domingo, enero 18, 2009

LA IDEOLOGÍA DEL SUBDESARROLLO

La ideología del subdesarrollo


Por Adolfo Rivero Caro

No voy a escribir sobre la presunta agonía de Fidel Castro. Desde hace tiempo creo que lo más conveniente es presumir que es inmortal. A mí, por lo menos, hasta ahora, esto me ha ahorrado muchas especulaciones inútiles. Por otra parte, me parece que la ansiedad sobre su salud, aunque legítima en términos noticiosos, es vagamente humillante y pudiera reflejar un grave error político: suponer que el régimen depende de su presencia. Eso supondría esperar algún tipo de colapso tras su desaparición. Creo que es hacerse ilusiones. Es cierto que la dictadura es sumamente impopular y políticamente débil, pero esa debilidad tiene que ser puesta a prueba. De no serlo, puede mantenerse mandando indefinidamente.

Sabemos que Cuba tiene una pléyade de luchadores extraordinarios desde Payá y Antúnez hasta Antonio Alonso y sus compañeros. Escasean, sin embargo, los que han encabezado protestas contra los problemas económicos. En Cuba, exigir respeto por los derechos humanos es, sin duda, heroico. Sin embargo, es evidente que los efectos movilizadores de esta demanda son mínimos. Lo único que moviliza a la gente son sus problemas concretos. A los ojos de la gente, la lucha por resolver esos problemas siempre es importante y legítima. No importa la escasez. La gente sabe que el gobierno siempre tiene recursos para resolver lo que le parece importante. De aquí que, en términos políticos, sea mucho más difícil reprimir a los que reclamen solución a problemas humildes, cotidianos y concretos, como tuberías rotas, edificios en peligro de derrumbe o falta de materiales de construcción, que a los que enarbolan demandas legítimas, pero abstractas, como los derechos humanos. Si pensamos en lo desesperado de la situación en la isla, sorprende la escasez de protestas sociales contra el gobierno. Desde este punto de vista, tenemos que llegar a la conclusión de que, paradójicamente, en Cuba hay pocos presos políticos.

No hay otro camino que la lucha. La dictadura cubana no está sometida (no lo ha estado nunca) a una presión internacional como la que terminó con el régimen del apartheid en Africa del Sur. La razón es muy sencilla. El apartheid, la bandera del gobierno de Africa del Sur, era profundamente impopular. La principal bandera que ha enarbolado Fidel Castro durante 50 años, la bandera del antiamericanismo, ha sido y sigue siendo popular en América Latina. Eso ha presionado a los gobiernos de EEUU a mantener una política ambigua ante el que probablemente haya sido y siga siendo el principal reducto del terrorismo en el mundo. Es por estas razones que, a mi juicio, el centro de la lucha contra la dictadura de Fidel Castro y contra las pretensiones dictatoriales de Hugo Chávez debe estar en la guerra cultural.

Las fuerzas realmente progresistas de América Latina tienen que concentrar sus esfuerzos en combatir la influencia marxista en nuestro continente, desarrollada desde hace casi un siglo. Esa influencia es la que hace, por ejemplo, que tantos intelectuales venezolanos enemigos de Chávez... ¡compartan sus ideas! Todos quieren regresar a la Venezuela de antes de Chávez, sin reflexionar que esa Venezuela necesariamente tendría a un Chávez por delante. Nuestro continente está dominado intelectualmente por la ideología del marxismo, del anticapitalismo y, por consiguiente, por la ideología del subdesarrollo. Mientras esa situación no cambie, y estamos hablando de una tarea a largo plazo, América Latina no va poder salir de su terrible atraso.

Es en este contexto en el que quisiera subrayar la importancia de la aparición del Indice de la Libertad Económica del 2008 (ver www.neoliberalismo.com), la publicación anual de The Wall Street Journal y la Heritage Foundation. Todos los intelectuales de nuestro continente deberían tener este libro (está en español) y reflexionar sobre su contenido. El Indice tiene estudios sobre 179 países, donde se analizan 10 índices diferentes de libertad económica, desde la financiera y comercial hasta la laboral. Según muestra el Indice, los países más libres son los más prósperos. Los menos libres, los más pobres. Entre los más libres están Hong Kong, Singapur, Australia, Irlanda, Nueva Zelanda, EEUU y Canadá. Entre los menos libres están Corea del Norte, Eritrea, Birmania, Cuba, Zimbabwe y Corea del Norte. De 179 países, Venezuela es el número 174, Cuba el 177.

Estamos atravesando una recesión mundial. En EEUU los subsidios del gobierno federal a las hipotecas, con el objetivo de combatir una supuesta ''discriminación'' contra prestatarios de alto riesgo, llevaron a una burbuja en los precios de las casas y las hipotecas. Cuando la burbuja explotó, el pánico del crédito se extendió a toda la economía y, posteriormente, a todo el mundo. Ahora muchos analistas pretenden echarle la culpa a la ''desregulación''. En realidad, las instituciones financieras que cometieron los principales errores están entre las más reguladas del mundo. El problema está en la mala regulación, no en su falta. Esto, sin embargo, le está dando pretextos a los enemigos de la libertad en todo el mundo. Seguir sus recomendaciones sólo prolongaría innecesariamente la recesión.

Los venezolanos deberían promover una reunión internacional en Caracas para discutir la temática del Indice. Sería una discusión teórica, no política, que pudiera ayudar a vincular a destacados intelectuales norteamericanos con la problemática latinoamericana. La lucha política por sí sola es insuficiente. En América Latina, la lucha fundamental es la lucha de las ideas.

www.neoliberalismo.com