martes, septiembre 09, 2008

UNA CANCION CON EL ALMA DE CUBA

Tomado de http://www.vozcatolica.org/63/alma_cuba.htm

Una canción con el alma de Cuba

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Virgen Mambisa resuena en el corazón de todos los cubanos como un himno de esperanz
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Por Lourdes Martínez
Especial / La Voz Católica


En días recientes tuve el privilegio de conocer a Orlando Rodríguez, el compositor musical de Virgen Mambisa en su parroquia de St. Mary Magdalen, de Sunny Isles.
Orlando Rodríguez nació en Colón, Matanzas, el 27 de enero de 1922. Estudió música en la Academia Juana Rosa Ramírez, de su pueblo natal, y en la Academia Juana Rosa Llau, de La Habana. Durante muchos años acompañó al coro de la Parroquia de la Caridad, en fiestas solemnes dirigidas musicalmente por Ada Ravelo. Fue también organista de las parroquias de Nuestra Señora del Pilar y de Cristo Rey, en La Habana, época durante la cual compuso mas de 50 canciones, todas dedicadas a Dios y a la Santísima Virgen María.
(Virgen de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, basílica de El Cobre, Santiago de Cuba )

José Carlos Vasconcelos, que fue organista de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, en la calle Reina, me comentaba que Orlando Rodríguez y Rogelio Zelada establecieron una especie de dúo autoral muy prolífico, que en los años 70 llenó todo el espacio vacío de nuestra música litúrgica con innumerables composiciones.
En 1980, Orlando salió de Cuba hacia Puerto Rico, donde vivió y trabajó como organista de las parroquias San Juan Evangelista y San Mateo durante 15 años. En 1993, la Conferencia Dominicana de Religiosos (CONDOR) organizó un proyecto titulado Cantemos Nuestra Fe, al que compositores latinos enviaron sus canciones; resultó ganadora la de Orlando, titulada Llegamos a tu mesa. En la misa celebrada por Su Santidad Juan Pablo II el 25 de enero de 1998 en La Habana, fueron incluidas dos de las canciones de Orlando: El Sembrador y Virgen Mambisa. Esta última fue compuesta en los años 70. Un día, Orlando le hizo oír la melodía a Rogelio Zelada, y éste, al escucharla, le dijo: “Resérvamela, que la voy a utilizar para la Caridad del Cobre y le voy a poner Virgen Mambisa”. Un día 8 de septiembre, en la parroquia de Cristo Rey, Virgen Mambisa fue cantada por primera vez.
La canción fue acogida inmediatamente con tanto entusiasmo, que sus autores se dieron a la tarea de hacer innumerables copias y de repartirlas en las iglesias de la Vicaría Cerro-Vedado y Centro Habana. La canción ha recorrido el mundo, y resuena en el corazón de los cubanos como un himno que nos inspira y nos llena de esperanza.

José Carlos Vasconcelos, quien interpretó las canciones de Orlando durante tantos años en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, nos dice que Virgen Mambisa resume de forma sencilla, y con una altísima finura estética, nuestra cultura y nuestra piedad religiosa. Es una obra asequible a todos los oídos, y su letra, compuesta por Rogelio Zelada, es muestra de la auténtica expresión religiosa del pueblo cubano. Entre las composiciones más conocidas de Orlando Rodríguez figuran El Sembrador, Dichosos, Madre de nuestra esperanza, Compañeros del camino, Hoy vino y pan, Misa cubana, Misa de Cristo Rey y Confío en Dios.
Los católicos de mi generación, quienes nacimos y crecimos en la Cuba de hoy, tenemos mucho que agradecerles a Orlando Rodríguez y a tantos otros compositores católicos, que con sus obras fueron capaces de llenar nuestros corazones de amor a Cuba y a nuestros hermanos.
Ellos nos enseñaron que el símbolo más grande que tenemos los cubanos es nuestra Virgen María de la Caridad del Cobre.
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Virgen Mambisa
Madre, que en la tierra cubana
Riegas desde lo alto tu amor;
Madre del pobre y del que sufre,
Madre de alegría y dolor:
Todos tus hijos a ti clamamos,
Virgen Mambisa, que seamos hermanos.
Madre, que en tus campos sembraste
Flores de paz y comprensión:
Dale unidad a tu pueblo,
Siembra amorosa la unión.
Todos tus hijos a ti clamamos,
Virgen Mambisa, que seamos hermanos.
Madre, que el sudor de tus hijos
Te ofrezca su trabajo creador.
Madre, que el amor a mi tierra
Nazca del amor a mi Dios.
Todos tus hijos a ti clamamos,
Virgen Mambisa, que seamos hermanos.