Mantilla
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La historia de una zona y de una ruta de ómnibus
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Paradero de la Ruta 4, en la década de 1950.
Por Waldo Acebo Meireles
Miami
03/10/2019

Mantilla en 1841 tenía 139 habitantes ubicados en una veintena de casas dispersas a lo largo de aproximadamente 500 metros sobre la Calzada de Managua que iba desde el entronque con la Calzada al Bejucal al Calvario. Esas casas eran en su mayoría de guano y unas pocas de madera y tejas; habían sido construidas por los hombres que participaban activamente en el Portazgo que se encontraba sobre el Arroyo Polo, eran gentes humildes, algunos de ellos eran esclavos.
En 1867 el caserío tendría 247 habitantes de ellos 39 eran esclavos algunos en proceso de ser coartados. Su tasa de crecimiento fue de 2,3 % anual, superior a la del Calvario que tuvo un crecimiento negativo y del cual era un apéndice. La población urbana, o por mejor decir agrupada[1], tenía un peso considerable en el territorio al sur de la ciudad y tuvo un importante desarrollo económico en la esfera de los servicios y en la producción artesanal y naturalmente en el transporte, vocación esta que se verá ampliada y confirmada en el siglo XX.
Algunos caminos, callejones y serventías desembocaban en el área donde iba desarrollándose el poblado como por ejemplo el camino construido por Ramón Osma al cual ya me he referido con anterioridad[2], otro de importancia fue el Camino de María Ayala que partiendo desde donde hoy se encuentra la calle Pocito y Calzada de 10 de Octubre, llegaba a la actual calle de María Ayala en Mantilla.
Para finales de siglo aparecerán algunas casas de recreo con hermosos jardines, lo cual debió presentar cierto aire burgués y ciudadano en esta localidad en la que predominaba la población dedicada a las actividades manuales. De alguna forma, que no pude dilucidar en el Archivo Nacional, por esos años finiseculares J. E. Barlow and Co. y The Havana Land Co.[3] especializados en bienes raíces tenían intereses en el territorio y utilizaban firmas de ingenieros como la Olds and Stevens para levantar sus planos y otros trabajos. A The Havana Land Co. tuvo que comprarle Juan Gualberto Gómez una parcela para construir su modesta casa a poca distancia del cruce de La Palma.
En los años 20 comienza el desarrollo del transporte automotor y entre 1923 y 1924 surge “La Esperanza” en el Calvario, propiedad de José Mederos y entre 1924 y 1925, Demetrio Serviño y Serafín Coca inician un recorrido desde Mantilla hasta el Ayuntamiento; en 1926 ambas “rutas” se unen con el nombre de “Esperanza-Mantilla”, lo cual fue el final de una competencia que pudo haberse tornado cruenta ya que se amenazaban unos a otros con sus respectivos revólver.

(Castillo de Averhoff)
Los años 30 fueron difíciles para todo el país de esa situación de penurias no escapó Mantilla, mientras esto ocurría en la mansión construida por uno de los personeros del machadato, de apellido Averhoff, en una altura entre Mantilla y el Calvario, se brindaban fiestas y bailes. El pueblo comparaba el derroche de este político con la modesta vivienda de Juan Gualberto Gómez que había sido un político honesto, había muerto en marzo de 1933.
En julio de 1933 había estallado una huelga de los propietarios de ómnibus y los trabajadores de la ruta “Esperanza-Mantilla”, esta huelga se inició cuando los propietarios se negaron a pagar el peso que por cada ómnibus exigía, diariamente, Pepito Izquierdo, quien era el jefe del Distrito Central. Este llamado Distrito Central había eliminado el ayuntamiento y había integrado varios municipios que bordeaban el municipio habanero. Este magnate se había propuesto controlar el negocio del transporte urbano y por ello fue desafiado por los propietarios, ellos se enfrentaron a la policía que había ido a Mantilla a detener la huelga, dos ómnibus fueron incendiados y la huelga fue abarcando a más sectores hasta convertirse en general.
En abril de 1933 se había realizado un intento de organizar el transporte con la creación de la Asociación de Propietarios de Ómnibus la cual podemos considerar el antecedente de la Cooperativa de Ómnibus Aliados [COA] que fue fundada en mayo de 1935.
Esta cooperativa de propietarios de ómnibus sufrirá el lógico proceso de concentración y centralización capitalista, donde los más poderosos absorberán a los más débiles. La ruta 4 fue un claro ejemplo de ello, empezó como todas las rutas con una decena de propietarios y poco a poco alguno de ellos fueron comprando nuevos ómnibus, más económicos y rentables, sacando de circulación a los equipos más viejos y deteriorados los cuales no podían competir. Se compraban acciones y para mantener el control en las Juntas se ponían los ómnibus a nombre de otra persona, que se convertían en “propietarios de dedo”, así les llamaban y servían para mantener mayoría de votos en las elecciones.
La II Guerra Mundial vino a completar el proceso ya que la carencia de neumáticos, y otras piezas, así como la reducción de la gasolina disponible, puso a los pequeños propietarios bajo la égida de aquellos que con un mayor capital tenían el control de los almacenes y talleres, y podían distribuir la gasolina de acuerdo a sus intereses.
Para finales de los años 40 inicio de los 50 la ruta 4 estaba prácticamente en mano de una sola persona: Elpidio Núñez[4], que incluso había aprovechado la huelga de los tranvías para atraer hábilmente los pasajeros que utilizaban ese medio de transporte. La ruta 4 importaba ómnibus de uso, pero en excelentes condiciones y también nuevos[5] y los mantenía en perfecto estado higiénico y mecánico, obligando al personal a vestir correctamente y brindando un servicio continuo de ómnibus con una frecuencia entre los mismos muy baja, en ocasiones inferiores a cinco minutos en las horas de más volumen de pasajeros.
Con esta hábil combinación de rejuegos políticos, presiones económicas, buen servicio y cierta relación paternalista hacia los trabajadores, unida al control patronal del sindicato, la ruta 4 de una cooperativa de pequeños propietarios devino en un productivo monopolio en manos de un solo empresario.
(En la foto (sin camisa) Pedrito Padura, chofer de las Rutas 4 y 68 que junto a su hermano Jesús ¨Chucho¨ Padura fueron choferes muy conocidos de dichas rutas. Fotos añadidas por el Bloguista de Baracutey Cubano)
Para los años 40 la fuente de trabajo más importante en Mantilla era la ruta 4, aunque no encontramos datos exactos para definir cuantos trabajadores dependían del trabajo en la ruta, podemos afirmar de acuerdo a lo que hemos encontrado que sumaban cientos, a los cuales tenemos que sumar todos los pequeños comerciantes, vendedores ambulantes, pequeños establecimientos de servicios que se nucleaban alrededor de la terminal de ómnibus.
En las proximidades de la terminal se ubicaban fondas, cafeterías, bares, barberías, bodegas, zapateros remendones, limpiabotas, vendedores de comidas ligeras, de dulces, periódicos, etc., etc. Es decir, se creaba anárquicamente, pero respondiendo a las leyes de la oferta y la demanda un sistema de servicios a los trabajadores de la ruta y a los pasajeros, era una red económica que abarcaba y daba trabajo a cientos de personas y constituían, en gran medida el eje central de la economía de Mantilla.
Este intenso y concentrado movimiento económico contribuía al poblamiento de los alrededores de las terminales y además garantizaba que aquellos que trabajaban en lugares distantes pudiesen trasladarse con relativa facilidad y comodidad.
De acuerdo al Censo de 1943 la población de Mantilla solo llegaba aproximadamente a 900 habitantes, para 1953 esa cifra prácticamente se había duplicado. Sin embargo, se mantenían ciertas características rurales; los vecinos de Mantilla vivían en condiciones muy similares a las existentes en esas zonas, en realidad parecían más zonas rurales con una gran población agrupada, que zonas propiamente urbanas; en la mayor parte de Mantilla no existían calles, ni acera, ni alumbrado público, y chivos, caballos e incluso alguna de otra vaca podía verse deambulando por los alrededores.
Además de su impacto económico la terminal de ómnibus tuvo una importante, casi decisiva, influencia en la evolución política y en el desarrollo del sindicalismo en el territorio, sin olvidar su significación en el orden deportivo ya que del gimnasio que se constituyó en la ruta 4 salieron figuras en la esfera pugilística tan reconocidas como Luis Manuel Rodríguez que alcanzó el título mundial welter y se encuentra en el Salón de la Fama del Boxeo.
El 4 de marzo de 1959 el gobierno intervino la COA y comenzó la debacle en el transporte urbano, para 1962 fueron retirados los ómnibus General Motors por falta de piezas y el deterioro fue creciendo por días.
Hoy en los alrededores de lo que fuese la Ruta 4 poco queda que recuerde su etapa de esplendor y Mantilla ahora es una población dormitorio donde sus habitantes deben salir de allí a ganarse el sustento y solo regresar a dormir, el problema es encontrar un transporte para salir de allí y luego regresar.
[1] Preferimos el término población agrupada al de urbana ya que en realidad no reunía los requisitos para ser considerados, desde ningún punto de vista, un pueblo, eran simples caseríos, más o menos dispersos, carentes de calles, iglesias, alcantarillado, alumbrado público, y otros elementos propios de una población urbana por pequeña que sea.
[3] De estas dos compañías la más importante fue la J. E. Barlow que se había establecido desde setiembre de 1898 abriendo sus oficinas en Prado 126, ellos fueron los principales agentes de bienes raíces urbanos y le vendieron al gobierno de EEU. edificios de oficinas, almacenes, etc., e incluso los 1000 acres en donde se estableció el Campamento de Columbia.
[4] Cuando utilizaba las fuentes orales, por no tener otra a mi alcance, mencionaba ese nombre mi interlocutor ponía una cara indescifrable y evadía el tema, fue aquí en EEUU que descubrí el porqué de esto.
[5] Los primeros fueron General Motors del modelo GM TGH 3101 de 31 asientos, seguido por el modelo TDH-3612 de 36 asientos. Estos ómnibus comenzaron a ser introducidos en las calles de La Habana desde marzo de 1949. Para mediados de los 50’ se introdujo TDH-4512 con 45 asientos con una estructura muy similar a los modelos anteriores, pero más largo para alcanzar el aumento de su capacidad, dotado de transmisión hidráulica y con un novedoso sistema de suspensión de aire. Este último modelo le llamaba el público “las divorciadas” ya que en la banda del chofer solo tenían una hilera de un solo asiento en el tramo inicial, a diferencia de la banda contraria con los dos asientos tradicionales.
© cubaencuentro.com
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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano.
Se exagera al decir que Mantilla era o es uno de los barrios más pobres de La Habana. Dos edificaciones construidas antes de 1959.
El Mirador
Casa de Socorro de Mantilla
Sobre el Castillo de Aerhoff:
Después del triunfo de la mal llamada Revolución, dicho castillo estuvo por aproximadamente 15 años prácticamente abandonado... y antes, después de la salida del Presidente Gerardo Machado del poder, también lo estuvo, sólo estaba habitado por los murciélagos. Las turbas de delicuentes y envidiosos acostumbran a destruir lo que otros pudieron lograr con sus iniciativas, riesgos en las inversiones y mucho trabajo; generalmente los integrantes de esas turbas vandálicas no le tiraron un ¨gollejo¨ a un chino para derrocar a gobiernos, dictadiras o tiranías, Hoy es la sede de Educación Municipal y del Preuniversitario
Kim il Sung.
En aquel entonces el lugar donde se edificó dicho castillo, era un lugar fuera de la ciudad de La Habana (alejado ¨del mundanal ruido¨) pero muy cercano y con una bella vista de la ciudad de La Habana y sus alrededores. Le hago notar al autor del artículo sobre el Castillo de Averhoff que Luis XIV construyo el Palacio de Versalles en las afueras de Paris.
Vistas de La Habana desde la antigua cantera de El Calvario, la cual queda al lado del Castillo de Averhoff, el cual realmente fue construido por el rico empresario Ernesto José Sarrá, hijo del fundador de la otrora archifamosa Droguería Sarrá, y no por Avehoff, quién lo recibió por casarse con Celia hija de dicho empresario Sarrá, hija nombre igual al de su abuela...
Tomado de
https://www.todocuba.org/
(fragmento)
El comercio y la industria activaron también la vida cultural de Mantilla y en 1904 se creó el Liceo en el que se daban bailes populares. A pesar del reclamo de los vecinos para que se restaurara, el gobierno local de Arroyo Naranjo decidió dividirlo y convertirlo en viviendas precarias.
Hoy Mantilla es una comunidad aislada de escaso desarrollo, sumamente precarizada, rodeada de asentamientos ilegales, con un alto índice delictivo y múltiples problemas sociales. Los precios de sus casas se encuentran entre los más bajos de la ciudad de La Habana, prueba del poco favor que le tributan sus propios habitantes.
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El mítico
Castillo de Averhoff, un palacio de lujo en medio de uno de los barrios más pobres de La Habana
Castillo de Averhoff.
Nunca se ha sabido que impulsó al acaudalado farmacéutico Ernesto Sarrá a edificar en 1917 un lujoso castillo medieval en medio de Mantilla, uno de los barrios más pobres de La Habana; pero igual se lo traspasó a su hija Celia como regalo de bodas cuando esta se desposó con Octavio Averhoff.

Desde entonces la pareja hizo del palacete de estilo inglés su residencia y los vecinos que debieron sentirse como los siervos de la gleba ante los muros de las antiguas fortalezas medievales comenzaron a llamarle Castillo de Averhoff.
(José Sarrá, fundador de la que fue muy relevante drogueria o farmaceútica Sarrá, Junto a su esposa Celia Hernández Buchó y su hijos, María Teresa, Celia y Ernesto José)
Octavio Averhoff, a quien apodaban “Coquito”, llegaría a ser rector de la Universidad de La Habana y durante el gobierno del general Gerardo Machado desempeñaría las carteras de Hacienda y Educación. A la caída de Gerardo Machado, el 12 de agosto de 1933, Averhoff abandonaría el país en el mismo avión del presidente.
Como el político había sido uno de los más fieles colaboradores de Machado, por el que el pueblo había perdido toda simpatía, las turbas aprovecharon para saquear su castillo y llevarse hasta el repello de las paredes.
Coquito regresó años después y comenzó un proceso judicial para que le devolvieran su castillo que había sido confiscado por el Estado cubano y convertido en una unidad de policía. Aunque logró su propósito quedó conmocionado con las condiciones en que lo habían dejado sus ocupantes y se estableció en el Vedado.
Sólo eventualmente utilizó Averhoff el castillo como casa de veraneo, hasta que la familia abandonó el país tras el triunfo de la Revolución Cubana de 1959.
El humilde pueblo de Mantilla rodeó el Castillo de Averhoff – que resultaba un anacronismo total en la localidad – de las más truculentas historias. Aseguraban los vecinos que Coquito se encerraba en él para celebrar enormes orgías y que en sus sótanos existían calabozos y cámaras secretas de tortura que habían sido construidas durante el gobierno de Gerardo Machado.
En el colmo del imaginario popular llegaron a afirmar los vecinos de Mantilla que el Castillo de Averhoff estaba conectado a través de un túnel secreto con el Castillo de Atarés en la bahía de La Habana… toda una locura.
Tras el triunfo de la Revolución Cubana de 1959 el inmueble fue expropiado de nuevo por el Estado cubano que desde entonces lo ha destinado a los más variados usos.
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Tomado de
https://cubaenlamemoria.wordpress.com/
DROGUERIA SARRÁ
Publicado por Derubín Jácome
4 de marzo de 2016
Los catalanes José Sarrá y su tío Valentín Catalá, boticarios, llegaron a Cuba a mediados del siglo XIX para hacer carrera y probar fortuna en los negocios. Pero lograron mucho más, porque los Sarrá conquistaron La Habana y aunque en 1885 existían más de 65 farmacias que vendían tanto patentes nacionales como extranjeras, poco después, la fundada por ellos será la más importante.
Estos catalanes crean la “Sociedad Catalá, Sarrá y Co.”, y fundan en 1853, en una pequeña casa de la calle de Teniente Rey, la farmacia “La Reunión”, con la estrategia de proveer no solo productos farmacéuticos de alta calidad, sino hacerlo a precios razonables. Para ello invierten 50.000 pesos en la fundación de esta farmacia y droguería, en La Habana Vieja, junto a un pozo de agua pura, que resultaba idónea para la elaboración de sus medicamentos.
El establecimiento, orientado a la venta al por mayor, se llamó “La Reunión” ya que unificaba las farmacias tradicional y homeopática. La primera quedaría a cargo de José y la segunda por su tío, quien también asumiría la contabilidad. Montaron un laboratorio que poco tiempo después ya surtía de ungüentos, sales, jarabes, extractos y otros productos a farmacéuticos y hospitales de toda Cuba.
En 1858 se incorpora a la empresa otro familiar, el también científico y negociante José Sarrá y Valldejulí, sobrino del cofundador. Siete años después, Valentín les venderá su parte para establecerse por su cuenta en Barcelona. La antigua Sociedad es disuelta y se constituye la “Sarrá y Co.”
Sarrá Valldejulí, el nuevo socio, realizaría grandes cambios en la empresa, comprando algunas propiedades en la manzana donde se encontraba la farmacia y mejorando la botica, a la que le agregó oficinas, almacén y un laboratorio aún mayor, adquiriendo nuevos equipos, como una máquina de vapor para hacer pulverizaciones o presas para extraer aceite de ricino. Sacaría al mercado nuevos productos propios de gran éxito, como la “Magnesia Sarrá”. También destaca la formación de más de cien farmacéuticos en estos laboratorios.
Fue tal la importancia de esta droguería, que en el año 1881 su Majestad Alfonso XII de España le concedió al Dr. José Sarrá el título honorífico de “Farmacéutico y Droguero de la Real Casa” y otorgándole el uso del Escudo de Armas Reales en las muestras, facturas y etiquetas de sus productos. Para 1883 se instalará la Droguería y Farmacia “La Reunión” en su edificio de Teniente Rey y Compostela.

(José Sarrá, fundador de la que fue muy relevante drogueria o farmaceútica Sarrá, Junto a su esposa Celia Hernández Buchó y su hijos, María Teresa, Celia y Ernesto José)
En el nuevo edificio, la importancia del negocio crecerá en proporción a su amplitud, manteniendo el primer lugar entre las de su clase.
En 1898 muere su dueño fundador y la dirección de la casa pasa a ser propiedad de la firma “Viuda de José Sarrá e Hijo”, conformada por la señora Doña Celia Hernández y Buchó, viuda de Sarrá y su hijo Ernesto, que aunque solo contaba con 19 años, ya se distinguía en sus estudios de la carrera de Farmacia. En manos de ambos la casa mantuvo siempre su lugar prominente, hasta quedar finalmente como único propietario su hijo.
Es precisamente esta tercera generación de propietarios, con Ernesto Sarrá Hernández a la cabeza, la que en las primeras décadas del siglo XX transforma el prestigioso negocio en uno de los emporios más importantes de Cuba.
En 1912 será Ernesto quien adquiere varias casas en la esquina de Teniente Rey, Habana y Compostela, que unido a los anteriores edificios forma un conjunto de 18 nuevos inmuebles con una superficie de 13,000 m2. El prestigioso negocio se transforma en uno de los emporios más importantes de Cuba, con 46 edificios, 600 empleados y más de 500 productos, llegando a ocupar más de 45 edificios con 40,000 metros cuadrados de área.
Para tener una idea del crecimiento del negocio, se adquieren las casas de la calle Compostela nº 87, 89, 91, 93, 95, 97, 99, 101, 103 y 105; en Teniente Rey la nº 35, 39, 52, 54, 56, 58 y 60 y en la calle Habana las nº 126, 128, 130, 132, 134 y 136. Ocupando casi completamente los tres frentes de una manzana, lo que le permitía tener 33 vidrieras de exposición hacia la calle. En la calle Buenos Aires nº 21 se encontraban los garajes para guardar los camiones que hacían el servicio de la casa.
La Droguería llegó a ser más que una farmacia y un laboratorio de especialidades farmacéutica, biológicas y opoterápicas, sino también una Tienda por departamentos, una fábrica de jabón, de perfumes, insecticidas y desinfectantes, locería, cristalería, juguetería y un almacén de suministros para lecherías de materias primas para dulcerías y panaderías.
También introdujo técnicas de marketing moderno, como regalar perfumes e invitar a merendar a los mejores compradores en la tienda de la droguería, sección “Atracciones Sarrá”. La “Droguería Sarrá” no solo llegó a ser la droguería más grande de Cuba y de Latinoamérica, sino incluso la segunda del mundo tras la norteamericana “Johnson”.
Por su excelencia y méritos alcanzados, en 1934 el “Congreso de la República de Cuba” le concede a la “Droguería Sarrá” el uso del Escudo de la República para que apareciera también en las muestras, facturas y etiquetas. En la Universidad de la Habana y la Universidad de Villanueva se establece el “Premio Sarrá”, que se otorgaba anualmente a los mejores estudiantes de farmacia.
El imperio Sarrá tuvo un largo siglo de vida en Cuba y además del prestigio alcanzado en sus negocios, como evidencia del esplendor alcanzado por esta familia,
puedo citarles las residencias de dos miembros de esta familia:
La de su fundador, ocupada actualmente por el Ministerio de Cultura, es la espectacular mansión enclavada en la calle 2 esquina a 13 en el Vedado y la de una de sus hermanas es el llamado “Palacete Velasco Sarrá”, erigido en 1912 en el destacado emplazamiento de La Habana Vieja, que actualmente ocupa la sede de la “Embajada de España” en Cuba, que recibe el edificio en 1984, después de muchos años de abandono tras su expropiación a la familia a comienzos de la década del 60.
En 1999, un grupo de nietos y de bisnietos del Dr. Ernesto José Sarrá establecieron en el Estado de la Florida la corporación “Sarra Natural Products”, para ofrecerle al público la misma calidad, confianza y excelencia que prestigia el nombre Sarrá. Los Productos Naturales Sarrá se venden en farmacias y droguerías en la Florida, New York y New Jersey.
El edificio principal de la “Droguería Sarrá” está considerado como Patrimonio Mundial de la Humanidad. Actualmente es Museo de Farmacia.
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Etiquetas: Averhoff, castillo de Averhoff, COA, El Calvario, Mantilla, Ruta 4
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