viernes, diciembre 08, 2006

LA OPCIÓN SOCIALCRISTIANA: LA MEJOR PARA CUBA

La opción socialcristiana: la mejor para Cuba



Por Yaxys D. Cires Dib


La no aparición del homenajeado ha sido interpretada como evidencia de que su salud no anda bien y que no volverá al poder. Se confirma el inicio de una nueva era para Cuba, la era post-Castro o “raulista”, y con ello nos enfrentamos a nuevos tiempos sobre los cuales podemos asegurar o predecir poco. A pesar de ello, muchos expertos se han aventurado a plantear sus tesis; hablan de diferentes posibles escenarios políticos, pero como todo lo que tiene que ver con la isla, por la escasez de información veraz sobre lo que en el entramado de poder sucede, la mayoría de los análisis se convierten en puras elucubraciones. Sin embargo, fuera del complejo mundo de los analistas hay una realidad: muchos cubanos desean algo nuevo para sus vidas, que les haga más personas, que respete sus derechos y que les quite el hambre, sí, el hambre. Se necesita y se desea un cambio para bien. De eso sí hay certeza, a pesar de que muchos que no conocen el sistema comunista digan que si de verdad los cubanos deseáramos algo distinto ya nos habríamos revelado por la fuerza -expresión que demuestra un desconocimiento de la naturaleza y funcionamiento del sistema totalitario.

Después de más de cuarenta y cinco años bajo el poder del régimen castrista, se puede hacer un balance que presenta resultados más negativos que positivos, entre otras cosas por la situación de irrespeto de los derechos humanos, la precariedad de las condiciones de vida de los ciudadanos y por los cientos de miles de cubanos que han tenido que abandonar su patria. Por otro lado, nos encontramos en un contexto latinoamericano nada alentador, en el que la pobreza, la corrupción y el neopopulismo siguen galopando por el subcontinente. También hemos visto las graves crisis sociales originadas a raíz de la implantación de las recomendaciones del Consenso de Washington, que si bien buscaron la apertura económica en nuestros países, no estuvieron acompañadas de una exigencia constante de modernización de los sistemas políticos ni de una fiscalización de la retribución que sus resultados debían general en la población. Los extremos han fracasado, por lo menos social y antropológicamente. Por ello estamos obligados a pensar en un nuevo camino para el futuro de nuestro país: un proyecto centrista humanista.

Un proyecto político de centro humanista inspirado en los valores cristianos universales, y que le otorgue un papel importante a la reconstrucción de la sociedad civil. Quizás la ausencia de éste durante la primera mitad de nuestra república fue una de las causas de los lodos que vinieron después.

La opción socialcristiana se ha ido consolidando en Cuba. Ha sido el propio régimen comunista quien desde sus primeras andanzas post revolucionarias –1959 en adelante- ha hecho fortalecerse este movimiento en Cuba. La marginación y persecución a los cristianos, las restricciones a la Iglesia, pero también y sobre todo, el proceso de desmantelamiento de la identidad nacional, que fue permutada por el sistema cultural soviético, también ha propiciado este encuentro del cubano con la opción socialcristiana. Hoy día podemos observar un amplio archipiélago socialcristiano o democratacristiano en el panorama político y social de la isla y del exilio. Grupos, movimientos, centros, publicaciones, que encarnan una diversidad y complejidad notables, pero que en medio de esa policromía que es también toda la oposición, representan los deseos de cambio para Cuba inspirados en los valores cristianos. No se trata de impulsar la construcción de un estado confesional o puritano con una sociedad civil que le sirva de satélite natural, sino un estado moderno y laico de verdad y una sociedad civil responsables; orden en el que primen valores como la justicia social, la equidad, la libre iniciativa, la preocupación por los más pobres, la subsidiaridad y el tan necesario perdón.

En una ocasión escuché decir a un sacerdote habanero que “al parecer los cubanos no éramos tan católicos como se decía –antes del 59- ni somos tan comunista como se dice”. En ese sentido creo que después de este proceso de despersonalización, el cubano medio ha emergido –sin hacer apologías- como un hombre centrista, humanista y cristiano. Puede ser que a pesar de la cantidad de estructuras de poder que hoy existen, de incluso la amoralidad imperante, sea más viable un proyecto socialcristiano dada la identificación de los ciudadanos con lo que ese paradigma representaría. No quiero decir que seamos altamente comprometidos y santos, pero nuestra inclinación es hacia esos valores y no hacia los fundamentalismos, que además de repugnarnos nos dan miedo. Tenemos más de Kant que de Hobbes.

El liderazgo democratacristiano de dentro y de fuera de Cuba debe tomar consciencia del papel que está llamada a jugar como “concertación”, “frete”, “plataforma” o “archipiélago”. Liderazgo que podemos identificar en las personas de Oswaldo Payá, Dagoberto Valdés, Marcelino Miyares, Rafael León, Javier de Céspedes y muchos más. Algunos ya son personas reconocidas incluso internacionalmente; todos han entregado cada minuto de sus vidas a la lucha por la democracia en Cuba. Pero el compromiso con un proyecto centrista cristiano como alternativa para nuestra patria debe superar las desconfianzas e individualismo que puedan existir y que de hecho existen. Se puede ser muy entregado a una causa, pero si se es incapaz de dialogar y concertar ello sería una imposibilidad tremenda para construir lo que se predica, más en el caso cubano, donde la fuerza del estado respalda y respaldaría en un eventual proceso electoral al Partido Comunista. Llegado el momento de la verdad ¿podrán nuestros líderes asumir ese reto? Ya es hora de ir trabajando en ello.
(ciresdib@yahoo.es)