viernes, julio 28, 2006

EL DIA QUE ASESINARON A NORMA...

EL DIA QUE ASESINARON A NORMA...



Teresita Mayans *
Columnista
La Nueva Cuba
Julio 28, 2006

Era muy tarde, hacía aproximadamente tres horas que había caído la noche sobre la tenebrosa cárcel para mujeres cubanas conocida por el pueblo como Manto Negro. En las prisiones nunca se sabe la hora, nadie puede tener un reloj, está terminantemente prohibido.

Yo sabía que era tarde, muy tarde, la madrugada tiene sonidos, olor y yo sabía identificarlos.

Una prisionera regresaba del trabajo forzado y trajo la noticia: "mataron a Norma, la política del destacamento 10 ". Yo también era una prisionera política. Las preguntas traen complicaciones, mejor cerrar la boca, fingir que duermo. Por la mañana probablemente sabremos más, cuando comience el ajetreo de las carceleras y se escuchen los grotescos pasos de las botas rusas que usan los policías de la prisión entrando a las galeras y golpeando con una tabla a cualquier mujer reclusa que no esté perfectamente alineada en la fila para ser contada. Tal vez, después del Recuento se filtre alguna noticia y sepamos cómo y por qué asesinaron a Norma.

Yo cumplía mi condena en uno de los tantos destacamentos donde estaban encerradas y hacinadas delincuentes de alto índice delictivo que habían asesinado a sus hijos, madres padres y otros horrendos crímenes ya que, según Fidel Castro: "en Cuba se acabaron los presos políticos y todo aquel ciudadano que no esté de acuerdo con la Revolución, es un delincuente" textualmente.

Yo fui confinada y mezclada con 47 mujeres asesinas. De estas 47, solamente cuatro éramos prisioneras políticas, la Dra. Lina de Feria, Estela Pérez Pérez, Margarita Correa y yo.

A partir del año 1979 todas las prisioneras políticas fueron obligadas a compartir parte de sus vidas, de nuestras vidas, con toda esa sentina de la sociedad. Nosotros, las cuatro prisioneras de conciencia de entonces, y numerosas disidentes u opositoras encarceladas hasta el día de hoy, corren la misma suerte y el inminente peligro que significa estar encerradas con asesinas en las múltiples galeras a todo lo largo y ancho de esa enorme Población Penal bautizada por el pueblo como la prisión de Manto Negro.

Estela, Lina, Margarita y yo estábamos en una galera conocida como "El Palacio de la Mierda", ala izquierda en la celda 2306, tercer piso de la cárcel "Manto Negro" situada en el Kilómetro 3 ½ de la Carretera de San Pedrito, La Habana, Cuba. ¿Mi delito?: "un supuesto intento de salida ilegal del país en la fase de ideación y por difamar a los dirigentes de la Revolución" según expresaba la sentencia dictada contra mí por el Tribunal Supremo de La Habana el día seis de Abril, 1982.

En ese tercer piso, a la derecha, estaba el destacamento conocido como "Africa Ruge" por la abundancia de mujeres de la raza negra encarceladas por distintos delitos comunes.

Estas mujeres probablemente tuvieran acceso a noticias nuevas y no les era muy difícil averiguar cómo habían asesinado a Norma...

Casi todas las reclusas de este destacamento eran obligadas a trabajar sin remuneración, desde luego, en la fábrica de confecciones de exportación que está enclavada dentro de la cárcel, entre rejas, y perteneciente a empresarios mexicanos, canadienses y españoles. Estas mujeres esclavas tenían oportunidad de relacionarse en la fábrica con presas de otros destacamentos, también esclavas, y hacían el mismo trabajo.

Así fue, llegó la noticia. A Norma Díaz, una prisionera política la habían matado a golpes y patadas después de decirle a un guardia:

"lo único que saben ustedes es reprimir mujeres, golpear mujeres, todos son unos asesinos, incluyendo a Fidel".

Redondeando la noticia. Norma reclamaba que le permitieran ver a un familiar cercano, aunque fuera poco tiempo, porque hacía varios meses que no sabía de su familia. Ahí surgió la discusión según los comentarios.

Pasaban las horas y el cuerpo sin vida de Norma seguía tirado en el suelo. Otros rumores afirmaban que el cadáver estaba en un cuarto solitario y que los familiars, ya enterados de su muerte, esperaban fuera de la cárcel la entrega de los restos golpeados de Norma para darle cristiana sepultura.

"Todavía no se han llevado a Norma", decía una reclusa-"!Manda cuero, todavía tienen la muerta en el piso y ya las horas están pasando, ahorita empieza a podrirse! -decía otra - .

Una prisionera, abogado de profesión, graduada en la escuela de Ciencias Políticas estaba encarcelada por haber dado muerte a su esposo bajo un ataque de celos. Esta mujer disfrutaba de ciertos privilegios en la cárcel porque su caso no era político y le permitían movilidad dentro del reclusorio. Entre otros privilegios, podía conversar con los guardias, leer el periódico y se enteraba de sucesos aunque intrascendentes, prohibidos para el resto de la numerosa población penal donde estábamos hacinadas 3,000 mujeres y en el local de la llamada escuelita, la letrada leía los discursos de los dirigentes que por obligación, las reclusas distribuídas en grupos tenían que escuchar.

Esta excepcional prisionera conversaba con la Directora de la cárcel en la oficina de Orden Interior mientras la ayudaba a ordenar algunos expedientes y preguntó: "¿por qué no se llevan a Norma para la morgue de La Habana, hay mucho calor y aquí se puede descomponer?".

La puerta de la oficina en cuestión estaba abierta y una prisionera común que limpiaba el pasillo escuchaba el diálogo:

"Sin la Carta de Libertad -respondió la Directora- nadie puede salir de la cárcel aunque esté muerta y el cuerpo de Norma no está excento de esa disposición y no podemos sacar el cadáver y entregárselo a la familia hasta que no llegue el expediente proveniente del Departamento de Cárceles y Prisiones de Misiones # 1, acompañado de la correspondiente Carta de Libertad".

¿Qué pasó después? ¿a qué hora llegó la Carta? Nunca lo supimos.Todavía no lo sé.

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* Teresita Mayans es una ex prisionera política cubana.

1 Comments:

At 5:33 a. m., Blogger periquita said...

¡¡¡¡¡QUE HORROR!!!!
O sea que para ser liberada tiene que morir.

 

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