martes, agosto 29, 2006

LA PACHANGA DEL CAGUAIRÁN ( HUMOR )

LA PACHANGA DEL CAGUAIRÁN ( HUMOR )


Por Esteban Casañas



Las distancias que existen en Cuba entre lo ridículo y lo sublime, se apocan tanto que llegan a confundirse. La vida allí, no deja de ser una eterna comedia en la que participamos todos los cubanos, los de la Isla y los de afuera. Nos divertimos mucho más los del lado de acá por libertades que ya hemos saboreado. Los de allá, deben contentarse con el chiste a medias y expresado en voz baja por razones que no es necesario explicar. Pero me imagino dentro del círculo de jodedores de cualquiera de nuestros barrios, aquí como allá, la imagen endeble del viejo caudillo no deja de ser fuente a la picaresca burla popular.

La pachanga continúa y parece no tener fin, ¡hay que divertirse caballeros! Unos que claman piedad por el enfermo, otros que nos llaman a orar como si creyéramos tanto y tuviéramos tiempo suficiente para ello, ¿y si creemos?, no utilizamos nuestro preciado tiempo en rezar por este tipo, pero aquellos devotos paisanos no acaban de comprenderlo.

Dicen que Miami es la cuna de la contrarrevolución, ¡joder!, yo creo que los principales contrarrevolucionarios se encuentran en el Comité Central del PCC. ¿Qué no? Si los hechos hablan por sí solos. Dentro de este carnaval y fiesta de mascaritas, donde por supuesto, hay que exigir y respetar los derechos de los autores, cada capítulo ofrecido desde la Isla es mucho más divertido. No cabe la menor duda de que el penúltimo capítulo ha sido sumamente interesante.

Se le ocurrió a uno de los asesores del régimen, presentar unas fotos del Cagandante en Jefe vestido deportivamente. Exhibía la momia un chándal marca Adidas, ora paradito y sonriente, ora hablando por el telefonito.

¡Coño! Esta parte del capítulo me transportó a decenas de fotografías que se toman en la Isla, no sé si ustedes son buenos observadores, pero han aparecido incluso en aquellas páginas que promovían a las jineteras de Cuba. Pero esas poses no son exclusivas de ellas (que por ahí pasamos la mayoría de los cubanos), ¿no han observado las fotos enviadas por nuestros familiares? La mayoría son tomadas al lado del televisor, del teléfono, del equipo de música, del Lada (para el que lo tuvo). Y no pueden faltar las fotos de cumpleaños con el cake escoltado por botellitas de refrescos. ¿No lo han visto nunca? Pues esa foto del Cagandante nos da una idea del origen de aquella epidemia. Bueno, la foto que más me gusta es la del vejete con el puñito debajo de la barbilla al estilo de Rosita Fornés o Maria Félix, ya lo dije anteriormente.

Todo un desparpajo y mal gusto, si fuera solo eso, un verdadero atentado a la inteligencia humana. Allá corrieron los grandes analistas del Exilio a sacar conclusiones, que si las fotos eran montajes, que si pertenecían a otra época, que si le faltan las arruguitas de la frente, que si los párpados, patatín y patatán.

No convencieron a nadie aquellas fotos donde mostraban a un viejo caballo después de sufrir una cirugía, pero estética y no gastrointestinal. Y me imagino el correcorre formado en el puesto de mando de las cagaleras del Cagandante. Ordenes van y vienen en medio de un tenso nerviosismo, reuniones secretas, análisis, discusiones, y por qué no, arrestos por contrarrevolución. Porque hay que dejarse de boberías, eso fue un ataque directo a la figura del Cagandante en Jefe.

¡No convencimos a nadie por el mal trabajo desarrollado en el seno de nuestro Comité! -¡La opinión pública mundial exige pruebas contundentes, actuales!

Entonces, fueron seleccionados otros camaradas que retrataron al Cagandante en su verdadero lecho de recuperación.

-¡Joder! De hoy para mañana me han cambiado la cama matrimonial por una de hospital.

-¡No! No se ha cambiado nada, solo se le concedió un pasecito al Cagandante para que saliera a echar un palito, bueno, una canita al aire. Pero nada de eso logró satisfacer el morbo de su público,

-¡Las fotos no hablan, coño! ¡Si está vivo, tiene que hablar!

-¡Qué llamen a Santiago Álvarez! Propuso Pedruquito Pérez Roque tratando de salvar el pellejo.

-¡Chico, no seas burro! Hace años que se ñampió, intervino Hasán

-¿Por qué no llaman al que filmó Suite Habana?, sugirió Abel Prieto

-¡No, coño! Ese solo sabe filmar miserias, dijo Eusebio Leal.

-Yo creo que es mejor llamar al director de Fresa y Chocolate, es el ideal para la ocasión. ¡Qué levanten la mano los que están de acuerdo! Todos la levantaron después de escuchar la proposición de Alarcón.

-¡5,4,3,2,1! ¡Cámara, acción! Raulito levanta un cuadro con un afiche del Cagandante.

-Esto lo recuperé en un basurero, fue una caricatura que le hicieron al Cagandante en el año 59. Es una pieza de museo, pero yo creo que estará en mejores manos. Al fondo de la imagen se observa a un ancianito sujetando su caricatura con la mano izquierda. No se escucha nada de lo que dice, pero se puede llegar a la conclusión de que se encuentra vivo, bueno, al parecer.

-Yo la voy a colocar en el museo de mi oficina, dijo un mulato algo gordito de camisa roja.-Déjame colocarme para la foto del regalo. Se movió hasta colocarse al lado del cuadro. El viejito observa todos los movimientos de los visitantes. –Bueno, yo no soy el cumpleañero y me están regalando cosas, ¿no? El muy estúpido no comprende que aquello no es un regalo, es el pago por los miles de toneladas de petróleo que le envía al viejito.

-Yo creo que no estará en mejores manos que las tuyas. Raúl no puede ocultar su estado de ebriedad al pronunciar aquellas palabras.

-¡Corten, corten, coño! Ordenó el director.-¡Hay que ser más natural, que el mensaje sea mucho más familiar! ¡5,4,3,2,1! ¡Cámara, acción!

-Anoche yo estuve pintando un cuadro, Fidel. Pero el lío es que tú tienes una curva aquí, que luego se levanta y al final tienes un tomate de ensalada en la punta. El viejo gesticula mientras mantiene sujeto el cuadro que no desea regalarle a aquel inoportuno y estúpido visitante. Se supone que habla, pero no se escucha nada. Puede ser una demostración de debilidad por su estado post operatorio, o, encontrarnos en presencia de un doble, es solo una especulación. -¡Yo, yo soy perfeccionista!

-¡Corten, corten, coño! ¡Mira Chávez! En un mensaje subliminal se debe ser parco, escueto, no se puede estar divagando tanto. ¡No hable tanta mierda, compadre! ¡5,4,3,2,1! ¡Cámara, acción!

-Es impresionante tu capacidad de recuperación, yo me acuerdo de cuando la caída, que te descojonaste todo. Luego regresé a los pocos días y te vi en un sillón de ruedas. Volví a regresar en poco tiempo y estabas allí, parado, escuchando el Himno. ¿Te acuerdas?, le preguntó Chávez a una persona que estaba junto a las cámaras.-¡Qué ser humano! ¿De qué material está hecho? ¿Cómo se llama el árbol ese?

-¡Caguairán!, responde el amigo misterioso, quizás el responsable de los pampers de seguridad.

-¡Caguairán! Jijijijiji. Continúa Chávez, quién al no poder contener sus deseos reprimidos por la presencia de varias personas en la habitación, toma con ternura la mano del viejito. –Esta es la mejor visita que he hecho en mi vida, ni siquiera cuando visitaba a mi primera novia.

-¡Corten, corten!

-¿Qué pasó ahora?, preguntó Chávez sorprendido.

-¡Demasiada mariconería en esta escena! Camarada Chávez, debe pensar que se encuentra filmando un mensaje presidencial. El vejete abrió la boca tratando de salvar la situación, pero solo se le entendió, “el processsso revolucionario”

-Sí, yo tenía 15 años cuando aquello.

-¡Corten, corten!, ordenó el director.

-¿Y ahora que pasó?, intervino Chávez algo enojado.

-¡Qué sigues hablando mierda, men! Esto es un mensaje para demostrar que el Cagandante está vivo. ¡5,4,3,2,1! ¡Cámara, acción!

-Yo salgo del baño, secándome, vistiéndome. Entonces salgo y digo, ¿estoy soñando yo? Entonces veo a Carlitos en televisión, te veo a ti leyendo. Hay cierta incertidumbre en esta parte de la intervención. No se puede afirmar si Chávez se refería a Carlos Lage o al amigo misterioso y responsable de los pampers estratégicos. –Yo me senté a rezar, porque yo soy creyente. Vuelve Chávez a violar las normas de conducta que debe regir entre presidentes y toma nuevamente con ternura la mano del Cagandante en Jefe. -¡Ay, Dios mío, Dios mío!, expresó de la manera más femenina que le brotó del alma. –Prendí un cigarro y llamé a mi hermano, que es mi asesor sexual y espiritual.

-¡Corten, corten, coño!, ordenó el director visiblemente enojado.

-¿Y ahora que pasó?, preguntó Chávez sumamente intrigado.

-¡Demasiada mariconería para ser un mensaje presidencial! ¡Qué llamen al Cardenal Ortega!

-¿Y eso para qué?, preguntó Raúl

-Para que celebre la boda antes de que el viejo muera.

-La revoluuuuuuccccchhhhhhhiiiiióooooo.

-¡Usted se calla la boca, viejo de mierda! ¡Y no me molesten más! Aquí hay más mariconerías que en Fresa y Chocolate. Este si se lleva el Oscar.