lunes, abril 23, 2007

EL " MIEDO VIRTUAL " DE VIRGILIO PIÑERA

El 'miedo virtual' de Piñera


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El número 43 de la revista 'Encuentro' analiza el papel de los intelectuales frente al poder y homenajea a Bebo Valdés.
Redacción EER
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Se encuentra ya en circulación el número 43 de la revista Encuentro de la Cultura Cubana, invierno de 2006-2007, que tiene como protagonista a Bebo Valdés y dedica un "Especial" al tema de los intelectuales frente al poder.

Bebo Valdés y su biógrafo sueco, Mats Lundahl, dialogan en la nueva sección "En Persona"; el segundo aporta un abarcador ensayo sobre el músico, y Cristóbal Díaz Ayala recomienda y comenta algunos títulos de la extensa discografía del pianista, arreglista y compositor. Lundahl pregunta a Bebo por las razones que le impulsaron a abandonar el país, y el músico responde que ya los comisarios políticos comenzaban a impedirle tocar ciertos temas, prohibición que él se negó a acatar hasta ser expulsado de varios sitios. Pero lo decisivo, confiesa, fue su negativa a asistir a un acto donde haría uso de la palabra Fidel Castro.

( Bebo Valdés en el Puente de Brooklyn, Nueva York. (AP/DL MEDIA) )

El músico dialoga acerca de las relaciones con su hijo Chucho Valdés y responde a la interrogante sobre una posible visita suya a la Isla: "A Chucho no le quedaba más remedio que quedarse, creo yo. Cuando lo vi, después de 18 años… le dije: 'Entre tú y yo hay una cosa: padre e hijo. Tú eres mayor. Tu política es tuya. La mía, es mía'… Nunca hablamos de política. Lo que siempre ha sido importante para mí, lo primero, ha sido la familia. Nunca he dejado de mandarles dinero [a los que están en Cuba], de ayudar a mis hijos y a mis nietos también. Yo no soy político. Yo digo lo que quiero. A mí ese régimen no me gusta y yo no piso mi tierra y ya está. No me da la gana. ¿Cómo es posible que si yo me he pasado casi 47 años, que un día me inviten y yo me vaya a Cuba? ¿Tú crees que eso es moral?".

«La pistola sobre la mesa»

El Especial de este número de Encuentro, "Palabras de los intelectuales", va dedicado a las reuniones celebradas en 1961 en la Biblioteca Nacional entre los más altos dirigentes revolucionarios y una representación de los escritores y artistas del país. Dichas reuniones, que confirmaron la censura del documental P.M., concluyeron con el discurso de Fidel Castro Palabras a los intelectuales, que ha signado desde entonces la política cultural revolucionaria.

Meses después de la celebración de tales reuniones, fue clausurado el suplemento literario Lunes de Revolución y las autoridades descubrieron lo conveniente de crear una institución que agrupara a todos los artistas y escritores del país. Fue fundada así la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y su revista La Gaceta de Cuba.

De aquellas citas en la Biblioteca Nacional sólo había trascendido la versión de las autoridades, el discurso de clausura pronunciado por Fidel Castro. Y aunque eran conocidos los testimonios de algunos participantes, los pronunciamientos de artistas y escritores habían sido escamoteados con el fin de perpetuar la versión de las autoridades políticas. De manera que faltaba una parte imprescindible a la hora de la reconstrucción histórica, parte que ahora resulta publicada parcialmente en este "Especial".

De indudable interés para los lectores resultará la intervención atropellada de un Virgilio Piñera: "Hay un miedo que podíamos calificar de virtual que corre en todos los círculos literarios de La Habana, y artísticos en general, sobre que el Gobierno va a dirigir la cultura. Yo no sé qué cosa es cultura dirigida, pero supongo que ustedes lo sabrán. La cultura es nada más que una, un elemento… Pero que esa especie de ola corre por toda La Habana, de que el 26 de Julio se va a declarar la cultura dirigida, entonces (…) y yo no digo que haya temor, sino que hay una impresión, entonces yo no creo que nos vayan a anular culturalmente, ni creo que el gobierno tenga esa intención, pero eso se dice. Que lo niegan, está bien, pero se dice. Y yo tengo el valor de decirlo, no porque crea que los que nos van a dirigir nos van a meter en un calabozo ni nada, pero eso se dice".

Se recuperan las intervenciones de muchos artistas y escritores: Heberto Padilla, Natalio Galán, José A. Baragaño, Tomás Gutiérrez Alea, Juan Blanco, Mirta Aguirre, Manuel Navarro Luna…

Uno de ellos, Mario Parajón, indaga: "¿Y si quiero discrepar de Gutiérrez Alea y defender a la religión cuando él quiera atacarla? Gutiérrez Alea tiene todo el derecho a atacarla. ¿Yo también tengo el derecho de defenderla?: es lo que estoy preguntando. No solamente eso. Aquellos que tienen, en efecto, el derecho en un orden ideológico, filosófico y cultural a expresarse como quieran, ¿tienen también el mismo derecho expeditivo a publicar lo que están pensando? (…) Yo, católico, en un comité de publicaciones junto a un comunista, hemos recibido ambos un artículo de una persona que daba una interpretación muy espiritualista de la Revolución Cubana. Y esa comunista ha sido partidaria de publicar el artículo, y de poner una nota diciendo el criterio de ella. Hemos convivido este católico y esta comunista. ¿Es posible que esto, en una célula minúscula de trabajo en la que yo me muevo, se oficialice y se colectivice, y sirva para todos?".

Justo mientras se preparaba este número de la revista, ocurrió un copioso intercambio de mensajes electrónicos entre intelectuales cubanos de todas las orillas, como respuesta a la aparición televisiva de varios responsables de la época más represiva de la cultura nacional: los años setenta. Algunos mensajes aludían a aquellas reuniones celebradas cuarenta y tantos años antes en la Biblioteca Nacional. Era más que coincidencia: tanto en 1961 como en 2007 venía a formularse la relación, en un espacio de totalitarismo, entre intelectuales y autoridades políticas. Y es por ello que coinciden en un mismo número de la revista testimonios de ambas épocas: las intervenciones en una asamblea, los mensajes electrónicos que circularon.

Otros encuentros

En el número 43 de Encuentro aparecen también dos capítulos de novelas en proceso: Memorias del desarrollo, de Edmundo Desnoes, de inminente aparición, y El retablo del Conde Eros, de Eliseo Alberto. Completan la parte narrativa los cuentos Compañeros son los bueyes, de Francisco García González, y Stultifera navicula, de Waldo Pérez Cino. Y se publican poemas de Jorge Luis Arcos, Pedro Juan Gutiérrez, Luis Felipe Rojas Rosabal y Chago (Santiago Méndez Alpízar).

Ensayos literarios de Miguel A. Sánchez, Désirée Díaz y Emilio Ichikawa, aparecen junto a un estudio de Lilliam Guerra sobre la producción de imágenes y el imaginario revolucionario en torno a la concentración de campesinos celebrada en La Habana en 1959. Enrique Collazo introduce la nueva propuesta de microcréditos para los cubanos de la Isla, formulada por el Cuba Study Group. Y Miguel Cabrera Peña entrevista a Francisco León a propósito de una nueva "Operación Carlota", esta vez protagonizada por cooperantes cubanos (personal médico, sobre todo) en lugar de militares y guerrilleros.

En su crítica a "la ecosofía de la Revolución Cubana", Eudel Eduardo Cepero analiza no sólo el desastre ecológico que asola la Isla, sino el ideario de "dominar la naturaleza" que lo inspira. En el apartado "Visión de América", Frédérique Langue se ocupa del pretorianismo venezolano. Elizabeth Burgos disecciona el libro donde Ignacio Ramonet entrevista a Fidel Castro, y se reproduce el ensayo Cuba: dilema y esperanza, de Pedro Campos Santos, especialista residente en la Isla y defensor del régimen de La Habana.

El número contiene imágenes de las dos últimas series fotográficas realizadas por Gory (Rogelio López Marín), cuya obra es presentada al lector por Jesús Vega.