jueves, noviembre 05, 2009

LA CONTINUIDAD POR OTRAS VÍAS

LA CONTINUIDAD POR OTRAS VÍAS




Por Jorge Olivera Castillo
Sindical Press

5 de noviembre de 2009

La Habana – www.PayoLibre.com – Algunos amigos soslayan mi opinión con una soberana carcajada. Otros optan por una desestimación seria y debidamente argumentada. Pero también hay gente que se suma a mis presunciones sobre la continuidad del actual gobierno cubano, quizás con algunos retoques, que le permitan ganar 7 u 8 años más de supervivencia.

Mis observaciones tienen como punto de partida el 2006, año en que Fidel Castro se alejó del poder a causa de una enfermedad aún considerada secreto de estado. O sea que creo en la probabilidad de que el castrismo pueda cumplir su 57 aniversario en el 2016.

Ya en la cúpula se barajan una serie de pasos tendientes a facilitar un proceso de discretas aperturas que pudieran emerger con mayor dinamismo en los próximos años como parte de un diseño al más alto nivel y ante una eventual desaparición física del llamado máximo líder.

Dudo que sobre la mesa de los estrategas figure un plan armónico e incluyente que alcance todas las áreas necesitadas de transformaciones profundas.

Por experiencia histórica, las dictaduras ceden lo necesario, negocian en vistas al reacomodo y a la ganancia de tiempo. Las circunstancias que se mueven alrededor de la Isla, no invitan a considerar una rendición de la élite que detenta el poder. Esto último tendría que ocurrir a través de un bloqueo internacional o una invasión externa.

Tales escenarios ocuparían, si acaso, el último lugar en la escala de los pronósticos. Realmente es muy difícil que pudieran concretarse a la luz de una actuación internacional que elige entre el apaciguamiento en sus versiones más benévolas, el acercamiento crítico o la abierta complicidad como sucede con no pocos países de Latinoamérica, Asia y África.

El totalitarismo ha hecho concesiones durante su larga trayectoria sobre los destinos del país. Los pasos dados en ese sentido, se explican a partir de los intereses de la nomenclatura y no en resultados que tengan entre sus fines el libre desarrollo de la sociedad en materia económica, derechos civiles, políticos y culturales,

El régimen está consciente de que debe asumir una serie de cambios imprescindibles. Es lógico que sean lentos, tortuosos y hasta con retrocesos.

El temor a que se desencadenen otras fuerzas de cambio, de manera colateral, aumenta el nivel de prudencia y suspicacias de la vieja guardia partidista.

Pese a las reticencias de los elementos más conservadores en romper estereotipos y encauzar al país por los senderos del pragmatismo, en los próximos años se abrirán algunos candados no tanto a causa de una mano generosa decidida a cambiar el curso de un modelo obsoleto y agotado, sino a partir de las presiones que el inmovilismo reproduce a escala institucional y que afecta a grandes segmentos de la población. Lograr tan siquiera un mínimo de racionalidad y eficiencia es un mandato que supera las barreras impuestas por la ideología.

Los cambios en curso y los que esperan por implementarse, serán tibios y limitados. En un plazo no muy largo el partido comunista tendrá que revisar parte de sus dogmas, pues el llamado socialismo cubano no podrá sobrevivir sin ampliar su integración al sistema capitalista mundial y esto choca con la ortodoxia que todavía se exhibe a los cuatro vientos.

Es factible que pueda crearse, como base para una futura transición, la convivencia de un partido único junto a empresas privadas de varias naciones.

Dosificando el movimiento hacia una apertura, es que la élite compra tiempo. A este ritmo y con el control represivo casi intacto, es posible que la gerontocracia o sus herederos puedan celebrar 7 u 8 aniversarios de lo que para entonces, puede que sea un remedo caribeño del modelo chino o vietnamita.

Ese esbozo de país que vislumbro en el horizonte, es una hipótesis hecha con realidades que observo y padezco cada día.

Ante lo sombrío del paisaje, es necesario que los demócratas de la oposición interna, quiénes integran la sociedad civil y los actores internacionales que siguen de cerca la problemática cubana, redoblen los esfuerzos para no permitir que Cuba se transforme en una dictadura con economía de mercado y algunas permisividades en el ámbito de los derechos individuales.

La democracia con todos sus atributos debería ser la meta a conseguir. Cualquier otra fórmula sería jugar otra vez con el destino de una nación empantanada en el lodo de la enajenación y la decadencia.

oliverajorge75@yahoo.com