domingo, mayo 19, 2024

Alberto Roteta Dorado: José Martí, una muerte más allá del mito y el misterio

 José Martí, una muerte más allá del mito y el misterio

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José Martí más que una inspiración, es una necesidad espiritual, fuente necesaria a la que se acude de manera cíclica, cuando sentimos que nos vamos extinguiendo y se desvanece nuestra fe y nuestra esperanza.

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Por: Dr. Alberto Roteta Dorado

19 de mayo, 2024

Santa Cruz de Tenerife. España.- “En hombres como él no es verdad la muerte”, la célebre frase de uno de los biógrafos de José Martí, adquiere dimensiones colosales cada vez que evocamos la imagen, el pensamiento y la obra del genial cubano, cuyo aniversario de haber trascendido lo terrenal recordamos un día como hoy, 19 de mayo. 

Si una muerte ha sido motivo de las más inconcebibles especulaciones, esta ha sido la muerte de José Martí. Tal vez las circunstancias contextuales relacionadas con aquel infausto instante, amén de tratarse de una de las figuras más trascendentales de la gesta independentista cubana del final del siglo XIX, determinaron que el “misterio” del suceso de Dos Ríos fuera más allá de lo previsible. 

Hacer mención a una serie interminable de hipótesis que pretenden explicar el porqué Martí cae en combate de esa insólita manera que ya todos conocemos, sería divagar, una vez más, sobre el más grande de los misterios martianos; algo que nada aportaría en un escrito que pretende recordar al autor de “Versos Libres” y no ahondar en lo que tantos autores han tratado. Al final se trata solo de hipótesis, cuyo paso a la teoría se dificultará siempre, toda vez que no resulta demostrable nada de lo que se ha dicho en torno a lo que hoy he preferido llamar un “misterio”.    

Todo hombre que sale al campo de batalla es vulnerable de ser abatido. Ya lo expresó el héroe cubano en su carta dirigida a Manuel Mercado, desde el Campamento de Dos ríos, el 18 de mayo de 1895, a solo un día antes de partir hacia otras dimensiones: “ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber” (…) “Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento, ni me agriaría mi oscuridad”; idea que se pudiera interpretar como un presentimiento o visión futura de su destino final. Téngase presente que al día siguiente fue mortalmente herido. 

No obstante, esto no demuestra per se que Martí supiera de manera premeditada lo que sucedería al día siguiente de la redacción de su carta, considerada su testamento político. De ahí que, no considero necesario especular más en torno al asunto del “misterio”: la grandeza del héroe de Dos Ríos es tal que no necesita ser adornada con elementos que nada aportan al tema de su muerte; pero sobre todas las cosas, que no resultan demostrables.    

Entre las tantas especulaciones en torno al análisis de la muerte del más grande de los cubanos, se destaca, no por su solidez y posible veracidad, sino por la falta total de fundamentos que lo sostengan, la hipótesis de un posible suicidio. Algo que, además de absurdo, considero una total falta de respeto hacia la figura y el pensamiento del destacado político cubano. No obstante, el militar y escritor español José Miró Argenter, contemporáneo de Martí, afirmó: “Buscó él mismo la muerte (no cabe otra deducción dentro de la lógica humana), solicitado por la grandiosidad de su destino que le ofrecía aquella ocasión de alcanzar la inmortalidad, la primera que le brindaba la fortuna, creyendo que el acoso no iba a prestarle ninguna otra más propicia ni más memorable”.

José Martí no necesitaba asumir la muerte para alcanzar la inmortalidad, en el sentido en que José Miró Argenter, quien a pesar de su origen español luchó en el ejército libertador de Cuba, quiso explicar. Se trata de una inmortalidad en un sentido metafórico, esto es, pasar a la posteridad, trascender las barrearas del tiempo y las fronteras a partir de una acción que resaltara la imagen martiana. No es precisamente la inmortalidad vista desde el punto de vista filosófico o religioso, como supervivencia de los principios espirituales del hombre, al menos, es lo que parece, si se analiza la referencia anterior. 

José Martí hubiera trascendido, como en efecto ha ocurrido, por sus grandes méritos y virtudes, no solamente como el genial político teórico, capaz de unir a cientos de cubanos dispersos por diferentes partes del mundo, principalmente en los Estados Unidos de América, para retomar la lucha iniciada y concretar la gesta independentista de 1895; sino como el elocuente orador que hacía vibrar a quienes le escuchaban, como el certero periodista que hacía un derroche de elegancia estilística en el lenguaje, como el escritor ejemplar que se anticipó con su poesía a los escritores modernistas, como el ensayista extraordinario capaz de adentrarse en temas tan disímiles como la música, la pintura, la historia y la filosofía. 

El historiador Leonardo Griñán Peralta, en total desacuerdo con la absurda idea del suicidio precisó: “No hay razón valedera para demostrar que su muerte en Dos Ríos tuvo caracteres de suicidio. No hay gran político que, conscientemente, quiera morir al acabar de pronunciar solemnemente estas palabras: “yo evoqué la guerra; mi responsabilidad comienza con ella en vez de acabar” (…) “En aquellos momentos morir era fracasar y no hay líder político a quien no horrorice cuanto pueda posibilitar el fracaso del ideal al que ha consagrado su vida. El éxito de la causa que defiende le importa más que la gloria de su muerte bella. Y si en aquel momento pudo aparecer bella la muerte, es imposible que le haya parecido oportuna”; algo que coincide con las valoraciones del intelectual cubano Jorge Mañach, una de las figuras de la primera mitad del pasado siglo XX que más conoció y analizó con certeza el pensamiento del Apóstol.

De cualquier manera, independientemente de que, como ya he expresado antes, la idea de lo mítico en torno a la muerte de Martí no admite fundamentaciones teóricas sólidas. Su caída en combate ha sido a través del tiempo un símbolo velado por un aura de misterio y de envoltura sacramental; algo que, al parecer, prevalecerá reforzando la idea de lo mítico en la figura del autor de Versos Libres. Se trata de pues, de su justa permanencia indescifrada, como bien resumió el escritor cubano José Lezama Lima. Para Lezama, un apasionado por la imagen martiana, vista en la plenitud de ese misterio que le han ofrecido muchos a través del tiempo, José Martí “fue para todos nosotros la última casa del Alibi”, o sea, de lo trascendental desde el punto de vista religioso. Idea que reitera en su obra ensayística, donde la figura de su paradigma como hombre se hace reiterativa. 

En su análisis Secularidad en José Martí precisa: “Sorprende en su primera secularidad la viviente fertilidad de su fuerza como impulsión histórica, capaz de saltar las insuficiencias toscas de lo inmediato, para avizorarnos las cúpulas de los nuevos actos nacientes”, dejando a un lado la idea mística y mítica que abordó en su poema La Casa del Alibi, para ofrecernos ahora un Martí más cercano a lo terrenal, representado en esa fuerza como impulsión histórica. 

Sin embargo, el autor de Paradiso no puede desprenderse del todo de la concepción del misterio martiano y retoma la figura cimera de la patria como símbolo del optimismo y la inspiración: “Tomará nueva carne cuando llegue el día de la desesperación y de la justa pobreza”, acudiendo al mensaje de Lezama. José Martí más que una inspiración, es una necesidad espiritual, fuente necesaria a la que se acude de manera cíclica, cuando sentimos que nos vamos extinguiendo y se desvanece nuestra fe y nuestra esperanza. Entonces el hombre divino renace: “tomará nueva carne” como una “necesidad en nosotros de justificar el surgimiento de su germen, como si lo igualáramos a la semilla que necesita de su Tierra”. 

Estas sabias palabras de Lezama Lima, escritas hace siete décadas, adquieren un valor extraordinario en el presente. José Martí representa esa semilla, que cual germen eterno, se hace cada vez más necesario en su tierra, en su patria; una patria que se desmorona en pedazos como resultado del deterioro progresivo causado por los efectos devastadores de una de las dictaduras más destructivas del mundo. En medio de la terrible desesperación y pobreza, asumiendo las palabras de Lezama en su ensayo Secularidad en José Martí, es necesario un Martí que tome “nueva carne” y sea capaz de unir a los cubanos para enfrentar la justa lucha que derrote, de una vez y por todas, al régimen castrista.  

Con o sin “misterio”, lo cierto es que la muerte del más colosal de los cubanos sorprendió a todos. Algunos se negaron a creer la triste noticia, otros lo pusieron en duda, otros lo desmintieron y hasta se recoge en la amplia bibliografía sobre el tema que una banda de música tocó para festejar, a modo de negación, lo improbable de su muerte. En España, donde Martí pasó cuatro años de su vida mientras cursaba las carreras de Derecho y Filosofía y Letras, entre 1871 y 1874, durante su primera deportación política, su muerte fue motivo de grandes especulaciones. Una reciente publicación de la Universidad de “La Rioja” hace mención a los hechos de Dos Ríos en un ensayo titulado: La muerte de José Martí: un debate historiográfico. En dicho escrito se cita al capitán español Antonio Serra Ortiz, quien, en un libro de memorias publicado en 1906, durante uno de sus destinos militares en las Islas Canarias, afirmó: 

«Como a la media hora cesó el fuego y el capitán Satué, ayudante del Coronel, me dijo»:

—« ¿A qué no adivinas a quien hemos matado?»

—«A Máximo Gómez, contesté».

—«Cerca le andas; ¡a Martí!».

—« ¡Imposible! Contesté».

—«Pues no te quepa duda; le he visto y reconocido».

—«Pues me alegro que caigan pájaros gordos; no siempre han de ser los muertos esos héroes anónimos que son los que verdaderamente se baten».

«Más tarde vi el cadáver y como le conocía personalmente, fácil fue reconocerle también».

«Entonces, me dije»:

—« ¡Pero señor! ¿Por qué se batía Martí en vanguardia? ¿Es posible que un futuro Presidente de la República Cubana, se bata como un guerrillero? ¡Aquí hay misterio y conviene desenredar la madeja de la insurrección por dentro!».

Lo que demuestra que la idea en torno al “misterio” de su muerte estuvo presente desde siempre. Téngase presente que estamos ante testigos presenciales del suceso del 19 de mayo de 1895. Luego siguieron las múltiples hipótesis, las que definitivamente, no aportan nada objetivo; aunque si contribuyen a mantener el espíritu de la investigación en relación con el líder de la Guerra de 1895, de la que fue, sin duda, su gestor, organizador y teórico por excelencia. 

Y es por el hecho de haber sido un gran teórico, inmerso en las más grandes abstracciones, que no tuviera una visión práctica acerca de las estrategias convenientes para poder eludir, o al menos, atenuar el gran riesgo que se tiene cuando se lucha directamente en el campo de batalla. No hay tal misterio, aunque si es un hecho real de que en hombres como el no es verdad la muerte. 

No puede haber misterio en un ser que se entregó por entero a la lucha por su amada patria, en un ser donde el deber adquirió un significado cuasi sacramental: “En la tierra, el único placer es el cumplimiento del deber: la única fuerza enérgica el amor. De aquel hasta las penas son placeres. De éste hasta los dolores son impulsos: en bien o en mal ciertamente: ¡dichoso el que ama a aquella de quien es amado! Porque ni el amor basta ni el cumplimiento del deber basta.”

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jueves, mayo 19, 2022

Alberto Roteta Dorado: JOSÉ MARTÍ, EN HOMBRES COMO ÉL NO ES VERDAD LA MUERTE. A PROPÓSITO DEL 127º ANIVERSARIO DE SU CAÍDA EN COMBATE

 JOSÉ MARTÍ, EN HOMBRES COMO ÉL NO ES VERDAD LA MUERTE. A PROPÓSITO DEL 127º ANIVERSARIO DE SU CAÍDA EN COMBATE


Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.- 

19 de mayo, 2022

“Otros lamenten la muerte necesaria:

 yo creo en ella como la almohada,

 y la levadura,  y el triunfo 

de la vida”. José Martí. 

Santa Cruz de Tenerife. España. En hombres como el no es verdad la muerte. Sentencia muy certera de uno de los biógrafos del considerado Apóstol de Cuba que adquiere dimensiones aún más colosales en los días cercanos al aniversario de su muerte. La veracidad de tal afirmación se puso de manifiesto desde los lejanos tiempos del final del siglo XIX. El  infausto 19 de mayo de 1895, recién comenzada la guerra de independencia de Cuba, las balas del ejército español alcanzaron al ideólogo de la gesta independentista cubana. La muerte de José Martí se convirtió en el más sagrado símbolo de la historia de la nación

Una aureola, cuasi mística, envuelve el trágico momento en que el extraordinario ser se despojó de sus vestiduras carnales para emancipar su alma pura – el hombre más puro de la raza, según la poetisa chilena Gabriela Mistral–, que cual inmaculado martirio, trascendería las fronteras de la temporalidad. Su prematura muerte es atemporal, toda vez que aún nos resistimos a aceptar lo que para nosotros no puede ser cierto. Tampoco lo fue para los cubanos de aquellos agitados tiempos de combates, reveses, contradicciones y sinsabores; aunque también de victorias y placeres, ese placer sacro del cumplimiento del deber patrio que en el héroe cubano adquirió inusitadas dimensiones. 

Sus contemporáneos se aferraron a la idea de que Martí seguía vivo, no solo como viviente símbolo de una bien ganada, merecida y alcanzada inmortalidad; sino como un hecho concreto real. Cuentan que desde diversas partes del mundo, donde se encontraban los exiliados cubanos, lejos de aparecer notas mortuorias, esquelas referenciales o cualquier manifestación de luto, dolor y recogimiento, se gritaba de júbilo y alegría. Hasta una banda de música de pueblo se dispuso a entonar marchas de victoria. La noticia de la muerte del gran hombre se había malinterpretado. Circularon notas aclaratorias respecto a una posible falsedad del trágico momento de Dos Ríos, de ahí la reacción de alegría muy contraria a la esperada actitud de recogimiento, propio de noticias de esta naturaleza.  

José Martí, el presidente para algunos, el genial intelectual que supo unificar con su ardiente palabra y su insuperable oratoria a los cubanos del exilio, y al propio tiempo, animar a los que se encontraban en la isla decepcionados ante el fracaso de la contienda de los diez años, había muerto en el campo de batalla y los cubanos se negaron a aceptarlo. Comienza aquí, justo en el propio instante de su caída en combate, el gran misterio en torno a su muerte. Un misterio exaltado por estudiosos profundos e intelectuales brillantes que lo inmortalizaron sobremanera, aún cuando su inmortalidad estaba coronada no solo por el hecho en sí de su prematura partida rodeada del sacramental misterio, sino por aquel legado histórico, político e intelectual insuperable aún en nuestros tiempos.

José Lezama Lima, el apasionado martiano, tan difícil de descifrar en su colosal poema dedicado al Apóstol cubano “La casa del Alibi”, intenta resumirnos su trascendencia a partir de su muerte histórica de la siguiente forma: “Su justa permanencia indescifrada sigue en sus memoriales enviados a un rey secuestrado, en sus cartas de relación nos describe para su primera secularidad una tierra intocada, Et caro nova fiet in die irae, tomará nueva carne cuando lleguen la desesperación y el temblor y la justa pobreza”.

Lo que realza aún más en su colosal ensayo “Secularidad en José Martí” al evocarnos, con su complicada prosa, el trascendental significado de esa permanencia eterna del genial hombre de Dos Ríos: “Sorprende en su primera secularidad la viviente fertilidad de su fuerza como impulsión histórica, capaz de saltar las insuficiencias toscas de lo inmediato, para avizorarnos las cúpulas de los nuevos actos nacientes”, hasta hacer imperecedera la imagen de su caballo, que cual único y fiel testigo, le acompañara en el instante del alcance de su inmortalidad:  “Y el pequeño caballo está quieto, pues sabe que la mano que lo traía ha penetrado con su alegría en la casa del Alibi” (…) “la brevedad de su mano mide incesantemente la distancia de la puerta hasta el símbolo”.            

Otros estudiosos, investigadores y apasionados biógrafos trataron de contribuir a conservar esa trascendencia ganada con creces por nuestro Hombre-Héroe. El intelectual cubano Luis Rodríguez-Embil, en su estudio crítico-biográfico: “José Martí, el Santo de América”, encuentra no solo al filósofo; sino al místico, que algunos pretenden ocultar y otros se niegan a descubrir. Rodríguez-Embil lo llama místico práctico y realista activo “de tradición y cultura occidentales, de cepa teresiana y española. Como tal, una de las fuerzas mayores de este mundo que encuentra el camino de la santidad por la “acción, el pensamiento y la aceptación heroica de su destino”.

Hoy, 19 de mayo de 2022, cuando han pasado 127 años de su partida del mundo terrenal, su muerte sigue siendo motivo de múltiples especulaciones, todas en torno a ese gran misterio que, por el momento, no podrá ser revelado, por cuanto, en seres como el no es verdad la muerte, y también porque los que le amamos nos resistimos a poder aceptar su trágica partida de este mundo. Las razones por las que nos resistimos a aceptarlo son muy diversas si consideramos la propia diversidad de los miles de admiradores de la ejemplaridad martiana y de los cientos de seguidores de su extraordinaria enseñanza – recopilada en una veintena de volúmenes, muchos de los cuales siguen las recomendaciones del propio Martí–. 

Cada quien lo evoca a su manera, a la vez que lo siente demasiado cercano como para poner el hecho de su muerte como infranqueable barrera ante nosotros. Los niños, con su inocencia e ingenuidad, han seguido representado los personajes de esa joya literaria que es "La edad de oro", la recopilación de los únicos cuatro ejemplares de la revista que, a pesar del tiempo, sigue estando entre nosotros. Otros prefieren recordarlo – o lo recuerdan inconscientemente– a través de la apasionada  lectura de aquellos versos íntimos que dedicara a su único hijo y que publicara con el título de Ismaelillo: “¡Venga mi caballero, por esta senda! ¡Éntrese mi tirano por esta cueva! Tal es, cuando a mis ojos, su imagen llega, cual si en lóbrego antro pálida estrella, con fulgores de ópalo todo vistiera”.

Otros tantos acuden continuamente a su sabia palabra para citarlo en los debates políticos acerca de la opresión a los pueblos, la tiranía de los gobernantes, las libertades del hombre, las bases de las democracias, y hasta sus concepciones y premisas éticas en relación con la guerra. “La libertad no puede ser fecunda para los pueblos que tienen la frente manchada de sangre” (...) “Imponerse es de tiranos. Oprimir es de infames”, expresó el Apóstol hace más de un siglo en su “La República española ante la Revolución cubana”, imprescindible documento al que hay que acudir en estos duros tiempos en los que la patria martiana se ve cruelmente oprimida, no por una República española, sino por una sanguinaria dictadura comunista. De ahí la vigencia de su pensamiento político, al que hay que acudir, toda vez que,  como diría Lezama Lima: “tomará nueva carne cuando lleguen la desesperación y el temblor y la justa pobreza”. Su “Discurso en el Liceo Cubano de Tampa”, de 1891, constituye en el presente un texto de obligada referencia. La tensa situación sociopolítica de Cuba está a punto de desencadenar una nueva oleada de resurrecciones populares. Hay demasiados valientes impacientes y granos de maíces en las calles cubanas: “iQue las guerras estallan, cuando hay causas para ella, de la impaciencia de un valiente o de un grano de maíz!”

Como resulta también más oportuno que nunca su universal  ensayo dictado en la reunión de emigrados cubanos en Nueva York, conocido como “Lectura en Steck Hall”, donde José Martí expresó: “Ni ha de permitir un pueblo que lo guíen los que desconozcan sus verdaderos elementos, ignoran en absoluto el objeto real y la vía útil del país en que nacieron, y en lugar de remover con mano fuerte, a fin de conocerlas y encauzarlas, las entrañas hirvientes del volcán, a riesgo de morir en ellas abrasados, pretenden evitar la erupción sentándose en la cima, como si en las horas de fuego y de lava fuera bastante en evitar el estrago tan pequeño estorbo: como si, cuando la mejor y mayor parte de un pueblo se levanta, y de las tres comarcas de una tierra, dos mueren por un intento, y la otra lo admira, pudiera ser el esfuerzo sofocado por la algazara descompuesta de un grupo que sólo ha sabido señalar su nombre a merced de conscientes engaños, de mantener promesas que sabía que no habían de ser cumplidas, y de escarnecer y sonrojar a la revolución originaria de su poder ficticio, a la madre gloriosa a quien habían debido la existencia”. 

Por su parte los intelectuales y artistas prefieren ahondar en las profundidades de su prosa envidiable, siempre plena de sabios mensajes, amén de aquel estilo – lo que el propio Martí llamó la esencia– inigualable, en géneros como el ensayo y la poesía – precursor del Modernismo, junto a Julián del Casal y Gutiérrez Nájera–, aspectos por lo que fuera llamado el príncipe del castellano, y también, según Díaz-Plaja, el primer “creador” de prosa que ha tenido el mundo hispánico. Recordemos sus enormes ensayos dedicados a figuras de la ciencia, de las letras o de la filosofía: Darwin, Whitman y especialmente Emerson, amén de los artículos: “Ruinas Indias”, “El Padre Las Casas”, “Tres héroes” y “Un paseo por la tierra de los anamitas”, pertenecientes a La Edad de Oro, y por supuesto, “Nuestra América”, y “Lectura en Steck Hall”, considerados verdaderos paradigmas de este género. Cientos de ensayos críticos sobre su vida y su obra, unos muy acertados, precisos y certeros, otros, lamentablemente, cargados de sesgos intencionales con el objetivo de tergiversar una enseñanza bien distante de lo que los regímenes totalitarios pretenden difundir y atribuir al Apóstol cubano, aparecen de manera sistemática en eventos y coloquios en los que se recuerda al inmortal héroe. 

Y es que todos, de una u otra forma, cada cual como sabe y puede hacerlo, nos resistimos a olvidarlo, lo que constituye una prueba más de la no aceptación de una prematura y trágica muerte, envuelta desde siempre en el misterio, tan indescifrable e impenetrable que no parece ser cierta, que la sentimos tan cercana a pesar de los 127 años transcurridos desde aquel 19 de mayo de 1895, lo que Lezama Lima pretende tratar en su citado ensayo: “Su imaginación, al volcarse sobre ese punto terrenal, poco antes de morir, le ganaba dimensiones inauditas, medidas de precisión punteadas por quien viene de la imagen hasta el hecho de comprobación asombroso” (…) “Su afán de tocar la tierra antes de morir, era una extensión de esa hipérbole ganada por su imaginación”.

Su alentador pensamiento merece ser retomado no solo en días como estos, sino que debe estar siempre presente en nuestras vidas. Su evocación en medio de la desesperanza, la frustración y la desilusión, será siempre estimulante para continuar en nuestra lucha por restaurar el orden democrático y las libertades mínimas del hombre: “¡Hágase la levadura, aunque no se sepa quién va a comer el pan que se alce con ella. De la semilla, oscura y triunfante, se renueva y se mantiene el mundo”. 

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miércoles, mayo 19, 2021

Alberto Roteta Dorado: JOSÉ MARTÍ, LA NECESIDAD DE MOSTRARLO EN SU REAL DIMENSIÓN.

 


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JOSÉ MARTÍ, LA NECESIDAD DE MOSTRARLO EN SU REAL DIMENSIÓN.

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Su paso a la universalidad está determinado por la conjunción de todos los perfiles del también considerado Maestro y Apóstol; aunque es su total entrega a la gesta independentista del final del siglo XIX la que le confiere ese distintivo sello de la trascendencia más allá de las fronteras temporales de su nacionalidad y de su tiempo. José Martí sigue siendo la figura más universal, trascendental y simbólica de la nación cubana.

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Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.-

18 de mayo de 2021

Santa Cruz de Tenerife. España.- Su prematura muerte, con solo cuarenta y dos años, amén de su total entrega en pos de la lucha emancipadora de 1895, fueron los dos elementos que determinaron que muchos de los proyectos del colosal hombre de Dos Ríos quedaran sin realizar o inconclusos. De ahí que, de manera paradójica, la figura más representativa de la historia, la política y la literatura de Cuba, no tenga necesariamente una obra extensa, al menos si excluimos de sus amplios volúmenes su gran epistolario y sus innumerables apuntes. Su esperado Libro de texto de Historia de la Filosofía, sus biografías de grandes escultores y filósofos: “He de escribir cuatro libros: Rafael, Miguel Ángel, Voltaire, Rousseau”, otras traducciones, así como concretar su sistema de Filosofía de las Relaciones quedaron solo como ideas arquetípicas en la bendita mente del iluminado ser, cuya muerte en el campo de batalla recordamos este 19 de mayo.  

Su caída en combate aquel infausto día de 1895, cuando recién se iniciaba la contienda cubana para la liberación del colonialismo español, le confirió a José Martí su definitiva universalidad, algo que se venía gestando desde sus primeras inquietudes políticas en plena adolescencia, y que con el transcurso de unos pocos años se solidificara a través de su encomiable labor periodística y unas pocas obras concluidas y publicadas; aunque es, sin duda, el misterio que envuelve su prematura muerte lo que le ofrece a la etapa final de su vida su sentido más trascendental. 

El autor de los Versos Libres, como la mayoría de los genios, se caracterizó por una precocidad sorprendente. Sus polémicos debates políticos durante su paso por los colegios cubanos motivaron su primera deportación (España 1871), previos castigos en las canteras de San Lázaro o su prisión transitoria en la Isla de Pinos. En el Martí, adolescente prodigio, tuvo lugar un inusual despertar de un sentimiento patrio inherente a su naciente personalidad, toda vez que no se le educó en este sentido durante su niñez. Recordemos que su padre tuvo cargos como representante del Gobierno español en la isla – sargento de artillería, capitán de partido y reconocedor de buques, juez pedáneo, etc. –. 

EL MISTERIO DE SU MUERTE Y EL ALCANCE DE SU UNIVERSALIDAD. 

En el caso del hombre-héroe cubano no se puede separar su intensa actividad política de su extraordinaria producción periodística, literaria y ensayística. Su paso a la universalidad está determinado por la conjunción de todos los perfiles del también considerado Maestro (así con mayúsculas) y hasta Apóstol; aunque, sin duda, es su total entrega a la gesta independentista del final del siglo XIX la que le confiere ese distintivo sello de la trascendencia más allá de las fronteras temporales de su nacionalidad y de su tiempo. José Martí sigue siendo la figura más universal, trascendental y simbólica de la nación cubana. 

También el misterio de su prematura muerte, la que se resistieron  a creer muchos de sus compatriotas desde diferentes partes del mundo – en hombres como el la muerte jamás encuentra su certeza definitiva–, contribuyó, mediante el encanto de lo místico y de lo mítico, a ofrecerle una connotación especial a un hecho que en otros mortales hubiera pasado sin significación alguna. José Martí tiene ese inexplicable poder de hacer trascendental algo aparentemente común y transitorio como lo es la muerte.   

Lamentablemente, no pudo ver la realización de su más preciado anhelo. La libertad de Cuba se concretó cuando ya el bendito hombre había pasado a otras dimensiones del mundo espiritual. Con el nacimiento del nuevo siglo XX había que hacer justicia para rescatar de cualquier posible olvido al hombre que fuera capaz de aglutinar las fuerzas de cientos de cubanos en el exilio, quien, al propio tiempo, nos había dejado una obra literaria y periodística dispersa por doquier, amén de centenares de manuscritos, entre fragmentos, anotaciones y esbozos de discursos, cartas, apuntes sobre los más diversos temas, ya fueran religiosos, políticos, filosóficos, históricos, científicos, etc.  

Con la instauración de la República se inicia el necesario rescate de la figura y del pensamiento de José Martí. La serie secuencial de monumentos escultóricos y obras pictóricas dedicadas al extraordinario hombre de Dos Ríos, así como las múltiples instituciones que llevan su nombre, demuestran el sentir de una nación que pretendía hacer preservar a la figura cimera de su historia. 

En relación a su obra fue necesario rescatar una inmensa cantidad de manuscritos, entre obras literarias, ensayos de diversas temáticas, anotaciones y esbozos de discursos, etc. Manuel Isidro Méndez (1882- 1972), español radicado en Cuba, considerado un especialista en el estudio e interpretación de la obra martiana, fue el autor de la primera biografía de José Martí, quien en 1938 escribió en Cuba su obra titulada: Martí. Estudio crítico-biográfico, con la cual obtuvo el segundo lugar en el Concurso Literario Interamericano de la Comisión Central Pro-monumento a Martí, efectuado en La Habana al siguiente año, y publicada en 1941.

Manuel Isidro Méndez, historiador y ferviente martiano, lamentablemente olvidado en nuestros días, tuvo a su cargo la coordinación, el prólogo y la síntesis biográfica de las Obras Completas de Martí, en dos tomos (con lo que se pudo recopilar hasta ese momento), publicadas en La Habana, en 1946, y compiló el Ideario de Martí, editado en La Habana durante 1930, siendo en esta última obra donde resumió a través de ciertas temáticas algunas ideas del pensamiento martiano, y sin duda, la primera recopilación de citas martianas, que a pesar de su brevedad, merece siempre ser destacada.

Hacer mención a todos los grandes intelectuales e investigadores que durante las primeras décadas del pasado siglo XX se dedicaron a investigar el pensamiento martiano haría demasiado extenso un escrito de este tipo. De ahí mi limitación a un solo ejemplo mediante el historiador Manuel Isidro Méndez, con lo que hago justicia a esta olvidada figura, uno de los primeros en publicar un estudio biográfico sobre el colosal héroe cubano, amén de compilar los primeros trabajos martianos en lo que fueran las primeras Obras Completas de José Martí.  

LA PRESENTACIÓN DE UN MARTÍ MUY A SU MANERA, EL MAYOR ACTO SACRÍLEGO DE LA TIRANÍA CASTRISTA A LA MEMORIA DEL MAESTRO. 

Destacar la labor de los investigadores cubanos anteriores a 1959 es de extraordinaria importancia, toda vez que con la llegada del comunismo a Cuba se pretendió sepultar todo lo que anteriormente se hizo en pos de mantener viva la imagen de José Martí. A partir de 1959 se impuso el olvido de la categoría de Apóstol – por su inevitable asociación a los discípulos de Jesús, considerados apóstoles por sus ejemplares vidas– y en su lugar la concepción de Héroe Nacional, que también lo merece, aunque sin dejar jamás de un lado lo que ya estaba demasiado arraigado en el imaginario popular de los cubanos, para quienes José Martí siempre ha sido, y seguirá siendo, su Apóstol.  

La creación de instituciones y organismos estatales oficialistas, siempre dirigidos por líderes del Partido Comunista y fieles servidores al régimen dictatorial cubano, dedicados a promocionar solo una parte – la que le conviene al régimen castrista– del pensamiento del autor de Nuestra América fue uno de los objetivos primordiales que el nuevo sistema sociopolítico de Cuba priorizó. El adoctrinamiento que recién había comenzado requería de una visión parcializada de aquel que se refirió a la idea de haber vivido en el monstruo  –“Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas” (Testamento Político de J. Martí: Carta a Manuel Mercado) –, cuya frase, sacada de su contexto histórico y de su tiempo, carece de sentido; aunque al propio tiempo expresó que amaba a la patria de Lincoln, donde pasó la mayor parte de su vida: “Amamos a la patria de Lincoln, tanto como tememos a la patria de Cutting” (Escrito de J. Martí Vindicación de Cuba), sobre lo que se suele guardar un sepulcral silencio. 

El Centro de Estudios Martianos, institución pionera para satisfacer los requerimientos de la dictadura cubana, comenzó un trabajo de selección de escritos del pensamiento del Apóstol analizados desde una perspectiva marxista, con lo que se dejaba atrás las profundas reflexiones de autores como Medardo Vitier, en mi opinión el más profundo de los investigadores martianos de su tiempo con su obra Martí: Estudio Integral, Jorge Mañach, el más prolífico, cuya biografía, Martí el Apóstol, estuvo prohibida en Cuba hasta hace poco, entre otros valiosos intelectuales de la primera mitad del siglo XX que aportaron mucho al estudio y la divulgación de la enseñanza martiana. 

La imposición de una imagen del Maestro con un marcado énfasis en concepciones como el antiimperialismo, en contrapartida con un excesivo latinoamericanismo, marcó la nueva proyección del enfoque que tenía que ofrecerse al abordar su pensamiento. Los centenares de absurdos “estudios” sobre Martí antiimperialista, el latinoamericanismo en Martí, etc., han estado presente en los eventos que han tenido lugar durante todos estos años de dictadura comunista, siempre mediante el control estricto de instituciones como el antes mencionado Centro de Estudios Martianos, y décadas más tarde, a través de la Sociedad Cultural José Martí, una verdadera ofensa al extraordinario hombre librepensador por excelencia, toda vez que dicha institución constituye un vehículo político de actuación del régimen castrista. 

La bien definida postura filosófica de José Martí como idealista por excelencia, racionalista declarado: “Lo único verdadero es lo que la razón demuestra como tal. Nada hay cierto más allá de ello. Lo demás, cuando más, es probable” (…) “Lo racional es siempre efectivo. Lo efectivo es siempre racional. Lo efectivo es real. La razón es, pues, la ley de la realidad” – sin desestimar del todo el sensualismo filosófico: “La naturaleza observable es la única fuente filosófica. El hombre observador es el único agente de la filosofía”–, con tendencias a exaltar las místicas corrientes filosóficas del oriente, amén de una pasión sinigual por el trascendentalismo norteamericano de la segunda mitad del siglo XIX (consúltese su ensayo dedicado a Ralph W. Emerson), en contraposición con el ridículo estandarte materialista, ateísta y marxista impuesto por el régimen comunista de Cuba, resulta sobremanera chocante para un sistema que se ha proclamado comunista ante la faz del planeta.

Roberto Fernández Retamar, poeta y ensayista al servicio de la dictadura cubana y con cargos de dirección en instituciones insignes del régimen, se encargó mediante su palabra “convincente” de explicar el antimarxismo de José Martí – como era de esperar, jamás lo llamó antimarxista–. Su desafortunada hipótesis de presentar al genial pensador de Cuba como un desconocedor de la obra de Karl Marx, para justificar la no afiliación de Martí al socialismo, constituye un verdadero sacrilegio al ideario martiano

Martí jamás fue marxista, no por desconocimiento de la enseñanza de Marx, sino porque fue capaz de prever que la nueva propuesta del autor de El Capital solo sería capaz de conducir a los hombres a una verdadera esclavitud. Fue su visión profética con conocimiento de causa, y no su desconocimiento, lo que lo hizo antimarxista. Consúltese el escrito que Martí dedicó al libro La futura esclavitud del antropólogo Herbert Spencer, por solo poner un ejemplo de los tantos que podemos encontrar en su obra acerca de su postura no marxista. “Herbert Spencer quiere enseñar cómo se va, por la excesiva protección a los pobres, a un estado socialista que sería a poco un estado corrompido, y luego un estado tiránico”, expresó José Martí sobre el socialismo.  

Para la negación de su sentido de la religiosidad y su pensamiento filosófico, ambos diametralmente opuestos a la propuesta marxista de la llamada revolución cubana, nada mejor que no difundir sus grandes enseñanzas en este sentido. Ocultar al ser que se refirió a la infinitud del universo, a la existencia de vida en otros mundos, que defendió las teorías de la reencarnación y que pretendió establecer un sistema filosófico basado en la armonía como síntesis y en las relaciones universales – “yo había pensado en llamar filosofía de la relación” (…)“Todo va a la unidad, todo a la síntesis, las esencias van a un ser; los existentes a lo existente”–, fue lo que se les ocurrió a los encargados de permitir y difundir lo que se debe y lo que no se debe leer, estudiar y consultar en Cuba. 

No obstante, al publicarse la mayor parte de su obra escrita, reunida en más de una veintena de tomos, quedaron al alcance de todos sus polémicos cuestionamientos acerca de la existencia de algo o alguien más allá de cualquier comprensión y asimilación: “¿Pero está Dios fuera de la tierra? ¿Es Dios la misma tierra? ¿Está sobre la naturaleza? ¿La Naturaleza es creadora, y el inmenso ser espiritual a cuyo seno el alma humana aspira, no existe? ¿Nació de sí mismo el mundo en que vivimos?”. Esto permitió a unos pocos estudiosos verdaderos del pensamiento del Apóstol acceder a su vasto conocimiento de la filosofía y poder refutar, con argumentos más que sólidos, la verdadera posición de José Martí respecto a sus concepciones bien distantes del materialismo, el ateísmo y el marxismo.   

A pesar de demostrarse, mediante la propia palabra escrita del Maestro y Apóstol, sus concepciones bien definidas respecto a sus orientaciones filosófico-religiosas, así como su no afiliación a las tendencias de tipo socialistas y marxistas, el régimen castrista sigue utilizando la venerable imagen del gran héroe, cuya muerte evocamos hoy, a su manera, por capricho, y sobre todo, para intentar legitimar una serie secuencial de conceptos, postulados, leyes y directrices en relación con la llamada revolución cubana, aún cuando todos podemos acceder a ideas martianas como esta, que demuestran su desacuerdo con el socialismo, el totalitarismo y la tiranía: 

Los pueblos que no creen en la perpetuación y universal sentido, en el sacerdocio y glorioso ascenso de la vida humana, se desmigajan como un mendrugo roído de ratones”.

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La falsificación de Martí en Cuba(*) Parte II



Karl Marx y Federico Engels fueron los ideólogos   del genocidio moderno

Por Carlos Ripoll 
ÍNDICE


Introducción

Honrar en el nombre lo que en la esencia se abomina y combate,
es como apretar en amistad un hombre al pecho y clavarle un puñal en el costado.
José Martí

Los partidos marxistas

Debido a su actualidad, quiero referirme en particular a otro caso de falsificación de Martí. Está relacionado con su idea del partido político. El propósito de este manejo es justificar la existencia de un solo partido, y darle una razón cubana al unipartidismo que defienden Castro y los suyos, a su monopolio del poder. El asunto se viene manejando desde antes de proclamar la Constitución de 1976: es bien sabido que en esa Constitución, en su artículo 5, se define al Partido Comunista como "la vanguardia de la clase trabajadora", y como la más alta y única dirigencia de la sociedad y del Estado. Aprovechando su discurso en el centenario de la muerte de Ignacio Agramonte, una ocasión bien cubana, dijo Fidel Castro: "...Martí hizo un partido, no dos partidos, ni tres partidos, ni diez partidos; en lo cual podemos ver el precedente más hermoso y más legítimo del glorioso partido que hoy dirige nuestra revolución: el Partido Comunista de Cuba..."(20) Esa arbitraria y ridícula comparación entre los dos partidos se ha usado, hasta la saciedad, por los voceros del régimen, pero aquí sólo vamos a recordar tres oportunidades en las que Castro insistió en el asunto: una fue en su discurso a fines de 1987, durante la Conferencia de la Asociación de Juristas Americanos, que se celebró en La Habana; allí dijo: "...No hay que tenerle temor al partido, porque el fundador de nuestra nacionalidad, que fue José Martí, lo primero que hizo fue organizar un partido —está en la tradición de Cuba— el Partido Revolucionario Cubano; no organizó ni 15 ni 25 partidos, organizó uno. Antes que Lenin, Martí desarrolló el concepto de un partido para dirigir la revolución..."(21) En abril de este año [1991], en el 30 aniversario de Bahía de Cochinos, asediado por amigos y enemigos que le piden el multipartidismo y una apertura como la de la Unión Soviética, dijo: "Nadie se haga ilusiones de que el socialismo cubano hará concesiones, porque tendremos un partido, (un único partido, como el que se corresponde con la etapa larga revolucionaria! (Un único partido, como el que fundó José Martí para llevar adelante la guerra de independencia!"(22) Y en iguales términos lo oímos, hace sólo unos días, desde Santiago de Cuba, en el discurso de clausura del Cuarto Congreso, justificar la exclusión de otros partidos en Cuba porque Martí sólo fundó uno; dijo: "...pero tenemos un partido, un solo partido, como tuvo Martí, un partido, un solo partido para hacer la revolución.."(23)

(Karl Marx)

También ahí se echa mano a las trampas para justificar con algo de nuestra tradición lo que es ajeno a ella. Con ese fin, todo el aparato de la cultura oficial se lanza a buscar las coincidencias entre Martí y el marxismo, y, cuando no las encuentran, a disculpar, con mayor o menor hipocresía, a Martí, por carecer del enfoque clasista y de la voluntad de crear la dictadura del proletariado, que son la base y el propósito del partido en el marxismo-leninismo. Es tan débil, y falso, y tan disparatado el argumento del unipartidismo totalitario de Cuba como reflejo de la concepción martiana del partido político, que no valdría la pena detenerse en él si no fuera porque, de tanto repetirlo, y sin poder allí nadie salir a denunciar la mentira, para muchos, como es natural que suceda, el argumento parece válido.

Veamos primero qué idea del partido ha tenido siempre el marxismo. Ya desde 1848, en el Manifiesto Comunista, Marx y Engels plantearon la necesidad de crear un movimiento independiente, de la mayoría proletaria, para defender los intereses de esa misma mayoría, es decir, un partido exclusivamente obrero e independiente de los demás partidos.(24) Más tarde, 20 años antes de la creación por Martí de su Partido Revolucionario Cubano, en una "Resolución" adoptada en la Haya, en el Congreso de la Asociación Internacional de Trabajadores, concretaron: "Contra el poder colectivo de la clase propietaria no puede la clase trabajadora actuar como clase sin antes constituirse en un partido político distinto de, y opuesto a, los viejos partidos de las clases propietarias". Antes de la Comuna de París, el 13 de febrero de 1871, Engels le escribió una carta al Concilio Federal Español, de la Internacional, en la que decía: "En todas partes la experiencia ha demostrado que la manera mejor de librar a los obreros del dominio de las viejos partidos es la creación de un partido proletario en cada país, con una política propia, una política bien diferente de la de los otros partidos".(25) En Lenin la idea del partido alcanza su más estrecha concepción. En ¿Qué Hacer? (1902) planteó la necesidad de crear un partido cerrado sin la amplia base de la clase trabajadora que habían propuesto Marx y Engels. El "nuevo tipo de partido", dijo, tiene que ser "la vanguardia de las fuerzas revolucionarias... una organización de revolucionarios... que hagan su profesión la actividad revolucionaria... Dicha organización, necesariamente, no puede ser muy amplia..."(26) Lo que pensaba Lenin del partido está resumido en estas palabras: "El partido es una parte organizada de la clase trabajadora... El partido no es sólo la más alta forma de asociación de la clase proletaria, sino que es también un instrumento en las manos del proletariado para establecer su dictadura cuando todavía no la ha logrado, y para consolidar y extender su dictadura cuando ésta ya esté establecida... El proletariado necesita el partido no sólo para lograr la dictadura proletaria, sino que aun le es más necesario para mantenerla y extenderla y lograr así la victoria completa del socialismo..."(27) Y Stalin, la más constante, aunque menos confesada, inspiración del comunismo cubano, para amparar su dictadura y en defensa de la tesis de un solo partido como imprescindible para el socialismo, dijo en 1938:


(Meme. Todas las imágenes fueron añadidas por el Bloguista de Baracutey Cubano)


"Para no equivocarse en política hay que mantener sin compromisos una política clasista proletaria, no una política reformista para armonizar intereses del proletariado y de la burguesía... Por lo tanto, el partido proletario, en su actividad práctica, no debe guiarse por motivos casuales sino por las leyes del desarrollo de la sociedad, y por deducciones prácticas de esas leyes... Por lo tanto, para no equivocarse en política, para no convertirlo en un partido de soñadores, el partido del proletariado no debe basar su actividad en abstractos "principios de la razón humana".. . ni en los buenos deseos de los "grandes hombres", sino en las necesidades reales para el desarrollo material de la vida en la sociedad."(28)

De las ideas de Marx, Lenin y Stalin, y, repito, sobre todo de Stalin, viene la empecinada resistencia de Cuba al multipartidismo. En Cuba no hay un partido único porque Martí creó un sólo partido, sino porque, en primer lugar, por supuesto, conviene a la voluntad de absoluto poder de los gobernantes, quienes así superan el miedo de ir a unas elecciones y perderlas, y, en segundo lugar, porque responde a la cerrada concepción política estalinista, que es la única base teórica del oportunismo de Fidel Castro y los suyos.(29) Precisamente esa "política reformista de armonía de intereses del proletariado y la burguesía", que negaba Stalin, era la de Martí: esa "actividad práctica del partido basada en los buenos deseos de individualidades extraordinarias", en "la razón" y en "la moral universal", que rechazaba Stalin, fueron las bases para la actividad política de Martí.

El Partido Revolucionario Cubano



Además de una infamia, es un disparate hablar de parecidos y coincidencias entre un partido marxista-leninista y el de Martí; aquél para imponer a un grupo que también ha de gobernar por la violencia; el otro, para armonizar intereses y para que de esa unión saliera un gobierno "con todos y para el bien de todos".(30) Pero como no se puede disimular el carácter dictatorial y elitista del partido del marxismo-leninismo, quieren probar que también el partido de Martí tenía algunas de esas características, y recurren al testimonio de dos de sus contemporáneos, aunque enemigos suyos: de Enrique Trujillo, con quien Martí había tenido un problema personal relacionado con Carmen Zayas Bazán, la esposa de Martí, el cual lo acusaba de haber empleado métodos dictatoriales en la creación del Partido Revolucionario Cubano;(31) y del anexionista José Ignacio Rodríguez quien, para desacreditarlo, lo acusó en su libro de 1900 de ser socialista y de odiar a los ricos; escribió:

"Favorecido [Martí] por el cielo con una inteligencia clara y con una imaginación fervidísima, pero indisciplinadas la una y la otra hasta aquel extremo que se vio con frecuencia entre muchos de los revolucionarios franceses de 1789 y 1793, aparecía muchas veces, a los ojos de los que no eran sus discípulos, o que no estaban fascinados por la influencia magnética que entre su círculo inmediato ejercía con tanto poder, como si fuese víctima de un desequilibrio mental... Predicaba el odio a España, el odio a los cubanos autonomistas... el odio al hombre rico, cultiva y conservador... y el odio a los Estados Unidos de América, a quienes acusaba de egoístas, y a quienes miraba como el tipo de una raza insolentes, con quien la que dominaba en los demás países de la América continental, tenía que luchar sin descanso... El elemento personalísimo, dictatorial e intolerante, que se reveló en él desde el principio, le enajenó simpatías aun entre muchos de los más antiguos y bien probados revolucionarios cubanos. Uno de ellos, el señor don Enrique Trujillo, director de El Porvenir, de Nueva York, se puso frente de él, con su fervor acostumbrado, combatiéndolo sin descanso. Artículo tras artículo que reunió después en un folleto, salieron de su pluma para atacar la organización del «Partido» en lo que tenía de antidemocrático..."(32)

Así, con el testimonio de dos enemigos de Martí, hacen ver que la base antidemocrática, clasista y unipersonal del Partido Comunista de Cuba no le viene todo de Marx, o de Lenin y Stalin, sino del Partido Revolucionario Cubano de Martí. Por citar solamente un ejemplo, veamos lo que ha dicho José Antonio Portuondo, una de las autoridades de Cuba en asuntos relacionados con la cultura: "Martí y Lenin", afirmó, "coinciden en la organización celular de los partidos respectivos..." En los Estatutos Secretos del Partido Revolucionario Cubano, sigue diciendo Portuondo, "imperaba lo que, a partir de Lenin, se conocerá con el nombre de «centralismo democrático»... Martí como Lenin después, chocaría con los viejos revolucionarios, honestos pero incapaces de comprender el nuevo sentido de la organización partidaria, a quienes resulta dictatorial e intolerable la actitud del Delegado..."(33) Desde luego, Portuondo no dice quiénes fueron "los viejos revolucionarios honestos pero incapaces" que vieron en el Partido de Martí una actitud "dictatorial e intolerable", pero con esa gratuita afirmación se disculpan los procedimientos, ésos sí dictatoriales e intolerables. del Partido Comunista de Cuba y de sus dirigentes, y quien tenga reparos ante los abusos del poder se calla para que no lo consideren incapaz de entender algo que venía ya impuesto por José Martí.

El 5 de enero próximo [1992] hará un siglo que se aprobaron en Cayo Hueso las Bases del Partido Revolucionario Cubano. No sólo por lo que conviene para ver en cuánto el partido de Martí niega los partidos marxistas, sino también por la fecha que se nos acerca, vamos a recordar cómo y con qué propósito nació el Partido Revolucionario Cubano. El mes de octubre de Martí, hace 100 años, en lo político, fue el más crucial de su vida. Parecía como si hubiera un conjuro de acontecimientos para precipitarlo en la campaña decisiva por Cuba. Meses antes concluyó la Conferencia Monetaria, de Washington, a la que fue como representante del Uruguay, en la que pudo comprobar que el expansionismo de este país amenazaba seriamente la independencia de Cuba, por lo que era necesario lograrla, también como protección para el resto de nuestra América; desde Washington le escribió a Gonzalo de Quesada: "...(Libre el campo, al fin libre, libre y mejor dispuesto que nunca, para preparar, si queremos, la revolución ordenada en Cuba, y con los brazos afuera! Sentada, la anexión. Los yanquis mismos, valiéndose de la Conferencia Monetaria como de un puñal, lo han clavado en el globo aquel del continente y de las reciprocidades... En la Conferencia todos, hasta los más flojos y torpes, han visto el juego..."(34)

Enseguida suspendió sus colaboraciones en La Nación, de Buenos Aires, y poco después, citó para un acto en el que se iba a conmemorar el 10 de Octubre, y allí anunció a los emigrados en qué estaría basada su campaña política que aspiraba a la creación de un pueblo "para el bien de todos", de "un porvenir en que quepamos todos", y resumió su idea con estas palabras: "(Nosotros no somos aquí más que el corazón de Cuba, en donde caben todos los cubanos!" Y como para desmentir a José Ignacio Rodríguez y a los que ahora en Cuba le achacan una condición clasista a su obra revolucionaria para acercarlo a la revolución bolchevique, y al odio proletario hacia el rico, advirtió de aquellos ricos de entonces que en verdad lo eran no sólo en fortuna sino también en patriotismo:

"...son carne nuestra, y entrañas nuestras y orgullo nuestro, y raíces de nuestra libertad y padres de nuestro corazón, y soles de nuestro cielo y del cielo de la justicia, y sombras que nadie ha de tocar sino con reverencia y ternura... aquellos padres de casa, servidos desde la cuna por esclavos, que decidieron servir a sus esclavos con su sangre, y se trocaron en padres de nuestro pueblo; aquellos propietarios regalones que en la casa tenían su recién nacido y su mujer, y en una hora de transfiguración sublime se entraron selva adentro con la estrella en la frente; aquellos letrados entumidos que, al resplandor del primer rayo, saltaron de la toga tentadora al caballo de pelear; aquellos jóvenes angélicos que del altar de sus bodas o del festín de la fortuna salieron arrebatados de júbilo celeste a sangrar y a morir, sin agua y sin almohada, por nuestro decoro de hombres..."

Y, a continuación, Martí propuso para la república no lo que dicen ahora que dijo Mella, que le dijo Baliño, que le había dicho Martí, que en ella haría una revolución proletaria, sino que habló de los "días buenos, después de la redención, del trabajo continuo, y de buena fe, para evitar el exceso de política de los desocupados ambiciosos, o de los aspirantes soberbios, o de los logreros de la palabra y del valor..." —es decir: la política de justicia y equilibrio que fue siempre la norma de su política; y allí también censuró a los anexionistas, "a los que buscan en un poder extraño la salvación que no saben sacar de su voluntad", y a los autonomistas que buscaban un arreglo imposible con España, a los autonomistas que entonces calificó de "liberales de aguamiel".(35)

Pero, quizás Martí mentía para lograr un fin no confesado, como han hecho, y hacen, otros; pero poco después dijo en un artículo de Patria: "La república, sin secretos. Para todos ha de ser justa, y se ha de hacer con todos... Levantarse sobre intrigas es levantarse sobre serpientes. En revolución, los métodos han de ser callados, y los fines públicos..."(36) No, no mentía Martí; mienten los otros. Al día siguiente de aquella conmemoración, el 11 de octubre de 1891, un periódico de Nueva York denunció a Martí porque hacía propaganda contra España siendo cónsul de la Argentina; y el 11 de octubre renunció el cargo diplomático. Más elocuente que su palabra en el acto patriótico fue el renunciamiento: "El apóstol", decía Martí, "que lo sea a costa suya".(37) Conmovió a la emigración de Tampa y lo invitó el Club "Ignacio Agramonte" de aquella ciudad. Aquel fue el primer paso en la preparación de la guerra. Allí repitió lo que había adelantado en Nueva York: su república iba a ser "con todos y para el bien de todos". En Tampa dijo también las palabras que hipócritas copiaron en la Constitución socialista de Cuba: "Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre".(38) Se supo entonces, en Cayo Hueso, de su programa y lo invitaron, y allí nació el Partido Revolucionario, en la "Duval House", de la patriota Josefina Bolio, ante una asamblea de 26 cubanos partidarios de la independencia: antiguos soldados, obreros y dueños de tabaquerías, intelectuales: Fernando Figueredo y Gerardo Castellanos; Carlos Baliño y Eduardo Hidalgo Gato; Francisco María González y José Dolores Poyo...

Las "Bases" del Partido fueron aceptadas no porque Martí las impuso, como dijo el viejo esclavista Enrique Trujillo y dicen ahora en Cuba, sino, precisamente, porque no eran de él, porque eran lo mejor de los esfuerzos revolucionarios anteriores a Martí, y con aquel programa entraban en armonía los distintos intereses que formaban la emigración, resumen y síntesis de los que habrían de formar su república. Leemos en el artículo cuarto de aquellas "Bases": "El Partido Revolucionario Cubano [se propone] fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legítimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer, por el orden del trabajo real y el equilibrio de las fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud". Y en el quinto artículo añadía: "El Partido Revolucionario Cubano no tiene por objeto llevar a Cuba una agrupación victoriosa que considere la Isla como su presa y dominio, sino preparar, con cuantos medios eficaces le permita la libertad del extranjero, la guerra que se ha de hacer para el decoro y bien de todos los cubanos, y entregar a todo el país la patria libre".(39) Obsérvese pues lo que pretendía el Partido Revolucionario Cubano: ". ..fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legítimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera democracia... [con] el equilibrio de las fuerzas sociales... para el decoro y bien de todos los cubanos..."

Y nos preguntamos, ¿dónde está ahí la voluntad clasista para establecer la dictadura del proletariado que proponían Marx, Lenin y Stalin, que sirve de fundamento al socialismo cubano? Eso no era lo que quería Martí. Jamás lo quiso, y aunque hubiera vivido mil años, sobre 100 Lenins y 100 Stalins, lo hubiera querido. Bien claro lo dejó dicho al hablar de "Los pobres de la tierra", su artículo de Patria, donde otra vez dejó constancia del programa de su Partido; allí aclaró: "Ni se ha adulado, suponiendo que la virtud es sólo de los pobres, y de los ricos nunca; ni se ha ofrecido sin derecho, en nombre de una república a quien nadie puede llevar moldes o frenos, el beneficio del país para una casta de cubanos, ricos soberbios, o pobres codiciosos, sino la defensa ardiente, hasta la hora de morir, del derecho igual de todos los cubanos, ricos o pobres, a la opinión franca y al respeto pleno en los asuntos de la tierra..." Y eso lo dijo porque él entendía, y sigo con sus palabras que, "un pueblo está hecho de hombres que resisten, y hombres que empujan: del acomodo, que acapara, y de la justicia, que se rebela: de la soberbia, que sujeta y deprime, y del decoro, que no priva al soberbio de su puesto, ni cede el suyo: de los derechos y opiniones de sus hijos todos está hecho un pueblo, y no de los derechos y opiniones de una clase sola de sus hijos..."(40) Había otros partidos políticos en la isla, y otras tendencias y grupos en la emigración: jamás Martí habló de suprimirlos para gobernar su república, jamás. Su vocación democrática no sólo lo inclinaba sino que le exigía el multipartidismo.
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Carlos Calvo
26 mayo, 2021

La Muerte de Martí contada, como nadie, por el Dr. Gustavo León en directa de  Carlos Calvo





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lunes, mayo 18, 2020

Alberto Roteta Dorado: JOSÉ MARTÍ, EL SER MAS MANIPULADO POR EL CASTRISMO


JOSÉ MARTÍ, EL SER MAS MANIPULADO POR EL CASTRISMO


Por Dr. Alberto Roteta Dorado.
18 de mayo de 2020

Santa Cruz de Tenerife. España.- José Martí, cuya muerte evocamos este 19 de mayo, es, sin duda, la figura más representativa, y también la más genuina, universal y simbólica de la historia de la nación cubana. Nadie podrá hasta el presente, y dudo que en un futuro también, superar la inmensidad de un hombre que sacrificó todo, incluyendo su propia vida por el bien de su patria y el porvenir de los cubanos. 

De ahí que continuamente se acuda a la imagen del hombre colosal, cual arquetipo ideal de la virtud, la bondad y la nobleza, en su honor. Sin embargo, la grandeza de este ser ha sido desvirtuada a partir de la inescrupulosa manipulación que desde 1959 se ha hecho por parte de los líderes de la llamada revolución cubana, de sus serviles intelectuales y artistas, y de sus acólitos historiadores. 

Todos, de una u otra forma, en mayor o menor medida, han utilizado al considerado Apóstol de la nación cubana como un estandarte paradigmático que garantice afianzarse en el poderío de un régimen totalitario, y por lo tanto, antidemocrático y dictatorial, todo lo contrario a los ideales liberales y democráticos del excelso hombre de Dos Ríos.

Trataré de demostrar este planteamiento, aunque limitándome a unos pocos apuntes toda vez que sería interminable un trabajo de este tipo si me detengo en tratar de ilustrar las tantas formas en que se ha tergiversado su pensamiento político, humanista y filosófico.  

Según la Constitución de la República de Cuba, en su Preámbulo: Nosotros el pueblo de Cuba, se expresa: 
Por los que promovieron, integraron y desarrollaron las primeras organizaciones de obreros, campesinos y estudiantes; difundieron las ideas socialistas y fundaron los primeros movimientos revolucionarios, marxistas y leninistas; por los integrantes de la vanguardia de la Generación del Centenario del natalicio de Martí, que nutridos por su magisterio nos condujeron a la victoria revolucionaria popular de enero de 1959”. 

Este fragmento constituye solo un ejemplo de la manera tan despiadada con que pretenden adueñarse de la heroica figura del maestro. En lo adelante José Martí es utilizado a conveniencia de manera reiterada en el más reciente panfleto ideado por los comunistas cubanos. Es absurdo mezclar a aquellos que supuestamente difundieron ideas socialistas con un hombre que jamás simpatizó con el socialismo, y no porque no lo conociera con profundidad como ha defendido inútilmente el Dr. Roberto Fernández Retamar, para justificar la no afiliación, o al menos la no simpatía, de José Martí con el socialismo; sino y de forma contraria a la hipótesis del también poeta y figura defensora del castrismo, porque lo conoció demasiado como para percibir con su exquisito sentido visionario que en el socialismo: 
Todo el poder que iría teniendo la casta de funcionarios, ligados por la necesidad de mantenerse en una ocupación privilegiada y pingüe, lo irá perdiendo el pueblo, que no tiene las mismas razones de complicidad en esperanzas y provechos, para hacer frente a los funcionarios enlazados por interese comunes”.   

Creo que cualquier comentario de quien redacta estas líneas quedará siempre en desventaja ante la profética percepción del maestro. Basta enfatizar en lo que ha ocurrido en dos naciones prósperas de Latinoamérica, Cuba y Venezuela, para comprender el mensaje martiano. En ambas naciones el pueblo ha perdido todo, incluyendo su posibilidad de pensar y expresarse libremente, a diferencia de la casta dominante y usurpadora del poder, cuya aspiración de mantener su poderío a toda costa los conduce a esa “necesidad” tan bien expresada por el Apóstol.  

Pero si es un error conceptual, y una manipulación premeditada y con alevosía vincularlo al socialismo, es un verdadero sacrilegio que aparezca unido a aquellos que fundaron movimientos revolucionarios de tipo marxistas, y peor aún, leninistas. José Martí fue contemporáneo de Marx y estuvo al tanto de su quehacer. No por gusto lo llamó “el pensador más poderoso del mundo del trabajo”, y también con todo el respeto, según su acostumbrado estilo aristocrático, le señaló sus puntos débiles: 
No hace bien el que señala el daño, y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres (…) anduvo de prisa, y un tanto en la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa”.   

Lo que demuestra que José Martí no fue socialista, ni marxista, y ni siquiera puede afirmare que simpatizó con el fundador de las doctrinas marxistas, a quien solo dedica un par de cuartillas – entre algunas frases de respeto y de aparente exaltación a su figura, le hace sutiles, pero enérgicas críticas acerca de sus concepciones de la llamada dictadura del proletariado–  por el motivo de su muerte, ocurrida en 1883, a diferencia del extenso y extraordinario ensayo que le dedicó al filósofo trascendentalista estadounidense Ralph Waldo Emerson, también por motivo de su muerte, en 1882. 

Del absurdo de asociarlo con el socialismo y del sacrilegio de relacionarlo con el marxismo pasamos ahora a la burla, toda vez que los redactores de la nueva Constitución cubana lo vinculan a “los integrantes de la vanguardia de la Generación del Centenario del natalicio de Martí”, y advierten que “nutridos por su magisterio nos condujeron a la victoria revolucionaria popular de enero de 1959”, y esta es la peor ofensa que se pueda cometer con el sagrado héroe de Dos Ríos, tan solo comparable a la aberración castrista de la autoría intelectual del asalto al Cuartel Moncada, maléfica idea del dictador Fidel Casto, también defendida, aunque sin capa ni espada, por el ensayista oficialista Roberto Fernández Retamar, quien perdió lamentablemente su tiempo al dedicar sendas páginas en su malogrado ensayo “Martí en su (tercer) mundo”. 

Imposible que el magisterio martiano pudiera nutrir a unos asaltantes revoltosos que de manera despiadada llevaron a efecto cientos de acciones terroristas como preámbulo a la definitiva toma del poder por Fidel Castro en 1959. Las propias palabras del Apóstol citadas antes, al referirme a su opinión sobre Marx, demuestran lo contrario: “Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres”. Tampoco pudo el pensamiento del más grande de los cubanos haber inspirado a aquellos que asesinaron por placer durante los convulsos años iniciales de la llamada revolución cubana, días en los que cientos de hombres fueron fusilados por el hecho de oponerse al nuevo orden impuesto por la naciente dictadura castrista, o por haber estado vinculados al ejército del gobierno anterior. 

El Preámbulo de la Constitución de la República de Cuba no es solamente la única parte donde se utiliza intencionalmente la figura del líder de la gesta independentista cubana de 1895. En el capítulo I Principios Fundamentales Artículo 1, se expresa

Cuba es un Estado socialista de derecho y justicia social, democrático, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos como república unitaria e indivisible, fundada en el trabajo, la dignidad, el humanismo y la ética de sus ciudadanos para el disfrute de la libertad, la equidad, la igualdad, la solidaridad, el bienestar y la prosperidad individual y colectiva”.

Donde es patente la idea recurrente de asociar a José Martí con el socialismo y con un supuesto “Estado socialista de derecho y justicia social”, Estado bien distante de las nobles aspiraciones del excelso héroe. Aquí, como en el Preámbulo analizado antes, se apoderan de su pensamiento, ahora de manera mucho más deliberada al utilizar sus palabras correspondientes a uno de sus más conocidos discursos: “Con todos y para el bien de todos”, inmortal frase martiana que pronunciada o escrita por los maléficos dictadores cubanos constituye un indecoroso acto por el que tendrán que pagar. Según el jurista Miguel Iturria Medina en su investigación “Soberanía, legitimidad del poder político y procesos electorales en Cuba”: 


No existe verdadera soberanía popular ni legitimidad política en un Estado, donde solo hay cabida para un grupo, un individuo o una ideología que excluye, denigra e incluso criminaliza a los sectores sociales que se le opongan. Este, lamentablemente, es en Cuba y ello puede constatarse en la propia Constitución de la República que establece una ideología oficial y sistema de un solo partido político como única asociación política. El Partido Comunista. En el proyecto de constitución, a pesar de que se enuncia el ¨disfrute de la libertad política¨, la afirmación de que ¨la soberanía reside en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado¨, así como que todos tienen derecho a participar en la dirección del Estado, tanto directamente como a través de representantes (artículos 1,3 y 204, respectivamente); niega todos estos presupuestos en su artículo 5: ¨El Partido Comunista de Cuba, único, martiano, fidelista y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, sustentado en su carácter democrático y la permanente vinculación con el pueblo, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado…”

Se le ha atribuido también a José Martí la idea de que como fue creador de un partido único, el Partido Comunista sea el único partido con reconocimiento oficial en Cuba. Téngase presente que es lógico que Martí fundara un solo partido, el Partido Revolucionario Cubano, justo el que se necesitaba en ese momento histórico y en ese contexto social. Dicho partido tuvo como propósito servir como organismo impulsor en la lucha insurreccional de 1895, de ahí la idea de un partido único, pero único para dichos propósitos, lo que no quiere decir que José Martí se opusiera al pluripartidismo como pretenden imponer por la fuerza los comunistas cubanos.

En este Artículo 5 de la Constitución se comete el peor de los crímenes teóricos del castrismo toda vez que lo vinculan de modo forzado, además de al marxismo-leninismo, como en el Preámbulo, al fidelismo, con lo que pretenden legitimar – dada la trascendencia indiscutible y la universalidad de Martí– el nuevo panfleto que rige los designios de un pueblo, por desgracia, bien distante del ideal martiano de “Con todos y para el bien de todos”. 
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El filósofo  y ex comunista, Antonio Escohotado habla sobre la figura de Karl Marx




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