Es un blog diario digital conformado con los artículos, opiniones, ensayos, etc. del Catedrático universitario Lic. Pedro Pablo Arencibia Cardoso sobre diferentes temáticas de la problemática cubana, actual e histórica, así como por noticias y artículos de otros autores que se consideran de gran interés para profundizar en la realidad cubana.
sábado, octubre 03, 2026
Video de María Werlau: ¿Cómo una Isla en Ruinas Controla Gobiernos y Espía al Mundo Libre?
¿Cómo una Isla en Ruinas Controla Gobiernos y Espía al Mundo Libre? | María Werlau
¿Cómo una isla empobrecida y con menos de 8 millones de habitantes logra proyectar una red de influencia, espionaje y desinformación a escala planetaria?
En esta intervención, María Werlau, directora ejecutiva de Archivo Cuba, detalla los cuatro pilares fundamentales con los que el régimen de La Habana ha logrado sostenerse en el poder, penetrar instituciones democráticas y ganar la guerra de las percepciones a nivel internacional:
1. Servicios de inteligencia e infiltración estratégica en gobiernos, academia y prensa.
2. Diplomacia hiperactiva utilizada como fachada para centros operativos de espionaje.
3. Un masivo aparato de propaganda y desinformación multilingüe.
4. Redes de relaciones públicas, manipulación de brigadas médicas y grupos de solidaridad internacional.
Capítulos:
00:00 Introducción y la paradoja del poder del régimen cubano
01:05 La transición postsoviética: Gramsci y la creación del Foro de São Paulo
02:46 La guerra de las percepciones y la impunidad internacional
03:27 1.er Pilar: Espionaje e infiltración en Estados Unidos y la región
04:28 2.º Pilar: Diplomacia desmedida y cobertura de inteligencia
05:59 3.er Pilar: El aparato masivo de propaganda global
06:42 4.º Pilar: Diplomacia médica, ICAP y manipulación social
08:33 El eje estratégico: Alianzas con China, Rusia e Irán
09:05 Conclusión: El fin de la subestimación estratégica de Cuba
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EEUU deporta a agente del régimen cubano que se infiltró en círculo de Luis Posada Carriles
Por Mario J. Pentón
2 de septiembre, 2026
SUMARIO
ICE deportó a Fernando Armando Valdés Pérez, ciudadano cubano-guatemalteco de 61 años, acusado por autoridades de EEUUde actuar como activo de la inteligencia cubana.
Según ICE, Valdés Pérez obtuvo fraudulentamente la residencia permanente en EEUU al ocultar sus vínculos con el régimen cubano y actividades de inteligencia desde la década de 1990.
Las autoridades afirman que infiltró comunidades de exiliados cubanos en América Latina y EEUU, y que llegó a ganarse la confianza de Posada Carriles.
El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) deportó el pasado 7 de agosto a Fernando Armando Valdés Pérez, un ciudadano cubano-guatemalteco señalado por las autoridades estadounidenses como un activo de la inteligencia de La Habana, dijeron las autoridades en exclusiva a Martí Noticias.
Valdés Pérez, de 61 años y residente de Kendall, fue detenido el 10 de julio en el Aeropuerto Internacional de Miami durante una operación administrativa de inmigración en la que participaron ICE, el Buró Federal de Investigaciones (FBI), y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP).
Según un comunicado de ICE enviado a esta redacción, una investigación determinó que Valdés Pérez obtuvo fraudulentamente la residencia permanente en Estados Unidos al ocultar deliberadamente su verdadera relación con el régimen cubano.
La agencia aseguró que Valdés Pérez operaba como un activo de la inteligencia cubana y que, desde mediados de la década de 1990, recibió la misión de infiltrarse y recopilar información sobre comunidades de exiliados y opositores cubanos en América Latina y Estados Unidos.
De acuerdo con ICE, el hombre logró ganarse la confianza del fallecido opositor cubano Luis Posada Carriles y permaneció durante años cerca de otras figuras conocidas de la comunidad cubana y cubanoamericana en el sur de Florida.
Las autoridades sostienen que Valdés Pérez ocultó de manera consciente su posición y afiliación con el régimen cubano cuando solicitó la residencia permanente, engañando a los funcionarios encargados de evaluar su solicitud migratoria.
“Las personas que ocultan vínculos con servicios de inteligencia extranjeros y explotan nuestro sistema migratorio representan una grave amenaza para la integridad de ese sistema y para nuestra seguridad nacional”, declaró Matthew Elliston, director de la oficina de Operaciones de Detención y Deportación de ICE en Miami.
Elliston agregó que la agencia continuará trabajando con otras entidades federales para identificar, detener y deportar a quienes obtengan beneficios migratorios mediante fraude.
Tras su arresto, Valdés Pérez fue procesado por las autoridades migratorias y colocado en procedimientos de deportación. ICE confirmó que fue expulsado de Estados Unidos el 7 de agosto.
El comunicado no precisa a qué país fue enviado, qué información habría entregado a la inteligencia cubana ni cuáles fueron las personas o grupos sobre los que presuntamente reportó. Tampoco menciona la presentación de cargos penales en su contra.
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Mario J. Pentón
2 de septiembre, 2026
EEUU deporta a agente del régimen cubano que se infiltró en círculo de Luis Posada Carriles
Mario J. Pentón
2 de septiembre, 2026
Íntimo de Posada, amigo de políticos y espía de Cuba: la historia que sacude Miami
Secretos de Cuba
3 de septiembre, 2026
EEUU lo deportó por espía, pero NADIE lo llevó a juicio: Fernando Armando Valdés Pérez⚖️
Este 11 de septiembre se cumple el vigésimo quinto aniversario de un ataque bárbaro contra Estados Unidos y Occidente en general. Casi tres mil inocentes fueron asesinados en un espectáculo de muerte masiva meticulosamente planeado. Los aviones comerciales se convirtieron en misiles. Las torres de oficinas, en tumbas. Las imágenes permanecen grabadas a fuego en la memoria colectiva: las bolas de fuego, el acero derrumbándose, los saltos desesperados al vacío. No fue simplemente un crimen. Fue una declaración.
Esa declaración no fue emitida por un grupo aleatorio de fanáticos criminales que actuaban en el vacío. Los hombres que pilotaron aquellos aviones estaban llevando a cabo, a un nivel más espectacular y público, los dictados de larga data de una ideología llamada islam. Recurriendo a la guerra ideológica sancionada por el Corán conocida como yihad —una campaña continua de conquista que ha persistido, de una forma u otra, desde el siglo VII—, los islamistas han tratado de reordenar el mundo de acuerdo con sus textos «sagrados». Las brigadas de Al Qaeda que llevaron a cabo los atentados de 2001, al igual que Hamás, los talibanes, el Estado Islámico, diversos aspirantes al califato chií y una multitud de otras organizaciones fundamentalistas musulmanas, comparten un denominador común que las convoca a la guerra contra Occidente: la civilización judeocristiana que, por imperfecta que sea, sigue defendiendo la conciencia individual, el gobierno limitado y la separación de lo sagrado del poder coercitivo del Estado. Esa amenaza no ha desaparecido. Está siempre presente.
La historia proporciona el contexto necesario. En el plazo de un siglo tras la muerte de Mahoma en el año 632, las conquistas islámicas habían transformado violentamente la geografía política y religiosa del mundo cristiano. A través de sucesivas campañas militares, los ejércitos musulmanes arrasaron territorios predominantemente cristianos en Siria, Palestina, Egipto, el norte de África y gran parte de la Península Ibérica. Sometieron al dominio islámico tierras que habían sido cristianas durante siglos y que albergaban algunas de las iglesias, patriarcados, centros teológicos y comunidades más antiguas del cristianismo. A principios del siglo VIII, una enorme parte —cercana a las dos terceras partes— de los principales territorios cristianos que rodeaban el Mediterráneo y se extendían hasta el Oriente Próximo había sido conquistada y ocupada por las potencias islámicas. La rapidez y la magnitud de esta expansión no tenían precedentes: en poco más de un siglo, la espada del islam había separado vastas regiones del mundo cristiano y las había sometido a la dominación política musulmana.
Esta tendencia no terminó en el siglo VIII. Simplemente cambió de táctica cuando la supremacía militar directa dejó de ser posible. Hoy en día, no todas las metodologías de conquista son abiertamente violentas. Algunas se basan en instrumentos más sutiles: el peso demográfico, el activismo jurídico y la negativa sistemática a asimilarse. La inmigración musulmana a gran escala hacia los países occidentales ha funcionado con demasiada frecuencia no tanto como una invitación a unirse a un orden liberal ya existente, sino como un proyecto deliberado para transformar ese orden —sus leyes, sus tradiciones, sus modelos políticos y su autocomprensión cultural—. Se forman sociedades paralelas. Se multiplican las exigencias de adaptaciones a la sharía. La libertad de expresión se ve progresivamente limitada por el miedo a ofender o a la violencia. El largo proyecto histórico continúa por otros medios.
A este peligro se suma la alianza contemporánea entre el islamismo y el marxismo occidental. Ambos rechazan la democracia liberal, el pluralismo y las libertades civiles básicas, considerándolos ilusiones burguesas u obstáculos para la victoria final de los «justos». Uno aporta la energía escatológica del absolutismo pseudorreligioso; el otro, el lenguaje de la opresión sistémica y las tácticas de captura institucional. Juntos forman un frente unido contra la sociedad abierta. Las universidades, los medios de comunicación y sectores de la clase política se han mostrado notablemente susceptibles a esta alianza, tratando cualquier debate franco sobre la doctrina islámica o la continuidad yihadista como una prueba de intolerancia, en lugar de como un ejercicio elemental de autoprotección.
Veinticinco años después de la caída de las torres, Occidente sigue teniendo dificultades para definir con precisión la amenaza. Las conmemoraciones oficiales prefieren el lenguaje anodino del «extremismo» o el «odio», como si el problema fuera un trastorno psicológico sin raíz concreta en lugar de un sistema ideológico coherente con textos «sagrados», precedentes históricos e instituciones vivas. El resultado es una confusión estratégica. La política oscila entre campañas militares que debilitan redes específicas y medidas internas que amplían el espacio demográfico y cultural en el que esas redes reclutan y operan. Al enemigo se le bombardea en el extranjero y, al mismo tiempo, se le da cabida en casa.
Los atentados de 2001 no fueron una aberración. Fueron una incursión especialmente exitosa en una guerra más larga. La ideología que animó a los diecinueve secuestradores sigue inspirando a sucesivas generaciones de militantes, desde los asesinos de Charlie Hebdo hasta los autores de la masacre del 7 de octubre, pasando por los innumerables complots frustrados o consumados en toda Europa y América del Norte. La variante de «poder blando» del mismo proyecto avanza a través de los patrones migratorios, las tasas de natalidad y la silenciosa reescritura de las normas sociales bajo la bandera de la diversidad. Ambos frentes son importantes. Ambos son expresiones de la misma afirmación subyacente: que el orden político y moral de Occidente es ilegítimo y, en última instancia, debe ceder.
Un balance honesto en este aniversario requiere algo más que un duelo ritual. Requiere la recuperación de la memoria histórica y la voluntad de hablar con claridad sobre las fuentes doctrinales del conflicto. La yihad no es una metáfora. Es un programa. Los territorios perdidos en los siglos VII y VIII no se recuperaron con ilusiones ni con llamamientos a la humanidad compartida. Se perdieron por la espada y se mantuvieron por la espada. El Occidente moderno conserva ventajas que los mundos bizantino y visigodo no poseían: superioridad tecnológica, resiliencia institucional y una tradición de pensamiento crítico que sigue vigente. Esas ventajas no sirven de nada si la voluntad de defenderlas se ve erosionada por el sentimentalismo o por el miedo a que nos tachen de algo o a ofender.
Por lo tanto, el 11 de septiembre debería recordarse no como un capítulo cerrado de tragedia, sino como un recordatorio permanente. La yihad emprendida por aquellos autores hace veinticinco años sigue en marcha. Los métodos evolucionan. El objetivo final, no. Una civilización que se niega a reconocer un desafío existencial acabará dejando de ser una civilización. La claridad es el primer requisito para la supervivencia. En este aniversario, esa claridad sigue sin llegar.
Fue uno de esos eventos que laceran y marcan la conciencia individual y colectiva como con un hierro candente: profundo, doloroso, indeleble. Para los de mi generación, como el día en que asesinaron a Kennedy, a John Lennon, o el día en que estalló el Challenger; para siempre en la memoria. Recordamos donde estábamos, que estábamos haciendo.
Ese martes, como de costumbre, había llegado a la oficina alrededor de las 7:30 am. Era una mañana fresca, soleada, con los primeros tintes de ese no sé qué especial que presagia el otoño, mi época del año favorita. Washington DC se movía ya a paso rápido, en medio del “rush hour” matinal, y en los corredores del Capitolio y edificios aledaños iban y venían, también de prisa, legisladores, empleados, becarios que hacía sólo unos días habían regresado a la capital para una nueva sesión del Congreso tras el descanso de verano.
Estaba leyendo las noticias más importantes que afectarían mi trabajo ese día, cuando en la parte superior de la pantalla de mi computadora apareció un cintillo que informaba que un avión había chocado con una de las torres gemelas del World Trade Center en New York. Pensé que el piloto de alguna pequeña avioneta había quizá sufrido un infarto, pues en una mañana tan clara y brillante era imposible otra explicación. Pocos minutos después, otro cintillo me sacó de mi error de forma dramática: un avión de pasajeros había chocado con una de las torres.
Tragedia en vivo
Me levanté como empujado por un resorte y me fui al salón de conferencias, donde algunos de mis compañeros de oficina se apilaban ya frente al monitor de TV con expresiones de incredulidad. Las palabras “terrorismo” y el nombre de Bin Laden surgieron de inmediato, aunque los noticieros que seguían la tragedia en vivo aún no habían confirmado las peores sospechas.
Nos encontrábamos todavía mirando consternados el fuego ocasionado por el impacto en la primera torre, cuando de una esquina de la pantalla vimos aparecer el segundo avión y hacer impacto contra la otra torre. Si había alguna duda, el choque del segundo avión confirmo la naturaleza terrorista del desastre. Nos quedamos allí, casi paralizados, observando con una mezcla de horror, rabia e impotencia ese ataque despiadado contra el país y contra miles de inocentes.
Mientras mirábamos atónitos y comenzábamos ya a hacer planes para evacuar la ciudad, escuchamos la explosión y sentimos el estremecimiento del ataque contra el Pentágono, a sólo unas cuatro millas de nuestra oficina. Vimos, horrorizados, victimas del desespero lanzarse al vacío desde alturas de más de 80 pisos, poco antes de ver desplomarse ambas torres, gente corriendo despavorida por las calles del área financiera de Manhattan, y una nube parecida a la de una explosión nuclear envolver la ciudad en humo, polvo, muerte y destrucción. Más tarde, en las noticias, nos enteramos del avión que cayó en Pennsylvania y comenzaron a filtrarse los rumores del increíble acto de valentía de un grupo de pasajeros del vuelo 93 de United que con su acción impidieron un ataque similar contra la Casa Blanca.
Fue otro “día de infamia”, que vio el vil asesinato de casi 3000 inocentes. Infamia que se vio multiplicada por las exuberantes demostraciones de júbilo en muchas capitales árabes y el silencio ensordecedor del mundo árabe/musulmán en general. Pero vio también actos de heroísmo y sacrificio sin paralelo por parte de policías, bomberos, cuerpos de primera respuesta y ciudadanos de a pie que desinteresadamente desafiaron el peligro y arriesgaron sus vidas para tratar de salvar a otros.
Terroristas islamistas
Fueron 19 terroristas islamistas de origen árabe los que perpetraron el salvaje crimen, organizados por un sicópata movido por el odio religioso y antiamericano, Osama Bin Laden, y una interpretación atroz de una religión/ideología que promueve la dominación religiosa mundial y premia con 70 vírgenes y el paraíso a los “mártires” -léase terroristas- del Islam.
Al cabo de 18 años del ataque terrorista más devastador contra Estados Unidos en muestro propio suelo, hay toda una generación para quienes las torres gemelas son sólo una foto de New York “hace años”, y el ataque “una historia que cuentan los padre y abuelos”. Peor aún, hay, incluso entre nosotros, aquí en Estados Unidos, gente, profesionales, periodistas, políticos, maestros, que escondidos tras un velo de falsa “amplitud de mente” y falso pacifismo, promueven la necesidad de “entender” a los que nos atacaron, de ser tolerantes con los que asesinaron a 3000 inocentes y no han cesado de buscar nuestra destrucción como país y como sociedad, porque “la violencia engendra violencia y la intolerancia engendra intolerancia” y “la confrontación permanente no es la respuesta”.
Lo ofensivamente curioso de todos estos “pacifistas” es que en realidad culpan a la víctima y piden tolerancia y no violencia para los victimarios, para los terroristas, para los intolerantes y violentos que trajeron muerte y devastación a nuestro suelo.
¡No, y mil veces no! Con los terroristas no se puede contemporizar, y sus crímenes no deben ni pueden quedar impunes. La verdad no se debe ni puede ocultar, ni pintar con una brocha de corrección política. Terroristas árabes islamistas perpetraron el más vil y mortífero ataque terrorista en la historia de Estados Unidos, y 18 años después no cejan en su empeño de destruirnos. No hay nada que “entender”. En todo caso, lo que tenemos que entender perfectamente es que los terroristas quieren nuestra destrucción, y la única alternativa es destruirlos a ellos primero. “Entender” y perdonar es hacernos cómplices de su horrendo crimen, y la sangre de 3000 víctimas, el sufrimiento de sus familiares, el padecimiento de cientos de policías y bomberos que aún padecen enfermedades relacionadas con las actividades de rescate debe ser acicate suficiente para no dejarnos caer en esa trampa.
En la Zona Cero
Estuve en la Zona Cero sólo dos semanas después del ataque. Aunque las obras de recogida de escombros ya habían mejorado considerablemente la situación en esa parte de la ciudad, el espectáculo era aún dantesco: una capa de polvo y ceniza de más de dos pulgadas cubría aún un área de más de dos cuadras alrededor de donde habían estado las torres. Un olor acre, desagradable, olor a muerte, lo impregnaba todo, y en las paredes de los edificios cercanos que sobrevivieron la catástrofe, miles de fotos de los muertos y desaparecidos, testimonio del horror y alguna fútil esperanza.
Cada año viajo al menos una vez a New York. Indefectiblemente me dirijo al memorial 911, un impresionante y bello recordatorio que, lamentablemente para muchos es sólo un lindo lugar turístico. Pero para mí, y afortunadamente muchos todavía, es un santuario, un altar a la memoria de nuestros muertos y un monumento al espíritu de la nación americana.
Antes de opinar sin fundamento ni argumentos sólidos sobre conspiraciones , autoatentados , etc, lean la información !!
Atentados sufridos en EE.UU :
Atentado de la maratón de Boston (Checheno)
Ataque bioterrorista rajnishe de 1984 (India)
Atentado del World Trade Center de 1993 (Yihadismo)
Atentados terroristas a las embajadas estadounidenses en 1998 (Al-Qaeda)
Vuelo 253 de Northwest Airlines (Al-Qaeda)
Atentados a EE.UU fuera de su territorio :
1979, 4 de noviembre:La Crisis de los rehenes en Irán
1983, 18 de abril:El atentado contra la embajada de Estados Unidos en el Líbano (Yihad)
2000 , 12 de octubre , Atentado contra el USS Cole (Al.-Qaeda)
2010, 1 de mayo: Atentado fallido de Times Square de 2010
2015, 3 de mayo (ISIS)
(Otros atentados Al-Qaeda) :
*Indonesia-Bali
*Yakarta - Embajada Australia
*Arabia Saudita (2003)
*Casablanca
* UK Londres- 7 de julio
*Madrid 11-M
*Marruecos
*Argel (2007)
*Arabia Saudita (2003)
*Casablanca
* UK Londres- 7 de julio
*Madrid 11-M
*Marruecos
*Argel (2007)
Los atentados del 11 de septiembre de 2001 11-S ; 9/11 en el mundo fueron una serie de atentados terroristas suicidas cometidos aquel día en los Estados Unidos por miembros de la red yihadista Al Qaeda mediante el secuestro de aviones de línea para ser impactados contra varios objetivos y que causaron la muerte a cerca de 3.000 personas y heridas a otras 6.000, así como la destrucción del entorno del World Trade Center en Nueva York y graves daños en el Pentágono, en el Estado de Virginia.
Los atentados fueron cometidos por 19 miembros de la red yihadista Al-Qaida, divididos en cuatro grupos de secuestradores, cada uno de ellos con un terrorista piloto que se encargaría de pilotar el avión una vez ya reducida la tripulación de la cabina. Los aviones de los vuelos 11 de American Airlines y 175 de United Airlines fueron los primeros en ser secuestrados, siendo ambos estrellados contra las dos torres gemelas del World Trade Center, el primero contra la torre Norte y el segundo poco después contra la Sur, provocando que ambos rascacielos se derrumbaran en las dos horas siguientes.El tercer avión secuestrado pertenecía al vuelo 77 de American Airlines y fue empleado para ser impactado contra una de las fachadas del Pentágono, en Virginia. El cuarto avión, perteneciente al vuelo 93 de United Airlines, no alcanzó ningún objetivo al resultar estrellado en campo abierto, cerca de Shanksville, en Pensilvania, tras perder el control en cabina como consecuencia del enfrentamiento de los pasajeros y tripulantes con el comando terrorista.
Los atentados causaron más de 6.000 heridos, la muerte de 2.973 personas y la desaparición de otras 24,4 resultando muertos igualmente los 19 terroristas. Los atentados, que fueron condenados inmediatamente como horrendos ataques terroristas por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, se caracterizaron por el empleo de aviones comerciales como armamento, provocando una reacción de temor generalizado en todo el mundo y particularmente en los países occidentales, que alteró desde entonces las políticas internacionales de seguridad aérea.
ATAQUES TERRORISTAS A EE.UU. - 11 SEPTIEMBRE 2001
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CRONOLOGÍA DE LOS ATAQUES TERRORISTAS EL 11 DE SEPTIEMBRE DE 2001
m. Ret. Combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido, como en un silencio atronador.
El «socialismo democrático» es una conveniencia retórica, no una categoría política coherente.Es un oxímoron porque los fines del socialismo —la propiedad colectiva o el control estatal decisivo de los medios de producción, la subordinación de la propiedad privada, la cultura y las señales del mercado a un plan integral de justicia social, y la reconfiguración de las relaciones humanas según un modelo moral igualitario— no pueden alcanzarse ni mantenerse por medios democráticos. Su aplicación requiere coacción. La coacción a esa escala corroe las mismas instituciones que hacen posible la democracia. El patrón histórico es constante: lo que comienza como una promesa de empoderamiento popular se endurece hasta convertirse en una administración autoritaria y, con frecuencia, en un control totalitario.
El socialismo no es, ante todo, un ordenamiento económico. La economía es el instrumento. El proyecto más profundo es político y antropológico: el rediseño de la sociedad para que el interés privado, la autoridad tradicional y la asociación espontánea cedan ante una concepción dominante del bien. Los derechos de propiedad, los contratos, las formas familiares, la producción cultural e incluso el lenguaje moral deben alinearse con esa concepción. Una vez que el objetivo es una reestructuración integral en lugar de una redistribución gradual, las herramientas de la deliberación democrática se convierten en obstáculos. Los votantes pueden rechazar el aumento de los impuestos, las nacionalizaciones, los códigos de expresión o las imposiciones curriculares. Los mercados pueden generar desigualdades que el plan no puede tolerar. La sociedad civil puede dar cobijo a asociaciones disidentes. En ese momento, el proyecto socialista debe o bien retroceder o bien sortear los obstáculos. Sortearlos es la opción más habitual.
El siglo XX nos lo demuestra. Los bolcheviques, tras hacerse con el poder en nombre de los trabajadores, reprimieron rápidamente a los partidos socialistas rivales, a los sindicatos independientes y a la prensa libre. El partido de Vladimir Lenin había entrado en el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso como una facción; salió de él como el monopolio del poder. La China de Mao, la Cuba de los Castro, el Bloque del Este después de 1945: todos comenzaron con el discurso de la liberación popular y terminaron con un régimen de partido único, policía secreta y la criminalización de la iniciativa privada. Incluso los experimentos más moderados que mantuvieron una competencia multipartidista formal —el Chile de Allende, durante un tiempo— se basaron en la presión extralegal, la expropiación sin una compensación fiable y la polarización de las instituciones hasta que el orden constitucional se derrumbó. Este patrón no es casual. Cuando el Estado reclama la autoridad para reasignar el capital, la mano de obra y el capital cultural según un único plan, también debe reclamar la autoridad para silenciar, reeducar o liquidar la resistencia. La democracia, que presupone elecciones disputadas, un poder judicial independiente y esferas privadas protegidas, no puede sobrevivir indefinidamente a esa reivindicación.
Los marxistas occidentales contemporáneos comprendieron la dificultad y cambiaron el campo de batalla. György Lukács, Antonio Gramsci y la Escuela de Frankfurt reconocieron que el determinismo económico por sí solo era insuficiente en las sociedades avanzadas. La hegemonía cultural —el control de las universidades, los medios de comunicación, las iglesias, la familia y el lenguaje de la vida cotidiana— se convirtió en la condición previa necesaria para el poder político. Una vez capturados los medios de producción culturales, el moralismo socialista puede presentarse como sentido común y la disidencia como patología. El proyecto sigue siendo totalizador; solo ha cambiado la secuencia. Las formas democráticas se mantienen mientras promuevan la hegemonía y se descartan cuando la obstaculizan.
Por eso hay que leer con atención a los Socialistas Democráticos de América en los Estados Unidos. Su programa no es un Estado del bienestar al estilo nórdico. Es el desmantelamiento gradual de la arquitectura liberal-democrática y republicana que hace posibles los mercados y un gobierno limitado. La analogía con el entrismo de Lenin no es exagerada. Una minoría disciplinada pretende hacerse con el control de un partido mayoritario, redefinir su vocabulario y utilizar el éxito electoral como plataforma para una transformación institucional más profunda. La retórica de la «democracia» funciona como camuflaje. Estados Unidos se enfrenta actualmente a la amenaza de esta ofensiva del caballo de Troya.
La confusión con la socialdemocracia o la democracia cristiana es, por lo tanto, un error de categoría. Ambas tradiciones operan dentro de una economía de mercado y un orden constitucional que protegen la propiedad privada y el pluralismo político. Gravan, regulan y redistribuyen en diversos grados —a veces de forma considerable—, pero no pretenden abolir el sistema de precios ni rediseñar a la persona humana. Otto von Bismarck introdujo las primeras prestaciones sociales modernas precisamente para socavar la agitación socialista, al tiempo que preservaba el orden existente. Los países nórdicos siguen siendo economías capitalistas con una gran flexibilidad en el mercado laboral, propiedad privada de la mayor parte del capital y una sólida competencia democrática. Su éxito es prueba de que los mercados, junto con las prestaciones sociales, pueden coexistir con la democracia. No es prueba de que el socialismo pueda hacerlo.
La distinción es sumamente significativa para cualquier sociedad que contemple una transición democrática, incluida Cuba. Una Cuba poscomunista que adopte un modelo de Estado del bienestar dentro de un marco de mercado y una auténtica competencia multipartidista no sería socialista. Una Cuba que mantenga el monopolio del partido sobre los sectores clave de la economía y la cultura, limitándose a rebautizarse como «socialista democrática», seguiría siendo dictatorial bajo una nueva etiqueta. La primera opción conserva la posibilidad de corregir el rumbo; la segunda, no.
El atractivo moral del socialismo es real. Muchos de sus defensores son sinceros en su deseo de reducir el sufrimiento. La sinceridad, sin embargo, no altera la lógica institucional. Para imponer un rediseño integral de la vida política, social, cultural y moral se requieren instrumentos de poder que las sociedades democráticas limitan, con razón. Esos instrumentos, una vez normalizados, no permanecen limitados. El «socialismo democrático», por lo tanto, designa un híbrido temporal e inestable. La democracia es el envoltorio; el socialismo es el producto. La historia demuestra qué elemento prevalece.
Estados Unidos ha identificado acertadamente el castrocomunismo como una amenaza persistente para su seguridad nacional. El informe del Departamento de Estado del 20 de julio de 2026, Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI, documenta la campaña de décadas de programación de subversión, guerra ideológica, espionaje y apoyo a movimientos radicales tanto en el extranjero como dentro del territorio estadounidense. Esta evaluación concuerda con los objetivos estratégicos más amplios establecidos en la Estrategia de Seguridad Nacional de noviembre de 2025, que da prioridad a recuperar la influencia en el hemisferio occidental y a impedir que potencias externas hostiles se afiancen cerca de las costas estadounidenses. Derrocar el sistema comunista cubano es, por lo tanto, esencial para esos objetivos a largo plazo. El castrismo debe acabar, y su eliminación total es tanto un bien moral como una necesidad estratégica.
Al servicio de ese objetivo, la Administración Trump ha llevado a cabo una campaña constante de sanciones selectivas. Estas medidas han afectado a empresas estatales propiedad del régimen, a organizaciones fachada del Partido Comunista de Cuba implicadas en la agitación nacional e internacional, y a miembros individuales de la élite dictatorial y sus familias. El último paquete de medidas, anunciado el 20 de agosto bajo el título «Ley de imposición de sanciones a actores del régimen cubano asociados con redes subversivas marxistas y transacciones económicas corruptas», continúa con esta presión calibrada. Dichas sanciones son moralmente sostenibles, éticamente loables y tácticamente necesarias. Privan al régimen de los recursos que utiliza para reprimir a su propia población, mantener un amplio aparato de vigilancia y proyectar su influencia hacia el exterior. Dejan claro que Estados Unidos ya no tolerará una dictadura marxista hostil a noventa millas de su costa.
Sin embargo, las sanciones por sí solas no provocarán la caída de la dictadura castrocomunista. El régimen lleva más de tres décadas perfeccionando métodos para eludir las restricciones estadounidenses y el embargo en general. A través de GAESA y de entidades comerciales menos conocidas, ha blanqueado los ingresos procedentes de sus operaciones mediante bancos e intermediarios en Panamá y otras jurisdicciones. Los emigrantes comunistas cubanos leales han establecido en el extranjero negocios aparentemente legítimos que mantienen una relación simbiótica con la dictadura, disfrutando de privilegios a cambio de los servicios prestados. Estos activos de «poder blando», valorados en miles de millones, forman un ecosistema externo que permite al régimen resistir la presión financiera. Centrarse en las participaciones de GAESA en bancos panameños y redes extraterritoriales similares sería el siguiente paso lógico, pero ni siquiera unas medidas económicas ampliadas serán decisivas por sí solas.
La indiferencia del régimen ante el sufrimiento de los cubanos de a pie limita aún más el poder coercitivo de las sanciones. La dictadura nunca ha considerado el bienestar del pueblo cubano como una limitación para su supervivencia. Una sociedad empujada al borde de la hambruna no obligaría a los dirigentes a renunciar al poder. La élite dictatorial ha demostrado en repetidas ocasiones que antepone sus privilegios y proyectos ideológicos a las necesidades básicas de la población a la que gobierna. Las penurias económicas siempre las sufre el pueblo, nunca quienes toman las decisiones en La Habana.
El momento político también parece condicionar el enfoque actual. Ante la proximidad de las elecciones de mitad de término, es posible que la Administración Trump esté actuando con cautela. El movimiento comunista estadounidense, que hoy opera principalmente bajo la bandera de los Socialistas Demócratas de América, está inmerso en un esfuerzo decidido por hacerse con el control del Partido Demócrata. Este esfuerzo representa una expresión contemporánea de la «marcha a través de las instituciones» defendida desde hace tiempo por los marxistas gramscianos. Dados los vínculos históricos documentados y actuales entre el comunismo cubano y elementos de la izquierda radical estadounidense, la persistencia de un régimen marxista en Cuba no es meramente un problema de política exterior. Se trata también de una cuestión interna estadounidense. La moderación antes de las elecciones de mitad de término podría reflejar un esfuerzo por evitar proporcionar munición política a estas fuerzas.
Sin embargo, tras las elecciones de mitad de legislatura, Estados Unidos debe adoptar una postura más resuelta. La guerra económica, por muy rigurosamente que se aplique, es insuficiente. El régimen de los Castro conserva activos y redes en el exterior capaces de mantenerlo durante un mandato presidencial de la nación norteamericana. Si el objetivo es la libertad auténtica para el pueblo cubano y la eliminación de un peligro hostil para la república estadounidense, los responsables políticos deben reconocer que solo una acción militar concreta logrará el cambio sistémico necesario. Una revolución de palacio que se limite a reorganizar el personal, dejando intactas las estructuras comunistas, sería meramente cosmética. Cualquier transición auténtica hacia un orden democrático tendría que tipificar criminalmente al castrocomunismo propiamente desde el principio y desmantelar sus cimientos institucionales.
Las sanciones siguen siendo un instrumento justificado y útil. Son moralmente defendibles y pueden debilitar la capacidad del régimen para reprimir y proyectar su poder. Pero, por sí solas, no pueden producir el resultado decisivo que se requiere. El ecosistema externo de empresas tapadera, finanzas extraterritoriales y aliados ideológicos proporciona a la dictadura una resiliencia que la mera presión económica no puede superar. Tan pronto como lo permita el calendario político nacional, Estados Unidos debería ir más allá de las medidas financieras calibradas y preparar las herramientas concretas necesarias para poner fin al comunismo cubano. Solo entonces se alcanzarán plenamente los objetivos estratégicos articulados en 2025 y el imperativo moral reconocido en el informe de julio de 2026.
Washington revela décadas de espionaje y subversión del régimen cubano
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El Departamento de Estado sostiene que el régimen cubano no fue un simple aliado de la Unión Soviética, sino el arquitecto de una estrategia propia de expansión revolucionaria basada en espionaje, apoyo a guerrillas e infiltración política.
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Por Dianelis Hernández
(Periodista )
20 de julio de 2026
Por primera vez en décadas, el gobierno de Estados Unidos elaboró un documento de amplio alcance dedicado exclusivamente a examinar el papel internacional del régimen cubano. Bajo el título Cuba: The Capital of 21st Century Communism, el Departamento de Estado presentó este lunes una interpretación que rompe con la narrativa tradicional sobre la Guerra Fría y sitúa a La Habana como el verdadero centro de irradiación del comunismo contemporáneo.
ADN Cuba fue el primer medio en revelar varias de las conexiones que hoy recoge el informe de Washington. Entre ellas figuran los vínculos entre el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) y Al-Tajammu —una red transnacional con sede en Líbano que funciona como plataforma internacional de coordinación política del denominado Eje de la Resistencia, integrado por Hezbolá, la Yihad Islámica Palestina (PIJ), el Frente Popular para la Liberación de Palestina (PFLP), milicias chiitas iraquíes, los hutíes y otras organizaciones afines—; la presencia del PFLP en Cuba; y las más de 117 resoluciones impulsadas por la National Network on Cuba (NNOC) y un conjunto de Ciudades Hermanas (Sister Cities).
Asimismo, ADN Cuba fue el primer medio en revelar, el 8 de julio, la existencia del plan de respuesta rápida de la NNOC —mencionado en el informe—, diseñado para coordinar movilizaciones nacionales en apoyo al régimen cubano y ejercer presión política en Estados Unidos. Estas revelaciones posteriormente fueron citadas o replicadas por otros medios.
El reporte también menciona a Paul Larudee, representante de Al-Tajammu en Estados Unidos, quien registró en California un nombre comercial ficticio (DBA) utilizado para iniciativas vinculadas a Cuba y al sitio de noticias Resumen Latinoamericano. ADN Cuba informó sobre ese registro el 1 de julio, ampliando una investigación publicada previamente por Jeffrey Scott Shapiro y Gelet Martínez Fragela, directora de ADN Cuba, en The Washington Times. Resumen Latinoamericano ha contado entre sus colaboradores con la esposa de Alejandro Castro Espín, hijo del exgobernante Raúl Castro.
Pero lejos de describir a Cuba como un actor subordinado a Moscú, el informe sostiene que el castrismo desarrolló una doctrina propia, más duradera que el modelo soviético, que sustituyó la lucha de clases por un discurso centrado en el antiimperialismo, el tercermundismo, la raza y la confrontación con Occidente. Según el documento, esa transformación permitió que el proyecto de manipulación política impulsado por el dictador Fidel Castro sobreviviera al derrumbe de la Unión Soviética y conservara influencia en organizaciones, movimientos y espacios académicos de distintos países.
¿Qué dice la publicación del Departamento de Estado?
La publicación, de cien páginas, está organizada en nueve capítulos y aborda desde la consolidación del Estado revolucionario hasta las operaciones de inteligencia cubanas, el respaldo a movimientos insurgentes en América Latina, África y Oriente Medio, la construcción de redes internacionales de solidaridad política y la influencia del régimen sobre lo que denomina la "Nueva Izquierda".
Desde sus primeras páginas el documento es categórico. Afirma que durante casi siete décadas La Habana desarrolló una "campaña sostenida de subversión" contra Estados Unidos mediante operaciones de espionaje, infiltración institucional, reclutamiento de activistas, apoyo a organizaciones armadas y refugio para personas buscadas por la justicia estadounidense. El texto sostiene incluso que agentes cubanos lograron penetrar durante años organismos como el Departamento de Estado, el Consejo de Seguridad Nacional y el Pentágono.
Pero el informe va más allá del terreno de la inteligencia. Su tesis central es que la principal victoria estratégica del castrismo no fue militar, sino ideológica. A juicio del Departamento de Estado, mientras el comunismo soviético perdió capacidad de atracción tras la Guerra Fría, el modelo construido desde La Habana consiguió reinventarse alrededor de nuevas causas políticas y culturales. "Para el cambio de siglo, La Habana había consolidado su lugar como la capital ideológica de la izquierda radical moderna", concluye el documento.
Documentos olvidados y un nuevo eje de articulación regional
Uno de los apartados más extensos reconstruye el nacimiento de esa corriente ideológica que hoy ha extendido sus tentáculos en miles de organizaciones mundiales. Según el informe, el triunfo de Fidel Castro en 1959 representó para numerosos movimientos de izquierda occidentales una alternativa al agotamiento del modelo soviético. La Habana, sostiene el texto, reemplazó el énfasis clásico en el proletariado por una narrativa centrada en la liberación de los pueblos del llamado Tercer Mundo, convirtiendo la lucha contra Estados Unidos y el "imperialismo occidental" en el eje articulador de un nuevo proyecto político internacional.
El Departamento de Estado identifica la Conferencia Tricontinental celebrada en La Habana en 1966 como uno de los momentos decisivos de esa estrategia. Más de quinientos delegados de 82 países participaron en un encuentro que, según el informe, sirvió para articular una red internacional de movimientos revolucionarios de África, Asia y América Latina bajo una misma "bandera antiimperialista". El documento reproduce incluso el listado de organizaciones asistentes y sostiene que muchas de ellas integraron posteriormente estructuras políticas y armadas coordinadas desde Cuba.
A partir de ese momento, asegura Washington, La Habana pasó de ser el símbolo de una revolución exitosa a convertirse en el principal centro de entrenamiento, coordinación y respaldo de movimientos insurgentes en el continente. El informe atribuye al régimen cubano apoyo político, militar o logístico a organizaciones guerrilleras en países como Venezuela, Colombia, Nicaragua, Chile, Argentina, Uruguay, Perú y El Salvador, entre otros.
EE.UU., un terreno fértil en la década del 60 para las ideas de Castro
Según el documento, la inteligencia cubana identificó desde comienzos de la década de 1960 a los movimientos sociales estadounidenses como un terreno fértil para expandir su proyecto político. La creación del Fair Play for Cuba Committee, financiado por el gobierno revolucionario, aparece como el primer paso de una estrategia destinada a construir una base de apoyo al castrismo dentro de Estados Unidos. El informe sostiene que la organización promovió campañas de propaganda, organizó viajes de activistas a La Habana y creó capítulos en distintas ciudades para difundir la imagen de la llamada "Nueva Cuba".
El Departamento de Estado afirma además que Cuba buscó deliberadamente estrechar vínculos con sectores del movimiento afroamericano. Cita el caso de Robert F. Williams, exdirigente de la NAACP, quien se exilió en La Habana y comenzó a transmitir el programa Radio Free Dixie desde un potente transmisor facilitado por el régimen. Según el informe, esas emisiones llamaban a la lucha armada y ejercieron influencia sobre el posterior surgimiento del Partido Pantera Negra.
El informe avanza en el tiempo y también dedica un tramo amplio a CodePink y a otras organizaciones estadounidenses contemporáneas que, según el Departamento de Estado, forman parte de un ecosistema de solidaridad política vinculado a La Habana.
CodePink aparece primero como integrante de la National Network on Cuba (NNOC), una coalición de más de 60 grupos estadounidenses. El informe menciona también dentro de esa red a Democratic Socialists of America (DSA), el National Lawyers Guild (NLG) y el Communist Party USA. Según el texto, la NNOC coordina delegaciones a Cuba y conferencias con el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, ICAP, organismo al que atribuye funciones dentro de la estructura de influencia exterior del régimen y recientemente sancionada por Washington. El reporte cita una definición del propio ICAP que presenta a la coalición como “la voz de Cuba en Estados Unidos”.
En el caso específico de CodePink: Women for Peace, el documento recuerda que fue fundada en 2002 por Medea Benjamin, Jodie Evans, Diane Wilson y otras activistas durante la campaña contra la guerra de Irak. Sostiene que, desde sus inicios, la organización mantuvo una posición cercana a Cuba: sus miembros viajaron regularmente a La Habana y respaldaron la campaña por la liberación de los cinco agentes cubanos de la Red Avispa condenados en Estados Unidos.
El informe además se detiene en Medea Benjamin, quien residió en Cuba entre 1979 y 1983, y en Global Exchange, organización que cofundó en San Francisco. El documento describe los viajes de su programa Reality Tours a Cuba, Venezuela, Irán, Nicaragua y Bolivia como recorridos ideológicos organizados en coordinación con gobiernos extranjeros.
El Caso Neville Roy Singham, una red de millones
Otro eje de las acusaciones es la relación de Jodie Evans con el empresario y activista Neville Roy Singham. El informe afirma que, después del matrimonio de ambos en 2017 y de una fuerte entrada de recursos procedentes de entidades relacionadas con Singham, CodePink modificó su perfil y se convirtió en una defensora más sistemática de China y de otros gobiernos enfrentados a Washington. Según el reporte, cerca del 25 % de los fondos de CodePink desde 2017 procedió de grupos conectados con Singham.
El Departamento de Estado asegura además que CodePink mantuvo una participación constante en campañas de respaldo a La Habana después de las protestas del 11 de julio de 2021. Como ejemplo cita un texto de la organización que atribuyó las manifestaciones principalmente al embargo estadounidense y cuestionó la magnitud difundida por medios occidentales. También señala que CodePink organizó vuelos para trasladar a más de cien participantes y miles de libras de suministros durante una caravana a Cuba en marzo de 2026.
La organización no aparece aislada. El informe identifica a The People’s Forum como una pieza importante de la red financiada o relacionada con Singham. Señala que, desde 2024, ese grupo ha actuado como patrocinador fiscal de la Venceremos Brigade, una estructura histórica de viajes y activismo político alrededor de Cuba. El documento atribuye a esa red un papel relevante en protestas nacionales dentro de Estados Unidos y afirma que varios de sus nodos se han integrado a la infraestructura de influencia favorable al régimen cubano.
También desarrolla un apartado propio sobre los Democratic Socialists of America. Sin afirmar que la organización haya sido creada o controlada por la inteligencia cubana, el reporte sostiene que su respaldo a La Habana demuestra hasta qué punto las posiciones favorables al régimen se han convertido, según sus autores, en una ortodoxia dentro de una parte de la izquierda estadounidense.
El National Lawyers Guild es presentado como otro vínculo institucional duradero. El informe recuerda sus delegaciones a Cuba desde la década de 1970, sus programas jurídicos y de viajes relacionados con la isla y su cooperación con la NNOC. Así mismo afirma que la organización ha defendido el levantamiento del embargo, la normalización de relaciones y la devolución de la base naval de Guantánamo.
El reporte incluye además referencias a organizaciones asociadas al movimiento Black Lives Matter. Vincula la influencia cultural de Assata Shakur desde su exilio en Cuba con el lenguaje y los símbolos empleados posteriormente por sectores de BLM. Menciona expresamente a Black Lives Matter Grassroots, Black Lives Matter at School, Assata’s Daughters y la Black Alliance for Peace, y sostiene que varias de ellas han reivindicado la figura de Shakur y el refugio que recibió del régimen cubano.
En otra sección aparecen grupos más pequeños y recientes, entre ellos Equality for Flatbush, descrito como una organización abolicionista relacionada con BLM, y la Claudia Jones School, un colectivo de formación política de Washington que, según el informe, participa en actividades de solidaridad con Cuba y en protestas contra las autoridades migratorias estadounidenses.
No sólo suministraba armas, también creaba plataformas de expansión
El documento -que ya había sido anunciado días atrás- presta especial atención al triunfo sandinista de 1979 en Nicaragua, reconociéndolo como el ejemplo más acabado de la estrategia diseñada por Fidel Castro. Según el documento, Cuba no solo suministró armas y entrenamiento al Frente Sandinista de Liberación Nacional, sino que convirtió posteriormente a Nicaragua en una plataforma para extender las ideas izquierdistas hacia otros países centroamericanos.
El informe también dedica amplios apartados a Puerto Rico y Venezuela. En el primer caso, afirma que la inteligencia cubana participó en el entrenamiento y organización de grupos armados como las FALN y Los Macheteros. En el segundo, sostiene que la llegada de Hugo Chávez al poder permitió a La Habana sustituir la exportación clásica de guerrillas por un modelo de influencia institucional basado en asesoramiento político, inteligencia, cooperación militar y presencia masiva de personal cubano dentro del aparato estatal venezolano.
Cuba como plataforma regional para la influencia de Irán y sus aliados
La alianza entre Cuba e Irán trasciende las relaciones diplomáticas y constituye una asociación estratégica basada en intereses políticos, militares y de inteligencia compartidos, asegura el documento. El Departamento de Estado recuerda que ambos países figuran en la lista estadounidense de Estados patrocinadores del terrorismo y afirma que, durante años, han fortalecido su cooperación en áreas como comercio, telecomunicaciones, tecnología, servicios portuarios y seguridad. Según la revisión de ADN Cuba del material, Teherán también ha otorgado líneas de crédito y alivio financiero a La Habana para profundizar esa relación.
Una de las acusaciones del reporte es que Cuba habría servido como plataforma para ampliar la presencia regional de grupos respaldados por Irán. El texto afirma que el régimen cubano ha apoyado políticamente al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) y a organizaciones como Hamás, Hezbolá y el Frente Popular para la Liberación de Palestina(FPLP), no solo mediante respaldo diplomático, sino facilitando un punto de apoyo para que esas organizaciones incrementen su presencia en América Latina.
El documento respalda estas afirmaciones con referencias a memorandos de inteligencia estadounidenses de los años setenta, informes de la CIA, publicaciones del RAND Corporation, investigaciones periodísticas de The New York Times y Los Angeles Times, además de testimonios de exfuncionarios de inteligencia cubanos y comparecencias ante el Congreso de Estados Unidos. En varios capítulos reproduce fragmentos de documentos oficiales desclasificados para reconstruir la dimensión internacional de las operaciones atribuidas al régimen cubano.
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Licenciado en Matemática Pura en la Universidad de La Habana (UH) y Catedrático universitario con 24 años de experiencia en la docencia universitaria cubana; posee la Categoría Docente Principal de Profesor Titular universitario. Fue expulsado el 29 de enero de 1997 del Instituto Superior Pedagógico de Pinar del Río ( universidad de perfil formativo o pedagógico) por motivos políticos. Activo colaborador desde su fundación de la revista VITRAL y del Centro Católico de Formación Cívica y Religiosa (CFCR) de la Diócesis de Pinar del Río. Colaboró en Cuba con las organizaciones opositoras: Todos Unidos, Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba y con el Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC).
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COLABORADORES:
Paul Echániz