martes, julio 18, 2006

EL CORONEL Y EL COMANDANTE

El Coronel y el Comandante.



Por Huber Matos A.

Hugo Chávez quiere convencernos de una farsa: de que es el profeta del socialismo del siglo XXI, el defensor de los pobres del continente y el enemigo acérrimo del imperialismo norteamericano. El es el ungido heredero de Fidel Castro y el creador del proyecto económico que salvará a Latinoamérica. En realidad, Chávez está empleando la retórica desprestigiada y los resentimientos de la izquierda demagógica para desviar la atención del mundo entero mientras ensambla, cuidadosamente, un régimen en Venezuela que lo mantendrá toda la vida en el poder.

Fidel Castro, que en agosto cumple ochenta años, quiere convencernos también de que Chávez es su discípulo, el hombre que llevará adelante la bandera revolucionaria cuando él muera. A Castro lo que le interesa es el petróleo subvencionado de Venezuela y que Washington desvíe sus preocupaciones hacia Chávez. El tirano quiere que lo dejen tranquilo en Cuba en sus años de mayor vulnerabilidad. Después, cuando él muera, ¡que arda Troya!

El petróleo venezolano ha evitado el colapso del régimen castrista. Chávez lo financia generosamente a menos de la mitad del precio que en el mercado mundial. Para fines del 2006 el investigador y economista Carmelo Meza Lago estima que el déficit acumulado entre los dos países será de 3500 millones de dólares a favor de Venezuela. Castro no tiene la menor intención de pagar, ni la debilitada economía cubana tiene los recursos para hacerle frente a tal situación.

Es la simbiosis de dos oportunistas que están ganando tiempo. Mientras se discute si Chávez está o no loco, si está dilapidando el dinero de los venezolanos financiándole a los sandinistas su campaña electoral con petróleo subvencionado, o repartiendo combustible en los barrios pobres de los Estados Unidos, Chávez está montando su maquinaria represiva con la ayuda de los experimentados represores cubanos que fueron alumnos aventajados de la difunta KGB soviética.

No importa que para mantener al mundo entretenido les cueste a los venezolanos unos cuantos miles de millones de dólares. Entre insultos al presidente Bush, a Toledo en Perú, a Fox en México, o al candidato de cualquier país que rechace sus intromisiones en la política nacional, un buen porcentaje de venezolanos se mantienen hipnotizados por este coronel golpista convertido en presidente y aspirante a dictador vitalicio. Cuando el mundo se dé cuenta, y cuando los venezolanos que están en trance despierten, será demasiado tarde.

La inminente invasión norteamericana es parte importante de esta trama. Con ella se justifica la organización de la milicia que se entrena para presuntamente defender la soberanía venezolana, la compra de miles de fusiles AK47, los aviones, helicópteros y barcos de guerra. Todo esto es parte de la camisa de fuerza que se teje en las sombras para inmovilizar al pueblo venezolano cuando éste quiera reclamar sus derechos.

Y ya cuando sea demasiado tarde las naciones industriales más importante del mundo democrático seguirán haciendo negocios con Chávez argumentando que una política de diálogo constructivo tiene más posibilidades de influir en el régimen venezolano que una de confrontación.

Quisiéramos creer que no está ocurriendo en Venezuela lo que sucedió en Cuba. Como, un pueblo cautivado por la demagogia, que ahora la prensa democrática occidental llama elegantemente “populismo”, fue primero víctima de su inmadurez política, de una conspiración maquiavélica, de la falta de unidad de sus políticos de oposición y de la complicidad e indiferencia del Occidente democrático.