jueves, febrero 28, 2019

La fijeza reveladora (III). Alejandro González Acosta con Reflexiones y escolios en cuatro partes a propósito de Los últimos días de Batista. Contra-historia de la revolución castrista, de Jacobo Machover


La fijeza reveladora (III)

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Reflexiones y escolios en cuatro partes a propósito de Los últimos días de Batista. Contra-historia de la revolución castrista, de Jacobo Machover
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Por Alejandro González Acosta
Ciudad de México
28/02/2019

En este nuevo libro de Machover se reúne una mejor y más completa relación de sucesos, su relación y jerarquización, así como el impacto que tuvo cada uno en los acontecimientos posteriores. Resulta así más expositivo y didáctico que otros estudios similares, y sin dudas es un material sólido y compacto de extraordinaria utilidad para esparcir nuevas luces cobre un momento especialmente oscuro y manipulado de la historia cubana, los últimos días del Gobierno de Batista, y la irrupción de un nuevo régimen que venía cargado de promesas pero que pronto decepcionó a la mayoría.

Concentrar toda la problemática cubana de la época exclusivamente en la figura simbólica de Batista, allanó la marcha arrolladora de Castro hacia el poder absoluto. Pocos o casi nadie advirtió que, al combatir ferozmente a un dictador circunstancial y fluctuante, estaban construyendo acelerada e irresponsablemente el pedestal de otro mucho peor, ese si un dictador orgánico, pleno e integral, quien fue vendido —y comprado— como el justiciero que vendría para arrasar a sangre y fuego la putrefacta Babilonia republicana. Como el popular Chacumbele, ellos mismos se mataron y de paso sacrificaron a los demás: con sus ambiciones mezquinas y actuaciones miopes, aquellos que pudieron evitarlo, asesinaron, sepultaron y apisonaron a la juvenil república.

Batista intentó varias veces entablar una negociación a través del diálogo y el compromiso político, pero nadie quiso escucharlo, y otros fingieron hacerlo y luego lo traicionaron —apuñalando a Cuba, de paso— cerrando todas las puertas y tirando las llaves para una transición y solución pactada. La respuesta a sus gestiones, ya francamente absoluta, fue: “Todo o nada”. Castro haría uso de esa fórmula al servicio de su interés personal: se quedaría con todo y nadie más recibiría nada.

Todavía para muchos que revisan los sucesos de esta época resulta inconcebible que casi nadie se haya percatado realmente de lo que sobrevendría, y pensaron con asombrosa ingenuidad que siempre podrían manipular al ambicioso caudillo oriental. Como resultado de tanta ignorancia e imprudencia, todo el poder quedaría concentrado en una sola persona, quien sería el árbitro supremo y dueño absoluto de la plantación recién conquistada. Más que credulidad ingenua, cabe suponer que fue una soberbia ignorante y egoísta la que ocasionó todo esto: la obsesión por “tumbar al Indio” como fuera cegó a todos.

Quizá el estrábico Jean Paul Sartre en su parcializada y falsa visión de Fulgencio Batista Zaldívar sintió la influencia de quien fue su cercano chevalier servant y cicerone durante sus visitas a Cuba (del 20 de febrero al 15 de marzo y del 21 al 28 de octubre de 1960); era su segunda vez en la Isla pues la primera fue en 1949, mas ahora venía, junto con su pareja Simone de Beauvoir, como invitado oficial de Carlos Franqui, quien lo contactó en París, pero sospecho que el impulso superior de este viaje partió del propio Ernesto Guevara (único del círculo de hierro, del famoso “Gobierno en la sombra”, que ya conspiraba para instaurar un sistema comunista) que leía del francés, pues dudo que Franqui tuviera autorización suficiente para semejante iniciativa. Por otra parte, Sartre se había declarado antisoviético poco antes cuando la invasión a Hungría, y eso marcaba una cierta distancia muy grata para el argentino, que andaba por el mismo rumbo (aunque apenas unos días antes, el 4 de febrero, Anastas Mikoyan había visitado Cuba, por gestión iniciada por Guevara antes en Egipto), lo cual no frenaba su comunismo visceral reflejado en una de sus frases más famosas: “Un anticomunista es un perro”. Ahora, para atenderlo a él y a Simone estaba su traductor cubano Juan Arcocha, y era también escoltado por el joven Lisandro Otero, hijo de quien con igual nombre (Lisandro Otero Masdeu, 1893-1957), fuera presidente de los periodistas cubanos bajo Batista, y uno de los más agraciados con las atenciones y reconocimientos del General. Era un clásico “niño bien” del Vedado Tenis Club y del Havana Yacht Club.

Sartre desató su imaginación existencialista en esa visita con su reportaje Huracán en el azúcar (publicado como artículos sucesivos en France-Soir del 28 de junio al 15 de julio de 1960, y el mismo año recogida en una edición cubana). Y Otero, continuó tras su huella, y perpetró Cuba: ZDA (Zona de Desarrollo Agrícola), 1960, siguiendo la receta del ambiguo intelectual parisino, quien persistía en querer considerar a Cuba como un típico país del peor Tercer Mundo, víctima del monocultivo, atrasado y dependiente. A Otero, criollo blanco, refinado y elegante, con relumbrantes y magnéticos ojos verdes, es en gran parte presumible atribuir los juicios peyorativos y los infundios gigantescos (como aquel tigre alimentado con los revolucionarios), de Sartre contra Batista.

Racial y culturalmente, Otero era mucho más afín con Castro (blanco, hijo de español y exalumno de los colegios de Dolores y Belén), que con Batista (mestizo de origen paupérrimo y autodidacta), a pesar de la cercana relación de su padre con el General, quien llegó a imponerle la Orden Carlos Manuel de Céspedes, la más alta y honrosa del país. Ambos, además, compartían la condición de muchachos sostenidos económicamente durante mucho tiempo por sus laboriosos padres.

Algún día habrá que reconocer y estudiar a profundidad el factor racista subyacente en la llamada “revolución”, pues gran parte de la oposición a Batista lo criticó y se burló de su condición de no blanco puro, y además el apoyo mayoritario de negros y mulatos de extracción popular hacia su gobierno. Basta ver la nómina de los opositores —civiles y guerrilleros— para apreciar la enorme proporción de cubanos blancos de clase media y alta, y muy contados negros, como refleja el mejor barómetro de esa meritocracia totalitaria que es el Comité Central del PCC original, con la presencia –más bien simbólica- de contadísimos miembros de la raza negra.

(Jean Paul Sartre y su esposa junto a Fidel Castro , Celia Sánchez y el traductor, quién sería profesor del Instituto Preuniversitario Especial Raúl Cepero Bonilla; creo recordar que leí que ese paseo fue en la Ciénaga de Zapata. Fotos y comentarios añadidos por el bloguista de Baracutey Cubano)

El papel cómplice de Jean Paul Sartre también es un tema muy interesante de esta obra. Sartre fue uno de los primeros vendedores (merolicos les dicen) de la tesis del subdesarrollo cubano republicano como justificatorio de la “revolución” castrista, y en esas filas se integrarían rápida e inopinadamente otros como Antonio Núñez Jiménez, el inefable “Toñito Cuevita”, otro de sus solícitos anfitriones, al frente entonces del truculento INRA, organismo expresamente creado para monopolizar la agricultura cubana y demoler lo construido por el Banco de Fomento Agrícola e Industrial (1950) creado por Prío y afirmado por Batista. Sartre ignoró entre muchas otras cosas, que Batista había fundado instituciones fundamentales para el progreso económico del país, como la Financiera Nacional de Cuba (1953), el Banco Cubano del Comercio Exterior (BANCEX), y el Banco de Desarrollo Económico y Social (BANDES), ambos en 1954. Todas estas entidades proyectaban la diversificación productiva y la distribución más equitativa de la riqueza nacional, creando oportunidades crediticias para sectores más amplios.

Sartre venía a Cuba en misión de campaña, como la expresión corpórea del “intelectual comprometido”, es decir, del pensador que acepta adoptar un catecismo prestablecido, y con una ideología que le sirve de anteojera y mordaza a la vez: venía a ver sólo lo que quería ver. Revestido de entrada como reportero parcializado, se forró con el atuendo eurocentrista de un antropólogo en función de propagandista, un espíritu moralmente superior, representante del Iluminismo de Izquierda, portador de la verdad única y de la antorcha reivindicatoria y redentorista, un taumaturgo iluminado, como un nuevo redescubridor después de Colón y Humboldt; sin haber dedicado antes ni siquiera un leve intento de esfuerzo intelectual para documentarse sobre la realidad latinoamericana, y especialmente cubana; vino a “dictar cátedra” como Magister, con un puñado de conocimientos sujetos con alfileres muy superficiales, formando un delgado barniz, como la avanzada filosófica del existencialismo de izquierda, de inspiración marxista, con un tenebroso y oscuro pasado personal durante la ocupación nazi de Francia, y una hoja de servicios patrióticos falsa e inflada, y como el adversario ya frontal del pensamiento liberal y democrático representado por los mucho más coherentes Raymond Aron y Albert Camus. Asumió con deleite su misión de intelectual orgánico y comprometido, pero duró poco su himeneo con el castrismo, pues, aunque se plegó totalmente al deseo del dictador, aún resultó insuficiente su pleitesía: fue apartado y desechado una vez cumplió con su utilidad como “compañero de viaje” o “ingenuo aprovechable”. Pero al llegar a Cuba Sartre era el candidato perfecto: predispuesto a favor de la “revolución”, adecuadamente prejuiciado sobre el período anterior, y con una clara conciencia de hacer valer una consigna ideológica.

(Libro de Jean Paul Sartre sobre Cuba)

Si para algo sirve el estudio de la historia —nos recuerda Machover— es para tratar al menos que los errores no se repitan tan milimétricamente como suele suceder. La obnubilación momentánea es explicable y hasta justificable, pero cuando la miopía o ceguera voluntaria se convierte en crónica e irreversible, ya resulta muy preocupante. Esto podría hacernos pensar que las sociedades más preparadas y conocedoras de su historia serían también más resistentes a estos errores, pero no suele ser así, pues los acontecimientos actuales confirman lamentablemente la perseverancia para cometer dislates en países con cualquier nivel de desarrollo.

La misma prensa camelada, el propio sector académico norteamericano deslumbrado que vio con calurosa y franca simpatía a Fidel Castro y repudió en masa a Fulgencio Batista, es semejante a los que hoy están entusiasmados candorosamente por los “cambios”, ni siquiera epidérmicos ni cosméticos, de su hermano heredero de la satrapía, Raúl, y de su fantoche interpósito Miguel Díaz Canel. La posición de éste es la misma de un diligente mayordomo o mayoral, quien acude presuroso para satisfacer las indicaciones de su hacendado y representarlo en los puntos a los que el otro ni se digna visitar.

La extraordinaria, preocupante y ya perversa perseverancia en el error, parece demostrar el lugar asignado por ese sector académico de “las buenas conciencias y el “pensamiento políticamente correcto”, en su distribución de papeles en la escenografía mundial, para Cuba y el resto de la América Latina: el laboratorio de las más peregrinas ideas nocivas, las cuales condenan, no a un siglo, sino a mil años de soledad, orfandad democrática y hegemonía caudillista.

Sartre es agradecido con su generoso anfitrión, y produce aceleradamente invectivas y falsedades: cambia epítetos por mojitos, insultos por daiquirís, escupidas por habanos. Mordaz como siempre, Guillermo Cabrera Infante lo retrató como “el Bizco, mirando con un ojo el Ser y con el otro la Nada”. Y fue igualmente de las primeras víctimas —terminales— de esa aguda disentería ideológica que también el novelista definió como “la castroenteritis aguda”.

No estuvo solo en la defenestración de sus decepcionados anfitriones: pronto se le juntó otro izquierdista ingenuo, K. S. Karol, quien creyendo prestar un gran servicio a la causa castrista, publicó Los guerrilleros en el poder y sólo recibió la acusación del propio Castro de ser un “agente de la CIA”, como era usual en él con sus imputaciones sin pruebas. Tanto uno como otro fueron de los primeros agentes y luego sujetos fusileros del “asesinato de la reputación”; rápidamente, la triste historia de su relación con Castro, les demostró lo fácil que se intercambian los papeles en el paredón de la moral revolucionaria: hoy podías estar frente al muro y al rato siguiente recostado a él, enfrentando los fusiles.

Este trabajo es publicado en entregas consecutivas. La cuarta y última parte del texto aparecerá mañana.

© cubaencuentro.com

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Video. Juan Guaidó,el Presidente interino de Venezuela, aseguró que Cuba controla inteligencia y contrainteligencia en Venezuela y que "Si hay una invasión a Venezuela o una intervención es la cubana"

NTN24 Venezuela
Published on Feb 26, 2019
El presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, ofreció una entrevista exclusiva para NTN24 y Noticias RCN. La entrevista fue ofrecida a la directora de Noticias RCN y NTN24, Claudia Gurisatti, y a la directora de contenidos de NTN24, Idania Chirinos. 

Exclusiva NTN24 | Entrevista al presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó



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Guaidó: Cuba controla inteligencia y contrainteligencia en Venezuela (Video)

Febrero 27, 2019

El presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, aseguró este martes que las amenazas de Nicolás Maduro no le impedirán regresar esta semana a su país y que la tarea de los cubanos en Venezuela es sembrar el miedo.

En una entrevista exclusiva ofrecida a la directora de Noticias RCN y NTN24, Claudia Gurisatti, y a la directora de contenidos de NTN24, Idania Chirinos, Guaidó dijo que la única intervención que hay en Venezuela es la de los cubanos.



"Si hay una invasión a Venezuela o una intervención es la cubana", dijo el presidente interino.

Guaidó explicó que las principales funciones que presta La Habana al régimen de Maduro son controlar la inteligencia y la contrainteligencia.

Además, agregó que la presencia de cubanos constituye un "aparato de miedo sobre los funcionarios".

El presidente interino dijo que si lo encarcelan hay instrucciones precisas para una movilización dentro y fuera de Venezuela.

[Con información de RCN y NTN24 y reportaje de José Antonio Evora para Radio Martí]​





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Agentes cubanos Castristas participaron en la retención de periodistas de Univision en Venezuela

Tomado de https://www.univision.comn


Agentes cubanos participaron en la retención de periodistas de Univision en Venezuela

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Según los reporteros, un grupo de hombres con acento cubano del primer círculo de seguridad del presidente Maduro jugó un papel activo durante la retención de dos horas y media en el Palacio de Miraflores el lunes.
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Por Gerardo Reyes
26 Feb 2019

Varios de los hombres de seguridad del gobernante Nicolás Maduro, que se dirigieron en forma agresiva a los periodistas de Univision retenidos este lunes  en el palacio presidencial de Miraflores, eran cubanos, afirmaron los reporteros de la cadena.

Uno de los cubanos ordenó a sus subalternos “saquen a ese mari..." refiriéndose a Jorge Ramos, presentador de Univision Noticias, minutos después de que Maduro interrumpiera una entrevista protestando por el contenido de las preguntas, relataron los periodistas.

De acuerdo con los reporteros, el hombre que dio la orden de sacar a Ramos parecía el jefe del primer círculo de seguridad de Maduro.

“A diferencia de los demás no llevaba traje. Tenía una camisa y pantalón y llevaba una carpeta en la mano", explicó la productora de Univision Claudia Rondón, de origen cubano, quien estaba presente en el momento en el que Maduro suspendió la entrevista.

La cubanoamericana María Martínez-Guzmán, vicepresidenta y directora de asignaciones de Univision Noticias, a quien también se le impidió salir de la sede presidencial por dos horas, aseguró que era evidente el acento cubano de algunos de los agentes de seguridad, por lo cual los confrontó.

“La mayoría no quería hablar, yo pasaba y les decía, '¿tú eres cubano?'", dijo Martínez-Guzmán. “Uno de ellos respondió que no, y fue cuando le dije, '¿entonces eres ruso o qué?'".

“Otros se reían", agregó.

Los cubanos tenían entre 35 a 45 años mientras que los guardias venezolanos eran muy jóvenes, explicaron los periodistas.

“Eran los más agresivos", anotó el camarógrafo colombiano Juan Carlos Guzmán quien también era parte del equipo. “Gritaban y daban órdenes".

Después de dos horas, el equipo fue liberado, pero sus cámaras y teléfonos celulares fueron confiscados, incluyendo las tarjetas de video con 17 minutos de grabación de la entrevista de Ramos.

Visiblemente molesto, Maduro abandonó la entrevista en forma abrupta luego de que Ramos le mostrara un video que tomó de unos jóvenes rescatando comida de un camión de la basura en una calle de Caracas.

La presencia de cubanos en Venezuela es amplia y conocida. El año pasado el entonces secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagró estimó que por lo menos 22,000 cubanos “se infiltraron en el régimen venezolano" para mantener el gobierno de Maduro.

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NTN24
Published on Feb 26, 2019
El periodista de Univisión Jorge Ramos y Daniel Coronell, presidente de la cadena Univisión, ofrecieron una entrevista al programa La Tarde de NTN24 en la que contaron cómo el régimen de Nicolás Maduro expulsó a los comunicadores de Venezuela tras sentirse “incómodo” con las preguntas que le hicieron.

Ramos le mostró al líder del régimen un video que grabó el mismo con su celular en el que se ve a unos jóvenes venezolanos comiendo de un camión de basura.

Jorge Ramos: “Fue Jorge Rodríguez quien decidió robarnos nuestra entrevista de Maduro”



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Hablan los expertos sobre el Referendum Constitucional en Cuba llevado a cabo el 24 de febrero de 2019: 'El total de votantes no es el único problema del referendo constitucional cubano'



Hablan los expertos: 'El total de votantes no es el único problema del referendo constitucional cubano'


DDC
Madrid
27 de Febrero de 2019

Tras la inédita demora de la Comisión Electoral Nacional (CEN) para ofrecer los resultados preliminares del referendo constitucional, casi 24 horas después de cerrados los colegios electorales en Cuba, su presidenta Alina Balseiro ha intentado explicar el súbito aumento de casi 700.000 electores cubanos.

Con el respaldo del Sí a la futura Constitución por el 86,8% de los votantes, según Balseiro, el Partido Comunista de Cuba (PCC) da por cerrado un proceso que voces opositoras de dentro y fuera de la Isla han señalado como fraudulento.

La suerte cubana está echada, a pesar de que la funcionaria anunció "un proceso de revisión" de los resultados en el que darán con el número definitivo de votantes.

Consultados por DIARIO DE CUBA, dos expertos ofrecen su visión sobre las declaraciones de la autoridad electoral en la Isla y coinciden en que "los cubanos asistieron a un proceso muy alejado de los estándares mínimos necesarios para confiar en los resultados emitidos por el Gobierno".

Para el analista venezolano Eugenio Martínez, "intentar analizar cifras que no pueden ser auditadas antes y después de un proceso electoral carece de sentido, porque se puede caer en la dinámica de intentar normalizar las irregularidades".

Martínez considera que "las declaraciones de la presidenta de la CEN hacen suponer que esos 658.288 cubanos que se encontraban en múltiples listas han podido votar, al menos, dos veces: en la lista correspondiente a su lugar de residencia y en la lista de los colegios especiales habilitados en hospitales, terminales, etc".

Menciona la "posibilidad de suplantación de la identidad de un ciudadano en los colegios especiales", aunque también cita "un error muy común por el uso de varias bases de datos o el empleo de listas o cuadernos en blanco".

"Sin embargo, no hay forma de aclarar cuál hipótesis es la correcta, porque se trata de un proceso inauditable, con cifras inauditables. Confiar en los resultados del referendo implica un acto de fe en las personas e instituciones que contaron los votos", sostiene el también periodista especializado en temas electorales.

En opinión de Martínez, "resolver problemas como el que se presenta con la cantidad de electores es muy sencillo si antes del proceso electoral se permite auditar los listados de votantes, para comprobar que no existen electores duplicados o electores ubicados en varios centros. También debe compararse la cantidad de electores habilitados con las proyecciones poblaciones, etc".

El experto señala, sin embargo, que "nada de esto es posible en Cuba".

"No obstante, el total de electores no es el único problema del referendo. La lista de irregularidades, especialmente sobre la libertad real de los ciudadanos para votar por la opción de su preferencia, provocan que el proceso del 24 de febrero sea solo un formalismo para justificar la decisión de un régimen político", concluye.

'No hay contexto de control ni rendición de cuentas'

Por su parte, el politólogo argentino Leandro Querido, especialista en observación electoral y director ejecutivo de la organización no gubernamental Transparencia Electoral, ató la legitimidad de los procesos electorales a "estándares" que no se aplican en Cuba.

"En primer lugar una aclaración: todo proceso electoral competitivo, es decir democrático, es complejo porque intervienen muchos actores. Hay por sobre todas las cosas controles cruzados", declara a DIARIO DE CUBA.

"Puede que el proceso electoral tenga algún punto débil y en él se centra la observación y la auditoría. La tarea de la gobernanza electoral en las democracias competitivas es reducir las ventanas de oportunidad para cometer delitos o manipulaciones electorales", añade.

Para Querido, "el caso de Cuba es distinto", pues aquí "existe hace 60 años un régimen totalitario que comenzó a realizar elecciones entrada la década del 70".

"No hay contexto de control ni rendición de cuentas, por eso la titular de la Comisión Electoral puede hacer y decir cualquier cosa sin verse obligada a actuar a derecho. Entonces en Cuba no hay ventanas de oportunidades para el fraude, la autoridad actúa directamente a cielo abierto (…) Todo es un abuso", considera.

"En Cuba un elector puede votar cuantas veces quiera, en realidad hasta la autoridad electoral lo puede hacer por él. Por eso Balseiro da cuenta de esos (casi) 700.000 nuevos electores", apunta el también profesor de la Universidad de Buenos Aires.

"Lo cierto es que la autoridad electoral puede 'acomodar' los números de esta manera y de muchas otras. El Registro Electoral no ha sido auditado por nadie, todo lo que ocurre en la mesa de votación y en el escrutinio de mesa se hace sin control alguno, por ejemplo, en este sentido podemos decir que en muchos países de la región cualquier ciudadano puede acceder por internet al acta digitalizada de la mesa en la que votó o en cualquier otra y realizar el control efectivo", recuerda.

"En el caso de Cuba la manipulación de actas electorales se realiza sin problema alguno. Además, muchos electores marcaron la papeleta con lápiz. ¿Será esta la originalidad de la 'democracia a la cubana' que destacan Balseiro y Díaz-Canel?", se pregunta.

"Para que haya resultados legítimos los procesos electorales deben ser íntegros o por lo menos tener la pretensión de serlo. Por eso los contextos de control son complejos, densos y estandarizados. En Cuba no hay resultados legítimos porque la discrecionalidad de la autoridad electoral que es una representante del partido único legalizado es total", reflexiona.

Querido lamenta que mientras los procesos electorales de toda América Latina se han abierto a la observación nacional e internacional en Cuba se dio el camino contrario.

"Hoy Cuba es la Corea del Norte del continente, incluso aunque resulte sorprendente en Corea del Norte 'compiten' tres partidos. En Cuba hay un sistema electoral sin contrincantes. Por eso se puede arrojar cualquier dato sin temor alguno", zanja el autor del libro Así se vota en Cuba.



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Venezuela. El ex jefe de Inteligencia y Contrainteligencia Militar, Hugo “El Pollo” Carvajal, señaló a la Guardia Nacional como el componente de la FAN que colabora con el “narcotráfico” y las violaciones de derechos humanos del “régimen”

Tomado de http://talcualdigital.com/

Guardia Nacional es “mucama del narcotráfico”, según El Pollo Carvajal

Por TalCual
Febrero 27, 2019

Carvajal señaló que tomado el control de la Fuerza Armada Nacional (FAN), sus componentes “estarían dispuestos a limpiar a nuestro territorio de FARC, ELN, narcotráfico y demás grupos irregulares”

El ex jefe de Inteligencia y Contrainteligencia Militar, Hugo “El Pollo” Carvajal, señaló a la Guardia Nacional como el componente de la FAN que colabora con el “narcotráfico” y las violaciones de derechos humanos del “régimen”, a la cual calificó como “mucama”.

(Mayor General (R)  Hugo Carvajal)

“Sobre los cuatro componentes: La Guardia Nacional es el componente con funciones antidrogas, de control fronterizo, portuario y de tránsito nacional. Además de violar derechos humanos en represiones, es la verdadera mucama del narcotráfico en Venezuela” dijo el ex funcionario chavista a través de su cuenta en Twitter.

Carvajal rechazó las declaraciones de quienes inculpan a otros componentes de la Fuerza Armada Nacional, como el Ejército, La Armada y La Aviación, de estar inmersas en dichas prácticas oscuras.

En relación a la presencia de grupos paramilitares, terroristas y narcotraficantes en territorio venezolano, “El Pollo” señaló que con unas fuerzas armadas sanas, estarían dispuestos a limpiar el territorio de todos los grupos irregulares.

“Para controlar grupos paramilitares no se requiere de asistencia militar de EEUU. Este aspecto es mucho más fácil de lo que imaginan. Controlada la FAN, los colectivos no pintan nada”, expresó.

En este sentido, Carvajal señaló que el objetivo primordial del gobierno legítimo es tomar control de la FAN; a lo que agregó que “Para eso habría que desmontar el aparato de inteligencia cubana” y los mecanismos de control que “mantienen en la estructura gubernamental” de nuestro país.
“Es cierto que alrededor del 90% de la FAN quiere cumplir con sus deberes constitucionales, pero el control es mucho más férreo de lo que imaginan. Pocos logran escapar de esa prisión”, escribió en otro tweet.

De la misma manera dio a conocer que “es inviable” la extracción de miembros del alto mando de la FAN que permita ruptura definitiva de cadena de mando, ya que no provocaría el retorno de la FAN a la constitucionalidad.

Por lo que advirtió que nadie podría penetrar el territorio venezolano sin no antes despertar una guerra.

“Consideraciones sobre la estrategia para lograrlo, junto a más información de carácter confidencial, se las haré llegar al Presidente (E) de la República, Juan Guaidó”, indicó.


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Manuel P. Villatoro del ABC de España: La mentira de Stalin sobre la toma de Berlín a los nazis que te has creído durante 70 años. En 1945, un experto organizó una estudiada sesión fotográfica para hacer creer al mundo que los soldados de Stalin habían hecho ondear la bandera roja en el Reichstag


La mentira de Stalin sobre la toma de Berlín a los nazis que te has creído durante 70 años

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En 1945, un experto organizó una estudiada sesión fotográfica para hacer creer al mundo que los soldados de Stalin habían hecho ondear la bandera roja en el Reichstag
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Por Manuel P. Villatoro
@ABC_Historia
27/02/2019

Finales de abril de 1945. Berlín es sólo una sombra de la ciudad que un día fue durante el Tercer Reich. En las calles donde antes paseaban orgullosas a paso de ganso las tropas de Adolf Hitler, ahora se lucha encarnizadamente por impedir inútilmente que los aliados avancen. Repentinamente, en la azotea del Reichstag (la sede del parlamento alemán), un soldado soviético avanza hasta el punto más alto del edificio e iza una bandera roja ataviada con la hoz y el martillo. El acto significa la derrota de los nazis en la Segunda Guerra Mundial y, debido a su importancia y su simbolismo, es capturado por un atrevido y suertudo fotógrafo. Esta es la versión oficial que se explicó al mundo desde la U.R.S.S. en relación a una de las instantáneas más famosas de la contienda, unos sucesos que nada tienen que ver con la realidad.

Y es que, esta instantánea no fue fruto del azar ni se produjo durante la contienda, sino que fue realizada en una curiosa sesión fotográfica varios días después de que los combates hubieran cesado. Todo ello, por orden de un avispado reportero con ganas de ganarse un hueco en la Historia. No contento con eso, el «artista» realizó además varios retoques en la imagen una vez que fue revelada para que causase el mayor impacto posible entre la población e, incluso, con el objetivo de que escondiera algunas vergüenzas del «glorioso Ejército Rojo». Esta gran mentira logró convencer a la población hasta la caída de la U.R.S.S. (momento en que la verdad sobre esta operación de propaganda salió a la luz).


Imágenes de la toma de Berlín - ABC

Esta historia es un claro ejemplo de como, a pesar de que se suele afirmar que una imagen vale más que mil palabras, en ocasiones la realidad puede ser tergiversada mediante el simple «click» de un cámara. Una afirmación que quedó corroborada hace apenas una semana tras la muerte del protagonista de «The kiss», la famosa instantánea que marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial (y en la que se podía ver a un marinero dando un beso a una joven en mitad de Times Square). Y es que, a pesar de lo cuentan la leyenda, la realidad es que no fue un acto de amor debido a que la pareja no se conocía previamente.

En todo caso, esta curiosa mentira de Stalin es una de las tantas que se pueden leer en «Las 100 mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial», la tercera reedición de la famosa obra del historiador y periodista Jesús Hernández. Este libro, concretamente, fue con el que este experto en la Segunda Guerra Mundial se dio a conocer en el ámbito editorial en 2003. «Hoy muchos lectores saben de mi gracias a obras como “Enigmas y misterios de la Segunda Guerra Mundial” o “Breve Historia de la Segunda Guerra Mundial”, pero no tienen en su poder el libro con el que me di a conocer. Por eso lo he reescrito, he actualizado todos los datos y he añadido información que me ha parecido interesante para completarlo», afirma el autor en declaraciones a ABC.

La toma del Reichstag

Para entender la importancia de esta instantánea (conocida a la postre como «Alzando una bandera sobre el Reichstag», tal y como corroboran expertos como Gregorio Doval) es necesario viajar en el tiempo hasta el 16 de abril de 1945. Y es que, fue exactamente ese día cuando comenzó la Batalla de Berlín. Es decir, la última defensa a ultranza de la capital del Reich por parte de las escasas tropas alemanas que aún rendían culto a Hitler. En aquella época ya no era ningún misterio que los aliados (especialmente los soviéticos, quienes disponían de más de dos millones y medio de soldados y 6.000 carros de combate) avanzaban con el cuchillo entre los dientes hacia el último reducto del «Führer».

En su contra, el que fuera uno de los líderes más poderosos de la primera mitad del siglo XX apenas pudo interponer 800.000 combatientes. Y la mayoría de ellos, además, no eran más que unos pobres niños reclutados de las «Juventudes Hitlerianas» con falsas promesas de gloria y un futuro imperio alemán comandado por un Hitler que, según se decía, resurgiría de sus cenizas. Mentiras. Estos pequeños soldados estaban acompañados, a su vez, de miles de ancianos armados y entrenados a la carrera por los restos de las escasas unidades que habían logrado sobrevivir a los continuos combates los aliados en media Europa. Eran, en definitiva, los estertores de muerte de un Reich que trataba de tomar sus últimas bocanadas de aire aún a sabiendas de que la suerte estaba más que echada.


Instantánea modificada

Con el paso de los días, la situación se recrudeció todavía más para los defensores, quienes –a pesar de todo- estaban resueltos a defender al «Führer». Un líder que, para muchos, ya había perdido la cabeza hacía semanas. «El 23 de abril, el general Weidling, comandante de la batalla de Berlín, informó a Hitler de que solo quedaba munición para dos días de combate. No obstante, afirmó que defendería sus posiciones mientras el cerco soviético se cernía sobre la ciudad, a escasas manzanas del búnker donde Hitler se sumía en sus delirios. El 30 de abril, Berlín era un infierno encarnizado en el que los rusos tenían un objetivo primordial: capturar el simbólico Reichstag, defendido con vigor por su guarnición», explica Chriss Mann en su obra « Las Grandes Batallas de la Segunda Guerra Mundial».

La misión de los soviéticos no era sencilla, pues entre los muros del edificio gubernamental se defendían nada menos que 5.000 miembros de las tristemente famosas Waffen-SS, las tropas más ideologizadas de toda Alemania. «El Reichstag se convirtió en una auténtica fortaleza. Para ello se minaron todas las calles que conducían al edificio, se colocaron barricadas y se cavaron trincheras y fosas antitanque. Los alemanes dispusieron varias piezas de artillería en el exterior y se hicieron fuertes en los sótanos, reforzados con vigas de hormigón y acero», determina Hernández en su obra «Las 100 mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial».

A pesar de la defensa a ultranza del Reichstag, los soviéticos sabían del golpe moral que supondría para sus enemigos perder este edificio. Por ello, los rusos cargaron sus fusiles Mosin-Nagant y sus subfusiles PPSh para, a finales de abril, tomarlo al precio que costara. Y es que, como es mundialmente conocido gracias a la «Orden 227», Stalin no tenía problema en anteponer los objetivos a la vida de miles de sus soldados. A los militares del Ejército Rojo no les quedó más, finalmente, que combatir por cada una de las habitaciones del enclave para expulsar de él a los soldados de las SS.

La gran mentira

En medio de aquel caos, en medio de toda aquella vorágine de muerte, la versión oficial del gabinete de Stalin afirma que el 30 de abril (cuando todavía no se había tomado totalmente el Reichstag y aún resistían varios cientos de alemanes en varias de sus salas) un soldado soviético logró llegar hasta el tejado del edificio. Una vez allí, descolgó la bandera con la esvástica e hizo ondear el paño soviético con la hoz y el martillo simbolizando así la toma de Berlín.

Aquel momento –según lo que contó la U.R.S.S.- fue tan impactante que un fotógrafo lo inmortalizó para la posteridad con su cámara, dando lugar a una de las instantáneas más conocidas de toda la Segunda Guerra Mundial. La verdad es bien diferente, pues la imagen fue un montaje que se realizó el día 2 de mayo en base a lo que, según algunos combatientes, había sucedido varias jornadas antes, pero había sido imposible de inmortalizar.

Cambios realizados en la fotografía

«La apertura de los archivos secretos de la Unión Soviética tras su disolución desmintió que la imagen fuera de aquel día. El fotógrafo de guerra Yevgeni Jaldéi (1917-1997), de la agencia de prensa TASS, preparó la escena el 2 de mayo, cuando el Reichstag estaba ya asegurado. Para ello pidió a varios soldados que posasen de esa manera, colocando la bandera en la parte más alta del edificio. De las numerosas fotos resultantes de la sesión, escogió la que luego se haría mundialmente conocida», explica Hernández en su obra. Al parecer, lo único que pretendían los soviéticos era hacer una instantánea igual de impactante que la de los americanos en Iwo Jima.
Retoques

Con todo, esa no fue la única «trampa» que protagonizaron los soviéticos con dicha fotografía. Y es que, una vez que la instantánea llegó a Moscú, los mandamases de la época decidieron que no era todo lo que heroica que debía ser y que necesitaba algún que otro retoque para quedar perfecta. El primero de ellos fue eliminar uno de los dos relojes que el soldado del Ejército Rojo que portaba la bandera tenía en una de sus muñecas.

Puede parecer algo absurdo, pero la razón es bastante sencilla: lo había obtenido saqueando los cadáveres de los soldados alemanes asesinados por sus compañeros aquel día. No se podía tolerar que el resto de los mortales supieran ese dato, así que fue eliminado. A su vez, y tal y como señala Hernández en su obra, fueron añadidas dos columnas de humo en el fondo de la imagen para que la situación de Berlín pareciese más dramática.
Montado el teatro, ya sólo quedaba difundir la fotografía y esperar a que se hiciese famosa. «La histórica instantánea sería publicada por primera vez el 13 de mayo en la revista ilustrada Ogonyok; a partir de entonces sería ampliamente reproducida en todas las publicaciones soviéticas e, incluso, en sellos de correos», explica el historiador en su libro. Finalmente, la prensa hizo el resto del trabajo y «Alzando una bandera sobre el Reichstag» se convirtió pronto en todo un símbolo de la victoria de la U.R.S.S. sobre Adolf Hitler y sobre el nazismo. Acababa una guerra, pero comenzaba una leyenda… falsa.

Con todo, a día de hoy se desconoce quién fue el artífice de esta operación aunque, como en todo, no faltan las teorías. Hernández, tras llevar a cabo las pertinentes investigaciones, apunta directamente al «camarada Stalin», aunque explica que es imposible corroborarlo: «Se ha especulado con que fue el propio Stalin el que animó al Departamento de Propaganda a conseguir esta histórica fotografía al contemplar con envidia la gran difusión que estaba teniendo la imagen de los soldados norteamericanos izando la bandera de las barras y estrellas en Iwo Jima. Por lo tanto, según esta hipótesis, el dictador soviético decidió contrarrestarla con una escena similar».
¿Quién puso la bandera?

Además de esta operación secreta de propaganda, los soviéticos también mintieron en torno a quien fue el encargado de izar la bandera sobre el Reichstag. En principio, se consideró que el responsable fue un sargento georgiano llamado Meliton Kantaria (el cual fue condecorado como héroe de la Unión Soviética). Sin embargo, con el paso de los años y las sucesivas investigaciones históricas el honor fue pasando de soldado en soldado.

«En realidad, ese honor debía corresponder al hombre que realmente colocó por primera vez la bandera roja en el emblemático edificio, a las 22:40 del 30 de abril de 1945: el ruso Mijail Petrovich Minin. Cuando todavía se estaba combatiendo en las salas y pasillos del Reichstag, Minin y otros tres hombres se ofrecieron para subir a la azotea y plantar allí la bandera, con la promesa de sus superiores de que, si lo conseguían, serían nombrados héroes de la Unión Sovíetica», explica Hernández. No obstante, la operación de propaganda hizo que no recibieran tal honor hasta 1995.

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La historia indetenible: dos millones y medio de cubanos contra el Sí. Dimas Castellanos desde Cuba sobre los supuestos resultados del referendum Constitucional

Nota del Bloguista  de  Baracutey Cubano

En los países democráticos es ilegal:

  •  Utilizar los  descomunales recursos del Estado para que se vote a favor de algo que le favorece
  •  La propaganda electoral debe  estar ausente el día de las elecciones
En Cuba los dos puntos anteriores no se cumplen; además: pese a que la Ley Electoral prohibe hace propaganda electoral los mismos jerarcas de la tiranía Castrista hacen propaganda electoral  o la permiten ya sea promoviendo el VOTO UNIDO o el voto por el SÍ como  fue en este Referedum Constitucional.

La boleta de votación estaba confeccionada de tal manera  que los datos  que se pedían en ella  podían coaccionar a muchas personas a votar NO,   por el miedo a  que se supiera quienes habían votado por el NO.

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La historia indetenible: dos millones y medio de cubanos contra el Sí

Por Dimas Castellanos
Madrid
27 de Febrero de 2019

La historia de los pueblos es indetenible. Los que piensan que Cuba es una excepción se equivocan. Las señales de inconformidad creciente lo confirman. Las señales emitidas en los "comicios" celebrados a partir del año 2003 —ignoradas por el Gobierno cubano— han sido ratificadas en el referendo constitucional   del domingo 24 de febrero, como puede verse en la siguiente tabla.

El modelo totalitario cubano desde su implantación demostró ser ineficaz. Las señales indicativas de su inviabilidad, como el fracaso de la Zafra de los Diez Millones en 1970 y la crisis surgida al día siguiente de la caída de la Unión Soviética, fueron ignoradas. Las medidas coyunturales introducidas en 1993 fueron paralizadas y las reformas de 2008 fracasaron por su carácter limitado. La razón de tales resultados radica en la imposibilidad de cambiar y al mismo tiempo conservar el poder con un modelo antinatural.



En la época presente resulta imposible gobernar sin legitimidad. Si en 1959 los revolucionarios se legitimaron con la toma del poder por las armas y con la redistribución populista de lo que antes se había producido; en 2018 los sustitutos carecen de la legitimidad de las urnas y la economía estancada les impide redistribuir.

Sin comprender que la Cuba y el mundo de hoy no son la Cuba y el mundo de 1959 ni de 1976, cuando la democratización constituye una exigencia de la gobernabilidad, el PCC nuevamente intenta cambiar la forma para conservar el contenido. Con ese fin redactó el "nuevo" texto constitucional sin participación de representantes del pueblo ni de otros partidos, con el control monopólico de los medios de comunicación y de todas las instituciones del país y desató una agobiante campaña publicitaria por el Sí.

(No debemos olvidar lo que se dice en esta imagen añadida al artículo por el Bloguista de Baracutey Cubano)

Según la Comisión Electoral Nacional el padrón electoral de 2017 era de 8.855.213 personas y ahora, el de 2019, sin haberse producido un aumento de la población cubana, aumentó hasta 9.298.277, es decir, 443.064 personas más. También el domingo 24 de febrero se habló de 8,6 millones de votantes, y el lunes 25 de 9,2 millones y a última hora se incluyeron 628.563 votantes. A pesar de esas variaciones y de que el autor del texto constitucional es el mismo que convoca, cambia los datos del padrón electoral y cuenta los votos, los datos oficiales no les son favorables.

En las elecciones parlamentarias y municipales celebradas entre 2003 y 2017 —a pesar de las acciones emprendidas contra la oposición— la suma de los que no asistieron, entregaron en blanco o anularon sus boletas aumentó de 509.872 (6,13%); a 1.869.937 (21,12%).

Ahora, el 24 de febrero, precedido por la movilización permanente de todas las asociaciones e instituciones gubernamentales y no gubernamentales, con todos los dirigentes y funcionarios llamando a votar por el Sí, y en ausencia de observadores independientes, de un padrón de 9.298.277 asistieron a las urnas 7.848.343 (84,4%). No asistieron 1.449.934 (15,60%). De los que asistieron 6.816.169 votaron SÍ (86,84%); mientras 706.400 votaron No (9,00%). 198.674 depositaron la boleta en blanco (2,53%) y 127.100 la anularon (1,62%).

La suma de los que no asistieron, votaron por el No, depositaron las boletas en blanco o las anularon, alcanzó la cifra record de 2.482.108 cubanos (26,69%), superior al 1.869.937 (21,12%) que demostró su inconformidad en las municipales de 2017.

En Cuba, donde no hay analfabetos, donde la propaganda detalló durante meses como votar por el Sí; con actos celebrados en todos los centros de trabajo y de estudios, con llamamientos en todas las actividades políticas, económicas, culturales, deportivas y de cualquier otra índole; donde a los enfermos e impedidos de asistir a las urnas se les llevó la boleta a la casa sin privacidad para ejercer el voto; con carteles llamando a votar por el Sí en los colegios electorales, en las calles, en los ómnibus; prohibiendo cualquier campaña por el No, más de la cuarta parte de los cubanos manifestaron el rechazo a una Constitución que intenta anclar al país en el pasado.

¿Con esos resultados cómo se puede justificar la existencia de un solo partido político?

El "nuevo" texto constitucional, al conservar los males que impidieron el despegue del país:el partido único, la estatización, la planificación centralizada y la ausencia de libertades, ahondará la crisis. Las disímiles manifestaciones de inconformidad que se vienen repitiendo en diferentes lugares y sectores aumentarán en un 2019 de mayor complejidad nacional e internacional. En fin, que la historia resulta indetenible.



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La fijeza reveladora (II). Alejandro González Acosta: Reflexiones y escolios en cuatro partes a propósito de Los últimos días de Batista. Contra-historia de la revolución castrista, de Jacobo Machover


La fijeza reveladora (II)

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Reflexiones y escolios en cuatro partes a propósito de Los últimos días de Batista. Contra-historia de la revolución castrista, de Jacobo Machover
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Por Alejandro González Acosta
Ciudad de México
27/02/2019

Uno de los eslabones más resistentes de esta cadena de falsedades, y de los más antiguos, es la caracterización de Batista como “el malo de la película”, “el enemigo perfecto”, “el más odiado”, “el villano más atroz”, “el modelo de la perversión” y el “monstruo por excelencia”; en realidad, esta construcción comenzó desde antes que Castro monopolizara el poder, y sus inescrupulosos creadores no fueron por siempre sus más fieles y eternos colaboradores incondicionales. Ciertamente, la raíz de estos males se afincó desde mucho antes y por diversos personajes, quienes, envidiosos o insatisfechos de sus apetitos, vendidos o cómplices ingenuos, fueron levantando el pedestal de la horca sin percatarse que ellos también penderían algún día de ella. El maniqueísmo bipolar aplicado ha sido tan útil para Castro, como lo fue, si vamos al real origen de la práctica, para los maestros del sistema, Joseph Goebbels y Willi Münzenberg, esos dos grandes seductores de multitudes e intelectuales útiles.

El abuso castrista contra los niños no empezó con la “Operación Pedro Pan”, los adoctrinados pioneros o la Masacre del Remolcador 13 de Marzo: aunque su propia familia fue protegida expresamente por Batista, mientras Castro estuvo en una cómoda cárcel condenado por sedición y aún durante su insurrección, los hijos de su contrincante desplazado fueron perseguidos y vituperados por él y sus seguidores dóciles y complacientes, rabiosos y adocenados, cuando fueron agredidos al llegar dos días antes de la caída del Gobierno cubano a Nueva York, según recupera el conmovedor testimonio de Roberto “Bobby” Batista, que integra Machover en su libro.

Al llegar al destierro, los hijos de Batista fueron víctimas totalmente inocentes, como recuerda Machover, del “primer acto de repudio revolucionario”, esos “minutos de odio orwellianos”, inocultables abuelos de los actuales escraches podemitas hispanos. En las primeras horas del 30 de diciembre de 1958, cuando llegaron a Estados Unidos, ya los esperaban las sedientas hordas castrófilas en el aeropuerto, para agredirlos, regocijadas con su inminente victoria, que celebraban eufóricamente.

Tal parece que Fidel Castro, en su obcecado redentorismo purificatorio e incendiario, nunca entendió y menos aún aceptó, que pudiera haber alguien que no quisiera participar en su empresa utópica. No podía concebir que nadie se le negara para ser parte de sus huestes que construirían el futuro sólo por él concebido. Partir o negarse no podía asumirlo sino como traición, a él y, en su persona, a la misma patria encarnada (que para él eran lo mismo). Es revelador que con el tiempo dejó de referirse a “Cuba”, para reducirse sólo a un concepto prefabricado por él a su imagen y semejanza, la sempiterna “Revolución”, su revolución, la de él y nadie más.

Asombrosamente, para los republicanos Eisenhower y Nixon, Batista era un “socialista” y un “dictador”, y hasta había sido aliado (coyuntural) de los comunistas cubanos. Y, en cambio, Castro era —en el principio— un “liberal idealista” (luego al menos Nixon rectificó, pero ya era tarde), un “Robin Hood del Caribe”. De ahí el mortal embargo de armas y el irresponsable abandono de Batista por el Gobierno de Estados Unidos en marzo de 1958, lo cual fue mucho más demoledor y decisivo que cualquier otro golpe militar de los insurrectos contra la república cubana. Ya fue muy tarde cuando Eisenhower revisó su juicio sobre Fidel Castro, y su desplante de no recibirlo, sólo aumentó la popularidad de éste, al quedar como víctima del victorioso militar estadunidense: así comenzó el mito del David caribeño enfrentado al Goliat americano, que se ha implantado tan hondamente en el inconsciente colectivo mundial.

Una de las figuras más tenebrosas y retorcidas, y que ha sido absuelta cegata e irresponsablemente por la historia elaborada a partir de los turiferarios, es la de Ramón Grau San Martín, el peor traidor a la causa cubana de todos los tiempos; vaselinoso, ambiguo y hasta feminoide, dos veces faltó a su palabra empeñada y empujó al país hacia el desastre final, atendiendo sólo a su resentimiento y frustración. Su inopinado desistimiento para competir en las elecciones de 1954 y 1958, apenas unos pocos días antes de los comicios, fue un boicot irresponsable contra el único mecanismo entonces posible para encontrar una solución pacífica a la guerra civil. Ese contubernio fue generosamente premiado, al permitírsele acabar sus días sin ser molestado en su opulenta residencia de la Quinta Avenida en Miramar, a la que se refería modestamente como “La Chocita”.

Castro aprendió muy bien de los errores de Batista: por eso él no los repetiría. Jamás le tembló la mano para reprimir sin piedad, ni compasión (vocablo que reveladoramente nunca aparece en su léxico personal, aunque forma parte del Himno del 26 de Julio), ni menospreció al más ínfimo de sus adversarios: los aplastó a todos, lo mismo familiares, que amigos y compañeros de infancia.

Desde la famosa entrevista con Herbert Matthews para acá, Castro fue el campeón de la propaganda, pero aún antes, con la fantochada de la Campana de la Demajagua, su desempeño en el Colegio de Dolores, en El Bogotazo, y en el mismo Asalto al Cuartel Moncada, fue siempre un hábil manipulador. Todos estos fueron “golpes de efecto” aplicados desde muy temprano para la exaltación de su ego hipertrofiado, construyendo precozmente un futuro perfil heroico. Esa personalidad patológica marcó el devenir de su país, de tal suerte que su historial clínico sería tan útil para los historiadores como su biografía política e ideológica, y hasta podrían intercambiarse, según ya apuntó alguien.

Nadie que pudiera competir con él prevaleció en el entorno de Castro. Como el frondoso baobab, ninguno pudo crecer bajo su sombra: el mismo José Antonio Echeverría era tan protagónico como Fidel Castro, y de haber sobrevivido a sus aventuras terroristas, el choque futuro entre ambos era inevitable, pero una vez más el destino favoreció a Castro: la Parca apartó a Manzanita del camino para no estorbar el vertiginoso ascenso al poder del biranense.

Lector asiduo de Primo de Rivera y Mussolini, pero en especial de Maquiavelo, para quien “el fin justifica los medios”, Castro introdujo en la lucha política elementos antes desconocidos, como el secuestro de aviones y personas, que después crearían una calamitosa secuela: valga recordar que el corredor de autos Juan Manuel Fangio no fue el único secuestrado (23 de Febrero de 1958) por las células terroristas del Movimiento 26 de Julio: el mismo año, un comediante, también argentino, el popular Pepe Biondi, fue raptado en las cercanías del Edificio Focsa, cuando Castro dictó la proclama “ni una fiesta ni una risa”, para impedir la celebración del 4 de Septiembre batistiano. Bombas en cines y cabarés se convirtieron en sucesos de siniestra cotidianidad dentro la pelea sin cuartel desatada por Castro.

La historiografía oficial da por sentado el triunfo del candidato Roberto Agramonte por el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) en las elecciones generales de junio de 1952, interrumpidas por el golpe de Estado del 10 de Marzo realizado por Batista, pero actualmente esta afirmación resulta muy cuestionable. Se afirma, sin sustento sólido, que Batista dio el golpe de Estado porque sabía que perdería en las elecciones unos días después”. Esa es hoy una aseveración gratuita y sesgada, pero que ha gozado de fortuna historiográfica por ser incansablemente repetida.

La industria de la publicidad en Cuba, iniciada tempranamente desde 1907 con la Liga Cubana de Publicidad fundada por Walter Stanton, y que para los años veinte contaba con dos compañías establecidas como la Havana Advertising y la Tropical Advertising, ya para el 8 de marzo de 1935 agrupó a los profesionales en la Asociación de Anunciantes de Cuba y existían formaciones gremiales como la Asociación de Agencias de Anuncios (AAA), y la Asociación Nacional de Profesionistas Publicitarios (ANPP), y ya en 1945 se estableció la Escuela Profesional de Publicidad, pero esta intensa actividad estaba referida a la publicidad comercial, pero no existía un auténtico marketing político, y lo que se hacía en las campañas electorales eran las formas más precarias y elementales de la propaganda política casera, con carteles, anuncios, volantes, bisutería diversa y pegajosas canciones (las congas, para las cuales no desdeñaban colaborar hasta músicos de renombre como el jingle de Carlos Prío obsequiado por Osvaldo Farrés), pero no existía en Cuba —como tampoco en Estados Unidos aún— un estudio científico del mercado y las preferencias políticas, y todo se fiaba al “olfato” y a la “intuición” de los actores contendientes.

En 1952, 1954 y 1958 tampoco había verdaderas encuestas de opinión y de intención de voto, con métodos profesionales como aspiran a ser las actuales, elaboradas por casas especializadas y de prestigio, y con amplias muestras estadísticamente representativas. Los análisis demoscópicos estaban aún en pañales para esa época, y los “estimados” existentes eran sólo “a ojo de buen cubero”, o las parcializadas y muy sesgadas “encuestas”, elaboradas y publicadas por la claramente tendenciosa y muy antibatistiana revista Bohemia, en manos de su polémico y ambiguo director-propietario Miguel Ángel Quevedo, de triste memoria, quien terminó abjurando de sus pasados errores y suicidándose, aunque tratando de lavar el grave daño que había ocasionado a Cuba con su decisivo apoyo a Castro. Quevedo, intentó después descargar parte de su responsabilidad al acusar de deslealtad a su mano derecha, el “dipsómano” (así lo llamó) Enrique de la Osa, autor de la célebre mentira de “los 20 mil muertos de Batista”, que todavía sigue apareciendo en las páginas oficiales castristas. Esta colosal mentira se ha asumido como verdad indiscutible, confirmando aquella frase de Goebbels que cuanto más grande es el infundio, más fácilmente será aceptado.

Sin embargo, nadie ha reparado en un hecho sobre esto: en estos 60 años de dictadura y propaganda activa, el régimen cubano nunca ha publicado un libro donde aparezcan esos “20 mil mártires”, aunque ha tenido a su completa disposición investigadores, empleados, archivos, testimonios, partes médicos e informes de nosocomios suficientes para documentar su acusación, y tampoco ha editado un libro donde aparezcan todos “sus” mártires, pues quedarían atrapados flagrantemente en su mentira. Contando con todos los medios a su alcance, el régimen cubano ha sido incapaz de ejecutar lo que el exilio sí ha realizado, sin apoyos ni recursos, con el formidable Archivo Cuba, registro serio y puntual, profesionalmente documentado, contrastado y actualizado, de todas las víctimas del castrismo, fundado en Washington en 2001 como una iniciativa del Free Society Project, Inc. por Armando M. Lago (1939-2008) y María C. Pino Cañizares (1934-2008), entre otros, y continuado en la actualidad por una junta directiva presidida por María C. Werlau. Allí aparecen, con nombres y apellidos y con al menos dos de sus fuentes, 7.173 muertos y desaparecidos imputados a Fidel Castro hasta su muerte el 25 de noviembre de 2016, según cita Werlau en su artículo “Castro superó a Pinochet” (El País, 4 de diciembre de 2016).

Otros publicistas muy populares como José Pardo Llada, Luis Conte Agüero y Luis Ortega Sierra, también incurrieron en esa actitud de ingenua complicidad en el mejor de los casos, aunque —como reveló el propio Batista— aceptaban de buen grado sus “donativos”, y alguno hubo que hasta le reclamó que ese dinero obsequiado “no le alcanzaba para un viaje a España con su mujer”. Sin embargo, “jalaron soga para su pescuezo”: después de sus servicios con el micrófono en favor de Castro, éste se lo arrebató para quedárselo él solo. Creo revelador el hecho que tanto Pardo Llada como Ortega Sierra, después de un largo exilio, fueron tan inescrupulosos de visitar a Cuba y ser amistosamente recibidos por el propio Fidel Castro. A la larga, amarga lección de la historia, sólo fue el repudiado Otto Meruelo quien único dijo la verdad desde el principio, aunque fue calificado —y condenado— como calumniador y pluma vendida del régimen batistiano, y sufrió 18 años de dura prisión (la condena fue de 30), antes de poder salir al exilio. Raúl Castro lo consideró su “preso personal”, pues nunca le perdonó que lo llamara “la china de los ojos tristes”.

Este trabajo es publicado en entregas consecutivas. La tercera parte del texto aparecerá mañana.

© cubaencuentro.com
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Fidel:”La Historia no te absolverá”


Por Enrique Meneses
 No consigo evitar la comparación de vuestra historia inicial, la tuya, la de Raúl y la de tantos otros, con la de los que disienten en la Cuba de hoy. Un incruento golpe de Estado de Batista, en 1952, te empujó a alzarte en armas contra el dictador que violentaba la Constitución. El 26 de julio de 1953, era domingo y doscientos hombres bajo tu mando se disponían a asaltar el Cuartel Moncada de Santiago de Cuba aprovechando que buen número de soldados andaban bebidos por las fiestas del apóstol, patrón de Santiago de Cuba. Hubo muertes por ambos lados y el asalto terminó en un fracaso. Los supervivientes quedaron en manos de Batista. En el juicio proclamaste que “la Historia te absolvería”. Ahora, existen serias dudas.
El ataque a un cuartel, por parte de dos centenares de civiles, con soldados muertos, fue un bombazo en medio del indolente Caribe. Es lo que buscabas para atraer la atención sobre la usurpación del poder y el atentado a las libertades por parte del ex-sargento, Fulgencio Batista Zaldívar. Te defendiste tu mismo como abogado y la intervención de Monseñor Pérez Serantes, Arzobispo de Santiago, que te había bautizado, te salvó la vida. Tuviste un juez imparcial, Manuel Urrutia Lleo, que nombrarías Presidente de la República en enero de 1958.
Orlando Zapata Tamayo, de 42 años, murió tras 86 días de ayuno en protesta por el trato que se da en en la prisión de Kilo 8 de Camagüey a los presos de conciencia, muchos de los cuales cayeron en las redadas de 2003 y que, como en el caso de Orlando, sumaban hasta 25 años de cárcel por expresar opiniones diferentes de las del régimen. Recuerdo que en 1953, los supervivientes fuisteis encarcelados en Isla de Pinos donde no pasasteis más de 19 meses tu y unos cuantos más de tus compañeros del Moncada. Hay que recordar que produjisteis muertes entre los soldados. Vuestras condiciones de vida en el penal no fueron tan malas cuando creaste la Academia Abel Santamarí en la que, como único profesor, adiestrabas a los hombres llamados a seguirte al exilio mexicano en Mayo 1955.
Con aquellos antecedentes, deberíais haber sido más magnánimos con los presos de la Primavera Negra a la que quisisteis dar un escarmiento. Fundador de Alternativa Republicana, el albañil Orlando Zapata Tamayo se convertía en un enemigo del pueblo por no plegarse a las consignas del régimen y querer pensar por sí mismo. ¿Por qué no expulsasteis a los presos de conciencia como hizo Batista con vosotros? Le habéis dejado morir en su huelga de hambre de 86 días. En todo país civilizado, “es un delito no prestar asistencia a persona en peligro de muerte”. Os dije que hicisteis mal en no dejar salir a Yoani Sánchez para recibir su Premio Ortega y Gasset. Ahora habéis rizado el rizo. Muchos creíamos en la posibilidad de una Transición pacífica. Hoy dudo que sea posible. En cualquier caso, otro ilustre gallego, Francisco Franco, afirmaba haber dejado todo “atado y bien atado”, no creáis que vuestros nudos van a ser más fuertes y duraderos.
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Nota de Chomy Garcés
No se si recuerdan que el escritor español Enrique Meneses (hoy con 80 años), por el año 1957, y trabajando para la revista francesa Paris Match, se fue a Cuba y subio a la Sierra Maestra, donde estuvo viviendo con los rebeldes por espacio de 4 meses.

A su regreso, el escritor publico todas sus experiencias en la famosa revista francesa y logro con eso, que el mundo entero conociera y admirara a la Revolucion Cubana que se gestaba.

Meneses se habia mantenido muy apegado a su admiracion por Fidel Castro y su revolucion a lo largo de todos estos años.
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Comentario por Enrique Meneses
 
Salva, hace años que nos conocemos y sabes que distingo muy bien entre una huelga de hambre y la eutanasia. Yo estoy por la libertad del enfermo terminal a la hora de despedirse de una vida sin solución médica. Lo de Orlando Zapata es una pasada porque el Estado cubano debería haber impedido esa muerte como en España impedimos la de De Juana Chaos. El suicidio está prohibido en casi todas las constituciones así es que es obligación de las autoridades impedirlo.
Hablas de Batista sin tener más referencia que lo que dicen los castristas, la mayoría de los cuales no vivían entonces. Yo estuve 11 meses en la isla (mayo 1957-marzo 1958) de los que 4 en Sierra Maestra así es que veía como se vivía en Oriente y en La Habana. El pueblo no pasaba hambre, te lo puedo asegurar. La represión empezó con el desembarco de Castro en el Granma en Niquero.
Comentario por Enrique Meneses .

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Tomado de http://www.nuevoaccion.com/

DEBATE: BOHEMIA, QUEVEDO, Y EL REVISIONISMO HISTÓRICO

Por: Dr. Antonio de la Cova
(Autor y profesor universitario de Historia)

Discrepo de la revisión histórica que ha hecho la viuda de Carlos Castañeda sobre su esposo y la revista “Bohemia”. Miguel Angel Quevedo heredó de su padre la dirección de dicha publicación. Si Quevedo se dejaba presionar por su empleado Enrique de la Osa, debió haber sido por sus debilidades morales y hormonales.

En el libro de Norberto Fuentes, “Hemingway in Cuba”, páginas 249-51, señala lo que es de conocimiento público: Quevedo era un notorio homosexual, "orgulloso de que ninguna mujer había entrado en su finca," donde semanalmente daba fiestas y escandalosos bacanales.

Todos los redactores de “Bohemia” fueron fervientes partidarios de Fidel Castro. Después del 1 de enero de 1959, perdieron toda objetividad periodística para convertirse en propagandistas revolucionarios. Entre los reportajes falsos que publicaron estaba el de "Mas de veinte mil muertos arroja el trágico balance del régimen de Batista."

http://www.latinamericanstudies.org/cuba/Bohemia-1-11-59-180.jpg

El ex presidente Ramón Grau San Martín fue quien primero lanzó esa frase que “Bohemia” dio como verídica, a pesar de que la lista de muertos que publicaron no llegaba a mil. “Bohemia” nunca hizo un esfuerzo serio por obtener la verdadera cifra, como luego efectuó el Dr. Armando Lago.

Otro reportaje de "Bohemia" titulado "El Padre le Daba los Cráneos de sus Victimas Para que Jugara" (enero 11, 1959)

http://www.latinamericanstudies.org/cuba/cesar-necolardes.jpg

fue completamente ficticio. La foto del entonces niño César Necolardes Moreno había sido tomada en los 1940s en el Museo Antropológico Montané, en la Universidad de la Habana. Se nota que dos de las calaveras en la foto reposan sobre un mapa de Cuba. En 1959, las mismas maestras que más de una década antes habían llevado al niño en una excursión estudiantil al museo, le escribieron a Quevedo para que rectificara, pero éste se negó hacerlo. En "Bohemia" jamás apareció ninguna nota de rectificación sobre ningún tema, algo que es común, aunque no frecuente, hasta en los grandes rotativos norteamericanos.

Hace dos años, mientras mi esposa trabajaba en un proyecto de antropología física en el museo Smithsonian en Washington, le enseñé la foto de los cráneos en la foto de "Bohemia", a los doctores forenses Douglas Owsley y David Hunt, dos de los más reconocidos expertos en antropología física en EE.UU. Ambos concluyeron que las calaveras en la foto eran piezas de museo de mucha antiguedad.

( Miguel Ángel Quevedo y Fidel Castro en 1959 cuando eran amigos )

Lo de "Bohemia" no fue periodismo, fue propagandismo, como vemos en este artículo de Carlos Castañeda, citando una serie de mentiras de Fidel Castro, incluyendo una donde dice: "Somos amigos de los Estados Unidos."

http://www.latinamericanstudies.org/cuba-news/Bohemia- Castaneda.jpg

En la revista "Bohemia" jamás apareció ni la más leve crítica contra Fidel Castro. Después del 1 de enero de 1959, se justificó en “Bohemia” el terrorismo indiscriminado de bombas y asesinatos que el Movimiento 26 de Julio utilizó para llegar al poder. Hasta el secuestro de Juan Manuel Fangio se convirtió en una epopeya gloriosa.

En 1984, cuando Agustín Alles era director de noticias de la WRHC, me invitó a su programa de radio. Me dijo que cuando él era redactor de “Bohemia”, fue el primer periodista en subir a la Sierra Maestra y se dio cuenta de que los rebeldes eran comunistas. "Allí vi que daban clases de comunismo," me afirmó. Le pregunté: "¿Por qué no denunciastes eso?" Me respondió: "¿Estas loco? Me hubieran acusado de Masferrerista. Me hubiera tenido que exiliar." Le dije: "Acabastes por exiliarte." No me contestó. Aprecio a Agustín, pero figura entre los revisionistas que como la viuda de Castañeda, quieren tergiversar la historia de la verdadera responsabilidad que tuvo "Bohemia" en llevar a Fidel Castro al poder.

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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano de fecha  23 de octubre de 2005.

Les diré que había leido en Cuba algunos fragmentos de esta supuesta  última carta de Miguel Angel Quevedo, exdirector de la revista Bohemia, pero nunca había tenido la posibilidad de leerla completamente. La mencionada carta es un llamado a cada uno de nosotros al DISCERNIMIENTO y a la RESPONSABILIDAD, en los diferentes papeles que desempeñamos en esta vida. Si no fuera porque esa carta fue motivada por situaciones y causas que llevaron al suicidio de un ser humano, sería una carta mejor recibida, aunque les confieso que yo realmente recibí un fogonazo de alegría al leerla, ya que su contenido tan esclarecedor, y tan bien expuesto es impresionante; más aún, cuando sabemos que fue escrito en situación límite. La única observación que yo le hago a esa carta es que no matizó las culpas, pero para un sincero suicida que lo va a dejar todo, en particular la vida, es totalmente excusable ese olvido o el dejarle esa tarea a otros menos implicados para que no se pudiera interpretar ese tamizars como una manera de esquivar parte del peso de su admitida culpabilidad. Todos sabemos que la culpa no ha sido la misma para todos: algunos " tienen la culpita y otros la culpona" como dice la vieja guaracha cubana, Quevedo lo sabía.

Miguel Angel Quevedo valientemente admitió que no supo reconocer al peor entre Scila y Caribdis. Desde hace muchísimos años, aún después de leer fragmentos de su otra carta de despedida ( la carta de despedida de BOHEMIA), tuve mis resentimientos hacía Miguel Angel Quevedo, y hacia otros muchos intelectuales, por no advertirnos y no hablarnos de los métodos cautivadores y atractivos que tienen diferentes personas e ideologías para atraparnos en sus redes; estábamos esperando un oso rojo parado en sus patas traseras con sus colmillos chorreantes de sangre y con la oz y el martillo en su pecho y se nos apareció un supuesto Rey Mago o Robin Hood, blanco, barbudo, vestido de verde olivo de perfil griego con medallita de la Caridad del Cobre en su pecho y paloma blanca posada en su hombro que nos repartía las riquezas de explotadores y cómplices de asesinatos. No se nos dijo del pasado pandillero de ese individuo y que todo había sido un montaje y trampas habilmente realizadas para engañar a todo un pueblo; caimos en la trampa como muchos indios cayeron ante los primeros descubridores y colonizadores y los que no caimos en la trampa, caimos por la espada de ese régimen esclavizador de pueblo. Posteriormente entre 1959 y 1960, cuando ya era tarde, se expusieron analizaron adecuadamente esos sistemas, por ejemplo en algunas cartas pastorales de obispos cubanos y en debates publicados en Bohemia como el llevado a cabo entre el Dr. Carlos Rafaél Rodríguez y el Dr. Valdespino sobre el comunismo.

Estos 46 años han demostrado que con esquemas y maniqueísmo podemos quedar atrapados largo tiempo en un sistema político cerrado a la información y a la libertad, Paradójicamente la historia cubana anterior a 1959 nos muestra que el maniqueímo y el esquematismo informativo no nos evita caer en "falsos mesianismos" en sistemas abiertos o con ciertas aperturas pues los perversos aprovechan las oportunidades que les brinda los espacios, más grandes o más pequeños, de libertad y democracia existentes en esos sistemas para promoverse e instalarse, despues de lo cual se adueñan o cierran todos los espacios . La perversidad no desperdicia oportunidades.

Algunos factores y personas, aún hoy en día, no admiten que se equivocaron y apostaron por el peor caballo; esa soberbia es aún más grave cuando su miopía provocó la muerte de muchas personas, la mayoría jóvenes, para instalar un régimen peor que el que estaban derribando. Dios seguramente le perdonó a Miguel Angel sus errores, su suicidio y sus pecados de vida disipada. Ante este sincero y desgarrador arrepentimiento y acto de contricción no hace falta Purgatorio. El infierno ya lo pasó en Vida.
Todavía Dios espera por el arrepentimiento de muchos de esos soberbios.
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 Carta de despedida de Miguel Ángel Quevedo de la Lastra

Miami, Florida 12 de Agosto de 1969
Sr. Ernesto Montaner.

Querido Ernesto:

Cuando recibas esta carta, ya te habrás enterado por la radio de la noticia de mi muerte. Ya me habré suicidado -!al fin!- sin que nadie pudiera impedírmelo, como me lo impidieron tú y Agustín Alles el 21 de enero de 1965. ¿Te acuerdas? Ese día entraste en mi despacho a entregarme un artículo tuyo. Conversamos un rato. Pero notaste que yo estaba ausente del diálogo.

Me viste preocupado, triste, muy triste y profundamente abrumado. Y me lo dijiste. Pensé en mi hermana Rosita, a quien adoro y se me llenaron de lágrimas los ojos [..] Te confesé que en el momento que llegaste a mi despacho, estaba pensando darme un tiro en la cabeza. Y hasta te dije que mi única preocupación era Rosita, que me viera tirado en el suelo sobre un charco de sangre. No quería dejarle esa última imagen, habiendo decidido - y también te lo confesé suicidarme acostado en el sofá para que, al verme, tuviese la impresión que dormía.

Recuerdo la expresión de pena y asombro que había en tu cara. Te levantaste. Fuiste a mi escritorio y le quitaste las balas al revólver. Y allí, sentado en la silla del escritorio me dijiste: "Estás loco, Miguel, estás loco" . Me hablaste de Dios. De la perdición eterna de mi espíritu. De la brevedad de la vida. De la falta que yo le haría a Rosita, dejándola sola en el mundo. Me hablaste de veinte cosas. Y viendo que me resbalaban, me amenazaste con llamar a Rosita y a todos los empleados de Bohemia para enterarlos. Te supliqué que no lo hicieras. Comprendí la responsabilidad que mi confesión te habría echado encima. Y te juré por la vida de Rosita que no lo haría.

Convencido que me habías desviado del propósito - al menos por el momento -, saliste de mi despacho. Te encontraste a la salida con Agustín Alles y se lo contaste. Y tú y Agustín se fueron a ver al doctor Esteban Valdés Castillo. Me llamaron de la casa de Valdés Castillo y me pusieron al habla con él. Un gran médico de excepcional talento. Quiso verme con urgencia, pero no nos vimos. Lo que hicimos fue hablar mucho por teléfono. Cuando no me llamaba él a mi, lo llamaba yo a él. Pero hablábamos todos los días. Con quien jamás volví a hablar jamás fue contigo. Perdóname, pero pensé que habías hecho mal al divulgar algo que yo te había dicho a ti amistosamente, en un momento de flaquezas. Y no volvimos a tener comunicación hasta hoy, en que ni tú, ni Agustín Alles, ni Valdés Castillo, ni nadie me hubiera impedido llevar a vías de hecho mi determinación. Estás, pues leyendo, la carta de un viejo amigo, muerto. Valdés Castillo tenía razón cuando afirmaba que la idea del suicidio pasaba por la mente del paciente en forma de círculos, que cada vez se iba reduciendo hasta convertirse en un punto. Mi punto llegó.

Sé que después de muerto lloverán sobre mi tumba montañas de inculpaciones. Que querrán presentarme como "el único culpable" de la desgracia en Cuba. Yo no niego mis errores ni mi culpabilidad, lo que si niego es que fuera "el único culpable". Culpables fuimos todos, en mayor o menor grado de responsabilidad.

Culpables fuimos todos. Los periodistas, que llenaban mi mesa de artículos demoledores contra todos los gobernantes, buscadores de aplausos que, por satisfacer el morbo infecundo y brutal de la multitud, por sentirse halagados por la aprobación de la plebe, vestían el odioso uniforme de los "oposicionistas sistemáticos". Uniforme que no se quitaban nunca. No importa quien fuera el presidente. Ni las cosas buenas que estuviera realizando a favor de Cuba. Había que atacarlos, y había que destruirlos. El mismo pueblo que los elegía, pedía a gritos sus cabezas en la plaza pública. El pueblo también fue culpable. El pueblo que quería a Guiteras. El pueblo que quería a Chibás. El pueblo que aplaudía a Pardo Llada. El pueblo que compraba Bohemia, porque Bohemia era vocero de ese pueblo. El pueblo que acompañó a Fidel desde Oriente hasta el campamento de Columbia.

Fidel no es más que el resultado del estallido de la demagogia y de la insensatez. Todos contribuimos a crearlo. Y todos, por resentidos, por demagogos, por estúpidos, o por malvados, somos culpables de que llegara al poder. Los periodistas conocieron la hoja penal de Fidel, su participación en el Bogotazo comunista, el asesinato de Manolo Castro, y su conducta gansteril en la Universidad de la Habana, pedíamos una amnistía para él y sus cómplices en el asalto al Cuartel Moncada, cuando se encontraba en prisión.

Fue culpable el Congreso que aprobó le Ley de Amnistía. Y los comentaristas de radio y de televisión que lo colmaron de elogios. La chusma que le aplaudió deliradamente en las galerías del Congreso de la República. Bohemia no era más que un eco de la calle. Aquella calle contaminada por el odio que aplaudió "los veinte mil muertos". Invención diabólica del diplomado Enriquito de la Osa, que sabía que Bohemia era un eco de la calle, pero también la calle se hacía eco de lo que publicaba Bohemia.

Fueron culpables los millonarios que llenaron de dinero a Fidel para que derribara al régimen. Los miles de traidores que se vendieron al barbudo criminal. Y los que se ocuparon más del contrabando y del robo que de las acciones militares en la Sierra Maestra.

Fueron culpables los curas de sotana roja que mandaban a los jóvenes para la Sierra Maestra a servir a Castro y sus guerrilleros. Y el clero, oficialmente, que respalda a la revolución comunista con aquellas pastorales encendidas, conminando al Gobierno a entregar el poder.

Fue culpable Estados Unidos de América, que se incautó de las armas destinadas a las Fuerzas Armadas de Cuba en su lucha contra los guerrilleros. Y fue culpable el State Department, que apoyó la conjura internacional dirigida por los comunistas para adueñarse de Cuba.

Fueron culpables Gobierno y la Oposición, cuando el Diálogo Cívico, por no ceder a llegar a un acuerdo, decoroso, pacífico y patriótico. Y los infiltrados por Fidel Castro en aquella gestión, para sabotearla y hacerla fracasar, como lo hicieron.

Fueron culpables los políticos abstencionistas, que cerraron las puertas a todos los cambios electoralistas. Y los periódicos que, como Bohemia, le hicieron el fuego a los abstencionistas, negándose a publicar nada relacionado con aquellas elecciones.

Todos fuimos culpables. Todos. Por acción u omisión.

Viejos y jóvenes. Ricos y pobres. Blancos y negros. Honrados y ladrones. Virtuosos y pecadores. Claro que nos faltaba la lección increíble y amarga: que los más "virtuosos" y los más "honrados", eran los pobres.

Muero asqueado. Solo. Proscrito. Desterrado. Y traicionado y abandonado por amigos a quienes brindé generosamente mi apoyo moral y económico en día muy difíciles. Como Rómulo Betancur, Figueres, Muñoz Marín. Los titanes de esa "Izquierda Democrática" que tan poco tiene de "democrática" y si de "izquierda". Todos, deshumanizados y fríos, me abandonaron en la celda. Cuando se convencieron que yo era anticomunista, me demostraron que eran antiquevedistas. Son los presuntos fundadores del tercer mundo. El mundo de Mao Tse Tung.

Ojala mi muerte sea fecunda. Y obligue a la meditación. Para que los que pueden, aprendan la lección. Y los periódicos y los periodistas, no vuelvan a decir jamás lo que las turbas incultas y desenfrenadas quieran que ellos digan. Para que la prensa no sea más un eco de la calle, sino un faro de orientación para esa propia calle. Para los millonarios no den más sus dineros a quienes después les despojan de todo. Para que los anunciantes no llenen de poderío con sus anuncios a publicaciones tendenciosas, sembradas de odio y de infamia, capaces de destruir hasta la integridad física y moral de una nación, o de un destierro. Y para que el pueblo recapacite y repudie a esos voceros del odio, cuyas frutas hemos visto que no podían ser más amargas.

Fuimos un pueblo cegado por el odio. Y todos éramos víctimas de esa ceguera. Nuestros pecados pesaron más que nuestras virtudes. Nos olvidamos de Núñez de Arce, cuando dijo: "Cuando un pueblo olvida sus virtudes, lleva en sus propios vicios su tirano"

Adiós. Este es mi último adiós. Y le dije a todos mis compatriotas que yo perdono con los brazos en cruz sobre mi pecho, para que me perdonen todo el mal que yo he hecho.

Miguel Ángel Quevedo

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