martes, abril 01, 2008

ENTERRADOS VIVOS

Enterrados Vivos


Juan González Febles

LA HABANA, Cuba, marzo (www.cubanet.org) - Escribir, ya sea para quien hace periodismo o literatura siempre es un desafío. Hacerlo desde las entrañas de una cárcel cubana, es además de heroico, excepcional. Enterrados Vivos (Héctor Maseda, Colección Pensamiento Crítico, Grupo de Apoyo a la Democracia, ed. 2008) se suma a la literatura de barrotes hecha en las condiciones difíciles del presidio político cubano.

( Jorge Olivera y Laura Pollán )

En su lanzamiento en La Habana, el pasado 18 de marzo, a cinco años exactos de aquella Primavera Negra de 2003, la Sra. Laura Pollán, esposa de Maseda y una de las más emblemáticas integrantes de Damas de Blanco, aseguró que la obra sería la primera entrega de una trilogía. De Enterrados Vivos faltarían dos partes que verán la luz en fecha más o menos próxima.

Esto da la medida del esfuerzo de este colega de la Prensa Independiente de Cuba. Un hombre decente encarcelado por ejercer sin permiso el oficio maldito de informar y decir. El más perseguido y con más singular ensañamiento por el régimen cubano.

El libro arranca desde los arrestos de marzo de 2003. Sin odio, pero desde el dolor, Maseda nos lleva de la mano por el laberinto tramposo de la justicia penal del castrismo. Describe con una equidad desusada la asepsia cruel de la profesionalidad sin alma de la policía política. Nos muestra en toda su vileza a los funcionarios del Ministerio del Interior, encargados de administrar las sucursales del infierno que son en realidad las cárceles cubanas.

En la presentación que hizo de la obra Jorge Olivera Castillo, prisionero de conciencia y miembro del Grupo de los 75, con licencia extrapenal, expuso cosas que conoce de primera mano.

El periodista, poeta y escritor nos habló del autocontrol, la mesura y el amor de un autor que logró salir ileso de la experiencia del dolor, para hacer una exposición quizás demasiado objetiva y no exenta de lirismo de una parte de la lacerante realidad cubana del momento.

Escrito desde el amor y con una carga emocional sobrecogedora, Maseda nos traslada una fotografía vívida del universo carcelario y por extensión, de los estratos del miedo y la represión usados como elementos de gobernabilidad por la dictadura más añeja del continente y una de las más antiguas del mundo.

Desde un estilo coloquial del que no se ausenta el humorismo, a Enterrados Vivos le falta taller y acabado. Se resiente la ausencia del corrector acucioso y del equipo profesional calificado, afirmado en un oficio exitoso. Se percibe el sigilo y el aliento conspirativo de cuartillas escritas a mano con letra menuda y por encima de todo: la prisa, la urgencia.

Fueron muchas las manos que ayudaron a ver la luz a Enterrados Vivos. Las que facilitaron papel, bolígrafo y lápiz. Las que escondieron los manuscritos, las que sacaron la obra de prisión. Hay mucho dolor tras esta obra, pero hay también mucho amor. Lástima que esto no sea suficiente.

Enterrados Vivos quizás corra la misma suerte que otros libros escritos en Cuba en fecha reciente. Libros hechos desde la aprensión y el peligro. Algunos concebidos en los límites estrechos de las celdas de las cárceles pequeñas para convictos; otros en los espacios limitados de la ‘libertad’ controlada de los no convictos.

Libros con tiradas inferiores a los 1000 ejemplares, que han quedado en los estantes de las bibliotecas independientes de Cuba, o en los espacios privados de cubanos, dentro y fuera de la Isla. Libros ausentes de los circuitos de distribución comercial. Libros condenados al olvido y enterrados por más de un sepulturero.