viernes, agosto 28, 2020

Miguel Sales Figueroa: Sexo, raza y cábalas prepóstumas


 Sexo, raza y cábalas prepóstumas

Donald J. Trump y Joe Biden

Por Miguel Sales

Málaga

26 de agosto de 2020

[Esta columna debería titularse “The Trouble with Harris”, pero no estoy seguro de que así, puesto en inglés, el lector de lengua española entendería la alusión al film casi homónimo de Alfred Hitchcock. Y traducido al español el título perdería totalmente su sentido alegórico. De modo que lo cambié para dejarlo como figura arriba].  

En el decenio de 1980 la televisión española contrató para el noticiero principal a una presentadora que causó sensación entre la audiencia. Era una joven periodista muy negra y muy bella, que hablaba un castellano depurado y enamoraba a la cámara con la mirada. 

Muchos pensaron que con ese nombramiento la dirección del ente estatal buscaba promover a la vez el perfil profesional de las mujeres y de las minorías. O sea, que trataba de matar dos pájaros de un tiro (dicho con perdón de las personas veganas y animalistas). 

La joven y hermosa presentadora subsahariana tenía un solo defecto: se equivocaba constantemente, leía mal el teleprompter y se hacía un lío con los papeles que mantenía sobre la mesa. Al punto de que su actuación se convirtió en motivo de chistes en todo el país.

Uno de los columnistas más prominentes de la época le dedicó al asunto un artículo que empezaba más o menos así: ”Si digo que la nueva presentadora de TVE lo hace fatal, ¿me acusarán de racista, de machista o de enemigo de la juventud?”.

Pues con la compañera de boleta presidencial de Joe Biden, la senadora Kamala Harris, ocurre tres cuartos de lo mismo. En el contexto actual de histeria colectiva que predomina en Estados Unidos, cualquier crítica a la candidata vicepresidencial corre el riesgo de incurrir en alguna de esas categorías de incorrección política. 

Señalar, por ejemplo, su escasa experiencia ejecutiva es exponerse a que a uno lo tilden de machista. Después de todo, en 2008 Barack Obama tenía un currículum vitae de medio folio y eso no le impidió alcanzar la presidencia de la República

Lo mismo sucede con la raza o “condición étnica”, como dirían algunos puristas. A la Sra. Harris se le supone la cualidad de afroamericana, aunque en realidad es una mujer mestiza de aspecto muy europeo, nacida de una madre india (india del Sur de Asia, no de esas que salen en las películas con plumas en la cabeza y un winchester bajo el brazo) y de un padre jamaiquino. Es evidente que si el concepto de “afroamericano” está vinculado a la trata trasatlántica, la esclavitud en los campos de algodón, el racismo y la segregación posteriores a la emancipación, el periplo vital de la Sra. Harris, -californiana de clase media alta, educada en buenas universidades y casada con un abogado blanco- guarda escasa relación con las vivencias de esa capa social. 

(Viñeta donde  Joe Biden usa expresiones racista  para referirse a Kamala Harris y expresar que ella lo sustituirá cuando vaya a acostarse. Imágenes y comentario del Bloguista de Baracutey Cubano)

Pero el interés que suscita el nombramiento de la Sra. Harris como candidata a la vicepresidencia en las próximas elecciones generales no radica tanto en estos aspectos de sexo y color de piel como en el hecho de que acompañará en la boleta a un candidato de 78 años de edad, que ya muestra síntomas de un preocupante deterioro físico y mental. Al punto de que sus acólitos lo mantienen atrincherado en el sótano de su casa en Delaware y tratan de exponerlo lo menos posible al roce con el público y al escrutinio de la prensa. 

Si el Partido Demócrata gana las elecciones de noviembre próximo, Kamala Harris estará a un ictus o un infarto de convertirse en la primera presidenta de Estados Unidos. (Como se dice en inglés, con suma elegancia, estará “a heartbeat away” del cargo). Y lo habrá logrado tras haber recibido la confianza de apenas el 5 por ciento de los militantes de su partido en las recientes primarias, que hubo de abandonar en diciembre de 2019.

Esa situación no sería tan insólita como parece ahora. Desde finales de la Segunda Guerra Mundial, dos presidentes demócratas fallecieron en el ejercicio de sus funciones (Roosevelt en 1945 y Kennedy en 1963) y un republicano dimitió ante el riesgo inminente de que el Congreso lo depusiera Congreso (Nixon en 1974). En los tres casos los vices asumieron la máxima magistratura y el sistema constitucional siguió funcionando sin fisuras, “salvando la subitaneidad del tránsito”, como habría dicho Mirabeau.

Pero el Partido Demócrata de 2020 poco tiene que ver con el que gobernó a Estados Unidos durante buena parte del siglo precedente. Una fracción considerable de sus militantes está compuesta hoy de elementos radicales que se definen más por lo que condenan que por lo que proponen: antifas, antirracistas, anticapitalistas, etc.  Estos sectores suelen ser a la vez partidarios de que el Estado financie sus grupos y movimientos con el dinero de los contribuyentes y de que prevalezca una anarquía que les permita socavar la tradición cultural y económica del país. Una contradicción flagrante, como tantas otras, que sería inofensiva si no se tradujera en iniciativas como recortar los fondos destinados a la seguridad pública (defund the police), vandalizar el patrimonio artístico y la memoria histórica del país, vulnerar los derechos de propiedad privada y otras actividades similares

La respuesta de una hipotética presidenta Harris a las presiones de estos grupos es una incógnita. Su trayectoria política no parece tan radical como la de otras candidatas que Biden también consideró para el cargo, pero sí apunta a una capacidad de cambiar de criterio y una tendencia a legitimar a varias de esas corrientes que resultan muy incómodas hasta para algunos de sus propios votantes. Su postura favorable a la educación superior y la asistencia médica gratuitas y universales indican una mentalidad dirigista y estatista, propicia a aumentar el gasto público y opuesta a la libertad de decisión individual. 

La victoria del tándem Biden-Harris en los próximos comicios comportaría una dosis de riesgo adicional que la clase media estadounidense sin duda estará sopesando ahora, mientras se mira al bolsillo por encima de la mascarilla antivirus y decide por quién votará en noviembre

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Según Jaime Bayly el demócrata BIDEN es un "MENTIROSO" y un "CAMALEÓN"


Forget the Gaffes, What About Biden's Lies?




Kamala Harris Confronts Joe Biden In Tense Exchange On Race Relations | NBC News




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