domingo, agosto 10, 2008

LA RUTA DEL PODER

La ruta del poder


Por Rafael Rojas

El 11 de agosto de 1958, reunidos en Miami, los representantes de las doce organizaciones antibatistianas (Movimiento 26 de Julio, Movimiento 4 de Abril, Organización Auténtica, Partido Auténtico, Partido Ortodoxo, Partido Demócrata, Resistencia Cívica, Agrupación Montecristi, FEU, Instituciones Cívicas, Directorio Revolucionario y Unidad Obrera), signatarias del Pacto de Caracas, aprobaron la candidatura del juez villareño Manuel Urrutia Lleó como presidente provisional de la República y designaron al líder del Conjunto de Instituciones Cívicas, José Miró Cardona, coordinador del Frente Cívico Revolucionario.

A principios de diciembre, en medio de la ofensiva rebelde, Urrutia, su esposa Esperanza Llaguno, un hijo de ambos, el abogado Luis M. Buch y el comandante Luis Orlando Rodríguez volaron de Caracas a la Sierra, con una buena cantidad de pertrechos de guerra: 125 fusiles Garand, 100,000 tiros y 30 ametralladoras, regalados por el jefe de la marina de la Guaira, Carlos Alberto Taylhardat. El 18 de ese mes, en la comandancia de la Rinconada, se reunió la Dirección Nacional del 26 de Julio, más Raúl Castro y Juan Almeida, jefes del segundo y tercer frentes orientales, con Urrutia y Buch.

( El 5 de enero de 1959,. en el Palacio Presidencial, el Cuerpo Diplomático acreditado en Cuba presentó sus respetos al presidente Manuel Urrutia LLeó. En la foto aparecen frente a la cámara y de izquierda a derecha: Luis Buch Rodríguez, Manuel Urrutia Lleó, José Miró Cardona, monseñor Luigi Centoz, Pablo Logendio, Julio Amoedo, Raúl Cepero Bonilla y Roberto Agramonte Pichardo. )

En esa reunión se confirmó la designación de Urrutia como presidente provisional y se nombraron los principales ministros del nuevo gabinete. La idea original de Miró y Urrutia, aceptada por Castro, era que el gobierno provisional se instalara en la Sierra y comenzara a emitir decretos para la zona rebelde, dando continuidad a la ley de reforma agraria elaborada por el comandante Humberto Sorí Marín. Sin embargo, la caída del régimen, en los últimos días de diciembre, pospuso la instalación del gobierno hasta el 1 de enero, en Santiago de Cuba.

Como han narrado el propio Urrutia, en Democracia falsa y falso socialismo (1975), y Luis M. Buch en un libro excelente publicado en la isla, Gobierno revolucionario cubano: génesis y primeros pasos (1999), la designación del juez era un reconocimiento a su papel durante los juicios, en Santiago de Cuba, contra los presos del Granma y el levantamiento del 30 de noviembre de 1956. Urrutia presentó un ''voto particular absolutorio'' a favor de los acusados, con el argumento de que el régimen del 10 de marzo violaba los artículos 26, 27, 28, 30, 31, 33, 34 y 38 de la Constitución del 40, por lo que la ``acción armada era legítima y estaba amparada en el inciso primero del artículo 36 del Código de Defensa Social''.

Urrutia personificaba, pues, el estado de derecho de la Constitución de 1940 y la ilegitimidad de la dictadura. Los líderes del 26 de Julio se acercaron a él, conscientes de que las ideas republicanas y democráticas del juez lo colocaban tan lejos de cualquier autoritarismo de derecha como de todo sistema comunista. Tanto es así que cuando, en diciembre de 1957, Raúl Chibás y Luis M. Buch le entregan una carta de Armando Hart, proponiéndole la presidencia provisional a nombre de Fidel Castro, Urrutia lee en la misma: ``la juventud lo está dando todo a cambio de la honra de ser fiel a la tradición mambisa. Es decir, a la tradición plenamente democrática, y en modo alguno comunista de nuestros libertadores''.

( Foto tomada el 16 de febrero de 1959, en el Palacio Presidencial, el día que José Miró Cardona renuncio al cargo de Primer Ministro de la República. De izquierda a derecha aparecen: Rufo López Fresquet, Armando Hart Dávalos, dos periodistas que estaban acreditados en Palacio, José Miró Cardona, Luis Buch Rodríguez, Humberto Sorí Marín, Julio Martínez Páez y Augusto Martínez Sánchez; pie de foto del libro de Buch mencionado en el artículo )

La designación de Urrutia y Miró como las máximas figuras del nuevo gobierno buscaba, además, un claro distanciamiento de los dos partidos opositores: el auténtico y el ortodoxo. En la reunión de la Rinconada se nombraron cinco ministros: Roberto Agramonte, Relaciones Exteriores; Luis M. Buch, ministro de la Presidencia; Raúl Cepero Bonilla, Comercio; Manuel Fernández García, Trabajo; Julio Martínez Páez, Salubridad y Asistencia Social. A pesar de que el único político ''tradicional'' era Agramonte, los caudillos de la Sierra mostraron inconformidad con un gobierno tan moderado. Según Buch, Raúl Castro ``sentado en un toconcito, con un M-2 entre las piernas, dijo: Fidel, este hierro no lo suelto porque con Urrutia y Agramonte ese gobierno no podrá avanzar por los caminos que debemos emprender''.

Los otros diez ministros del gobierno revolucionario fueron nombrados en los primeros días de enero, en Santiago de Cuba. Ya en esas designaciones (José Miró Cardona, primer ministro; Armando Hart, Educación; comandante Luis Orlando Rodríguez, Gobernación; Manuel Ray Rivero, Obras Públicas; comandante Humberto Sorí Marín, Agricultura; Rufo López Fresquet, Hacienda; Enrique Oltuski, Comunicaciones; Faustino Pérez, Recuperación de Bienes Malversados, Elena Mederos, Bienestar Social; Osvaldo Dorticós, Leyes Revolucionarias) la hegemonía del Movimiento 26 de Julio se hizo evidente.

(Fidel Castro Ruz firma el Acta de toma de posesión como Primer Ministro de la República, el día 16 de febrero. En la foto aparecen de izquierda a derecha Manuel Ray Rivero, Julio Camacho Aguilera, Luis Buch Rodríguez, Manuel Urrutia Lleó, Luis Orlando Rodríguez Rodríguez Y Regino Boti León; extraido de la foto del libro de Buch )

Aunque Castro tomó parte activa en la selección de aquellos ministros, su actitud ante al nuevo gobierno fue de calculada distancia. Urrutia declinó en su favor la jefatura de las fuerzas de mar, tierra y aire de la república y, junto con el poder militar, se propuso ejercer el liderazgo ''moral'' de la revolución. Según Buch, en aquella misma reunión de la Rinconada, Castro dijo a los flamantes ministros: ``ese es el gobierno de ustedes, porque yo estaré en contacto con el pueblo, en reuniones con los obreros, en la radio y la televisión, criticando los errores que cometan''.