Alberto Roteta Dorado: JOSÉ MARTÍ, SU VOZ POR EL MUNDO. Primera parte. .
Nota:
Se trata de un trabajo de investigación que permite precisar la primera vez que Martí pronunció su palabra en público en cada país donde vivió,
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JOSÉ MARTÍ, SU VOZ POR EL MUNDO.
Dedicado al 173º aniversario de su nacimiento.
Primera parte.
Por Dr. Alberto Roteta Dorado
Santa Cruz de Tenerife. España. La universalidad de José Martí es un hecho innegable. Esta universalidad está determinada, no solo por su trascendente labor política, sin la cual, la segunda gesta independentista hubiera sido infructuosa, sino por sus cualidades de escritor extraordinario, la grandeza de su pensamiento filosófico, la vastedad de su cultura y, ante todo, el don de la elocuencia, demostrado a través de sus innumerables discursos. El contexto histórico en el que le tocó vivir a Martí se caracterizó, entre otras cosas, por un extraordinario auge del desarrollo de la oratoria, hecho que se popularizó, tanto en Europa, donde nuestro héroe vivió transitoriamente en países como España, como en América, donde vivió, igualmente, en varias naciones como México, Estados Unidos de América, Guatemala y Venezuela. Ese don de la elocuencia le permitió ganarse la admiración y el respeto de todos los que le escucharon, toda vez que Martí ofreció pláticas, alocuciones y, sobre todo, grandes discursos. De ahí que algunos investigadores profundos de su pensamiento lo definieran como un orador extraordinario.
Este tema de la oratoria martiana ha sido tratado con sumo cuidado y gran profundidad por estudiosos de la obra del apóstol de la independencia cubana. Merecen ser citados Isidro Méndez, Medardo Vitier, Jorge Mañach y Luis Álvarez, por solo acudir a algunos de los grandes que han abordado desde posturas diferentes dicho tema; aunque siempre coincidiendo en una misma idea: la grandeza de su oratoria y ese peculiar estilo que lo define como uno de los grandes, amén de resaltar esa vastedad de conocimientos y exquisita cultura. Estos investigadores han aportado elementos conceptuales acerca del estilo y el lenguaje, tanto desde el punto de vista literario, como filosófico, político o de la oratoria propiamente dicha.
(José Martí, junio de 1869)
Han sido revisados reiteradamente, con la finalidad de ser estudiados en este sentido sus conocidísimos discursos revolucionarios, entre los que se destacan todos los dedicados al diez de octubre, entre 1887 y 1891, en Masonic Temple y Hardman Hall, en Nueva York, así como los famosos “Con todos y para el bien de todos” y “Los pinos nuevos” de Tampa y Cayo Hueso. Sin embargo, con frecuencia se omite en cronologías y estudios biográficos sobre la vida del apóstol la primera vez que habló en público, la trascendencia de sus primeras intervenciones como orador, los temas tratados, si se conserva el documento, o al menos partes de él, así como la valoración crítica de la prensa de la época.El presente trabajo tiene como objeto hacer referencia a la primera intervención pública de Martí en diversos países en los que dejó escuchar su voz, así como destacar las valoraciones acerca de su oratoria hechas en el contexto de su tiempo. Haré mención de sus discursos en España, a pesar de no conservarse de manera escrita, a su reconocida intervención por primera vez en México en el liceo Hidalgo. Trataré de precisar cual fue realmente su primer discurso en Guatemala y en Cuba, además de insistir en su lectura en Steck Hall en los Estados Unidos y su elocuente discurso en el Club del Comercio de Venezuela. Estos discursos martianos no son necesariamente los más importantes, ni los que lo consagran dentro de la oratoria; pero si los primeros que ofreció en estos países.
Madrid y Zaragoza, España
Entre los años 1871 y 1874 José Martí permaneció en España al ser deportado de su patria por las autoridades del gobierno español. Aquí estudió y se graduó de licenciado en derecho civil y canónico y de licenciado en filosofía y letras. Publicó sus primeros ensayos: El presidio político en Cuba y La República española ante la revolución cubana, además de escribir su drama Adúltera. Fue en tierra española donde el joven cubano habló por vez primera en público.
El veintisiete de noviembre de 1872, José Martí, con solo diecinueve años habló para un grupo de personas reunidas en la casa de Carlos Sauvalle, en Madrid, después de haber participado en la iglesia Caballero de Gracia, en las honras fúnebres a los estudiantes de medicina fusilados en Cuba un año atrás por el gobierno español. El ensayista y crítico Jorge Mañach recrea el hecho en su biografía Martí el apóstol, cuando describe este momento y expone las ideas presentadas por Martí en su discurso. Esta primera intervención de Martí, sin embargo, no fue en un lugar público y solo fue escuchado por un grupo íntimo de amigos y compañeros. No obstante, hemos de considerar este acontecimiento como la primera vez que Martí dejó escuchar su voz en el mundo. Según Mañach:
“Evocó la tragedia. Los rostros sonreídos fueron tornándose graves. Narró con la precisión de un testigo de vista, los tres días increíbles de furia y de angustia. Brillaban ya los ojos de sus oyentes (…). Pintó la amargura de las vidas frustradas, el vacío de las amistades truncas, el dolor sin medida de las madres despojadas (…) y como ese dolor materno, más grande que él, era el dolor de la gran madre de todos: la patria”.
Sus primeras disertaciones en una institución tuvieron lugar en la logia masónica Armonía N.º 52 de Madrid, en la que se cree que desempeñara el cargo de orador, lo que sugiere su afiliación a este movimiento, a pesar de su extrema juventud. Desde la logia masónica de Madrid, según Toledo Sande, en su estudio biográfico Cesto de Llamas: “alentaba el espíritu independentista” y “auxiliaba a niños pobres”. Esto pudiera ser, tal vez, su propósito dentro de la masonería, cuyas ideas y doctrinas estuvieron siempre vinculados a las luchas emancipadoras. Recordemos que muchos de nuestros próceres fueron honorables masones. En el caso de José Martí, considero que más que un motivo puramente filosófico, devocional o de interés particular por estas asociaciones, hubo una aproximación en la búsqueda de los ideales independentistas que tanto se proclamaban en los templos masónicos. Lamentablemente, no se conservan escritos de las palabras del héroe cubano de esta época. Mañach refiere en su estudio biográfico:
“Los republicanos del jurado federal le habían conquistado para la masonería, pensando acaso que esta se encargaría a su vez de conquistarlo para la república española. Martí probablemente tenía sus propios cálculos. En la Logia Armonía, a la que se afilió, otros cubanos fraternizaban solemnemente con españoles de varía jerarquía y condición. Martí llevó a ella, con sus disertaciones románticas sobre el amor universal, la protesta velada contra el odio y la iniquidad que una terca ceguera mantenía en Cuba”.
Dos años más tarde nos encontramos a Martí en Zaragoza, en territorio español aragonés. En el mes de enero, el joven cubano participó en una velada por los caídos en la defensa de la república. Según Mañach: “Era la primera vez que Zaragoza le solicitaba para un servicio público, pensando acaso que ninguna voz como la del joven insurrecto, a pesar de su modestia, para entonar con la necesaria prudencia la elegía de su libertad (…) Martí compuso un poema heroico-filosófico que habría de leer el actor Leonardo Burón y preparó con todos los frenos del caso, un discurso acerca de la muerte, la caridad, y el amor. Pero ya en el escenario, se olvidó completamente del discurso, e improvisó un fulgurante epinicio a la rebeldía cívica”.
Ciudad México
En 1875 Martí llegó a México procedente de Nueva York. En este país estuvo desde el ocho de febrero de 1875 hasta el dos de enero de 1877. Por estos meses el Liceo Hidalgo ofrecía una serie de conferencias sobre la influencia del espiritismo en el estudio de las ciencias en general y confió al recién llegado cubano una de sus intervenciones, la inicial, el día 5 de abril de 1875, previa aprobación, el mes anterior, de su postulación para miembro de dicha institución. Así las cosas, la primera vez que nuestro apóstol dejó escuchar su voz en México, fue en la afamada institución, teniendo gran aceptación por los visitantes y elogios de la prensa de la época. En este sentido, algunos estudiosos del pensamiento martiano hacen referencia a la polémica que sostuvo Martí en defensa del espiritualismo contra el positivismo defendido por Gustavo Baz; pero no comentan acerca de su primera intervención como orador. He podido precisar que las polémicas en torno a estos temas de naturaleza espiritual se desarrollaron en sesiones posteriores a la que dio inicio al ciclo y en la cual participó Martí. Varias fuentes biográficas destacan que Martí participó en los debates sobre materialismo y espiritismo en esta institución, además de que se conservan testimonios del efecto de su intervención en este debate sobre espiritismo y positivismo, testimonios que el biógrafo Jorge Mañach, describe en su biografía antes citada al hacer referencia a la crónica de El Eco de Ambos Mundos que se publicó entonces:
“Este joven será terrible en la plaza pública a la hora de una conmoción popular; podrá arrancar lágrimas al borde de un sepulcro; será el orador favorito de las mujeres, de los niños y de los creyentes; pero nunca, y esto depende de su sistema nervioso, de su imaginación viva y arrebatada, nunca convencerá en un Parlamento, ni se sobrepondrá en medio de las discusiones frías y serenas de la ciencia.”
Dicha crónica tiene una visión profética, en cierta medida. Martí se convierte en el orador favorito de todos. Sus grandes discursos posteriores así lo demuestran. Su lectura en Steck Hall, en Estados Unidos, conmovió a los emigrados revolucionarios cubanos, sus intervenciones en Tampa y Cayo Hueso contribuyeron a su universalidad a través de los famosos discursos Los pinos nuevos y Con todos y para el bien de todos, amén de sus históricas alocuciones en el Templo Masónico de Nueva York, dedicadas al diez de Octubre, y por derecho propio, su huella trascendental en su patria con su discurso dedicado al poeta Alfredo Torroella y al violinista Díaz Albertini, por solo citar algunas de sus más conocidas, y a la vez, trascendentes intervenciones públicas.
Mañach precisa en su biografía del apóstol que en el periódico El Federalista apareció el siguiente comentario: “Una cascada, un torrente de ideas vertidas de la manera más galana y florida fue su alocución”. Además, refiere que en La Revista se hizo referencia al acontecimiento como “un triunfo envidiable”. Martí publicó un artículo en la Revista Universal, en México, con fecha del 11 de mayo de 1875, en el que hace referencia al liceo Hidalgo, y menciona una discusión sobre temas abstractos, que, al parecer, son las polémicas en torno al tema del espiritualismo abordado solo un mes antes.
El propio Mañach resume el hecho haciendo una profunda valoración crítica del pensamiento filosófico martiano al expresar: “Martí escuchó las voces sin Dios e hizo examen de conciencia. Como siempre que miraba dentro de sí mismo, halló dos hombres dispares en él, un sentimental, para quien la vida no tenía sentido sino como empresa del espíritu, y el racionalista que las lecturas y el siglo habían ido superponiéndole. Pero los años españoles acababan de impregnarle también del idealismo krausista y de vagas esencias orientales, dejándole un turbio poso de convicciones sobre la armonía universal, la inmortalidad del alma y su depuración migratoria por – antevidas y post-vidas–. Aliadas al impulso romántico, estas ideas se le revelaban ahora contra la negión de lo espiritual, pero sin arrastrarle demasiado”. ac
La Habana, Cuba.
En Cuba, el 18 de febrero de 1877, durante una tertulia organizada por Fermín Valdés Domínguez en su casa, Martí leyó su drama Adúltera. Así se escuchó por vez primera, en su patria, la voz martiana, no con un discurso, como lo hizo en España, ni con una disertación de materias espirituales, como ocurrió en México, sino a través de una simple lectura de una de sus obras, en una casa privada; pero donde se sabe que había un grupo de invitados en una tertulia, algo muy usual dentro de la intelectualidad habanera del siglo XIX. Sobre esta tertulia, la aceptación o no de la lectura de su obra, u otro detalle de este momento, no hay referencias, excepto un breve comentario de Toledo Sande en su biografía martiana Cesto de llamas. Mañach que suele ahondar en los acontecimientos de esta naturaleza solo señala durante esta breve estancia en Cuba la impresión que provocó en Martí el ambiente político de la isla y en especial en la Habana. Diversas cronologías de la vida y obra del apóstol hacen referencia a su estancia en la Habana sin precisar esta visita a la casa de Valdés Domínguez; aunque publicaciones relativamente recientes, enero de 2012, ya incluyen este acontecimiento de la vida de Martí. Recordemos que su estancia en La Habana fue breve y con una identificación que solo recogía su segundo nombre y apellido: Julián Pérez, con la intención de no hacerse notar por las autoridades españolas.
Continuará….
Etiquetas: cuba, discurso, discursos, EE.UU., Guatemala, José Martí. La Habana, Latinoamérica, México, New York, oratoria. Martí, primera parte, voz por el mundo










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