en la mira de la Dirección General de Inteligencia (DGI) del Ministerio del Interior.

''Normalmente el Departamento 14 de la Contrainteligencia mantenía constantemente 400 agentes de
 ellos infiltrados en el exilio de Miami'', afirmó Juan Antonio Coqui Rodríguez Menier, ex mayor de la inteligencia cubana.
(Juan Antonio Coqui Rodríguez Menier)

En enero de 1987, Rodríguez, su mujer -- ex secretaria personal de José Abrahantes, entonces ministro del Interior en Cuba -- y sus cuatro hijos, cruzaron la frontera entre Hungría y Austria a bordo de un vehículo con matricula diplomática y se pusieron en manos de la embajada de Estados Unidos en Viena.

''El hecho de que estos agentes cubanos fueran atendidos por la Contrainteligencia y no por la Inteligencia como debía ser, se debía a que Fidel considera el exilio cubano como territorio cubano'', aseguró Rodríguez.

Durante los últimos 25 años, la inteligencia cubana infiltrada en el exilio ha mantenido casi inalterable el mismo patrón de conducta.

• Utilizar los medios de comunicación para dividir a los exiliados en torno a temas políticos controversiales.

• Sembrar la desconfianza entre los grupos políticos.

• Promover acciones de los exiliados que desacrediten su agenda política.

• Informar al Buró Federal de Investigaciones (FBI) de las actividades de grupos de exiliados, para implicar a las autoridades estadounidenses en su persecución.

• Alentar la emigración ilegal de cubanos a Estados Unidos como válvula de escape a los problemas internos del régimen y, a su vez, apuntalar su agenda política exterior contra las leyes migratorias norteamericanas que favorecen a los cubanos.

• Recabar información personal de todo tipo sobre exiliados cubanos que se han destacado en cualquier área.


El matrimonio de espías

La tragedia de Bringuier comenzó el 9 de julio de 1993 con la llegada a Miami Beach de Iván Luis, entonces de 48 años, y su esposa, María Elena Reyes. Arribaron a la playa en una embarcación con otros 25 refugiados. Contaron una historia muy común. Varios días en el mar, desembarco en Bahamas, y dinero enviado por familiares en Miami para contratar a un contrabandista que los trajera a la Florida.

Cinco años más tarde Luis ya se había relacionado con la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), el Ex-Club, el Centro Cubano de Investigaciones Militares y la Unión de Oficiales y Soldados Libres, un grupo encabezado por el ex coronel de la Fuerza Aérea cubana, Alvaro Prendes, ya fallecido.

Fue el reportero del Canal 23, Rafael Orizondo, quien primero identificó a Luis como espía. Para entonces el hombre ya había desaparecido de su trabajo como chofer de una compañía de servicios médicos. Atrás dejaba una cuenta de teléfonos de $5,000 y la certeza de que había obtenido valiosa información de cuentas bancarias de prominentes exiliados y organizaciones.

En Cuba fue identificado como un teniente coronel de la Contrainteligencia y su esposa como capitana del Ministerio del Interior.

El reverendo Espinosa

Desde su templo en Hialeah, el reverendo Manuel Espinosa fue unos de los primeros en promover el diálogo con Castro y con su encendida prédica motivaba a su congregación pentecostal para que orara por el fin del embargo estadounidense a Cuba.

Fue miembro de la junta ejecutiva del Comité de los 75, el grupo que llevó adelante la negociación con el régimen castrista en 1978 que condujo a la liberación de casi 3,000 presos políticos y sentó las bases para las visitas familiares a Cuba de los exiliados residentes en Estados Unidos. En 1980, cambió inesperadamente su posición y, en una serie de conferencias de prensa que recibieron amplia publicidad, acusó a algunos de sus promotores de ser agentes de Cuba.
(Manuel Espinosa)

Espinosa explicó sus actividades, revelando que había actuado bajo las órdenes de la DGI y del coronel Méndez Cominches. Calificó el diálogo como un vehículo de penetración de la inteligencia de Cuba. Mencionó nombres, pero sus alegaciones no condujeron a ningún arresto.

''Eran ordenes de Castro'', aseguró. ``Se me dijo que penetrase a la comunidad, que sobornase a políticos, que publicase periodiquitos''.

Se convirtió en consultor de seguridad, investigador privado y comentarista radial. Su programa En Voz Alta se escuchó diariamente por la WQBA, dos veces al día y seis días a la semana, desde 1981 hasta el 30 de octubre de 1983.

El 26 de febrero de 1983 Espinosa fue blanco de un fallido atentado. La policía halló un paquete que contenía varios detonadores y fulminantes debajo de una de las ruedas traseras de su Lincoln Continental rojo modelo 1976. Dos libras de explosivo plástico C-4 se encontraron bajo el asiento del chofer.

En 1987 el juez de distrito federal Thomas Scott sentenció por estos hechos a Jorge Alberto Kairuz y a Francisco de la Paz. Ambos se declararon culpables. Kairuz fue condenado a tres años de prisión, y de la Paz, entonces detenido por cargos no relacionados, recibió una sentencia suspendida a tres años y cinco años de libertad bajo palabra.

Espinosa falleció el 5 de agosto de 1987 de un ataque al corazón a los 48 años.

El padre del Mariel

Napoleón Vilaboa es más recordado entre los exiliados cubanos como El Padre del Mariel que como colaborador del gobierno cubano.

A raíz del ingreso de miles de cubanos en la Embajada de Perú en La Habana, en 1980, Vilaboa exhortó en Miami a los exiliados para ir a recoger a sus familiares. Partió para la isla a bordo de una nave pesquera de 41 pies llamada Ochún, al frente de una pequeña flotilla. Así se inició el puente marítimo Mariel-Cayo Hueso.

Vilaboa desapareció de Miami, pero en 1989 regresó para darle la razón a sus críticos: había actuado siguiendo las instrucciones del régimen cubano.
(José Napoleón Vilaboa)

Durante una amplia entrevista concedida entonces a The Miami Herald, Vilaboa reveló que sus tratos con el gobierno de Castro comenzaron en 1968, cuando lo reclutó el polémico reverendo Manuel Espinosa. Su misión, dijo, era promover relaciones entre la comunidad de exiliados y el gobierno cubano.

'Espinosa concertó tres reuniones con Ricardo Alarcón, el enviado cubano a Naciones Unidas. Discutieron la idea de Vilaboa para crear una apertura, relata, y se le nombró capitán del servicio de espionaje cubano, el DGI. En dos `ceremonias' posteriores, en La Habana, se le ascendió primero a comandante y después a teniente coronel'', según afirmó Vilaboa en la entrevista.

Vilaboa vivió oculto en Costa Rica hasta que regresó a Miami, donde aún vive. Asegura que toda su actividad anterior estuvo encaminada a penetrar las filas del régimen cubano.

El jefe militar de Alfa 66

Francisco Avila Azcuy llegó a Miami el 11 de noviembre de 1979. Había estado preso en Cuba desde 1987, tras ser capturado cuando intentaba infiltrarse en la isla.

''En una ocasión que salí de permiso de la prisión en 1976 hice contacto con alguien en La Habana. Ese alguien me hizo saber que era de interés que si los órganos de la Seguridad del Estado trataban de captarme -- como lo habían hecho con otros -- que me dejara captar, ya que la mejor manera de luchar contra el gobierno era desde dentro. Así pasó y asi nació Adán. Llegué a Estados Unidos como el agente Adán de la Seguridad del Estado cubana'', declaró Avila al Herald, cuando en 1992 reveló sus actividades.

Instalador de losas en Miami, Avila fue contactado en Miami por la Seguridad cubana y según él mismo ha revelado de inmediato comenzó a pasarle información al FBI. Se convirtió en doble agente, al mismo tiempo que ocupaba la jefatura militar de Alfa 66. En esa función mantuvo al FBI al tanto de las instrucciones que recibía de Cuba, así como de las actividades subversivas que planificaba Alfa 66.

''Los agentes de Castro aquí instigaban acciones de manera que él pudiera después calificarlos de terroristas'', declaró.

Según afirmó Avila, sus jefes en la inteligencia le entregaron a finales de la década del 80 y principios de los 90, dinero en efectivo para financiar tres ataques de exiliados, ''tiroteos desde el mar, frente a las costas cubanas'', y en una ocasión le dieron $12,000 para que comprara una embarcación que luego le ofreció a Alfa 66.

''El régimen cubano trabaja muy bien en eso de los ataques contra él mismo'', dijo a la prensa.


Espía de TV-Martí

José Rafael Fernández Brenes, un desconocido empleado de la televisión cubana desertó de la isla en 1988 durante un viaje al extranjero. Poco tiempo después fue subcontratado como productor en el proyecto de TV Martí, primero en Washington y más tarde en Miami.

Fernández Brenes regresó a Cuba el 12 de junio de 1991, donde fue presentado a bombo y platillo por los medios de prensa del régimen como el agente Orión, quien durante tres años estuvo infiltrado en TV Marti.

Durante su entrevista en la televisión cubana, Fernández Brenes, entonces de 52 años, dijo ser un veterano agente de la contrainteligencia cubana para la cual trabajaba desde hacia 15 años.

Según afirmó, su misión era penetrar TV Martí y brindar información que posibilitara a las autoridades cubanas interferir esa señal televisiva, desde que salió al aire por primera vez a principios de 1990.

''TV Martí nació interferida porque desde Washington manteníamos informado al gobierno cubano sobre los detalles del proyecto'', dijo Fernández Brenes.

Juan Pablo Roque

La historia de Juan Pablo Roque ha sido quizás la más publicitada de todos los espías castristas que han operado en Miami.

Roque está vinculado a la llamada Red Avispa y ha sido encausado por el asesinato de cuatro pilotos de Hermanos al Rescate, que volaban en dos avionetas derribadas en aguas internacionales por cazas cubanos el 24 de febrebro de 1996.

Piloto cubano de un Mig, que nadó hacia la Base Naval de Guantánamo en 1992, y a quien se le dio asilo político en Estados Unidos, Roque se infiltró en la organización Hermanos al Rescate donde voló en varias misiones de rescate de balseros.

También frecuentó varios grupos exiliados, entre ellos la Fundación Nacional Cubano Americana, que le publicó un libro sobre su supuesta historia.

Contrajo matrimonio y se estableció en Kendall, desarrollando una vida familiar aparentemente normal.

Un día antes del derribo de las avionetas desapareció de Miami Reapareció en La Habana asegurando que había sido un informante del FBI y acusó al grupo de Hermanos al Rescate de conspirar para realizar ''actividades terroristas'' contra Cuba. Informes de prensa aseguran que el FBI admitió haberle pagado a Roque casi $7,000 por mantenerlo informado sobre las actividades de Hermanos al Rescate.

Respondiendo a una pregunta sobre este tema, el ex oficial de la inteligencia Rodríguez Menier, dijo que ``los oficiales cubanos algunas veces le orientaban a sus agentes en Miami, o en cualquier otro lugar, tanto si eran cubanos como extranjeros, hacer contacto con el FBI y otros servicios especiales, tanto americanos como de otras naciones, por distintas razones, como desinformarlos, obtener una información, etc''.

''Por otra parte, muchos agentes cubanos le daban información al FBI y a otros servicios especiales esperando recompensa, pero sin decirle que eran agentes cubanos'', afirmó.
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America Noticias USA
2013 ó 2014

Régimen cubano busca infiltrar espías en EE.UU. - América TeVé


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El hombre que acabó con red cubana de espionaje

 Levy, quien trabajó para Castro, reveló al FBI la existencia de la Red Avispa

Por  Wilfredo Cancio Isla
sep 13 2013 00:07

Edgerton Ivor Levy se ha refugiado en el trabajo, el amor a la familia y el disfrute de las bondades simples de la vida. El hombre que fue pieza clave para el desmantelamiento de la mayor red de espionaje cubano en Estados Unidos en cinco décadas, prefiere estar alejado del acontecer público y trabaja en silencio para dejar testimonio escrito de su experiencia como agente de inteligencia enviado por La Habana.

Por estos días acaba de concluir un libro que narra sus vivencias desde que fue captado y preparado por los servicios de inteligencia castrista para venir a Miami con la máscara de un desertor que huye con su familia. Acompañado por su esposa y el hijo de ambos, de 4 años, Levy llegó a Cayo Hueso el 24 de junio de 1993, en un simulacro de salida ilegal desde la base de Tropas Especiales en Jaimanitas, al oeste de La Habana. “Cuando el FBI decidió acabar con la actividad de la red, tenía una gran incertidumbre en cuanto a cómo iba a ser interpretada nuestra participación en estos hechos”, comentó Levy, de 64 años, en entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS. “De ahí que en enero de 1999 opté por comenzar a escribir y dejar aclarado por qué me encontré envuelto en estos acontecimientos”.

La misión encomendada a Levy y su esposa, entrenados como los agentes Ariel y Laura, de la Dirección de Inteligencia (DI) cubana, era a largo plazo. Habían recibido entrenamiento técnico y preparación sicológica para asentarse en el área de Miami, sobrevivir por su propia cuenta y emprender las tareas de penetración en la comunidad exiliada. Pero el matrimonio, ambos profesores de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, decidió asumir la encomienda como una oportunidad única para escapar de la isla. Y tras el arribo a Estados Unidos, buscó de inmediato comunicarse con el FBI para revelar los verdaderos propósitos de su aparente fuga fantástica a Miami. De manera que las autoridades estadounidenses tuvieron conocimiento del caso desde que Levy entró en contacto con el jefe de la Red Avispa, Gerardo Hernández, a mediados de 1994.

Diez de sus integrantes fueron arrestados en la madrugada del 12 de septiembre de 1998, mientras al menos seis escaparon a Cuba. La red estaba integrada por al menos 27 miembros, entre agentes y oficiales ilegales. Con posterioridad, otros dos agentes fueron arrestados y dos más terminaron deportados a la isla. Cinco de ellos fueron condenados a largas sentencias de prisión en el 2001. Levy sostiene que el responsable por el desmantelamiento, arresto y encausamiento de los miembros de la red no es otro que Fidel Castro. “Al ordenar Fidel Castro el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate [en 1996], involucró a miembros de la Red Avispa en ese crimen y el FBI se vio obligado a tratar el caso como una actividad criminal… Eso explica la obsesión de Fidel Castro con este caso y sus promesas de que volverán”.

Cuba despliega actualmente una intensa campaña propagandística para la liberación de los cuatro agentes que permanecen encarcelados en Estados Unidos, presentándolos como héroes y luchadores antiterroristas. Pero Levy tiene otra versión sobre lo que constituyó un complejo andamiaje de penetración en el sur de la Florida. “El verdadero objetivo del espionaje cubano en Estados Unidos es el trabajo de penetración e influencia en las esferas de Gobierno, militar, académica, medios de prensa y organizaciones sociales”, manifestó Levy. “Los casos de Ana Belén Montes, la espía sembrada por Cuba en el Pentágono, y el matrimonio de Kendall y Gwendolyn Myers, que por 30 años pasaron secretos del Departamento de Estado a La Habana, prueban del empeño del régimen en vulnerar la seguridad nacional estadounidense”.

Según el exagente, desde que inició sus actividades en el sur de la Florida, la Red Avispa dirigió sus principales esfuerzos a penetrar el Comando Sur, mediante la “Operación Surco”, que fue una prioridad planteada por el general de brigada Eduardo Delgado Rodríguez, jefe de la Dirección de Inteligencia, aún antes de que el Comando Sur se trasladara para Miami en 1997. A mediados de 1996, el matrimonio de los agentes Joseph Santos y Amarylis Silveiro -que se declararon culpables y cooperaron con las autoridades estadounidenses- comenzó la realización de un levantamiento operativo del área donde se alzarían las edificaciones del Comando Sur.

Ambos agentes habían sido originalmente preparados para trabajar contra la Estación Aeronaval de Roosevelt Roads, en Puerto Rico, antes de recibir instrucciones de reubicarse en Miami. “Las órdenes y la supervisión correspondían al oficial Hugo Soto”, recordó Levy. Soto, que escapó a Cuba a raíz del desmontaje de la red de espionaje, aparece en los documentos desclasificados por la fiscalía con los alias de Ricardo Villarreal, Horacio y Roco. Levy y Soto se conocían de Cuba y se reencontraron en Miami. Soto había cumplido una misión anterior en México, donde fundó una agencia de turismo con el apoyo monetario de la familia de su esposa mexicana. “La agencia de turismo le permitió trasladarse por América Central para mover armamentos y explosivos”, señaló Levy. “Él me confesó que estuvo vinculado al atentado contra [Luis] Posada Carriles en Guatemala en 1990, pues trasladó las armas y se las entregó a quienes realizaron la acción”.

Una vez establecido en Estados Unidos, Levy tenía la orientación de asistir a una reunión el primer y tercer domingos de cada mes en las afueras de una tienda K-Mart en North Miami. Debía ir con un libro bajo el brazo y vestido con una gorra, pulóver blanco, jeans y tenis, y repetir la visita horas después. Cuando ya estaba dudando de que lo contactarían, en mayo de 1994 se produjo su primer encuentro con Gerardo Hernández, quien lo abordó con la contraseña acordada en Cuba. “Yo dejé en Cuba unos yugos que eran un recuerdo de mi padre y él tenía que entregármelos aquí preguntándome si había perdido algo”, relató. Levy mantuvo relaciones con los oficiales ilegales Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Fernando González, Hugo Soto y alias Remigio Luna. No conoció personalmente a ningún agente de la red, aunque supo de la actividad que realizaban algunos de ellos.

En 1997, el oficial Ramón Labañino -quien cumple una condena de 30 años- asumió la supervisión del trabajo de Levy. Labañino, un especialista en la penetración de objetivos militares, fue asignado para dirigir la infiltración en el Comando Sur. Entre 1993 y finales de 1996, se mantuvo operando contra la base de la fuerza aérea de Mac Dill, en Tampa, donde se controla y dirige el tráfico aéreo militar de Estados Unidos hacia y desde el Caribe, Centro y Suramérica. “Labañino era un tipo de comportamiento violento y un virulento defensor del régimen. Tuvimos discusiones bien serias en más de una oportunidad y nos amenazaba constantemente con enviarnos de vuelta a Cuba si no teníamos resultados operativos”, explicó Levy.

Levy fue instruido por Labañino para penetrar el círculo cercano de los congresistas cubanoamericanos Ileana Ros-Lehtinen y Lincoln Díaz-Balart, con la tarea de obtener “resultados inmediatos”. “La idea era tratar de llegar a conocer cosas que podían ser utilizadas en contra de los congresistas, como elementos de su vida personal, para desprestigiarlos y socavar la importancia de su labor en la comunidad”, explicó. Al preguntársele si estaría a favor de la liberación de los cuatro agentes que aún siguen presos, respondió: “Cuando me decidí a cruzar el Estrecho de la Florida, arriesgando la vida de mi esposa y la de mi hijo menor, sabía a lo que me atenía. Cuando decidí no prestarme a realizar actividades ilegales en este país, estaba seguro que de haberlo hecho habría consecuencias. Estamos hablando de personas que no fueron obligadas a hacer lo que ellos determinaron hacer y por lo tanto, deben atenerse a sus decisiones”, opinó.

Confesó que el peor trauma que le tocó vivir en estos años fue “el sentimiento de inseguridad de lo que podría acontecer y los riesgos a que ha estado sometida mi familia”. “Es algo que ha prevalecido siempre”, afirmó Levy. “El estrés a que estuvo sometida mi familia fue desgarrador”. La pareja dejó detrás a hijos tres hijos, una hembra y dos varones, de matrimonios anteriores. “Afortunadamente, hoy día todos están con nosotros”, manifestó con evidente satisfacción. “Ya tenemos cinco nietos, nacidos en este país de libertad”. ¿Cómo te gustaría que te recuerde la historia? “Como alguien que quiso poner al descubierto las verdaderas intenciones de Fidel Castro hacia Estados Unidos, en detrimento del pueblo cubano”. ¿Y te imaginas en algún momento regresando a Cuba? “Realmente no, pero voy a sentir una inmensa alegría el día que vea renacer una Cuba democrática”.

Miembros de la red que cooperaron con Estados Unidos

Alejandro Alonso:
Agente Franklyn y 0-5, Residente en Miami. Misión: Infiltrarse en bases militares y organizaciones de exiliados como el Movimiento Democracia. Sentenciado a siete años.


Esposos Linda y Nilo Rodríguez:
Alias Los Juniors, agentes Judith y Manolo. Residentes en Miami. Misión: espiar la Base Aérea de Homestead y la Base de la 82 División de Infantería Aerotransportada en Fort Bragg, Carolina del Norte. Sentenciados a siete años cada uno.


Esposos Joseph y Amarylis Santos:
Agentes Julia y Mario. Residentes en Miami. Misión: penetrar las redes de computación del Comando Sur. Sentenciados a cuatro años (Joseph) y tres años y seis meses (Amarylis).


Esposos George y Marisol Gari:
Agentes Luis y Margot. Residentes en Florida. Misión: observación de la Base Aérea de MacDill (Tampa) e interceptación de correspondencia de cubanoamericanos fichados por la inteligencia cubana, valiéndose de que Marisol era empleada del Servicio Postal en el Aeropuerto de Miami. Sentenciados a siete años (George) y tres años y seis meses (Marisol).


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Selección  de revelaciones  de Ed Levy  (el agente Ariel para la Inteligencia castrista) donde se  muestra el peligro que era la Red Avispa de espionaje  para la Seguridad de los Estados Unidos de América-

 Ed Levy escribió  el libro  Nadie me lo contó: La verdadera historia de la red avispa y el espionaje cubano en Estados Unidos, donde testimonia su papel  como doble agente, ya que fue él, el que  se acercó al FBI  para darle a conocer  su misión como el espía Ariel  integrante de una red de espionaje de la Inteligencia de los Castro. .

 


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Comparecencias televisivas de Ed Levy

Primera 



Segunda 


Tercera

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