viernes, mayo 05, 2017

Alfredo M. Cepero: EL BUEN PASTOR Y EL FALSO PASTOR

Tomado de http://www.lanuevanacion.com/

EL BUEN PASTOR Y EL FALSO PASTOR

Por Alfredo M. Cepero
Director de www.lanuevanacion.com
Sígame en: http://twitter.com/@AlfredoCepero
5-3-17

"Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas". Parábola del Buen Pastor -Juan 10,1-18.

La parábola del Buen Pastor es una de las más emblemáticas e ilustrativas de la Santa Biblia porque sintetiza en muy pocas palabras el mensaje y la misión por los que vino a la Tierra el Hijo de Dios. Es la máxima expresión del amor de un pastor que sacrifica hasta la propia vida para proteger a aquellos que se le han encomendado a su cuidado. Ese mensaje y esa misión fueron expresados con vehemencia y valentía en días recientes por un prelado venezolano. El Cardenal y Arzobispo de Mérida, Baltazar Porras Cardozo, demostró ser el buen pastor del pueblo de Venezuela.

En un mensaje de conmovedoras palabras, el purpurado se despoja de sus merecidos atuendos de Príncipe de la Iglesia y se abraza a los jóvenes que se juegan la vida por la libertad de la patria. En su mensaje, Porras Cardozo deja bien claro que no está interesado en el favor de los poderosos sino comprometido con el bienestar de los desamparados y perseguidos de su pueblo, el "Juan Bimba" consagrado en la poesía y la prosa de Andrés Eloy Blanco.

Aunque no acostumbro a hacer citas demasiado largas de otros autores, en esta ocasión no puedo resistir la tentación de hacerlo. El tema es tan importante y las palabras tan elocuentes que deben de ser repetidas hasta el cansancio para que las escuche un mundo hasta ahora insensible a la tragedia de Venezuela.

En su mensaje a los jóvenes, emitido el 13 de abril pasado, el cardenal hace un acto de confesión patriótica cuando dice: "Yo estoy con los muchachos, ..con los que se escapan de las madres, que ya no pueden atarlos a las casas… Con los muchachos que se empecinan en despertar un país dormido que solo se lamenta, un país verbo, país paz de la fea, de la sumisa…Estoy con los muchachos, porque creo en las conquistas, no en las regalías, porque soy como ellos, un poco tonto, otro bravío, o simplemente porque no me da la gana de dejarle mi país a las hienas". ¡Bravo Cardenal, Bolívar lo bendice desde su gloria eterna!

(Cardenal y Arzobispo de Mérida, Baltazar Porras Cardozo)

Como era de esperar, la jauría que se ha apoderado por la fuerza de Miraflores y que repite las consignas ofensivas que le envían desde La Habana, la emprendió contra el prelado. La respuesta soez expresó que: "Guiado por el demonio, el Cardenal Baltazar Porras envía carta apoyando odio y violencia de guarimberos. Rompiendo con toda regla y paradigma, los religiosos venezolanos se han dedicado a politizar la fe católica y a apoyar a vándalos que sólo buscan violencia y desestabilización".

Pero, en honor a la justicia, Porras Cardozo no es la excepción entre los miembros de la curia venezolana sino la regla. En enero de este año, la reportera en Caracas del ABC de Madrid, Ludmila Vinogradoff, daba cuenta de que: "El arzobispo de Caracas, cardenal Jorge Urosa, instó a los sacerdotes a leer en todas las misas del pasado domingo una homilía en la que animaba a los venezolanos a "no dejarse intimidar" y a "erradicar la dictadura" por la vía "pacífica y democrática". Con esto no queda duda alguna de que la Iglesia de Venezuela, a diferencia de la de Cuba, ni pide permiso ni acepta órdenes de Roma a la hora de enfrentarse a los tiranos que oprimen a su patria.

¡Qué contraste entre esta Iglesia de Venezuela erguida ante sus opresores y la Iglesia de Cuba arrodillada ante los diablos que martirizan a mi patria! ¡Qué contraste entre sus buenos pastores y nuestros falsos pastores! ¡Qué contraste entre Baltazar Porras Cardozo y Jaime Ortega Alamino! El primero confrontando a sus tiranos y el segundo al servicio de nuestros déspotas. A propósito, volvamos a la parábola del buen pastor donde hace referencia a los falsos pastores. "No así el asalariado, que no es el pastor ni las ovejas son suyas. Cuando ve venir al lobo, huye abandonando las ovejas, y el lobo las agarra y las dispersa. A él sólo le interesa su salario y no le importan nada las ovejas".

(Cardenal Jaime Ortega)

Esa ha sido la conducta de Jaime Ortega. No sólo abandonó a las ovejas encomendadas a su cuidado para servirse a sí mismo sino fue más allá. Vilipendió y despersonalizó a quienes se atrevieron a denunciar su miserable conducta. Durante una conferencia en la Universidad de Harvard, Ortega manifestó que la ocupación de la Basílica Menor de la Iglesia de Nuestra Señora de la Caridad, en Centro Habana, por un grupo de 13 opositores, fue organizada por la "gusanera" que opera desde Miami.

La realidad es que la ocupación fue una operación pacífica organizada en Cuba y que Ortega aprobó con antelación el operativo militar que puso punto final a una de las más significativas acciones de la oposición en víspera de la visita del papa Benedicto XVI a Cuba, realizada del 26 al 28 de marzo de 2012. Y en un acto de supina vileza, este Judas negó que hubieran sido sacados por la fuerza y agregó que: "Ellos eran un grupo que, me apena mucho, pero todos eran antiguos delincuentes”, afirmó Ortega. “Había un ex preso cubano que había sido devuelto a Cuba, había estado seis años en la cárcel, y fue una de las personas excluibles que fueron mandados a Cuba [...]. Había toda una gente allí sin nivel cultural, algunos con trastornos sicológicos”.

Pero la maldad de este hombre para justificar su repulsiva conducta no conoce siquiera el límite del respeto a la memoria de los muertos. En ese mismo viaje a los Estados Unidos declaró a la prensa que Monseñor Agustín Román le recomendó no mencionar la palabra reconciliación en su primera visita como cardenal a Miami en los años 80. “Román me llamó aparte y me dijo: ‘En tus discursos, en tus homilías tú hablas de reconciliación. No menciones esa palabra en Miami’”. Una frase que jamás pudo haber salido de la boca de aquel hombre santo y humilde que fue Monseñor Román y una mentira más de quien ha hecho de la farsa un modo de vida de lujos y privilegios.

(Tirano  General Raúl Castro y Cardenal Jaime Ortega)

Otro incidente que ilustra la perversidad de este sujeto se produjo con motivo de la celebración del 4 de julio de 2015 en la residencia del jefe de misión de la Oficina de Intereses de EE.UU. en La Habana. Un grupo de opositores, entre los cuales se encontraban el dirigente Egberto Ángel Escobedo y las Damas de Blanco Leticia Ramos y María Labrada le reprocharon que hubiera negado que había presos políticos en Cuba. La respuesta tajante de Ortega: "No, para mí no hay presos políticos. Nosotros hicimos la gestión en el 2010 para sacar a los últimos presos políticos que habían y la Iglesia católica fue la que hizo eso". Acto seguido los amenazó con llamarles a la Seguridad del Estado. No creo que sean necesarios más ejemplos.

Lo que sí quiero ratificar es que esta reconciliación farisaica predicada por Ortega de las victimas con sus victimarios es inaceptable y humillante. No puede haber reconciliación con quienes han asesinado a millares de seres humanos para preservar el poder. Además, los centenares de jóvenes que murieron por su iglesia y por su patria ante los paredones de fusilamiento gritando "¡Viva Cristo Rey! dieron testimonio de que morían por su fe en el máximo exponente de los buenos pastores, el que fue crucificado hace dos milenios en El Gólgota. Este falso pastor cubano los habrá traicionado, pero todos son tan mártires como los del Circo Romano, los de la Guerra Civil Española, los de los campos de exterminio nazis y los decapitados por el terrorismo islámico. Un día serán elevados a unos altares donde pido a Dios que no oficien sacerdotes de la baja calaña de Jaime Ortega.

La opción de la Iglesia Cubana en estos momentos es muy clara. Se une a su pueblo en la defensa de la libertad como ha hecho la Iglesia Venezolana o se prepara a pagar las consecuencias de su complicidad con la tiranía en la Cuba democrática que ya se avecina. El momento de estar del lado correcto de la historia es ahora. Después será demasiado tarde.

1 Comments:

At 3:17 p. m., Anonymous Realpolitik said...

Lo mejor que se puede decir de Ortega es que por lo menos no es descendiente de una gran figura de la historia de Cuba, como lo era el difunto prelado Carlos Manuel de Céspedes, que aparte de tener fama de "loca" era un defensor abierto del "Che" Guevara. Claro, deshonrar a Dios sigue siendo peor que deshonrar al "Padre de la Patria."

 

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