miércoles, abril 03, 2019

Orlando Freire Santana desde Cuba: La República, tal como la cuenta hoy 'Bohemia'

Nota del Bloguista  de Baracutey Cubano


He añadido a este artículo la Introducción al número 24 de la revista  Encuentro de la Cultura Cubana (Primavera 2002) de homenaje a la República de Cuba (1902-1958) con la intención de que esa introducción anime a los lectores a leer ese número de la revista  y así profundizar de manera más objetiva en el estudio de la vilipendiada república cubana. Dicha  Introducción  está escrita por Jesús Díaz, ya fallecido, entonces director de esa destacada revista y quien fuera un destacado y teórico  marxista (fue fundador y  director de la revista Pensamiento Crítico) y un entusiasta de la tiranía Castrista  en sus primeras décadas; en Cuba  fue coguionista de un documental panfletario, de año de producción 1972, sobre la República de Cuba titulado ¡Viva la República!  en la que se vilipendia  a la República de Cuba. Jesús Díaz tuvo la valentía de rectificar públicamente su errada valoración sobre la República. Para conocer más sobre Jesús Díaz pueden leer AQUÍ. Su hijo es el director del sitio Diario de Cuba.

No estoy de acuerdo con lo que escribió Jesús  Díaz de llamarle dictadura al período  de  (1933/1940) en que Batista era el hombre fuerte detrás del poder. El concepto de dictadura va más allá  que la represión a terroristas ya fueran de La Joven Cuba o de los abecedarios,  o a la represión de la huelga de trabajadores de  marzo de 1935 (alentada a realizar actos violentos  por los abecedarios) o a la muerte de Antonio Guiteras (de la cual Batista siempre tuvo pesar pese a que en tres ocasiones invitó a Guiteras a que dejara la lucha; invitaciones  a las que Guiteras  respondió con secuestros, bombas y atentados,  incluyendo planes de atentado contra la vida de Batista) cuando el  venezolano Aponte comenzó a disparar contra la tropa que por la delación de un amigo pinareño de la infancia y de la adolescencia de Guiteras, se acercaba a El Morrillo a capturar a Guiteras; en este blog hay un post dedicado expresamente cómo Batista quería evitar la muerte de Guiteras, mediante un mensaje a Guiteras con Ignacio Galíndez,  un alto oficial amigo de ambos que fue miembro de La Joven Cuba,  diciéndole  que sabía donde se encontraba y que  si se entregaba ocuparía una alta posición en el gobierno. Finalmente: la llamada a una Constituyente y el ejemplar desarrollo del proceso eleccionario de los delegados a la Constituyente de 1939 así como  el desarrollo de los debates de la Constituyente (cuyo resultado fue la Constitución de 1940) no se podían realizar bajo una dictadura. Para este bloguista, ese proceso eleccionario y esa  Constituyente están entre los eventos más enaltecedores y ejemplares de la pasada República de  Cuba y dignos de  tener en cuenta para la construcción de la futura Cuba libre y democrática.


 Presidentes de Cuba, incluyendo a la Pentarquía

En el libro La verdadera República de Cuba, escrito por el Dr. Andrés Cao Mendiguren,  uno de los  mejores libros sobre la república cubana (1902-1958 ) que se ha escrito (quizás el mejor de los que  he leido en mi vida),  incluyendo la monumental obra en 10 tomos Historia de la Nación Cubana, aunque este último incluye el período colonial y llega hasta el año 1952, se lee:

 ¨Cabe decir que aquellos pensamientos de 1913 expresaban una realidad  porque esa nación  se alcanzó muy pronto  en décadas posteriores,  aunque en 1959  fue demolida por los que  usurparon el poder, y ha sido vilipendeada  por una oleada de intelectuales comprometidos o  mediocres. El testimonio de ello es que Cuba ocupaba  las primeras posiciones  en todos los renglones de los anuarios de las Naciones Unidas  para la América Latina. Y hay que reconocer que estos logros  tan destacados  no se hubieran podido conseguir  si nuestros gobernantes, y a pesar de sus errores,  no hubieran tenido interés  y acierto para  resolver los problemas de la sociedad cubana, si nuestros legisladores no nos hubieran  dado una legislación avanzada  y moderna, o si el  pueblo cubano no hubiera estudiado  y trabajado  para superarse. El pueblo cubano era exigente  y siempre aspiraba  a lo mejor, pero tenemos  que acusarnos  de un pecado,  y es que  cuando no lo lográbamos plenamente, en vez de analizar  los fallos  y aplaudir lo logrado, prodigábamos una crítica irresponsable.¨ (Cao, 2008, p. 87)


Lo que sucedió en Cuba fue lo que ya había advertido la Comisión Truslow en las conclusiones de su informe al hacer un estudio, a petición del Presidente Prío Socarrás, para la dinamización de la economía cubana; veamos:

En 1950 la Misión Truslow, comisión internacional solicitada al Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF) por el gobierno presidido por el Dr. Carlos Prío Socarrás para que hiciera un diagnóstico de la economía cubana y recomendara medidas para dinamizarla, planteó, entre otras cosas, que Cuba debía diversificar su economía teniendo al azúcar como punto de partida y que Cuba poseía los recursos humanos, financieros y materiales necesarios para ello salvo el combustible; alertó que la prosperidad bélica (II Guerra Mundial y Guerra de Corea) había propiciado nuevos niveles de vida para muchas personas y que el actual crecimiento económico no satisfacía las necesidades de su creciente población y que si la economía era incapaz de sostener ese nivel en tiempos menos prósperos, sobrevendría una gran tirantez política (Zuaznábar, 19 y 20). Como elemento conclusivo planteó:

¨Si los líderes se han descuidado en prever esta posibilidad, la opinión pública los inculpará. Y si ello ocurriera, el control podría pasar a manos subversivas y engañosas, como ha ocurrido en otros países donde los líderes no se han dado cuenta de las corrientes de estos tiempos. ¨ (Zuaznábar, 20)


 
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La República, tal como la cuenta hoy 'Bohemia'


Por Orlando Freire Santana
La Habana
3 de Abril de 2019

El palacio presidencial y el Parque Zayas en tiempos de  la República de Cuba; después del 1 de enero de 1959 no ha habido República en Cuba: ha habido una Finca Castrista. El Parque  Zayas  fue demolido para construir el esperpéntico Memorial Granma, Imágenes y comentario añadidos por el bloguista de Baracutey Cubano.

Con motivo de conmemorarse el pasado año 2018 el aniversario 150 del inicio de las luchas por la independencia de Cuba, la revista Bohemia —ese remedo actual de aquella revista que antes de 1959 era orgullo de la prensa nacional— publicó en dos partes una síntesis de los acontecimientos más importantes del referido lapso.

La primera entrega apareció el pasado mes de octubre, y abarcó el periodo 1868-1901, es decir, la Colonia y la ocupación norteamericana. El segundo número, con fecha enero de 2019 y que trata el periodo republicano 1902-1958, llegó recientemente a manos de los lectores debido al proverbial retraso con que las publicaciones cubanas salen de la imprenta.

En esta ocasión vamos a referirnos a los artículos dedicados a la República, los cuales, por supuesto, fueron escritos con esa especie de ojeriza con que la cultura y la política oficialistas visualizan ese período de nuestra historia.

De acuerdo con el punto de vista de Bohemia, la República nació con una deformidad estructural debido al carácter monoproductor y monoexportador que adquirió su economía en el contexto de las relaciones con EEUU. Perjudicial también habrían sido las elevadas importaciones provenientes de la nación norteña.

Todos los presidentes republicanos —con la peor parte para Fulgencio Batista— fueron denostados  por los articulistas de Bohemia (Estrada Palma fue un cicatero, José Miguel Gómez un as de los negocios turbios, Menocal mató a sangre fría, Zayas manejó mal los fondos públicos, Grau fue cínico y demagogo, Prío practicó la corrupción administrativa), mientras que en lo referido a la actuación de los partidos políticos, las palmas de Bohemia son para los comunistas cubanos.

En lo concerniente a la cultura, este recuento omite nombres y obras que no son del agrado del castrismo. Y, como era lógico suponer, se esbozan las andanzas de Fidel Castro previas a su toma del poder.

Sin negar el carácter controversial de los Tratados de Reciprocidad Comercial que Cuba firmó con EEUU, justo es consignar que la entrada preferencial del azúcar y el tabaco de la Isla en el mercado norteamericano le permitió a Cuba levantar una economía que había quedado devastada por la contienda de 1895. Además, Bohemia no menciona que durante casi toda la etapa republicana la balanza comercial cubana fue favorable —exportaba más que lo que importaba—, algo que jamás ha conseguido el castrismo con sus bienes exportables. Y sobre las importaciones cubanas provenientes de EEUU, hay que decir que contribuyeron a elevar el nivel de vida de nuestros consumidores, al extremo de que en 1958 Cuba era el sexto país del mundo en el promedio de automóviles por habitantes.

Los comunistas cubanos fueron tal vez los más camaleónicos de la etapa republicana. Por obedecer la estrategia sectaria indicada por la Internacional Comunista, se opusieron al Gobierno de los Cien Días encabezado por Ramón Grau San Martín y Antonio Guiteras, no obstante las medidas de beneficio popular adoptadas por este gabinete.

Después, al cambiar las directivas de Moscú, los comunistas se aliaron a Batista para las elecciones presidenciales de 1940, ocasión en la que Carlos Rafael Rodríguez ocupó una cartera ministerial. No olvidar tampoco que esos comunistas censuraron el asalto al cuartel Moncada, y solo mandaron emisarios a la Sierra Maestra cuando se vislumbraba el triunfo de las huestes de Fidel Castro.

Los articulistas de Bohemia, inexplicablemente, dejaron fuera a Jorge Mañach —esa cumbre de nuestra ensayística— al reseñar la cultura republicana. Claro, nunca le han perdonado sus críticas al giro hacia el comunismo que experimentó la revolución de 1959.

Sospechosamente, y al referirse al historiador Ramiro Guerra, solo tomaron en cuenta su obra de 1927 Azúcar y población en las Antillas, pero obviaron dos de sus libros posteriores —La industria azucarera de Cuba y  Filosofía de la producción cubana—, en los que Guerra defiende la inserción de Cuba en la división internacional capitalista del trabajo.

Bohemia tampoco se dignó en reseñar los acuerdos y pactos que Fidel Castro firmó —y luego violó— con otras fuerzas políticas en aras de derrocar a Batista. Cómo olvidar, por ejemplo, el dinero aportado por el expresidente Carlos Prío Socarrás para la adquisición del yate Granma.

Este intento de la cultura oficialista de sintetizar los años en que Cuba vivió su República, en resumen,  no hizo más que reafirmar la concepción castrista de la Historia: una visión del pasado que legitime a toda costa el presente.

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Por Jesús Díaz
 Madrid
 Primavera de 2002
Encuentro dedica esta entrega a un monográfico en homenaje a la República (1902/1959), cuyo centenario se cumple justamente el 20 de mayo de este año. La fecha invita a meditar, no por seguir la aburrida práctica de la servidumbre ante los aniversarios cerrados, sino porque resulta obvio que el actual ciclo histórico que padece nuestro país está agotado desde hace tiempo. La principal pregunta que tenemos delante los cubanos es qué seremos capaces de crear después, y para intentar responderla debemos empezar meditando sobre lo que hicimos antes.
La historia de nuestra isla puede dividirse en tres períodos. Colonia, (1492/1902); República(1902/1959); y Castrismo, (1959/2 ... ). Solo en uno de ellos —en la República, justamente—, pudimos intentar la construcción de un Estado de derecho. Y ahí se encuentra, a nuestro juicio, una de las claves principales del único futuro deseable: una transición pacífica hacia la creación de un nuevo Estado de derecho en forma de Segunda República.
Por eso dedicamos el Dossier de este homenaje monográfico al estudio crítico del estado de derecho de la Primera República, fuente principal de inspiración y aprendizaje para el ingente trabajo que tenemos por delante. La República ha sido vilipendiada hasta la saciedad mediante el eficaz procedimiento pavloviano de asociar sistemáticamente su nombre a descalificaciones. Durante más de cuarenta años, en la prensa, la radio, la televisión y la escuela el nombre de esta institución jamás se escribió o se pronunció solo (como sí lo hizo Eliseo Diego en un verso precisamente por eso espléndido, «Yo, que no sé decirlo, la República»); en efecto, en los medios cubanos siempre se alude a «la república neocolonial», a «la república mediatizada», o a «la pseudo república», y durante años y años se repitió hasta el delirio una pregunta retórica, implícitamente despectiva, «¿Qué república era aquella?».

Esta demonización tiene un objetivo claro, inducir el desprecio hacia lo que los cubanos fuimos capaces de hacer a lo largo de los primeros cincuenta y siete años del siglo XX. En el fondo, ese sentimiento inducido es el de un autodesprecio paralizante y atroz que inhibe el juicio y nos dispone a la servidumbre. Pero si analizamos con objetividad lo logrado durante la República, en menos de seis décadas, debemos convenir que fue muchísimo y que debe ser motivo de autoafirmación y orgullo crítico, sobre todo si tenemos en cuenta que el experimento republicano se inició en un país devastado por la guerra, heredero de más de cuatrocientos años de un régimen colonial que no nos legó siquiera un ápice de tradición democrática.
De esta profunda raíz colonial, esclavista y militarista, nacieron las más importantes sombras de la República, el racismo, el machismo y el recurso a la violencia que nos trajo tres dictaduras comandadas por militares populistas. La del general Gerardo Machado y Morales (1925/1933) y las dos del sargento-coronel-general Fulgencio Batista y Zaldivar (1933/1940 y 1952/1959), que tienen en común el haber interrumpido el desarrollo normal del proceso democrático y propiciado «soluciones revolucionarias» que a su vez degeneraron en dictaduras militares, hasta la que padecemos hoy después de más de cuarenta años, que enterró definitivamente a la República.
Otra circunstancia que complejiza la evaluación ponderada del ejercicio republicano es la determinación del valor de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos en ese período. No es éste el lugar para tratarlas en profundidad, desde luego, pero en todo caso habría que proceder a desdramatizarlas recordando que en cada una de sus tres épocas históricas los asuntos de Cuba han estado estrechamente vinculados a una potencia colonial hegemónica. A España en la Colonia, a Estados Unidos en la República, y a la Unión Soviética en el Castrismo. Resulta obvio que las inevitables, complejas y contradictorias relaciones con las dos primeras dejaron, a la postre, marcas definitivas e indelebles en la cultura cubana, lo que no puede afirmarse con respecto a la última.
Más allá de sombras, contradicciones y tensiones cuentan los resultados. Y lo cierto es que la República partió de una realidad terrible en 1902 y que, como prueban varios de los trabajos que publicamos, en 1959 la Cuba republicana estaba situada no solo entre los primeros países de América Latina en muchos de los principales indicadores de desarrollo económico, social y cultural, sino que también superaba en algunos de ellos a países europeos como España, Portugal, Grecia o la propia Italia. La Cuba republicana era una nación que acogía inmigrantes —españoles, chinos, judíos, árabes, italianos, jamaiquinos, haitianos—; la Cuba actual, en cambio, es desde hace años y años una fuente inagotable de exiliados que emigran hacia los más diversos países con la esperanza de encontrar en ellos lo que el nuestro les niega.
En el presente homenaje se combinan el análisis, el testimonio de diversos actores, la pintura, y el humor que nos define y defiende. En el provocador ensayo Indagación al choteo, Jorge Mañach fue muy crítico con este último aspecto de la experiencia republicana; sus argumentos son atendibles, sin duda, pero lo cierto es que el humor político público desapareció por decreto de la vida nacional desde hace más de cuarenta años y que esto no ha supuesto ninguna mejora en nuestra conviencia; más bien todo lo contrario. La falta de humor no ha hecho a la vida política nacional más seria sino simplemente más pesada.

Nuestro homenaje no está concebido como una hagiografía sino como una reflexión crítica con diversos matices, destinada a que los lectores extraigan sus propias conclusiones, que ojalá sean útiles en el futuro. La Segunda República no será, no podrá ser, copia de la Primera, pero tampoco podremos construirla sin tomar muy en cuenta la experiencia acumulada durante los cincuenta y siete años de nuestro único experimento republicano. Para terminar podríamos decir, parafraseando a Winston Churchill, que la República fue el peor período de convivencia democrática entre cubanos, si exceptuamos a todos los demás.

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viernes, diciembre 11, 2015

Francisco Almagro: Médicos encadenados


Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

 Los costos para estudiar medicina en Cuba en la década de los años 50 de pasado siglo XX en la prestigiosa Universidad de La Habana era de $45 + $ 5 = $ 50 dólares ANUALES  y que se podían hacer  en tres pagos. No obstante, más del 25% de la matrúla de la Universidad de La Habana era ¨matrícula gratis¨, la cual se otorgaba mediante una carta explicando las razones por las cuales no podían pagar la matrícula. Un artículo muy ilustrativo del lugar privilegiado que tenía la salud  en Cuba en esa década y su desarrollo histórico  es La Sanidad Silenciada, del cual les dejo este fragmento; su autor es el Dr. Antonio Guedes.

 
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También pueden leer mi artículo Una primera aproximación a la república: 1902-1958.del cual les dejo estos  fragmentos:

En 1958 la tasa bruta de mortalidad de la población era del 6,4 por cada mil habitantes (Zuaznábar, 1) pese a la situación política y de confrontación armada que existía en el país; en 1953 había sido de 6,3 por cada mil habitantes. Esa tasa ubicaba a Cuba entre los países de menor tasa de América Latina y con índices que solamente alcanzaron muchas de sus repúblicas hermanas iberoamericanas veinte años después (Anuario Estadístico de 1988,629 ). La esperanza de vida al nacer era de 58.8 años y la mortalidad infantil en menores de un año era de 32,5 por cada mil nacidos vivos, la cual desde principios de siglo seguía una tendencia decreciente (Zuaznábar, 1) pese al existente rechazo social al recurso del aborto, rechazo que existía hasta en casos en que se presentaran malformaciones fetales en el embarazo, y la no invención todavía en el mundo de algunas pruebas de análisis de laboratorio clínico o algunos instrumentos de la electromedicina(como es, por ejemplo, el equipo de ultrasonido) los cuales permiten detectar tempranamente problemas serios en el embarazo. La esperanza de vida de 58.8 años era superior en esa época a la de muchos países de América Latina y el Caribe, y mayor que las que alcanzaron veinte años después todos los países de África, salvo Argelia y Túnez (Anuario Estadístico 1988, 627). La cifra de mortalidad infantil cubana de 32,5 correspondiente a 1958 era todavía en la primera mitad de los años ochenta mejor que la de muchos países de Latinoamérica en esos años: Paraguay (45,0), Ecuador (69,5), Brasil (70,6), Méjico (53), Colombia (50), Bolivia (124,4), Honduras (82), Perú (98,6), Argentina (35,3), El Salvador (35,1) y Guyana (36,2) (Anuario Estadístico de 1988, 629). América Latina en su conjunto presentó aún en el año 2001 la cifra de 32 (Granma, 5). Cuba en estos dos últimos parámetros tenía índices pertenecientes al Primer Mundo de esos años según los datos de la UNICEF que aparecen en la Tabla de la página 16 del Material de Estudio Nro. 3 del Ministerio de Educación; los valores de Cuba en 1958 en estos dos parámetros con respecto de los Países en Desarrollo y Países menos Desarrollados fueron similares o mejores que los que ellos presentaron en 1992: En China y Vietnam la mortalidad infantil en 1996 era respectivamente de 34 y 40 por mil nacidos vivos (Robaina, 35).

La población cubana en 1958 era de aproximadamente 6 763 736 habitantes y había en el país 6 286 médicos ( sin incluir estomatólogos ) y un total de 32 501 camas y de ellas 28 536 de asistencia médica (Anuario Estadístico de 1988, 564 y 569). Del total de camas de servicio hospitalario 10 643 pertenecían al servicio estatal, servicio en el cual laboraban 1 125 médicos (Zuaznábar, 5). El 51% de las camas de los hospitales estaban situadas en la capital del país (Abreu, 40). Los números de habitantes por cama (237) y de habitantes por médico (1076) en 1958 eran mejores que los de la mayoría de los países latinoamericanos en esa época y más aún, que los que tuvieron esos países aproximadamente 20 años después como se puede comprobar observando la página 675 del Anuario Estadístico de 1988. Observando las cifras de aproximadamente el año 1980 diré, que solamente Puerto Rico (789), Argentina (521), Uruguay (533) y Venezuela (888) tuvieron mejores índices de habitantes por médico que el que tuvo Cuba en 1958; el resto lo tuvieron peor. Al comparar las cifras de aproximadamente el año 1980 con relación al número de habitantes por camas diré que solamente Argentina (176 ), Puerto Rico (229) y Guyana (215) tuvieron mejores índices que el que tuvo Cuba en 1958; el resto de los países latinoamericanos todavía en el año 1980 presentaron índices peores que el que presentó Cuba en 1958. En la Cuba de 1958 el número de camas de asistencia médica por cada 100 000 habitantes era de 422, En América Latina en su conjunto y en estos momentos es solamente de 220 camas (Granma, 5).

La prevalencia de la Lepra en 1958 era de 0,7 por cada mil habitantes (Informe Anual 1976, Anexo p. 46). Las tasas de morbilidad por cada 100 000 habitantes de muchas enfermedades en la Cuba de finales de los años cincuenta eran también mejores que las de muchos países latinoamericanos: Tuberculosis (18,2); Difteria (2,4); Escarlatina (0,1). No se habían presentado casos de Fiebre Amarilla, Tifoidea y Peste Bubónica; al comenzar la República, la Tifoidea, por ejemplo, había presentado una morbilidad de 5,1 por mil habitantes. Las cifras de morbilidad de Viruela, Tifus, Tosferina, Sarampión, Sífilis y Hidrofobia eran de las mejores en América Latina. Las siguientes tasas de muerte por 100 000 habitantes en el año 1958, salvo que se especifique otro año, apoyan lo anterior: Fiebre Tifoidea (0,4); Tétanos (3,0); Tuberculosis en 1959 (16,6); Poliomielitis aguda (0,1); Sarampión (0,4); Meningitis no meningococcica (2,1); Paludismo (0,4); Difteria en 1959 (0,9); suicidio o lesiones autoinfligidas (13,9); accidentes de vehiculo de motor y otros accidentes de transporte (7,2); defunciones maternas (125,3) y defunciones maternas por aborto (9,3). Las dos últimas tasas son por cada 100 000 nacidos vivos. (Informe Anual de 1976, Anexos 36-43). La tasa de mortalidad materna de Cuba en 1958 de 125,3 era mejor que las que aún aparecen en el año 1992 para Países en Desarrollo (350) y Países menos Desarrollados (590) en la Tabla mencionada del Material de Estudio del MINED..


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Tomado de http://www.diariodecuba.com/cuba/1449601792_18684.html


Médicos encadenados

Por Francisco Almagro
Miami
9 Dic 2015

 


Médicos cubanos rumbo a misión en Venezuela. (THECUBANHISTORY.COM)


Pueden que hayan sido dos jóvenes doctoras, entrevistadas en Costa Rica y parte de la riada humana en camino a EEUU, quienes dieron el aldabonazo. Una de ellas, especialista joven, se declaró de "rendimiento excepcional", como si tal excepcionalidad académica la eximiera de cumplir determinados deberes con quienes pagaron por su carrera y especialidad. Rendimiento excepcional y Plan Talento significa que los médicos pueden hacer una especialidad directamente, es decir, una vez graduados, pasar a ser residentes y tras unos pocos años, especialistas en una rama médica.

No tenemos idea de cuántos galenos y técnicos de la salud están entre esos cubanos varados en Centroamérica, pero pueden ser muchos y podrían haber sido muchos más si el Gobierno cubano, "casualmente", no publica el 30 de noviembre una declaración donde recicla el Decreto 306 que regula las salidas temporales para asuntos personales de profesionales y técnicos de la salud.

En honor a la verdad, debemos recordar que tal decreto no es una regulación nueva. Ya existió algo parecido hace años y ocasionó importantes e innecesarios sufrimientos a médicos y técnicos de la salud cubanos. En aquellos tiempos una ordenanza que muy pocos pudieron ver, y menos discutir, mantuvo separadas a familias y a médicos y técnicos casi siempre por más de cinco años.

Eran los días del incremento de la colaboración médica en el exterior, sobre todo en Venezuela con la Misión Barrio Adentro. Para que el régimen mantuviera allí miles de médicos y técnicos, se bloqueó la salida de cientos de trabajadores de la salud. Muchos habían sido reclamados por sus familiares en EEUU o habían ganado el sorteo de visas de la Oficina de Intereses.

Pasaban los años, se cumplía el tiempo, parte de la familia debía emigrar y en Cuba quedaba el profesional de la salud con todas las consecuencias que ello traía. La respuesta de los funcionarios siempre fue  la misma, dicha sin una gota de compasión: el Ministro no ha firmado su liberación. Liberación, nunca mejor palabra. Pero aquel sacrificio ajeno no bastó para que cientos, tal vez miles de médicos y técnicos de esas misiones en Venezuela, Brasil, Ecuador y Bolivia no fueran, ellos mismos, emigrantes; o mejor y como los llama el régimen, "desertores". Nunca mejor venganza: desertar.

En aras de balancear las cosas, es necesario decir que si usted vive en La Habana o Santiago de Cuba y lleva a su hijo a la emergencia de un hospital y no hay un cardiólogo, un cirujano infantil o un intensivista que le salve la vida a la criatura, usted puede estar muy de acuerdo con la regulación del Gobierno cubano. La carrera de Medicina es una de las más caras en cualquier parte del mundo. Una especialidad médica aumenta en varios miles la deuda contraída y se necesitan años para adquirir la maestría necesaria para lidiar con una grave enfermedad cardiaca, un quirófano complicado o un ser humano acoplado a máquinas de asistencia vital. Es una deuda que debe pagarse. Pero no es una deuda eterna ni un cheque en blanco al prestamista. Antes de recibir la primera conferencia de Anatomía o Fisiología, los futuros galenos deben saber cuánto y cómo devolver la inversión en sus estudios y prácticas. Es lo justo. Es, ni más ni menos, una muestra de seriedad y ética ciudadana.    

El dilema histórico de los médicos y los técnicos cubanos es que casi nunca las cosas quedan claras para ellos, y muy pocas veces las cosas están a su favor. Eso sucede con las llamadas misiones internacionalistas, las asignaciones de automóviles y viviendas, la ubicación laboral una vez concluido el servicio social. Funciona más o menos así: se emite un decreto y son los funcionarios quienes deciden cuándo, cómo y dónde se cumple la letra. Un decreto, por cierto, no es una ley pues no ha sido refrendado por los destinatarios o sus representantes.

Es aquí donde el juramento hipocrático hace aguas. El juramentado depende de la voluntad del gris funcionario, de los compromisos políticos del Gobierno, del ego de quienes usan el poder para convertir las mochilas con medicamentos en cajas de balas. El encadenado hipocrático se debate en un conflicto ético, moral: siente tener derecho zafarse de las cadenas y al mismo tiempo, se duele al abandonar el deber al cual se ha consagrado.  

Sucede que la medicina, como el deporte, no soporta politizaciones. La medicina no puede ser un negocio como tampoco un arma política porque pierde su esencia; quienes así la practican, se envilecen al punto de hacer daño en vez de curar. Los seres humanos son nacidos con una libertad intrínseca para tomar decisiones sobre sus vidas. Ese derecho no lo da ningún gobierno, y mucho menos el funcionario de turno. Nada ni nadie puede violar ese principio sin pagar algún día por las consecuencias de tal desatino.

De ese modo, es responsabilidad del Gobierno procurar a su patrimonio profesional y técnico tomar decisiones responsables y libres de toda presión política, ideológica e incluso económica pues cuando quienes velan por la salud están confundidos, cansados y mal pagados, sus servicios son, igualmente, lamentables. También los médicos tienen el compromiso de velar porque el niño, el anciano o la mujer embarazada sean asistidos con sus dolencias sin excusas de ningún tipo. En pago, ni jaba de viandas, ni litros de gasolina ni reservación en la playa. A los médicos y los técnicos de la salud, solo respeto a su dignidad y el derecho, humano e inapelable, de emigrar una vez cumplidas las obligaciones con la sociedad.
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Published on Jul 27, 2015
Documental hecho por el Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo que recoge testimonios de profesionales de la salud cubanos, de tres generaciones, que han ejercido en Cuba y en el extranjero, durante las cinco últimas décadas y que actualmente residen en la isla y en el extranjero.
 El documental recoge testimonios de profesionales de la medicina

Documental: Mito y realidad de la medicina en Cuba - IMHCT 




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