viernes, diciembre 04, 2015

Dos de Orlando Luis Pardo Lazo: Los cubanos que corroemos todo, menos al castrismo que nos controla. Cubanos, un no-pueblo unido por el castrismo en la isla y el exilio

Tomado de http://es.panampost.com/

Los cubanos que corroemos todo, menos al castrismo que nos controla

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La suspensión de visas por parte de Ecuador a los cubanos es solo una tramoya para esconder el declive del despotismo en el continente
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Por Orlando Luis Pardo Lazo
 2 diciembre, 2015



Migrantes cubanos esperan poder seguir camino al norte en un albergue en Costa Rica. (La Nación)

Los cubanos somos como cobayas. Todo experimento social nos cae encima de la cabeza, sin comerla ni beberla. Sea una revolución irreversible o sea ahora un capitalismo de Estado de corte dinástico: en cualquier variante, una Castrocracia que nos castra a perpetuidad.

Para colmo, los cubanos nunca escapamos por nosotros mismos, sino en estampidas espectaculares, creando conflictos y caos a nuestro paso. Una plaga sin Patria. Creo que mi primera oración es, pues, una imprecisión taxonómica imperdonable: en la práctica, los cubanos somos como las ratas.

Antes de 1991, este pánico sólo afectaba a los Estados Unidos de América, que debieron someterse a las recurrentes riadas de cubanos de una década a otra. Pero después de la caída del comunismo soviético y sus satélites europeos, esta especie de plebiscito con los pies fue lo único que se democratizó en la isla.

Y el precio lo han ido pagando Suecia, España, Chile, México, y hasta Moscú, entre otros. Donde quiera que no haga falta visa para viajar, allá vamos los cubanos, como Jinetes del Apocalipsis que, en lugar de encabritarnos contra “el Caballo” que nos oprime —Fidel Castro se hacía llamar a la cañona así—, escapamos cómplicemente de él.

Ahora le toca al hegemón excéntrico del Ecuador, el economicista graduado en la academia yanqui que insiste en instituirse a perpetuidad en su puesto de premier (los Estados Unidos son una fuente inagotable de dictaduras criminales, primero; y hoy de tiranías criptociudadanas). Violando la propia Constitución ecuatoriana que —según la llamada ciudadanía universal— impide exigirle visa a los extranjeros que ingresan a ese país, a partir de diciembre se les exigirá visa a los cubanos que entren a Ecuador.

Por supuesto, porque los cubanos no llegan a la categoría de “extranjeros” y mucho menos a la de “ciudadanos”. Quien huye de la gloria histórica del castrismo vale menos que un mojón y no sirve ni como fertilizante de esa utopía tupida que son los populismos de izquierda.

Nicaragua pone los tanques y las brigadas antimotines que gasean ancianos, mujeres y niños, desplazándolos por miles como ganado —como corresponde— hacia la frontera con Costa Rica. Se llama control epizoótico y en esto sí es experta la pareja mística de Ortega-Murillo, siempre que La Habana le dé la orden de exterminar al vector biológico.
Ecuador discrimina a los cubanos, condenándolos a una Cuba sin biografía. Los intransigentes del istmo sandinista impiden que estos Moisés de la miseria marxista lleguen a la Tierra Prometida de ese otro capitalistmo insular: Hialeah o North Havana.

Mientras, en la capital cubana se orquestan protestas de tramoya contra la Embajada de Ecuador. La represivísima policía de los Castro de pronto respeta a los demandantes de visa en plena vía pública. La prensa internacional filma y difunde el notición como si del Primer Mundo se tratara. Y de pronto el espectador siente como un escozor democratizante que le baja por el espinazo hasta los esfínteres: sí, es escalofriante, pero, ¡en Cuba ya estamos en Transición!

Sólo que la realidad reaccionaria es bien distinta: los despotismos procastristas están muy en peligro en el continente hoy. Recién cayó el kirchnerismo en Argentina y el próximo domingo —en las elecciones parlamentarias— colapsará por fin ese chavismo cadavérico que a golpes de violencia ha hecho de Venezuela una vitrina vil.

He aquí la semántica secreta de esta nueva crisis migratoria cubana: usar la desesperación de nuestro pueblo (castrofobia más que claustrofobia) para desestabilizar una vez más al hemisferio, distrayendo a la prensa del golpe de Estado “cívico-popular” que el mandatario venezolano Nicolás Maduro no se cansa de anunciar, sin que nadie parezca hacerle el menor caso (la guerra avisada es más inverosímil y por eso mismo mata mucho más soldados).

Nada es espontáneo en el totalitarismo. Todo es un teatro tétrico entrelíneas. Los cubanos-cobayas continuamos actuando como ratas que corroen cualquier cosa, excepto el castrismo arcaico que nos controla

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Cubanos, un no-pueblo unido por el castrismo en la isla y el exilio

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El pueblo cubano no existe, y lo existe porque no desea vivir en libertad, porque se ha convertido en un pueblo feliz en su esclavitud
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Por Orlando Luis Pardo Lazo
 17 noviembre, 2015

El pueblo cubano no existe. Y no existe porque ningún cubano desea vivir en libertad. De tanto simular que éramos felices sin necesidad de ser libres, terminamos siendo de veras felices en nuestro exclusivo estado de esclavitud. Y donde no hay personas, por supuesto, tampoco habrá pueblo. O ese pueblo es la peor perversión del poder para perpetuarse a sí mismo: un paripé de pueblo al que nadie en Cuba podría pertenecer.

La actual crisis migratoria de los cubanos en fila india a lo largo y estrecho de Centroamérica no es la excepción. Provocada por los servicios secretos de La Habana, o acaso ocurrida como reacción espontánea de nuestra exhausta ciudadanía, los cubanos huyen ahora del totalitarismo comunista devenido en capitalismo de Estado corporativo-militar.

Pero el objetivo de esta nueva hégira no es ya convertirse en emigrantes y mucho menos en exiliados. Estos forajidos del fidelismo se alejan de Fidel sólo de mentiritas, para enseguida sumarse a la sumisión de esa factoría castrista que se llama Miami.

Y ni siquiera viajan por sí mismos estos cubanitos post-Cuba, sino como animales en una manada, con la corrupta complicidad de las autoridades migratorias de La Habana, justo cuando Miami necesita —como nunca antes— de por lo menos medio millón de cubanos recién llegados como mano de obra infiltrada, para así seguir siendo la provincia más productiva de la Revolución cubana —ese fascismo siempre tan fascinante visto desde afuera.

Desde el aeropuerto de Quito hasta la frontera sur de Estados Unidos, medio continente es hoy una ilegal red de tráfico humano: mafiosos y matones de lo real-maravilloso, cada uno fiel a su función dentro de la operación Fin del Ajuste Cubano. El castrimo ha sido experto en usar a sus emigrantes como misiles humanos para violentar las políticas de Washington D.C. Y la Ley de Ajuste Cubano de 1966 es la próxima concesión que la administración de Barack Obama le regalará al dictador Raúl Castro, en un pacto suicida en el que Estados Unidos aliena a sus aliados históricos y empodera a sus enemigos de muerte.

Nicaragua, una nación satélite de los hermanos Castro, fue la que en esta ocasión recibió, desde Cuba, la orden de reprimir militarmente a este flujo migratorio: una estampida que avergonzaría y probablemente provocaría la renuncia de cualquier Gobierno democrático —y decente— del mundo.

El Ejército del déspota Daniel Ortega se encargó de darle publicidad a este supuesto peligro en el traspatio de los Estados Unidos, lanzando hasta bombas lacrimógenas contra la plaga de los cubanos contrabandeados hacia el norte. En consecuencia, este show humanitario en tiempo real rebotará ahora en los medios masivos de Norteamérica: una asignatura que el castrismo domina y manipula a la perfección.

Muchos cubanólogos creen que se trata de un plebiscito con los pies, que el miedo paraliza a los cubanos en Cuba y que nos catapulta lejos de la dictadura. Pero ninguno de los miles de emigrantes cubanos ha mencionado nunca en cámara la palabra “Libertad”. A lo sumo, algunos aseguran que se van porque aspiran a un salario más alto —como el 101% de la humanidad— para ayudar con remesas a sus familias dejadas atrás en Cuba.

(Caricaturas aádidas por el bloguista de Baracutey Cubano)

Y, por supuesto, para cada año visitarlas tres o treinta veces en paz, tan pronto ahorren sus primeros dólares de la seguridad social norteamericana. Por lo cual ninguno de los nuevos cubanos fuera de Cuba nunca hará ni la más mínima crítica constructiva en contra del castrimo. Es decir, los cubanos ya no se van del castrismo sino que se quedan en el mismo miasma de un Miamierda donde los millonarios son los más miserables.

La revolución cubana, que en su fase raulista se autoproclama como garantía de paz y estabilidad en Latinoamérica, en la práctica es la fuente matriz de todas las violencias y desajustes de nuestro hemisferio. La gobernabilidad del castrismo se basa precisamente en erigirse como un puente perfecto sobre aguas turbulentas. Los dictadores cubanos no sabrían sobrevivir al frente de un sistema solvente y pacífico, mucho menos participativo.

Lo que la Casa Blanca se niega a ver es que el régimen reaccionario de La Habana es una máquina criminal de retorcer realidades. El castrismo crea las crisis a las cuales sólo el castrismo les podría dar solución. Así se legitiman de cara al futuro sin los Castro originales, después de seis décadas de imponer la muerte en Cuba y en las Américas como mecanismo de gobernabilidad.

Tal vez los cubanos hacen muy bien con no existir como pueblo. Tal vez sea muy bueno que no deseen vivir en libertad. La felicidad es exclusiva de ese estado de esclavitud en que hemos caído. En tanto no-personas, ya no tenemos un lugar en el mundo. Por lo que únicamente el castrismo —así en la isla como en el exilio— nos garantiza, excluyéndonos y extorsionándonos, un sentido de pertenencia a nuestro no-país.

1 Comments:

At 12:35 a. m., Anonymous Anónimo said...

Orlando es tan real lo que escribes que mirate tu mismo: viviendo en EU y aun esclavo de los Castros, hablando y escribiendo sobre ellos. Dime algo, cuando vas de visita a Cuba? Cuantas veces ha ido el dueño de este blog, Pedro Pablo? Hoy por aburrimiento leo este blog, solamente por aburrimiento. Aunque te resulte dificil de entender, mientras sigas pendiente de los Castros y escribiendo sobre ellos, sigues siendo un esclavo de ellos mi hermano. Ojala y entiendas eso, yo creo que si y que dediques tu talento a algo que realmente valga la pena. Saludos, Angel Valdes desde WPB

 

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