viernes, noviembre 26, 2010

Esteban Fernández: LOS ENVIDIOSOS

Tomado de http://zoevaldes.net



LOS ENVIDIOSOS ©


Por Esteban Fernández

No fue la falta de prosperidad en nuestro país la que produjo el fidelismo ni el apoyo a Fidel Castro, sino todo lo contrario. Fue la ENVIDIA a la bonanza económica y al éxito de muchos cubanos el caldo de cultivo del castrismo.

¡Qué alejados estábamos nosotros de imaginar que hasta un niñito montado en una bicicleta nueva un 6 de Enero era promotor de celos callejeros!.

No sabíamos que el dueño de una empresa, el propietario de una finca y hasta el obrero triunfador y bien remunerado eran envidiados y odiados en silencio.

Ni por las cabezas nos pasó que al poseer Cuba “una de las CLASES MEDIAS más grande del mundo” eso fuera, al mismo tiempo, motivo de ORGULLO para unos y de ENFERMIZOS CELOS para otros.

No, Fidel Castro no obtuvo el apoyo popular gracias a “sus promesas de mejorar económicamente al país que nos vio nacer”, fue TODO LO CONTRARIO, la sumisión vino de los ENVIDIOSOS, y de los que se alegraban al ver “siquitrillar” a todo el que gozaba de bienestar.

Cada paso que daba Castro acabando con la prosperidad en Cuba era aplaudido por los envidiosos. La alegría de los resentidos se desbordaba ante el despojo masivo a quienes juntos a sus triunfos personales habían llevado a la nación de la mano a la cima del éxito.

Y encima de eso ( no se conformaban ) al salir los cubanos del país, con tres mudas de ropa, sin un centavo, después de haber sido desposeídos de sus bienes los ENVIDIOSOS pregonaban su alegría en las calles, gozaban, se reían y vociferaban: “¡Que se vayan los gusanos a pasar frío, hambre y lavar platos en el Norte Revuelto y Brutal!”…

Y al llegar aquí nos percatamos de que la ENVIDIA contra los que habían levantado una gran nación no era solamente NACIONAL sino que era INTERNACIONAL, al arribar al exilio descubrimos que la envidia había traspasado el ámbito nuestro y se había incrustado en todo el Continente, y a cada paso que dábamos teníamos que escuchar a los que nos señalaban con desprecio y desdén diciendo: “¡Mira, esos son los batistianos, los esbirros, los terratenientes, los latifundistas, los explotadores cubanos!”…

Los ENVIDIOSOS dentro y fuera de Cuba convirtieron en un “delito” el haber triunfado y haber puesto a Cuba a la cabeza de la América Latina.

LA MISERIA DE CUBA PRODUJO REGOCIJO ENTRE TODOS LOS ENVIDIOSOS DEL PLANETA. Porque vamos de una vez y por todas a decir la verdad: EL HECHO DE QUE CUBA EMPOBRECIDA Y DEPAUPERADA DEJARA DE SER LA REINA EN DEPORTES, EN ARTES, EN MÚSICA, EN TURISMO Y EN TODO produjo y produce una euforia en los envidiosos que a duras penas logran esconder.

Pero, poco a poco, al final de la jornada la verdad se abre paso, los envidiosos han fracasado ( se han cogido el trasero con la puerta) ante la capacidad de trabajo, la inteligencia, el tesón, y la dedicación de los cubanos desterrados. Porque esos que hicieron de la Isla un emporio de riquezas han triunfado en el destierro también.

Y hoy en día esos envidiosos internos se están comiendo un cable y los externos cuando llegan a Miami se enteran que aquellos a los que llamaron “gusanos” han convertido un pueblo de campo y un pantano en una gran ciudad.

Amabilidad del autor.
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ALGUNOS COMENTARIOS DEJADOS

Jose Gonzalez ha dejado un nuevo comentario en su entrada "Esteban Fernández: LOS ENVIDIOSOS":

Aunque me gusto el articulo pienso que la problematica cubana y su durancion por mas de medio siglo es mucho mas complicada que la envidia, mucho mas profunda y degenerada.

saludos
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Jorge A. Pomar ha dejado un nuevo comentario en su entrada "Esteban Fernández: LOS ENVIDIOSOS":

Como tú sabes de sobra, mi estimado Pedro Pablo, por regla general, consciente o inconscientemente, los análisis retrospectivos del triunfo castrista tergiversan la realidad histórica para exonerar de su inmensa culpabilidad a los protagonistas sobrevivientes de aquel suicidio colectivo de nuestras mal llamadas "clases vivas" republicanas.

Pero Esteban Fernández se va ampliamente por debajo de ese ya de por sí bajo nivel apologético-hagiográfico al extremo de pecar por trivilidad, invirtiendo burdamente el orden de los factores.

A saber, en primera instancia no fue la "envidia" de los desposeídos, ni siquiera la falta de una política social --bastante avanzada para la época-- lo que de la noche a la mañana dio al traste con el Batistato y, de paso, con la Segunda República. Ese papel lo jugaron la indolencia criminal y/o abierta complicidad de la alta burguesía, las clases medias, la aristocracia obrera, la intelectualidad, la academia, el estudiantado, los tribunos incendiarios, la partitocracia, la alta oficialidad del Ejército Constitucional y los medios de difusión.

De hecho, no sólo boicotearon a sabiendas cualquier salida electoral de la crisis sino que exaltaron hasta el delirio y financiaron a las dos manos el terror revolucionario. En cambio, sólo a raíz de la fuga de Batista la Noche Vieja del 58, las masas populares, que hasta entonces habían permanecido más bien indiferentes u hostiles a todas las campañas procastristas, se dejan arrastrar por la euforia burguesa.

Lo que sucedería a renglón seguido era de prever: un Fidel Castro endiosado capitalizó magistralmente el resentemiento social, subyacente a toda sociedad clasista, incluidas las del estado del bienestar ala europea, para desbancar sucesivamente a todos los estratos de esas mismas clases vivas que lo habían encumbrado al poder omnímodo. Al final le tocaría el turno al proletariado.

A mi personal entender, las causas psicológicas más profundas de aquel suicidio colectivo burgués remiten al descontento subterráneo de aquellas demagógicas clases vivas con el orden de cosas surgido de la Revolución del 33-40, en lo esencial obra de un sargento advenedizo cuya tez, extracción e indiosincrasia no eran de su agrado.

Aquellos polvos chibacistas trajeron estos lodos. Pero la prueba más fehaciente de que no son aguas pasadas es que, medio siglo largo después, de la mano de la academia, la intelectualidad y los medios de difusión exiliares, esos exitosos herederos de aquella extorsionada burguesía criolla de que habla el autor vuelven a reproducir casi al pie de la letra en Miami los viejos patrones ortodoxos de conducta que hundieron a la Segunda República. Fenómeno atrabiliario que, lejos de ser fruto del azar histórico, lo es más bien de nuestra (plural de modestia) notoria incapacidad para ajustar cuentas con un pasado claramente errático, como se desprende en particular de la encomiable labor de esclarecimiento historiográfo que viene haciendo el titular de Baracutey Cubano...

Saludos,

El Abicú
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Anónimo ha dejado un nuevo comentario en su entrada "Esteban Fernández: LOS ENVIDIOSOS":

Publique los comentarios que se le mandan, por favor. No haga Ud. lo mismo que hacen los dictadores a los cuales tanto critica.

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Comentario del Bloguista

Yo no publico lo que no tenga que ver con el post en cuestíon ni aquellos comentarios con palabras soeces.

Debo aclararle que la libertad de expresión no radica en que usted como dueño de un medio tenga que publicar todo lo que le escriban o le envien para publicar. Cada dueño de un diario, televisora, revista etc. tiene el derecho y la potestad a publicar lo que entienda; otra cosa es que ese dueño impida o trate de impedir que esa persona se exprese en cualquier otro medio. Eso fue y es lo que hacen los dictadores como los Castro. Se lo voy a explicar más claramente: los militantes comunistas cubanos no tienen que darme el derecho a publicar en Granma ya que ese es su órgano oficial, pero no deberían impedir que otros medios de prensa me publiquen o que yo pueda crear mi propio medio masivo de comunicación y ahí publicar lo que yo entienda. Espero que haya aprendido algo sobre lo que es la libertad de expresión y la libertad de imprenta.
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Anónimo ha dejado un nuevo comentario en su entrada "Esteban Fernández: LOS ENVIDIOSOS":

Pocas veces en mi vida había visto un análisis más tonto sobre las causas del triunfo de Fidel Castro en Cuba. Obviamente, el articulista sabe muy poco de historia o tomó unos tragos de más la noche de Thanksgiving. ¿No es este el mismo Sr. que habló de Marco Rubio Presidente para el 2012? Si es así, entonces no me asombra lo que acaba de publicar. Este blog se hace muy poco favor difundiendo interpretaciones tan infantiles.
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Otro comentario del Bloguista

La aclaración que escribió Jorge A. Pomar, El Abicú Liberal, es más que suficiente para justicar el que se haya publicado este artículo, que según usted es tan infantil; no obstante, soy de la opinión que la envidia fue un factor no insignificante (aunque no la única causa), del triunfo del Castrismo. Gracias, pero no se preocupe en velar por la calidad de este blog, pues yo cuido de ella.

4 Comments:

At 3:59 a. m., Blogger José González said...

Aunque me gusto el articulo pienso que la problematica cubana y su durancion por mas de medio siglo es mucho mas complicada que la envidia, mucho mas profunda y degenerada.

saludos

 
At 6:38 a. m., Anonymous Anónimo said...

Pocas veces en mi vida había visto un análisis más tonto sobre las causas del triunfo de Fidel Castro en Cuba. Obviamente, el articulista sabe muy poco de historia o tomó unos tragos de más la noche de Thanksgiving. ¿No es este el mismo Sr. que habló de Marco Rubio Presidente para el 2012? Si es así, entonces no me asombra lo que acaba de publicar. Este blog se hace muy poco favor difundiendo interpretaciones tan infantiles.

 
At 6:51 p. m., Anonymous Jorge A. Pomar said...

Como tú sabes de sobra, mi estimado Pedro Pablo, por regla general, consciente o inconscientemente, los análisis retrospectivos del triunfo castrista tergiversan la realidad histórica para exonerar de su inmensa culpabilidad a los protagonistas sobrevivientes de aquel suicidio colectivo de nuestras mal llamadas "clases vivas" republicanas.

Pero Esteban Fernández se va ampliamente por debajo de ese ya de por sí bajo nivel apologético-hagiográfico al extremo de pecar por trivilidad, invirtiendo burdamente el orden de los factores.

A saber, en primera instancia no fue la "envidia" de los desposeídos, ni siquiera la falta de una política social --bastante avanzada para la época-- lo que de la noche a la mañana dio al traste con el Batistato y, de paso, con la Segunda República. Ese papel lo jugaron la indolencia criminal y/o abierta complicidad de la alta burguesía, las clases medias, la aristocracia obrera, la intelectualidad, la academia, el estudiantado, los tribunos indendiarios, la partitocracia, la alta oficialidad del Ejército Constitucional y los medios de difusión.

De hecho, no sólo boicotearon a sabiendas cualquier salida electoral de la crisis sino que exaltaron hasta el delirio y financiaron a las dos manos el terror revolucionario. En cambio, sólo a raíz de la fuga de Batista la Noche Vieja del 58, las masas populares, que hasta entonces habían permanecido más bien indiferentes u hostiles a todas las campañas procastristas, se dejan arrastrar por la euforia burguesa.

Lo que sucedería a renglón seguido era de prever: un Fidel Castro endiosado capitalizó magistralmente el resentemiento social, subyacente a toda sociedad clasista, incluidas las del estado del bienestar ala europea, para desbancar sucesivamente a todos los estratos de esas mismas clases vivas que lo habían encumbrado al poder omnímodo. Al final le tocaría el turno al proletariado.

A mi personal entender, las causas psicológicas más profundas de aquel suicidio colectivo burgués remiten al descontento subterráneo de aquellas demagógicas clases vivas con el orden de cosas surgido de la Revolución del 33-40, en lo esencial obra de un sargento advenedizo cuya tez, extracción e indiosincrasia no eran de su agrado.

Aquellos polvos chibacistas trajeron estos lodos. Pero la prueba más fehaciente de que no son aguas pasadas es que, medio siglo largo después, de la mano de la academia, la intelectualidad y los medios de difusión exiliares, esos exitosos herederos de aquella extorsionada burguesía criolla de que habla el autor vuelven a reproducir casi al pie de la letra en Miami los viejos patrones ortodoxos de conducta que hundieron a la Segunda República. Fenómeno atrabiliario que, lejos de ser fruto del azar histórico, lo es más bien de nuestra (plural de modestia) notoria incapacidad para ajustar cuentas con un pasado claramente errático, como se desprende en particular de la encomiable labor de esclarecimiento historiográfo que viene haciendo el titular de Baracutey Cubano...

Saludos,

El Abicú

 
At 3:13 a. m., Anonymous Anónimo said...

Publique los comentarios que se le mandan, por favor. No haga Ud. lo mismo que hacen los dictadores a los cuales tanto critica.

 

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