miércoles, abril 01, 2026

Video en el que el Buró Federal de Investigaciones (FBI) reveló como durante décadas la dictadura castro comunista de Cuba recluta espías en los Estados Unidos

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano 

Archivo Cuba en  mayo de 2024 presentó el  artículo  La academia estadounidense terreno fértil para el espionaje cubano, de la autoría de María C. Werlaum. En ese artículo  se brindan  informaciones y estimaciones de varios exoficiales de la Inteligencia castrista que desertaron en diferentes momentos.
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El Buró Federal de Investigaciones reveló como durante décadas el régimen de La Habana recluta espías en los Estados Unidos y el peligro que representa la dictadura para la seguridad nacional.

Daniel Benitez News

31 de marzo, 2026

Cuba: un peligro para la seguridad de USA, el FBI revela cómo dictadura recluta espías y su labor


FBI – Federal Bureau of Investigation

31 march, 2026

Your FBI: Counterintelligence - Cuba: The Neighborhood Spy

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DE LOS ARCHIVOS DEL BLOG BARACUTEY CUBANO


HISTORIAS DE ESPIAS  EN LA VIDA DEL EXILIO

Por Pablo Alfonso
El Nuevo Herald
Florida
E.U.
Infosearch:
José F. Sánchez
Jefe de Buró
E.U.
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Abril 2, 2006

Cuando Cucú Bringuier Rodríguez supo que había estado conviviendo en su apartamento de Miami con un espía castrista se pegó un tiro en la cabeza. A sus 79 años eso era mucho más de lo que su condición de ex preso político y su estado emocional podían soportar.

El suceso conmocionó en su momento al exilio cubano de Miami. Ocurrió en el verano de 1998. El cuerpo de Bringuier fue encontrado en la cama de su apartamento y un hilillo de sangre corría desde el sitio en la barbilla donde se disparó.

Esa es la explicación oficial. Ruth Montaner, entonces una activista de derechos humanos, recuerda que Bringuier le comentó durante un almuerzo en el Restaurante Versailles: ``¡He estado viviendo con un espía!''.

Días después la llamó de nuevo porque, según dijo, ''tenía algo urgente que decirle''. Nunca llegaron a verse y ella siempre dudó de la versión oficial.

''Mi opinión no es que se suicidó sino que lo suicidaron'', aseguró Montaner.

La trágica historia de Bringuier forma parte de una cadena de sucesos relacionados con el espionaje castrista en Miami. En el último cuarto de siglo esas historias de espías -- autoproclamados y arrepentidos, descubiertos o destapados por la propia dictadura castrista --, han acaparado la atención de los medios locales de prensa, enrarecido el ambiente de los grupos de exiliados políticos y alimentado comentarios y rumores de todo tipo en los peñas de exiliados cubanos, que se dan cita en los más conocidos restaurantes y cafeterías de la ciudad.

Este recuento, sustentado en los archivos periodísticos, intenta servir de contexto a los más recientes episodios del espionaje castrista en el exilio:

• El encausamiento de Santiago Alvarez y Osvaldo Mitat, arrestados por un presunto contrabando y posesión de armas, supuestamente denunciado a las autoridades por un colaborador de ambos y que algunos sospechan es un agente de la inteligencia cubana.

• El arresto de dos profesores de la Universidad Internacional de la Florida, los esposos Carlos Alvarez y Elsa Prieto, acusados de ser presuntos espías.

• Y el más publicitado caso de los integrantes de la llamada Red Avispa, juzgados bajo cargos de espiar en favor del gobierno cubano, cinco de los cuales esperan una revisión de su caso.

Lo cierto es que la comunidad exiliada ha estado siempre en la mira de la Dirección General de Inteligencia (DGI) del Ministerio del Interior.

''Normalmente el Departamento 14 de la Contrainteligencia mantenía constantemente 400 agentes de
 ellos infiltrados en el exilio de Miami'', afirmó Juan Antonio Coqui Rodríguez Menier, ex mayor de la inteligencia cubana.

(Juan Antonio Coqui Rodríguez Menier)

En enero de 1987, Rodríguez, su mujer -- ex secretaria personal de José Abrahantes, entonces ministro del Interior en Cuba -- y sus cuatro hijos, cruzaron la frontera entre Hungría y Austria a bordo de un vehículo con matricula diplomática y se pusieron en manos de la embajada de Estados Unidos en Viena.

''El hecho de que estos agentes cubanos fueran atendidos por la Contrainteligencia y no por la Inteligencia como debía ser, se debía a que Fidel considera el exilio cubano como territorio cubano'', aseguró Rodríguez.

Durante los últimos 25 años, la inteligencia cubana infiltrada en el exilio ha mantenido casi inalterable el mismo patrón de conducta.

• Utilizar los medios de comunicación para dividir a los exiliados en torno a temas políticos controversiales.

• Sembrar la desconfianza entre los grupos políticos.

• Promover acciones de los exiliados que desacrediten su agenda política.

• Informar al Buró Federal de Investigaciones (FBI) de las actividades de grupos de exiliados, para implicar a las autoridades estadounidenses en su persecución.

• Alentar la emigración ilegal de cubanos a Estados Unidos como válvula de escape a los problemas internos del régimen y, a su vez, apuntalar su agenda política exterior contra las leyes migratorias norteamericanas que favorecen a los cubanos.

• Recabar información personal de todo tipo sobre exiliados cubanos que se han destacado en cualquier área.


El matrimonio de espías

La tragedia de Bringuier comenzó el 9 de julio de 1993 con la llegada a Miami Beach de Iván Luis, entonces de 48 años, y su esposa, María Elena Reyes. Arribaron a la playa en una embarcación con otros 25 refugiados. Contaron una historia muy común. Varios días en el mar, desembarco en Bahamas, y dinero enviado por familiares en Miami para contratar a un contrabandista que los trajera a la Florida.

Cinco años más tarde Luis ya se había relacionado con la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), el Ex-Club, el Centro Cubano de Investigaciones Militares y la Unión de Oficiales y Soldados Libres, un grupo encabezado por el ex coronel de la Fuerza Aérea cubana, Alvaro Prendes, ya fallecido.

Fue el reportero del Canal 23, Rafael Orizondo, quien primero identificó a Luis como espía. Para entonces el hombre ya había desaparecido de su trabajo como chofer de una compañía de servicios médicos. Atrás dejaba una cuenta de teléfonos de $5,000 y la certeza de que había obtenido valiosa información de cuentas bancarias de prominentes exiliados y organizaciones.

En Cuba fue identificado como un teniente coronel de la Contrainteligencia y su esposa como capitana del Ministerio del Interior.

El reverendo Espinosa

Desde su templo en Hialeah, el reverendo Manuel Espinosa fue unos de los primeros en promover el diálogo con Castro y con su encendida prédica motivaba a su congregación pentecostal para que orara por el fin del embargo estadounidense a Cuba.

Fue miembro de la junta ejecutiva del Comité de los 75, el grupo que llevó adelante la negociación con el régimen castrista en 1978 que condujo a la liberación de casi 3,000 presos políticos y sentó las bases para las visitas familiares a Cuba de los exiliados residentes en Estados Unidos. En 1980, cambió inesperadamente su posición y, en una serie de conferencias de prensa que recibieron amplia publicidad, acusó a algunos de sus promotores de ser agentes de Cuba.
(Manuel Espinosa)

Espinosa explicó sus actividades, revelando que había actuado bajo las órdenes de la DGI y del coronel Méndez Cominches. Calificó el diálogo como un vehículo de penetración de la inteligencia de Cuba. Mencionó nombres, pero sus alegaciones no condujeron a ningún arresto.

''Eran ordenes de Castro'', aseguró. ``Se me dijo que penetrase a la comunidad, que sobornase a políticos, que publicase periodiquitos''.

Se convirtió en consultor de seguridad, investigador privado y comentarista radial. Su programa En Voz Alta se escuchó diariamente por la WQBA, dos veces al día y seis días a la semana, desde 1981 hasta el 30 de octubre de 1983.

El 26 de febrero de 1983 Espinosa fue blanco de un fallido atentado. La policía halló un paquete que contenía varios detonadores y fulminantes debajo de una de las ruedas traseras de su Lincoln Continental rojo modelo 1976. Dos libras de explosivo plástico C-4 se encontraron bajo el asiento del chofer.

En 1987 el juez de distrito federal Thomas Scott sentenció por estos hechos a Jorge Alberto Kairuz y a Francisco de la Paz. Ambos se declararon culpables. Kairuz fue condenado a tres años de prisión, y de la Paz, entonces detenido por cargos no relacionados, recibió una sentencia suspendida a tres años y cinco años de libertad bajo palabra.

Espinosa falleció el 5 de agosto de 1987 de un ataque al corazón a los 48 años.

El padre del Mariel

Napoleón Vilaboa es más recordado entre los exiliados cubanos como El Padre del Mariel que como colaborador del gobierno cubano.

A raíz del ingreso de miles de cubanos en la Embajada de Perú en La Habana, en 1980, Vilaboa exhortó en Miami a los exiliados para ir a recoger a sus familiares. Partió para la isla a bordo de una nave pesquera de 41 pies llamada Ochún, al frente de una pequeña flotilla. Así se inició el puente marítimo Mariel-Cayo Hueso.

Vilaboa desapareció de Miami, pero en 1989 regresó para darle la razón a sus críticos: había actuado siguiendo las instrucciones del régimen cubano.
(José Napoleón Vilaboa)

Durante una amplia entrevista concedida entonces a The Miami Herald, Vilaboa reveló que sus tratos con el gobierno de Castro comenzaron en 1968, cuando lo reclutó el polémico reverendo Manuel Espinosa. Su misión, dijo, era promover relaciones entre la comunidad de exiliados y el gobierno cubano.

'Espinosa concertó tres reuniones con Ricardo Alarcón, el enviado cubano a Naciones Unidas. Discutieron la idea de Vilaboa para crear una apertura, relata, y se le nombró capitán del servicio de espionaje cubano, el DGI. En dos `ceremonias' posteriores, en La Habana, se le ascendió primero a comandante y después a teniente coronel'', según afirmó Vilaboa en la entrevista.

Vilaboa vivió oculto en Costa Rica hasta que regresó a Miami, donde aún vive. Asegura que toda su actividad anterior estuvo encaminada a penetrar las filas del régimen cubano.

El jefe militar de Alfa 66

Francisco Avila Azcuy llegó a Miami el 11 de noviembre de 1979. Había estado preso en Cuba desde 1987, tras ser capturado cuando intentaba infiltrarse en la isla.

''En una ocasión que salí de permiso de la prisión en 1976 hice contacto con alguien en La Habana. Ese alguien me hizo saber que era de interés que si los órganos de la Seguridad del Estado trataban de captarme -- como lo habían hecho con otros -- que me dejara captar, ya que la mejor manera de luchar contra el gobierno era desde dentro. Así pasó y asi nació Adán. Llegué a Estados Unidos como el agente Adán de la Seguridad del Estado cubana'', declaró Avila al Herald, cuando en 1992 reveló sus actividades.

Instalador de losas en Miami, Avila fue contactado en Miami por la Seguridad cubana y según él mismo ha revelado de inmediato comenzó a pasarle información al FBI. Se convirtió en doble agente, al mismo tiempo que ocupaba la jefatura militar de Alfa 66. En esa función mantuvo al FBI al tanto de las instrucciones que recibía de Cuba, así como de las actividades subversivas que planificaba Alfa 66.

''Los agentes de Castro aquí instigaban acciones de manera que él pudiera después calificarlos de terroristas'', declaró.

Según afirmó Avila, sus jefes en la inteligencia le entregaron a finales de la década del 80 y principios de los 90, dinero en efectivo para financiar tres ataques de exiliados, ''tiroteos desde el mar, frente a las costas cubanas'', y en una ocasión le dieron $12,000 para que comprara una embarcación que luego le ofreció a Alfa 66.

''El régimen cubano trabaja muy bien en eso de los ataques contra él mismo'', dijo a la prensa.


Espía de TV-Martí

José Rafael Fernández Brenes, un desconocido empleado de la televisión cubana desertó de la isla en 1988 durante un viaje al extranjero. Poco tiempo después fue subcontratado como productor en el proyecto de TV Martí, primero en Washington y más tarde en Miami.

Fernández Brenes regresó a Cuba el 12 de junio de 1991, donde fue presentado a bombo y platillo por los medios de prensa del régimen como el agente Orión, quien durante tres años estuvo infiltrado en TV Marti.

Durante su entrevista en la televisión cubana, Fernández Brenes, entonces de 52 años, dijo ser un veterano agente de la contrainteligencia cubana para la cual trabajaba desde hacia 15 años.

Según afirmó, su misión era penetrar TV Martí y brindar información que posibilitara a las autoridades cubanas interferir esa señal televisiva, desde que salió al aire por primera vez a principios de 1990.

''TV Martí nació interferida porque desde Washington manteníamos informado al gobierno cubano sobre los detalles del proyecto'', dijo Fernández Brenes.

Juan Pablo Roque

La historia de Juan Pablo Roque ha sido quizás la más publicitada de todos los espías castristas que han operado en Miami.

Roque está vinculado a la llamada Red Avispa y ha sido encausado por el asesinato de cuatro pilotos de Hermanos al Rescate, que volaban en dos avionetas derribadas en aguas internacionales por cazas cubanos el 24 de febrebro de 1996.

Piloto cubano de un Mig, que nadó hacia la Base Naval de Guantánamo en 1992, y a quien se le dio asilo político en Estados Unidos, Roque se infiltró en la organización Hermanos al Rescate donde voló en varias misiones de rescate de balseros.

También frecuentó varios grupos exiliados, entre ellos la Fundación Nacional Cubano Americana, que le publicó un libro sobre su supuesta historia.

Contrajo matrimonio y se estableció en Kendall, desarrollando una vida familiar aparentemente normal.

Un día antes del derribo de las avionetas desapareció de Miami Reapareció en La Habana asegurando que había sido un informante del FBI y acusó al grupo de Hermanos al Rescate de conspirar para realizar ''actividades terroristas'' contra Cuba. Informes de prensa aseguran que el FBI admitió haberle pagado a Roque casi $7,000 por mantenerlo informado sobre las actividades de Hermanos al Rescate.

Respondiendo a una pregunta sobre este tema, el ex oficial de la inteligencia Rodríguez Menier, dijo que ``los oficiales cubanos algunas veces le orientaban a sus agentes en Miami, o en cualquier otro lugar, tanto si eran cubanos como extranjeros, hacer contacto con el FBI y otros servicios especiales, tanto americanos como de otras naciones, por distintas razones, como desinformarlos, obtener una información, etc''.

''Por otra parte, muchos agentes cubanos le daban información al FBI y a otros servicios especiales esperando recompensa, pero sin decirle que eran agentes cubanos'', afirmó.
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RCR Clips
2015 ó 2016
Juan Antonio Rodriguez Menier ¨Coqui¨  im Gespräch


A Cuba Noticias

DENUNCIA AL AGENTE CASTRISTA JUAN ANTONIO RODRÍGUEZ MENIER!


Cuba Auténtica

El Ministro del MININT José Abrantes ayudó a Juan Antonio Rodríguez  Menier a desertar.



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America Noticias USA
2013 ó 2014

Régimen cubano busca infiltrar espías en EE.UU. - América TeVé


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El hombre que acabó con red cubana de espionaje

 Levy, quien trabajó para Castro, reveló al FBI la existencia de la Red Avispa

Por  Wilfredo Cancio Isla
sep 13 2013 00:07

Edgerton Ivor Levy se ha refugiado en el trabajo, el amor a la familia y el disfrute de las bondades simples de la vida. El hombre que fue pieza clave para el desmantelamiento de la mayor red de espionaje cubano en Estados Unidos en cinco décadas, prefiere estar alejado del acontecer público y trabaja en silencio para dejar testimonio escrito de su experiencia como agente de inteligencia enviado por La Habana.

Por estos días acaba de concluir un libro que narra sus vivencias desde que fue captado y preparado por los servicios de inteligencia castrista para venir a Miami con la máscara de un desertor que huye con su familia. Acompañado por su esposa y el hijo de ambos, de 4 años, Levy llegó a Cayo Hueso el 24 de junio de 1993, en un simulacro de salida ilegal desde la base de Tropas Especiales en Jaimanitas, al oeste de La Habana. “Cuando el FBI decidió acabar con la actividad de la red, tenía una gran incertidumbre en cuanto a cómo iba a ser interpretada nuestra participación en estos hechos”, comentó Levy, de 64 años, en entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS. “De ahí que en enero de 1999 opté por comenzar a escribir y dejar aclarado por qué me encontré envuelto en estos acontecimientos”.

La misión encomendada a Levy y su esposa, entrenados como los agentes Ariel y Laura, de la Dirección de Inteligencia (DI) cubana, era a largo plazo. Habían recibido entrenamiento técnico y preparación sicológica para asentarse en el área de Miami, sobrevivir por su propia cuenta y emprender las tareas de penetración en la comunidad exiliada. Pero el matrimonio, ambos profesores de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, decidió asumir la encomienda como una oportunidad única para escapar de la isla. Y tras el arribo a Estados Unidos, buscó de inmediato comunicarse con el FBI para revelar los verdaderos propósitos de su aparente fuga fantástica a Miami. De manera que las autoridades estadounidenses tuvieron conocimiento del caso desde que Levy entró en contacto con el jefe de la Red Avispa, Gerardo Hernández, a mediados de 1994.

Diez de sus integrantes fueron arrestados en la madrugada del 12 de septiembre de 1998, mientras al menos seis escaparon a Cuba. La red estaba integrada por al menos 27 miembros, entre agentes y oficiales ilegales. Con posterioridad, otros dos agentes fueron arrestados y dos más terminaron deportados a la isla. Cinco de ellos fueron condenados a largas sentencias de prisión en el 2001. Levy sostiene que el responsable por el desmantelamiento, arresto y encausamiento de los miembros de la red no es otro que Fidel Castro. “Al ordenar Fidel Castro el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate [en 1996], involucró a miembros de la Red Avispa en ese crimen y el FBI se vio obligado a tratar el caso como una actividad criminal… Eso explica la obsesión de Fidel Castro con este caso y sus promesas de que volverán”.

Cuba despliega actualmente una intensa campaña propagandística para la liberación de los cuatro agentes que permanecen encarcelados en Estados Unidos, presentándolos como héroes y luchadores antiterroristas. Pero Levy tiene otra versión sobre lo que constituyó un complejo andamiaje de penetración en el sur de la Florida. “El verdadero objetivo del espionaje cubano en Estados Unidos es el trabajo de penetración e influencia en las esferas de Gobierno, militar, académica, medios de prensa y organizaciones sociales”, manifestó Levy. “Los casos de Ana Belén Montes, la espía sembrada por Cuba en el Pentágono, y el matrimonio de Kendall y Gwendolyn Myers, que por 30 años pasaron secretos del Departamento de Estado a La Habana, prueban del empeño del régimen en vulnerar la seguridad nacional estadounidense”.

Según el exagente, desde que inició sus actividades en el sur de la Florida, la Red Avispa dirigió sus principales esfuerzos a penetrar el Comando Sur, mediante la “Operación Surco”, que fue una prioridad planteada por el general de brigada Eduardo Delgado Rodríguez, jefe de la Dirección de Inteligencia, aún antes de que el Comando Sur se trasladara para Miami en 1997. A mediados de 1996, el matrimonio de los agentes Joseph Santos y Amarylis Silveiro -que se declararon culpables y cooperaron con las autoridades estadounidenses- comenzó la realización de un levantamiento operativo del área donde se alzarían las edificaciones del Comando Sur.

Ambos agentes habían sido originalmente preparados para trabajar contra la Estación Aeronaval de Roosevelt Roads, en Puerto Rico, antes de recibir instrucciones de reubicarse en Miami. “Las órdenes y la supervisión correspondían al oficial Hugo Soto”, recordó Levy. Soto, que escapó a Cuba a raíz del desmontaje de la red de espionaje, aparece en los documentos desclasificados por la fiscalía con los alias de Ricardo Villarreal, Horacio y Roco. Levy y Soto se conocían de Cuba y se reencontraron en Miami. Soto había cumplido una misión anterior en México, donde fundó una agencia de turismo con el apoyo monetario de la familia de su esposa mexicana. “La agencia de turismo le permitió trasladarse por América Central para mover armamentos y explosivos”, señaló Levy. “Él me confesó que estuvo vinculado al atentado contra [Luis] Posada Carriles en Guatemala en 1990, pues trasladó las armas y se las entregó a quienes realizaron la acción”.

Una vez establecido en Estados Unidos, Levy tenía la orientación de asistir a una reunión el primer y tercer domingos de cada mes en las afueras de una tienda K-Mart en North Miami. Debía ir con un libro bajo el brazo y vestido con una gorra, pulóver blanco, jeans y tenis, y repetir la visita horas después. Cuando ya estaba dudando de que lo contactarían, en mayo de 1994 se produjo su primer encuentro con Gerardo Hernández, quien lo abordó con la contraseña acordada en Cuba. “Yo dejé en Cuba unos yugos que eran un recuerdo de mi padre y él tenía que entregármelos aquí preguntándome si había perdido algo”, relató. Levy mantuvo relaciones con los oficiales ilegales Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Fernando González, Hugo Soto y alias Remigio Luna. No conoció personalmente a ningún agente de la red, aunque supo de la actividad que realizaban algunos de ellos.

En 1997, el oficial Ramón Labañino -quien cumple una condena de 30 años- asumió la supervisión del trabajo de Levy. Labañino, un especialista en la penetración de objetivos militares, fue asignado para dirigir la infiltración en el Comando Sur. Entre 1993 y finales de 1996, se mantuvo operando contra la base de la fuerza aérea de Mac Dill, en Tampa, donde se controla y dirige el tráfico aéreo militar de Estados Unidos hacia y desde el Caribe, Centro y Suramérica. “Labañino era un tipo de comportamiento violento y un virulento defensor del régimen. Tuvimos discusiones bien serias en más de una oportunidad y nos amenazaba constantemente con enviarnos de vuelta a Cuba si no teníamos resultados operativos”, explicó Levy.

Levy fue instruido por Labañino para penetrar el círculo cercano de los congresistas cubanoamericanos Ileana Ros-Lehtinen y Lincoln Díaz-Balart, con la tarea de obtener “resultados inmediatos”. “La idea era tratar de llegar a conocer cosas que podían ser utilizadas en contra de los congresistas, como elementos de su vida personal, para desprestigiarlos y socavar la importancia de su labor en la comunidad”, explicó. Al preguntársele si estaría a favor de la liberación de los cuatro agentes que aún siguen presos, respondió: “Cuando me decidí a cruzar el Estrecho de la Florida, arriesgando la vida de mi esposa y la de mi hijo menor, sabía a lo que me atenía. Cuando decidí no prestarme a realizar actividades ilegales en este país, estaba seguro que de haberlo hecho habría consecuencias. Estamos hablando de personas que no fueron obligadas a hacer lo que ellos determinaron hacer y por lo tanto, deben atenerse a sus decisiones”, opinó.

Confesó que el peor trauma que le tocó vivir en estos años fue “el sentimiento de inseguridad de lo que podría acontecer y los riesgos a que ha estado sometida mi familia”. “Es algo que ha prevalecido siempre”, afirmó Levy. “El estrés a que estuvo sometida mi familia fue desgarrador”. La pareja dejó detrás a hijos tres hijos, una hembra y dos varones, de matrimonios anteriores. “Afortunadamente, hoy día todos están con nosotros”, manifestó con evidente satisfacción. “Ya tenemos cinco nietos, nacidos en este país de libertad”. ¿Cómo te gustaría que te recuerde la historia? “Como alguien que quiso poner al descubierto las verdaderas intenciones de Fidel Castro hacia Estados Unidos, en detrimento del pueblo cubano”. ¿Y te imaginas en algún momento regresando a Cuba? “Realmente no, pero voy a sentir una inmensa alegría el día que vea renacer una Cuba democrática”.

Miembros de la red que cooperaron con Estados Unidos

Alejandro Alonso:
Agente Franklyn y 0-5, Residente en Miami. Misión: Infiltrarse en bases militares y organizaciones de exiliados como el Movimiento Democracia. Sentenciado a siete años.


Esposos Linda y Nilo Rodríguez:
Alias Los Juniors, agentes Judith y Manolo. Residentes en Miami. Misión: espiar la Base Aérea de Homestead y la Base de la 82 División de Infantería Aerotransportada en Fort Bragg, Carolina del Norte. Sentenciados a siete años cada uno.


Esposos Joseph y Amarylis Santos:
Agentes Julia y Mario. Residentes en Miami. Misión: penetrar las redes de computación del Comando Sur. Sentenciados a cuatro años (Joseph) y tres años y seis meses (Amarylis).


Esposos George y Marisol Gari:
Agentes Luis y Margot. Residentes en Florida. Misión: observación de la Base Aérea de MacDill (Tampa) e interceptación de correspondencia de cubanoamericanos fichados por la inteligencia cubana, valiéndose de que Marisol era empleada del Servicio Postal en el Aeropuerto de Miami. Sentenciados a siete años (George) y tres años y seis meses (Marisol).


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Selección  de revelaciones  de Ed Levy  (el agente Ariel para la Inteligencia castrista) donde se  muestra el peligro que era la Red Avispa de espionaje  para la Seguridad de los Estados Unidos de América-

 Ed Levy escribió  el libro  Nadie me lo contó: La verdadera historia de la red avispa y el espionaje cubano en Estados Unidos, donde testimonia su papel  como doble agente, ya que fue él, el que  se acercó al FBI  para darle a conocer  su misión como el espía Ariel  integrante de una red de espionaje de la Inteligencia de los Castro. .

 

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Comparecencias televisivas de Ed Levy

Primera 


Segunda 


Tercera

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 HISTORIA CLAVE DE LA GUERRA DE INTELIGENCIA: ¿Quién fue Florentino Aspillaga?


Por Mario Vallejo
Periodista
31 de marzo, 2026

Hablar de Florentino Aspillaga Lombard es hablar de una de las deserciones más incómodas y reveladoras en la historia de los servicios secretos durante la Guerra Fría en el Caribe.

De agente del régimen a desertor clave


(Florentino Azpillaga Lombard y el también desertor de la DGI  castrista  Capitán Enrique García) 

Florentino Aspillaga Lombard fue un oficial de la inteligencia cubana que trabajó durante años en el aparato de espionaje del régimen de Fidel Castro. Su especialidad estaba en el área de intercepción de comunicaciones y operaciones electrónicas, un campo estratégico en plena confrontación entre Cuba y Estados Unidos.

Durante su tiempo en el servicio, tuvo acceso directo a operaciones sensibles vinculadas al seguimiento de actividades de la CIA contra Cuba.

La revelación que sacudió a Washington

En 1987, Aspillaga tomó una decisión que cambiaría su vida y generaría un terremoto silencioso en el mundo de la inteligencia: desertó y huyó a Estados Unidos.
Allí, bajo protección, entregó información que dejó en evidencia uno de los mayores fracasos de la CIA en Cuba:

Según su testim onio, muchos —incluso la mayoría— de los supuestos agentes que la CIA creía tener infiltrados dentro del régimen cubano en realidad eran agentes dobles, controlados por la inteligencia de La Habana.

En otras palabras: la red de espionaje estadounidense en Cuba estaba profundamente comprometida… y el régimen lo sabía.

Una guerra de inteligencia que Cuba supo jugar

Las revelaciones de Aspillaga confirmaron algo que durante años fue sospecha:
la inteligencia cubana, heredera de estructuras influenciadas por la KGB, había logrado infiltrar, manipular y desinformar a su principal adversario.

Esto permitió al régimen:
   •   Identificar y neutralizar opositores
   •   Desmontar operaciones encubiertas
   •   Alimentar información falsa a EE.UU.
   •   Mantener control total sobre su seguridad interna

 El golpe a la credibilidad de la CIA

El testimonio de Aspillaga fue considerado uno de los más dañinos para la imagen de la CIA en América Latina.

No se trataba solo de espionaje fallido, sino de algo peor: una falsa percepción de control dentro de un sistema donde, en realidad, Washington estaba siendo observado y manipulado.

(Florentino Azpillaga y  ¨El chino¨ Tang)

Durante años, muchos detalles permanecieron clasificados, pero su caso sigue siendo citado como ejemplo de contrainteligencia efectiva por parte de Cuba.

Su vida en el exilio

Tras su deserción, Aspillaga vivió en Estados Unidos bajo protección, alejado del foco público. Como muchos desertores de alto nivel, su vida estuvo marcada por el silencio, la vigilancia y el riesgo constante.

A pesar de la relevancia de sus revelaciones, nunca fue una figura mediática. Su papel fue más profundo que visible: el de quien revela un sistema desde dentro.

Su muerte y legado

Florentino Aspillaga Lombard falleció en el exilio (en Estados Unidos), dejando detrás un legado incómodo pero crucial:

   •   Demostró el alcance real del aparato de inteligencia cubano
   •   Expuso fallas estructurales en operaciones de la CIA
   •   Confirmó que la guerra entre Cuba y EE.UU. no solo se libraba en política… sino en las sombras

 Conclusión

El caso Aspillaga no es solo una historia del pasado. Es una advertencia:
En inteligencia, lo más peligroso no es no tener información… sino creer que la tienes cuando en realidad te la están fabricando.

Y en ese juego, durante años, Cuba no fue el objetivo.

Fue el jugador.

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Napoleón Bravo (BRAVO24)
2024 pero quizás 2020
Habla Enrique García  un  ex oficial cubano formado en la KGB y su trabajo en el G2 y la CIA en nuestros países


2020
Confesiones sobre Venezuela y Cuba de un G2 cubano y colaborador de  la CIA



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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano:

 Ernesto Borges quien fuera detenido en 1998, fue excarcelado en el año 2025  después de 27 años de prisión; aún se encuentra en Cuba.



 En el programa televisivo  Cuba y su Historia correspondiente al 24 de abril de 2016.   el conductor José A. Albertini entrevista a Raúl  Borges Alvarez  ex oficial de la Contrainteligencia  que es padre del ex oficial de la Seguridad del Estado  Ernesto Borges (graduado de la KGB soviética con Diploma Rojo o Summa Cum Lauden) quien  está preso en Cuba desde hace 19 años  por intentar entregar  a diplomáticos  de EE.UU. una lista de ¨ espías carnadas¨ que irían a infiltrarse en los EE.UU. 

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miércoles, octubre 15, 2025

Dos perspectivas sobre el fracaso en 1895 del Plan de la Fernandina; un plan de José Martí para ayudar a lograr la independencia de Cuba

 Contarte Historias

14 de octubre, 2025

La Fernandina: El día que Washington traicionó a Martí.



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DE LOS ARCHIVOS DEL BLOG BARACUTEY CUBANO 

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Para ser justo, debo decir que Nydia Sarabia en su libro Noticias confidenciales sobre Cuba, 1870-1895,publicado en Cuba en 1985, detalla como gracias a Horatio S. Rubens, periodista norteamericano y abogado amigo de José Martí, y a la independencia del Poder Judicial dentro del gobierno norteamericano se logra recuperar buena parte de la expedición de La Fernandina, algo que en la tiranía Castrista siempre se ha tratado de ocultar y que antes del triunfo de la Revolución tampoco fue muy conocido. En la monumental obra en 10 tomos Historia de la Nación Cubana, publicada en 1952, sí aparece algo de esa devolución si mal no recuerdo; dejo eso a los especialistas.

Una digresión: fue Nydia Sarabia la que al encontrarse de casualidad con Dulce María Loynaz y empezar a hablar en una cola de la leche, y conocer que al periodista Pablo Álvarez de Caña, segundo esposo de Dulce María y el amor de su vida, no lo dejabala dictadura regresar a morir en Cuba, habló con Celia Sánchez Manduley y esta pudo obtener el permiso del régimen por su estrecha relación con el tirano. El otrora famoso periodista de las crónicas sociales de El Diario de La Marina pudo morir en Cuba y al lado de su amada esposa Dulce María que no quiso irse de Cuba con él porque ¨la hija de un general no se va de su país¨.Dulce María Loynaz era hija del Mayor General del Ejército Libertador Enrique Loynaz del Castillo, el autor del Himno Invasor.

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Efemérides de la Contrarrevolución Cubana

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En vez de por agentes Pinkerton a sueldo de España, el gobierno estadounidense se enteró de que los yates podrían ser parte de una expedición filibustera por obra de un vulgar informante
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Por Arnaldo M. Fernández
Broward
13/11/2019

EL 14 de noviembre de 1894, José Martí escribió al general Serafín Sánchez acerca del deber de vigilar a ciertos personajes que rondaban por el exilio y posaban a favor de la revolución, pero eran más bien contrarrevolucionarios por espiar contra ella [1]. Semejante situación se da hoy a la inversa con personajes exiliares que posan contra la revolución de Fidel Castro y no hacen más que perpetuarla, pero vayamos al grano martiano.

Para el 11 de enero de 1985, un periódico de Nueva York sacaba que las compañías de seguro habían cancelado las pólizas de los yates Langonda y Amadis por sospecha de filibusterismo o contrabando hacia Nicaragua, Honduras o Haití [2]. Cuba quedaba fuera de sospecha, pero así se anunciaba ya el fiasco del Plan de Fernandina para librar otra guerra contra España.

Bandada de totíes

Aunque Martí mismo nunca pudo resolver la disyuntiva entre “la cobardía y acaso la maldad de [Fernando] López de Queralta” [3], la historia oficial pasa como estudio martiano echar la culpa a este coronel mambí, amén de inventar que “el puerto de Fernandina era un hervidero de agentes federales, de policías [y] espías” hasta con la Agencia Nacional de Detectives Pinkerton metida en el potaje [4]. Toda la trama de esta noveleta histórica del aborto de la primera criatura de la revolución martiana se vino abajo con la labor investigativa del Dr. Antonio Rafael de la Cova [5], quien dio con verdades incómodas al espulgar contrarrevolucionariamente los Archivos Nacionales y Administración de Documentos (NARA), el Museo de Historia de Isla Amelia (FL) y los periódicos de la época.

(Almacén y muelle de Borden en Fernandina.)

López de Queralta no carga solito con la culpa del fiasco. Su falta personal más grave fue haber desobedecido a Martí y reportar como military articles un cargamento de armas que debió mandarse encubierto por tren a Fernandina. La compañía de ferrocarriles rehusó hacerlo, hubo que embarcarlo a escondidas y el plan se atrasó 11 días. Pero Martí mismo comparte la otra metedura de pata grave de López de Queralta.

Aquel coronel mambí temía caer en el jamo de la justicia estadounidense y propuso a Martí que, en vez de chartear embarcaciones con falsos motivos, se hiciera con el propósito claro de expedición filibustera, tal y como el propio López de Queralta había hecho en 1877 para que Marco Aurelio Soto llegara a la presidencia de Honduras. López de Queralta insistió en ir a ver a un corredor de barcos, al cual había revelado ya el plan. Y Martí fue, a pesar de saber que aquel corredor gozaba de dudosa reputación y no tenía barco disponible.

Turismo en Fernandina

Otro error de Martí consistió en registrarse con su nombre en el Club Social de Fernandina, al ser llevado hasta allí a principios de octubre por el coconspirador clave Nathaniel Borden, quien puso su almacén y muelle en Fernandina (Foto) a disposición de la revolución martiana, además de chartear en Nueva York los yates antemencionados y el vapor Baracoa. Por aquel descuido, las autoridades pudieron comprobar que Martí había estado en aquel puerto de la Florida [6].

Borden mismo levantaría sospechas desde que, en nombre de D. E. Mantell, alias de Martí, contrató a dos capitanes que se conocían entre sí. Tuvo que explicar que realmente lo hacía para clientes diferentes. La desconfianza se agudizó al tratar Borden de pasar por alto ciertas cláusulas del contrato de fletamento. Al cabo terminaría confesando —en careo con el capitán del barco ante el recaudador de aduanas— que trasegaba armas en el Lagonda.

A bordo de este yate arribaron el 9 de enero de 1985 los revolucionarios martianos Manuel Mantilla y Patricio Corona. El primero se presentó como John Mantell, hijo del otro Mantell ficticio [7], y ambos se explayaron en la cubichería de darse a conocer por toda Fernandina pagando tragos. A la hora del cuajo, en vez de trasladar todas las armas que traía el Lagonda al almacén de Borden, se pusieron nerviosos por la inminente inspección de aduana y lanzaron algunas cajas al agua, que fueron recuperadas por los aduaneros.

Orden público y chivatería

Fernandina distaba mucho de ser “hervidero de agentes federales, de policías [y] espías”. Sólo hirvió el recaudador de aduanas George Baltzell al calor de las normas legales [Secciones 5289-90 del Título LXVIII, Artículo 136 de los Estatutos Federales] inherentes a su cargo, que exigían retener cualquier nave cargada de armas y municiones bastantes para suponer que su salida de Estados Unidos obedecía al propósito de dar guerra en otro lugar.

En vez de por agentes Pinkerton a sueldo de España, como escribiría Nydia Sarabia, responsable de documentación del Centro de Estudios Martianos, el gobierno estadounidense se enteró de que los yates Lagonda y Amadis podrían ser parte de una expedición filibustera por obra y desgracia de un vulgar informante en Nueva York, James Batewell, quien avisó al Secretario del Tesoro John Carlisle, el 10 de enero de 1895, porque hervía de las ganas de llevarse la prima de recompensa prevista en caso de confiscación del cargamento.

Desenlace

El 12 de enero fue incautada la carga del Lagonda. Ni el yate Amadís ni el vapor Baracoa traían armas. Sólo este último atracó en Fernandina; aquel otro fue interceptado por la aduana y llevado a Savannah (GA) para registro. Ambos retornaron a Nueva York sin complicaciones. Igual rumbo tomaría el yate Lagonda, luego de que el abogado Horatio Rubens deshiciera el entuerto. Borden juró por su madre que eran suyas y no de Mantell todas las armas incautadas en este yate y las demás guardadas en su almacén. Rubens alegó que nada tenía de ilegal la mera compra, posesión e incluso embarque de armas. Sin otro cuanto de prueba, el fiscal federal Frank Clark ordenó a Baltzell devolver las armas a Borden y declaró: “Nothing more would be done by the government in regard to the affair”.

Coda

Rubens enviaría las armas en su propio nombre por tren a Filadelfia. De allí serían trasladadas a Wilmington (DE) hacia septiembre de 1895 con ánimo de meterlas en otra expedición a Cuba. Fidel Castro no sabía de qué estaba hablando el 14 de diciembre de 1960, en el Teatro de la CTC, al soltar que “lo que hacían era quitarles armas a las organizaciones revolucionarias, hacer lo que hicieron cuando La Fernandina, que es vieja la historia de estos alevosos imperialistas”.

Notas

[1] Obras Completas, La Habana: Editorial Nacional de Cuba (1963-73), III, 373 s.
[2] “Off on a Secret Cruise”, World, 11 de enero de 1895, 2.
[3] Carta a Máximo Gómez, [enero de 1895], O.c., ed. cit., IV, 17.
[4] Sarabia, Nydia: “El Plan de Fernandina y los espías del diablo”, Anuario del Centro de Estudios Martiano, Número 5, 1982, 200-09.
[5] “Fernandina Filibuster Fiasco: Birth of the 1895 Cuban War of Independence” [El fiasco de la expedición filibustera de Fernandida: Nacimiento de la Guerra de Independencia de Cuba en 1895], Florida Historical Quarterly, Verano 2003, 16-42.
[6] Un excelente reportaje documental de Oscar Suárez tras la huella de Martí en Fernandina y Jacksonville puede apreciarse en este mismo sitio.
[7] Este Manuel Mantilla era el hijo mayor, nacido en Cuba, del matrimonio de Manuel Mantilla con Carmen Miyares, quienes hospedaron a Martí hacia febrero de 1880 en Manhattan. Al fallecer el padre —el 12 de febrero de 1885— por enfermedad mitral del corazón, Martí regresó a vivir a casa de esta familia, que se había mudado a Brooklyn. De ahí que el 22 de enero de 1895, el ministro español en Washington, Emilio Muruaga, refiriera en cable a la administración Cleveland que Manolito Mantilla era “hijastro del Sr. Martí, el agitador cubano”.


© cubaencuentro.com
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Tomado de http://eichikawa.com

Fernandina: mito e ilustración

Por Arnaldo M. Fernández
Julio 2, 2010

sí como su ocurrencia de que «en Cuba solo ha habido una revolución» animó a la historia oficial, Castro consiguió ponerla en vilo con que «detrás de estos hechos está la CIA». Nydia Sarabia, por ejemplo, se sumó a la comparsa historiográfica de que la agencia de detectives Pinkerton era pionera de la CIA, con deliberada intención de uncir «El plan de Fernandina y los espias del diablo» (Anuario del Centro de Estudios Martíanos, mayo de 1982, páginas 200-209). Así, el fiasco del plan original de Martí para la «guerra necesaria» se habría malogrado por el enjambre de agentes federales, policías y espías estadounidenses que cayó sobre el puerto de Fernandina (Florida).

( Dr. Antonio de la Cova )

A quienes se les ocurren estas cosas para congraciarse con Castro suele aguardarles la mala suerte de chocar con investigaciones históricas rigurosas. Así como desguazó, entre otros muchos, el mito fidelista de que «El Tigre» González le había sacado los ojos a Abel Santamaría, el Dr. Antonio Rafael de la Cova espulgó tanto los periódicos como la correspondencia privada y gubernamental de la época para demostrar que ninguna CIA en cierne estuvo detrás del fiasco de la Fernandina y los cubanos, incluso Martí, tuvieron su tanto de culpa.

Sólo por razón de su cargo, el colector de aduanas George L. Baltzell indagó los pormenores de la flotilla organizada por Martí junto con el empresario de Fernandina Nathaniel Barnett Borden. Todo parece indicar que detrás de Baltzell no estaban «los espías del diablo»: seis meses después del incidente, Baltzell buscaba aún que el gobierno de los EE. UU. le reembolsara $5.02 gastados en telegramas oficiales.

Martí descargó la culpa sobre el coronel mambí Fernando López de Queralta, pero él mismo acompañó a López de Queralta a la oficina de un corredor de dudosa reputación, en busca de algo todavía más dudoso: un barco de vapor. De paso firmó el registro del Club Social y dejó así constancia de haber estado en Fernandina.

Borden había levantado tempranas sospechas al contratar a dos capitanes que se conocían entre sí para los yates Lagonda y Amadís, respectivamente, fletados en nombre del mismo cliente: D.E. Mantell (Martí). Al salir el Lagonda (enero 1, 1895) corría ya por los muelles de Nueva York el rumor de los yates «filibusteros», del cual se apropió enseguida el periódico amarillista World. Un editor telegrafió a Hall, corresponsal en Fernandina, para que estuviera atento a las «embarcaciones sospechosas» Lagonda y Amadís. Hall era también juez del condado y mostró de inmediato el despacho al aduanero Baltzell.

En el Llagonda venían Patricio Corona (alias Miranda) y Manuel Mantilla, quien se presentó como John Mantell, hijo de D.E. Mantell. Ambos empezaron a llamar la atención por frecuentar los bares de Fernandina. Entretanto un tal James Batewell llevó el rumor neoyorquino de la «expedición filibustera» hasta Washington, por carta al secretario del Tesoro, John G. Carlisle, con el declarado propósito de recibir la «recompensa» que concedía el gobierno en casos de confiscación de embarques ilegales.

Baltzell y Hall inspeccionaron sin contratiempos el Llagonda, pero al otro día el capitán Griffing reportó que se habían cargado unas «cajas sospechosas». Mantilla se puso tan nervioso que arrojó armas y cartuchos al agua, en vez de llevarlos a los almacenes de Borden. Baltzell terminaría por incautar el barco y avisarle a Frank Clark, fiscal de distrito del sur de la Florida. Mantilla y Corona se montaron en el primer tren que pasó para Jacksonville.

(Nydia Sarabia Hernández, Historiadora y Presidenta de Honor del Consejo Martiano de la Prensa Cubana, Ibrahim Hidalgo de la Paz, investigador del Centro de Estudios Martinanos y la periodista Miralys Sánchez Pupo, Presidenta del Consejo Martiano de la Prensa cubana)

Cuando la tercera nave (Baracoa) arribó a Fernandida (enero 13, 1895), el Savannah Morning News anunciaba ya que «la expedición estaba presuntamente bajo la dirección de Martí, el patriota cubano». Al día siguiente los aduaneros detuvieron al Amadis en Tybee Island (Georgia), pero sólo encontraron sacos de carbón. Sin embargo, el rumor de que esta nave conducía expedicionarios a Costa Rica propició que el gobierno tico enviara tropas de San José a Puerto Limón. Los exiliados cubanos allí cometieron la indiscreción de justificarse con que la expedición organizada en la Florida se enfilaba contra el régimen colonial español en Cuba.

Así y todo, la animosidad del «diablo» puede inferirse de la actuación del fiscal de distrito, quien autorizó enseguida la liberación de las naves Baracoa y Lagonda. Igual suerte corrió el Amadis en Savannah. Las armas fueron decomisadas en principio, pero al cabo se devolvieron todas a Borden, quien juró por su madre que no eran de D.E. Mantell. El fiscal Clark declaró que nothing more would be done by the government in regard to the affair.

-Foto: Florida House Inn en Fernandina © The Florida Times Union. En este hotelito paró Martí en febrero de 1893 y en octubre de 1894.

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CUBA SIGLO XIX. DECOMISO Y DEVOLUCION DE LA EXPEDICIÓN DE LA FERNANDINA. AUSENCIA CUBANA EN LAS CONVERSACIONES DE PARIS. ¿ QUIÉNES PIDIERON EL LICENCIAMIENTO MAMBI ?

( Muy breve fragmento de mi ensayo Ecos de Una Extraña Petición, Mención del Concurso Vitral 2000, concurso de la revista del mismo nombre de la Diócesis de Pinar del Río; el premio quedó desierto ...por las bases del concurso de haber recibido el premio se tenía que publicar )

Por Pedro Pablo Arencibia Cardoso


DECOMISO Y DEVOLUCION DE LA FERNANDINA

Es frecuente oír. para mostrar con un hecho la política norteamericana contra la independencia de Cuba, que el Gobierno norteamericano decomisó (realmente incautó provisionalmente) en 1895 las armas del plan de "La Fernandina" y que 33 expediciones, de 71 organizadas por el exilio cubano desde el comienzo de la guerra hasta el inicio de la participación norteamericana en la guerra, fueron confiscadas por las autoridades norteamericana124; pero, se omite que ya a los quince días, al cargamento del mencionado plan le fue levantado totalmente la incautación provisional que había efectuado el ejecutivo estadounidense (específicamente el Departamento del Tesoro, pues el Fiscal General se había opuesto a esa incautación provisional). Este levantamiento se debió a las gestiones legales del abogado norteamericano Horatio S. Rubens en los tribunales norteamericanos125 y eso mismo ocurriría con otras expediciones incautadas. La independencia de los poderes Ejecutivo y Judicial hizo posible esa solución.

( En Fernandina, la Florida House, en el número 20 de South 3rd Street, entre Atlantic Avenue y Ash Street, donde Martí se hospedaba y conoció del fracaso de la expedición. Gustavo J. Godoy, profesor de la Universidad de Jacksonville, logró que se reconociera la modesta construcción como un lugar histórico, y donde hizo instalar una placa que recuerda su importancia para la historia de Cuba.)

El gobierno de Grover Cleveland poco podía hacer ante pormenorizadas denuncias hechas por un gobierno español con el cual se tenían relaciones diplomáticas. Aunque debo aclarar, que el Presidente Cleveland no fue un simpatizante de inmiscuirse en los asuntos independentistas cubanos. Ese no sería el caso del gobierno de su sucesor, Williams McKinley, que se haría "de la vista gorda" ante muchos preparativos y expediciones de cubanos para pelear por la libertad de Cuba y que había declarado esas simpatías en su programa electoral aceptado en San Luis Mo.. el 18 de julio de 1896126. Esa posición de Grover Cleveland no era sólo con relación al caso cubano: en su discurso de toma de posesión como Presidente de los Estados Unidos había dicho:

Querellas extranjeras, no la tengamos con nadie. Ni nosotros en la casa ajena, ni en nuestra casa nadie. Sea nuestra política de independencia y de neutralidad: la política de Monroe, de Washington y de Jefferson: “ Paz, comercio y honrada amistad con todas las naciones; alianzas comprometedoras, con ninguna.127

No obstante las palabras anteriores, Cleveland en su último discurso como presidente planteó la necesidad que tendrían los Estados Unidos de reconocer la beligerancia cubana. Debo aclarar que durante el período de Cleveland se efectuaron más expediciones cubanas hacia Cuba que durante el período de McKinley, pero en esto tuvo mucho que ver el lógico agotamiento de los recursos materiales y humanos con el paso del tiempo y no con la represión gubernamental.

Todos estos elementos históricos no pueden dejar de ser señalados, pues, la credibilidad, la profesionalidad y el prestigio de las personas e instituciones que acometen la tarea de exponer sus criterios históricos pueden ser cuestionados. Emilio Roig de Leuchsenring y Ramiro Guerra estudiaron y criticaron al expansionismo norteamericano desde diferentes posiciones políticas, pero nadie, puede dudar de la profesionalidad con la que acometieron esa tarea.

AUSENCIA CUBANA EN LAS CONVERSACIONES DE PARIS

A finales del año 1898 se reunieron en la ciudad de París las delegaciones de los gobiernos de Estados Unidos y España para negociar las condiciones de paz entre ambos países. Es muy frecuente en Cuba resaltar el hecho de que Cuba no estuviera representada en esa reunión. Sobre esto deseo plantear lo siguiente:

En primer lugar diré que soy del criterio que debió existir una representación cubana; pero también, soy del criterio, que debió existir una representación de cada uno del resto de los países cuya suerte se estaba definiendo ( Puerto Rico, Filipinas, etc. ); aunque reconozco la existencia de motivos que engendrarían objeciones de Estados Unidos y España en aceptar delegaciones de estos últimos países, y la particular situación cubana (en cuanto a los antecedentes de las luchas separatistas) con respecto a las de esos otros países.

(John Hay, Secretario de Estado de EE.UU., firmando la ratificación del Tratado de París)

Con relación a la ausencia de la representación cubana a esas negociaciones, diré que España era la más interesada en que no existiera una delegación cubana en esas conversaciones. La razón fundamental que movía a esa actitud española era económica: que los Estados Unidos le pagaran a España la Deuda de Cuba, la cual ascendía a aproximadamente $500 millones128. La Deuda de Cuba era, entre otras cosas, el monto de lo que le había costado a España la guerra de Cuba y las de otros países desde décadas atrás. Con una representación cubana en esas negociaciones, era evidente para España que los Estados Unidos no asumirían el pago de esa deuda, y mucho menos, lo haría, la representación cubana. El resentimiento español hacia los cubanos, por éstos combatirlos durante años, también fue otro factor que movió al gobierno español a no admitir una representación cubana. Por otra parte, los Estados Unidos ya habían decidido mediante una resolución congresional: La Resolución Conjunta, cual iba ser el destino de Cuba.

Quiero señalar además, que en caso de que España hubiera aceptado la participación de una representación cubana a esas negociaciones, se hubiera presentado un gran problema: ¿ Quiénes conformarían esa representación ?.

La representación cubana debía representar, valga la redundancia, todos los segmentos del pueblo cubano. El pueblo cubano estaba conformado, sin caer en posiciones sectarias o idílicas, por independentistas, integristas, autonomistas, pacíficos, anexionistas, etc.

Ha sido una característica de la historiografía cubana el asumir implícitamente que la inmensa mayoría de los cubanos eran independentistas.

El historiador español Benavent, refiriéndose a un período anterior mediato a 1898, plantea:

... El liberalismo autonomista constituía la opción política mayoritaria de las clases medias cubanas; pero era una opción que no podía expresarse por las perversiones del sistema electoral y por el bloqueo político que la tupida red de unionistas, voluntarios del orden, integristas y conservadores, imponían.129

Pero es que aun dentro de las filas de tendencia independentista, existían serias discrepancias que dificultarían en gran medida la composición de una representación cubana formada por elementos de esta tendencia, o la elección de algunos representantes de esta tendencia para la conformación de una comisión mixta, donde las diferentes tendencias estuvieran representadas. Un ejemplo de lo anterior fueron las serias desavenencias que se manifestaron entre el Consejo de Gobierno cubano y el mando militar mambí durante la guerra, y las que después de terminada la guerra protagonizaron La Asamblea del Cerro y el Generalísimo Máximo Gómez y los seguidores de ambos. Debo señalar que la actitud del Generalísimo Máximo Gómez de desconocer la autoridad jurídica de la Asamblea, al entablar conversaciones con el enviado especial de McKinley, Robert P. Porter, sobre el asunto del empréstito para la disolución del Ejército Libertador, fue compatible con la decisión del gobierno de los Estados Unidos de desconocer toda agrupación cubana particular como representación del pueblo cubano, pues E.U. podía ser acusado de apoyar una u otra facción ( fundamentalmente por las potencias europeas ). Hasta que no se hicieran elecciones generales y libres, los Estados Unidos no reconocerían ninguna agrupación o institución como la legítima representación del pueblo cubano. Debo aclarar que la Asamblea ya había iniciado contactos sobre un empréstito con el señor Coen, quien en representación de entidades bancarias norteamericanas ofreció un empréstito suficiente para el licenciamiento del Ejército Libertador.130

Es evidente que todo lo anterior dificultaría el comienzo y la terminación de unas conversaciones cuyo objetivo inmediato era la firma de un tratado que diera un fin oficial y definitivo a la conflagración.



EL LICENCIAMIENTO MAMBI

El licenciamiento del Ejército Libertador es un asunto histórico que ha sido reiteradamente mencionado como un ejemplo del injerencismo norteamericano. Este hecho urge ser detalladamente expuesto según la verdad histórica, pues cuestiona, la actitud tomada por muchos de nuestros más destacados luchadores por la independencia cubana. Es insoslayable plantear que el asunto del licenciamiento fue tratado inicialmente en la carta de Calixto García al general norteamericano Lawton, de fecha 30 de septiembre de 1898, y en la proposición hecha por Manuel Sanguily y Juan Gualberto Gómez a la asamblea de La Yaya pidiendo el licenciamiento del mencionado ejército.

Las razones de esas peticiones eran el temor a que en un país devastado por la guerra hasta en sus últimos cimientos, una parte de ese ejército hambreado, carente de paga y sin rancho, se insubordinase y cometiera actos que atentaran contra el orden y la propiedad en las zonas rurales; originándose así, fricciones con el ejército interventor capaces de provocar enfrentamientos armados.131

(Tropas mambisas en la Loma de San Juan, Santiago de Cuba, julio de 1898)

A los Estados Unidos le convendría o no el licenciamiento, pero esa no fue la razón que primó en esa decisión.

En el licenciamiento del Ejército Libertador, las armas fueron entregadas como trofeo de guerra a los ayuntamientos cubanos, los cuales eran presididos en su inmensa mayoría por oficiales y sargentos del Ejército Libertador. Ningún norteamericano tocó un arma de ese desmovilizado ejército que tenía el compromiso moral de tomar nuevamente las armas si la soberanía de Cuba se veía amenazada. Los aproximadamente setenta dólares entregados por los Estados Unidos a cada desmovilizado no fue el precio de nuestros patriotas. Nuestros patriotas desde el más humilde soldado hasta el más renombrado de nuestros generales no lo hubieran admitido.

No rectificar la falsedad histórica sobre el licenciamiento del Ejército Libertador, es hacernos cómplice de una infamia hacia nuestros ya difuntos veteranos y hacia nuestro glorioso pasado. Además, este suceso no es necesario, al igual que muchos otros, para demostrar contundentemente la existencia del actual diferendo entre Cuba y Estados Unidos; aunque, parafraseando a Erich María Remarque en su novela "Sin novedad en el frente", nunca he visto ofender una pradera norteamericana a una sabana cubana, ni a la Sierra Maestra contender con Las Rocallosas. Los gobiernos pasan, las naciones casi siempre les sobreviven.

El tratamiento histórico que se le da actualmente al licenciamiento del Ejército Libertador, es en buena parte producto de la ignorancia. Gracias a Jorge Ibarra muchos cubanos de estos tiempos hemos conocido esa verdad por su libro ya citado.

Existen otros muchos hechos concernientes a estas relaciones bilaterales que no abordaré, pues, este articulo no pretende ser un exhaustivo ensayo pero abordaré algunos de los más conocidos.

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