jueves, enero 24, 2008

NACION DESGARRADA

Nación desgarrada

Por Reinaldo Cosano Alén, Sindical Press

LA HABANA, Cuba, enero (www.cubanet.org) - Tres millones de cubanos, de un total de once millones 200 mil, están en trámites probatorios de parentesco para solicitar la ciudadanía española.

Esperan la aprobación por parte de la Madre Patria de la Ley de la Memoria Histórica. Y aunque la ley tiene un carácter general –a diferencia de Ley de Ajuste Cubano-, en el caso nuestro presenta ribetes excepcionales, y obligan a pensar en el desgarramiento de la nación, que se fragmenta cada vez más, y en sus implicaciones presentes y futuras.

( Consulado General de Espa;a en La Habana )

Más de dos millones de cubanos residen en el extranjero, y otro medio millón lo hace con carácter transitorio. La migración de cubanos en magnitud nunca antes conocida comenzó en 1959 con el arribo del castrismo al poder.

Cuba, país tradicionalmente de inmigrantes, de repente se convirtió en país de emigrantes. Emigración constante y masiva.

Marcharon primero las personas comprometidas con el régimen de Fulgencio Batista. También quienes tempranamente avizoraron que la hojarasca populista del nuevo gobierno ocultaba un sistema totalitario que acabaría con las libertades ciudadanas.

La industriosa y numerosa colonia china estuvo entre los primeros profetas. Los asiáticos asentados en la Isla constituyeron uno de los tres pilares básicos del sustrato étnico de la nación, junto al europeo y africano. De aquellos chinos sólo quedan en el país cuatrocientos ancianos.

Otros hitos marcan el desgajamiento nacional de los últimos cincuenta años, demostrativos de la caducidad del sistema imperante.

De particular impacto resultó la salida de miles de niños hacia los Estados Unidos a través de la Operación Pedro Pan, por temor a la pérdida de la patria potestad. Después les seguirían sus progenitores.

Las drásticas leyes de expropiaciones de tierras, inmuebles, industrias y comercios, provocaron un tropel de nuevos emigrantes.

Una nueva cruzada de desalojos bajo las banderas de la “ofensiva revolucionaria”, la ley del 18 de mayo de 1968, dio el golpe de muerte a la propiedad privada en Cuba. De un plumazo fueron expropiados los legítimos propietarios de 50 mil pequeños negocios, desde los medianos hasta el pequeño chinchal del zapatero; bodegas, barberías, y hasta la humilde banqueta del limpiabotas. Muchos de estos “siquitrillados” y sus familias optaron por buscar nueva vida fuera del país.

El 28 de septiembre de 1965 el gobierno autorizó la salida de decenas de miles de cubanos para reunirse con sus familiares a través del puerto marítimo Camarioca, en Matanzas. La autorización fue levantada el 20 de noviembre del propio año

Semanas después se autorizó al éxodo masivo por la terminal aérea de Varadero, que se conoció como “Vuelos de la libertad”, concluidos el 6 de abril de 1973. Un cuarto de millón de cubanos pudo huir de la Isla.

El 30 de mayo de 1977, durante el gobierno de James Carter, se firmó en New York el tratado para la apertura de oficinas de intereses en Washington y La Habana, que en materia migratoria comprende aún el compromiso estadounidense de otorgar 20 mil visas anuales, acuerdo frecuentemente bloqueado por La Habana, lo que impide la salida de personas y sus familiares aprobados.

En 1980 el puerto de Mariel fue escenario de la huida de decenas de miles de cubanos; episodio que se repitió en 1994 desde todos los puntos del litoral de la Isla.

Incontable es la legión de cubanos que han abandonado el país, y aún continúan, por cualquier vía, sin contar los que han perecido en el Estrecho de Florida intentado llegar a las costas norteamericanas.

El gobierno cubano ha manejado con astucia y periodicidad cronométrica el asunto de la emigración, con el propósito de aliviar los momentos de más aguda crisis.

Antes de 1959 jamás se conoció de oleadas migratorias de cubanos, ni siquiera en los peores momentos de crisis política y económica.

Al despoblamiento producido por la migración de las últimas décadas, se suma otro factor demográfico muy adverso: la baja tasa de natalidad y el consiguiente envejecimiento (natural y laboral) que, sin suficiente reposición generacional, pone en precario la existencia misma de la nación.

En Cuba algo anda mal, muy mal.