Es un blog diario digital conformado con los artículos, opiniones, ensayos, etc. del Catedrático universitario Lic. Pedro Pablo Arencibia Cardoso sobre diferentes temáticas de la problemática cubana, actual e histórica, así como por noticias y artículos de otros autores que se consideran de gran interés para profundizar en la realidad cubana.
jueves, marzo 28, 2019
Video. Cuba: Padre Chabebe sobre fusilamientos de enero 12, 1959
El sacerdote Jorge Bez Chabebe habla sobre el fusilamiento en la Loma de San Juan, en las afueras de la ciudad de Santiago de Cuba, de 71 hombres por orden de Raúl Castro; fusilamientos que presenció en Santiago de Cuba el 12 de enero de 1959.
Cuba: Padre Chabebe sobre fusilamientos de enero 12, 1959
*********
Nota del Bloguista de Baracutey Cubano
En el siguiente video se ve la parodia de juicio a las cuatro personas de las que habla en el anterior video el ya fallecido sacerdote Jorge Bez Chabebe. El fusilamiento que se ve es el del Teniente Despaigne; uno de los cuatro . En el tribunal de barbudos se ve a Jorge ¨Papito¨ Serguera, muy amigo de Raúl Castro y tan sanguinario como Raúl. Papito Serguera, que era abogado, fue también el Fiscal en el ¨juicio¨ televisado contra Sosa Blanco en el Coliseo de la Ciudad Deportiva.
Los Castro y el narcotráfico y un ejemplo más de la perversidad Castrista: 13 de julio de 1989 fusilamiento del General de División Arnaldo Ochoa, del Coronel Antonio de la Guardia, del Mayor Amado Padrón y del Capitán Jorge Martínez
L MAYOR DE LA INTELIGENCIA , DGI, MANUEL DE BEUNZA HABLA SOBRE LA PARTICIPACIÓN DE FIDEL CASTRO EN EL NARCOTRÁFICO JUNTO A TONY DE LA GUARDIA Y JOSÉ ABRANTES
(pueden leer la partes I, II y III haciendo click AQUÍ )
Por Juan Benemelis
(Ex diplomático Castrista vinculado a la Inteligencia)
En
el curso de la década de los 70 se dieron cita dos coyunturas
importantes. La primera tendría que ver con el consumo de narcóticos,
que vería una gran expansión en Estados Unidos primero con la marihuana y
luego con la cocaína.
La otra coyuntura tenía que ver con el
narcotráfico en sí. El Cartel de Medellín necesitaba de un punto
intermedio cercano para operar hacia aguas norteamericanas. El Cartel de
Medellín llegará a introducir unas 45 toneladas de cocaína en Estados
Unidos, representando 25 billones de dólares, y alrededor de 10
toneladas en Europa.
En una intervención ante el Senado, en abril
de 1983, James H. Michel, Secretario de Estado para Asuntos
Interamericanos, expresó que existían pruebas de que en 1979, el buró
político del Partido Comunista de Cuba había aprobado un plan para
intervenir en el narcotráfico utilizando a Cuba como puente y base de
apoyo para las redes de traficantes de Estados Unidos.
El
suministro se organizó desde las fuentes de abastecimiento en América
del Sur y el gobierno de La Habana necesitaba recursos en moneda
convertible que estaría dispuesto a obtener de cualquier manera. La
vinculación cubana con el narcotráfico era inevitable desde un
principio, y además tenía que producirse de manera casi natural:
primero, porque en las áreas de producción de Suramérica, los
guerrilleros sostenidos por Cuba ocupaban el mismo espacio ilegal que los narcotraficantes.
La
guerrilla necesitaba armas y dinero, mientras que el narcotráfico,
siempre abundante en dinero, necesitaba protección armada y, sobre todo,
acceso a las redes de organización clandestina de la guerrilla y su
experiencia conspirativa. Además, una parte importante de todo el
tráfico de drogas cayó en manos de exilados cubanos, sobre los cuales La
Habana tenía abundante información para el chantaje. La parte del
exilio que se vinculó al narcotráfico con Cuba también se sentía
razonablemente segura de que no sería traicionada.
En
la medida que la crisis financiera y económica se hacía más profunda,
la dependencia de la Isla para con los recursos extraídos de Angola y
del narcotráfico se amplió. Apurado por lograr una nueva fuente de
recursos, Castro se fue involucrando cada vez más en el tráfico de
drogas, como apuntara el general cubano exiliado Rafael del Pino.
Tradicionalmente
los barcos usados en el narcotráfico colombiano tenían que atravesar el
Paso de los Vientos, entre Cuba y Haití, lo que muchas veces les
situaba en aguas territoriales cubanas, donde eran interceptados. Las
pérdidas de los narcotraficantes se incrementaron con alarma.
(Al centro el Embajador Fernando Ravelo y a su lado el alto Johny Crump)
Según
el testimonio dado en 1982 por el narcotraficante colombiano de Miami
Juan Lozano (alias Johnny Crump), es alrededor de 1975 que algunos de
los más importantes narcotraficantes colombianos se entrevistaron en
Bogotá con el embajador cubano Fernando Ravelo Renedo para negociar la
devolución de los barcos y las tripulaciones.
El
embajador cubano contestó con una contraoferta de La Habana: a cambio
de 800 mil dólares por cada barco, Cuba estaba preparada no sólo para
ignorar la actividad de los buques madres que se detectasen en sus
aguas, sino que podía proveerles de servicios de reparación y gasolina
en sus puertos, así como identificación y escolta cubana hasta las
proximidades de los cayos de la Florida.
Así,
los poderosos colombianos Alfonso Cotés y Alfonso García comenzaron sus
negocios de tráfico a través de Cuba. Los agentes de inteligencia
cubanos se pusieron en contacto con algunos potentados de la droga en
Miami, como por ejemplo Johnny Crump y el conocido narcotraficante Jaime
Guillot-Lara, quien con posterioridad sería empleado de los servicios
secretos cubanos y se casaría con una hija de Raúl Castro.
Entre
los cubanos exiliados en Estados Unidos implicados en el narcotráfico
con Cuba estaban José Alvero Cruz y Osiris Santi. En noviembre de 1976,
Alvero había viajado a España donde disponía de fondos bancarios, y allí
obtuvo de la propia embajada cubana en Madrid un pasaporte cubano. En
1978, actuando como agente de Cuba, Alvero arregló el envío de 5,000
armas para las guerrillas sandinistas en Nicaragua. Por su parte, Osiris
Santi era un narcotraficante cuyos barcos ya recibían protección en los
puertos cubanos. Su lugarteniente, Orlando Torres, se entrevistaba
constantemente en México con los funcionarios del régimen cubano
destacados en Mérida.
El
narcotraficante colombiano, Jaime Guillot-Lara -casado con la hija del
ministro de defensa cubano Raúl Castro- será el contacto entre Cuba y el
movimiento M-19. El 7 de noviembre de 1981, Guillot-Lara tiene que
escapar a toda prisa de Colombia y se refugia en México, donde los
agentes cubanos negocian su libertad con las autoridades mexicanas con
el fin de evitar que se descubriera su conexión con La Habana. En 1982,
Castro hablaba de Guillot-Lara como "un buen amigo".
(Jaime Guillot Lara, foto superior, y
en la foto inferior René Rodríguez Cruz quien fuera una de las personas
especializadas en dar el tiro de gracia a los fusilados en la Sierra
Maestra y al principio del triunfo de la Revolución; posteriormente fue
Presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos o ICAP, una
dependencia Castrista vinculada con la Dirección de Inteligencia. Murió
en extrañas circunstancias en Cuba después de llegar huyendo por las
acusaciones de narcotráfico. Comentarios y fotos añadidas por el
bloguista de Baracutey Cubano)
La
conexión cubana sería descubierta y probada más tarde. Los informes de
la participación cubana en el tráfico de drogas saldrían por vez primera
a la luz pública en 1982, cuando la Oficina Legal de los Estados Unidos
en Miami nombró entre los acusados al jefe de la marina de guerra de
Cuba, almirante Aldo Santamaría, y al ex embajador cubano en Colombia,
Fernando Ravelo, en un caso que incluía 23 toneladas de marihuana.
El
15 de noviembre de 1982, los colombianos Guillot-Lara y Johnny Crump, y
los cubanos Lázaro Visuña, Mario Estévez y David L. Pérez, brindaron a
un tribunal en Miami amplias pruebas de las actividades de narcotráfico
por parte de Cuba desde el año 1975, tráfico que tenía como uno de sus
objetivos el envió de armas a la guerrilla colombiana del M-19.
Según
la deposición de Johnny Crump, él y Guillot-Lara se dirigieron a La
Habana en compañía del embajador Ravelo, donde éste y el embajador de
Cuba en Venezuela, Norberto de la Osa, les confirmaron que el barco
Viviana, dedicado al narcotráfico, obtendría salvoconducto todas las
veces que atravesase las aguas jurisdiccionales cubanas.
Por la
protección de este tránsito, Guillot-Lara pagaba 20 mil dólares por cada
tonelada de marihuana a bordo. A su vez, el compromiso incluía el
transporte de armas a las guerrillas del M-19 en Colombia. Según
Guillot-Lara, a su retorno a Colombia inició los trámites para preparar
otro barco para enviar a Cuba en 1980.
(El embajador Fernando Ravelo bautizando a Viviana, hija de Johny Crump, el cual se encuentra en la extrema derecha de la foto)
Conforme
al testimonio de Johnny Crump, los funcionarios cubanos Ravelo y René
Rodríguez Cruz -presidente del Instituto Cubano de Amistad con los
Pueblos (ICAP)-, le sugirieron la posibilidad de comprar y enviar armas
para elementos anti-Pinochet en Chile a través de Panamá. Una semana
después, un chileno de apellido Galván, le hacía entrega de un microfilm
en un cigarrillo que contenía la lista de las armas, alimentos y
municiones para 300 hombres.
Por otra parte, Johnny Crump
cuenta cómo durante una campaña en la costa norte del Pacifico, las
autoridades colombianas cercaron a un grupo guerrillero del M-19
comandados por Carmenea Cardona, muchos de los cuales figuraron en el
secuestro de la embajada dominicana en Bogotá y que supuestamente debían
haber estado refugiados en Cuba.
Entre los detenidos y testigos
de la causa de Miami figuraba también Mario Estévez, un agente de la
inteligencia cubano, infiltrado en los Estados Unidos en 1980. En su
deposición ante el Gran Jurado, Estévez expresó que había sido
infiltrado con el objetivo de activar el tráfico de drogas, comenzando
por transacciones de marihuana hasta que fue arrestado el 29 de
noviembre de 1981. Estévez testificó ante una comisión del senado de los
Estados Unidos que había introducido en la Florida marihuana y gualudes
desde Cuba, y de ahí trasladado a Nueva York.
Las declaraciones
de Estévez resultaron desconcertantes: la alta cúpula de la dirigencia
cubana había organizado una extensa red de narcotráfico desde América
Latina hasta los puntos de distribución en ciudades norteamericanas,
usando sus propios servicios secretos. Estévez identificó al alto
oficial de inteligencia cubana, René Rodríguez Cruz y al vicealmirante
Aldo Santamaría como las personas encargadas por Castro para canalizar
este tráfico.
Estévez apuntó que desde los inicios de la década
de los setenta se producía marihuana en la región cubana de Manzanillo
para venderla en los Estados Unidos, operación que Castro venía
madurando desde los días de la guerra de Vietnam. Estévez estimó en 200
millones de dólares anuales los ingresos cubanos sólo por concepto de la
marihuana.
Durante el período de su actividad ilícita, Estévez
logró el traslado de Cuba a Estados Unidos de alrededor de 270
kilogramos de cocaína, posteriormente vendida en Miami, Chicago, Ohio,
Nueva Jersey, Nueva York y otras ciudades. El dinero acumulado lo
llevaba a Cuba él personalmente. También informó que en un momento de su
actividad, sus jefes en el gobierno cubano le recomendaron se
trasladase a Bimini, en Las Bahamas, para conocer y entrenar a Frank
Bonilla, otro agente proveniente de Cuba.
De regreso a Cuba,
recalaron en la pequeña isla de Paredón Grande, donde hallaron el buque
Viviana del colombiano Guillot-Lara con un cargamento de 8 millones de
qualudes. El yate estaba escoltado por buques de guerra cubanos.
De
acuerdo con la narración de Estévez, corroborada luego por otros
narcotraficantes, estando en Paredón Grande concurrieron el jefe de la
Marina de Cuba, almirante Santamaría, y el alto jefe de la inteligencia
René Rodríguez, presidente del ICAP, organismo pantalla de la
inteligencia cubana, con quienes sostuvo una extensa conversación sobre
el narcotráfico. Explicó que cuando salió de Cuba a bordo del Viviana se
acarreaba otro barco, el Lazy Lady, hasta la isla de Andros en Las
Bahamas, donde se hizo el traspaso de los qualudes. Después fue ordenado
a seguir hasta Cayo Güincho donde recogió 23,000 libras de marihuana
procedente de Cuba.
(fotos superiores: Gonzalo Bassols y el ya fallecido Vicealmirante
Aldo Santamaría Cuadrado; fotos inferiores: el extrañamente fallecido
en Cuba René Rodríguez Cruz y el embajador Fernando Ravelo)
El
testimonio de Estévez implicó en el narcotráfico internacional a
Santamaría, René Rodríguez, al embajador Ravelo, a Gonzalo Bassols
Suárez, diplomático cubano en Colombia; a Teodobaldo Rico Rodríguez y
Francisco Echemendía, funcionarios del Ministerio del Interior de Cuba.
Con
posterioridad, René Rodríguez moría en La Habana, en circunstancias
misteriosas, después del fusilamiento de los militares el general Ochoa,
Tony de La Guardia, en 1989, y al deceso en prisión, en 1991, del
general José Abrantes Fernández, exministro del Interior.
Coincidentemente,
Estévez también fallecería en una prisión norteamericana. Los hilos de
la trama que conducían hasta Fidel y Raúl Castro irían desapareciendo
con el tiempo.
El ex secretario de Estado, Shultz, refiriéndose a
los resultados del Gran Jurado de Miami, indicó que se "demostró la
evidencia de la complicidad de Cuba en el tráfico de narcóticos en
América Latina”. En marzo de 1983 fue confiscado en la Florida un velero
con 750 libras de marihuana a bordo. Durante el registro del bote se
halló un diario con la ruta seguida. Había zarpado de la Florida para
Las Bahamas, siguió a Haití, luego a Cuba, después a Jamaica, retornó a
Las Bahamas y finalmente llegó a la Florida de nuevo.
Poco
después, el 20 de mayo de 1983, el presidente de los Estados Unidos,
Ronald Reagan declaraba en Miami que existían fuertes pruebas de que
funcionarios de Castro estaban involucrados en el tráfico de drogas
desde Cuba. Un mes después, el administrador de la DEA, Francis Mullen
ratificaba ante el senado estadounidense que el gobierno de Cuba estaba
consciente de los movimientos de drogas a través de su territorio, y que
facilitaban tales movimientos.
Del libro Las guerras secretas de Fidel Castro, de Juan F. Benemelis.
¿Quién es Raúl Castro? Un tirano al que sólo un hermano puede querer
(Fragmento)
Por Ion Mihai Pacepa
.
(Comandante General Ion Mihai Pacepa fue el oficial mayor en abandonar el antiguo bloque comunista.)
En 1972, tuve que organizar el viaje de Ceausescu a La Habana y fui su
mano derecha durante toda la visita. Fidel era la cabeza visible, Raúl
el movia los hilos. La primera dama de Cuba no era la mujer de Fidel
sino la de Raúl. A Elena Ceausescu le estraño pero ambas mujeres
conectaron a la perfección. Las dos, Elena y Vilma Espin Guilloys,
habían abandonado sus estudios en la escuela; ambas querían ser
químicas; las dos habían logrado reconocidos doctorados en la
universidad, ambas se unieron al partido comunista antes de que hubiera
llegado al poder en sus respectivos países, llegaron formar parte del
Consejo de Estado y las dos eran presidentes de la Federación de
Organizaciones de mujeres en sus países.
Durante esa visita, los hermanos Castro y Ceausescu acordaron
aventurarse en el tráfico de drogas. Querían regir los destinos del
mundo con las drogas. “Las drogas pueden hacer mucho más daño al
imperialismo que las armas nucleares”-pontificaba Fidel. Raúl estaba de
acuerdo: -“Las drogas pueden erosionar el capitalismo desde dentro”. En
esas conversaciones nunca escuche la palabra “dinero” pero yo ya estaba
administrando el dinero estaba generando Rumanía con estas operaciones.
Todo este dinero era transferido a las cuentas personales de Ceausescu.
En 1978, cuando afortunadamente pude abandonar Rumania esa cuenta, que
llamaban AT-78, tenía un saldo de 400 millones de dólares –a pesar de
las considerables dentadas que provocaba Elena con sus gastos en joyería
y abrigos de lujo.
“FIDEL PONTIFICABA: ´LAS DROGAS PUEDEN HACER MUCHO MÁS DAÑO AL IMPERIALISMO QUE LAS ARMAS NUCLEARES´. RAÚL ESTABA DE ACUERDO: ´LAS DROGAS PUEDEN EROSIONAR EL CAPITALISMO DESDE DENTRO”.
*************
Wenceslao Cruz
Published on May 26, 2016
http://clickeventonline.com/event/pol...
Juan Antonio Blanco Gil. (Cuba) Doctor en Historia de las Relaciones Internacionales, profesor universitario de Filosofía, diplomático y ensayista, comenta durante el Foro «El narcotráfico como peligro para la democracia» celebrado en la Casa Bacardí de la Universidad de Miami y organizado por el InterAmerican Institute for Democracy
Juan A Blanco: ¿Cómo dar carta de buena conducta a Cuba y decir que Venezuela trafica cocaína?
13 de julio de 1989. Los fusilamientos del General de División Arnaldo Ochoa Sánchez y del Coronel Antonio ¨Tony¨ de la Guardia para ocultar la participación de Fidel Castro y Raúl Castro en el narcotráfico y neutralizar la posibilidad de una conspiración de militares en contra del Castrismo
Arnaldo Ochoa ya durante el juicio de la
Causa 1/89 se percató de cual era su suerte y por eso su actitud cambió
respecto a su actitud anterior en el Tribunal de Honor en el que actuó
quizás movido por unas engañosas palabras del más alto nivel de la
Tiranía; ese cambio en la actitud lo vimos todos los que seguimos esos
sucesos por la televisión . Fue tal el cambio que Fidel Castro se
refirió a ese cambio en sus palabras finales en la sesión del Consejo de
Estado donde se ratificaron las penas de muerte de Arnaldo Tomás Ochoa
Sánchez, Antonio de la Guardia Font, Amado Padrón Trujillo y Jorge
Martínez. .
Para que se conozca la perversidad de ese régimen,
les diré que en el Tribunal de Honor estaba el General Julio Casas
Regueiros, un individuo sin méritos de guerra que no tenía ninguna
buena relación con el General Arnaldo Ochoa Sánchez. Julio Casas
Regueiros en el mismo año 1959 se había casado con una hermana muy joven
de los Ochoa, creo que era la única hermana que tenían, y a menos de un
mes de casarse, la abandonó. Los Ochoa querían matar a Julio Casas
Regueiros por esa burla y, según me han dicho, sólo la intercesión del
Comandante Efigenio Amejeiras impidió que eso sucediera.
Es
práctica usual en Cuba que los condenados a muerte que mantengan más
valor y entereza sean los últimos en ser fusilados, aunque las razones
por las que Ochoa pidió que fusilaran primero ¨a la puta de Tony de la
Guardia para verlo morir ¨ ( ESA ES LA PALABRA QUE ME DIJERON EN ESA
ÉPOCA QUE HABÍA DICHO OCHOA; NO SE SI FUE ASÍ, PUES LA PERSONA QUE ME LO
DIJO LO HABÍA OIDO DE UN AMIGO DE LA FÍLMICA DEL MINFAR QUE ESTUVO
PRESENTE EN EL FUSILAMIENTO ) quizás hayan sido:
1)
Que Tony sí sabía con detalles que Fidel y Raúl Castro estaban
implicados en el tráfico de drogas y que tenía las pruebas y no lo dijo.
o porque
2) Antonio,¨Tony¨, de la Guardia Font haya compartido indiscretamente
con su primo el General de Brigada Fabián Escalante Font, posteriormente
ascendido a General de División y a jefe de la Contrainteligencia
interior dentro del MININT, las conversaciones que sostenían en casa de
Diocles Torralba, las cuales podían ser vistas y valoradas como indicios
de estadios iniciales de una futura conspiración entre los militares
del MINFAR y el MININT en contra de la tiranía de Fidel Castro. En esa
conversación también me dijeron que Tony le había prometido a sus
padres que no pasaría lo que vieron en la TV y que enfrentaría
valientemente la muerte.
********
Manuel de Beunza (Part.II)
( a partir del minuto y 30 segundos Manuel de Beunza habla de una
reunión sobre narcotráfico en la que participaron él, Fidel Castro,
Ruiz Poo, Abrantes y Osmany Cienfuegos. La parte que debía ejecutar
Manuel de Beunza era el lavado producto de esas actividades de
narcotráfico. Manuel de Beunza falleció en el 2013 si mal no recuerdo)
********
El ex Teniente Coronel de Seguridad Personal y ex guardaespalda de Fidel
Castro, ya fallecido en extrañas circunstancias, Juan Reinaldo Sánchez
narra la participacion de Fidel y Raul Castro en el trafico de Armas y
Drogas
********
Tomado de http://neoliberalismo.com/prologo_nttr.htm
Prólogo a Narcotráfico y Tareas Revolucionarias
Por Ernesto Betancourt
(FRAGMENTO, pero pueden leerlo completo haciendo click AQUÍ)
Las
relaciones de Castro con el tráfico de drogas a través de Cuba y en el
lavado de dinero son más que confirmadas por hechos anteriores y
posteriores al juicio de Ochoa y han sido motivo de acciones legales en
los tribunales de Estados Unidos. Norberto Fuentes agrega detalles reveladores en su narrativa que dan validez a esta hipótesis.
Ya en 1980 Castro decide suspender operaciones de tráfico de marihuana cuando el entonces Ministro del Interior, Ramiro Valdés, pidió órdenes por escrito del Comandante en Jefe para continuar dichas operaciones.
Fuentes revela que Castro estuvo envuelto en los tratos con Vesco y con
el M-19 de Colombia/Jaime Guillot Lara, casos objeto de grandes jurados
en Estados Unidos. En 1983, Castro planteó a Tony de la Guardia y a
otros funcionarios del MININT la necesidad de demostrarle la
factibilidad de hacer operaciones de drogas en forma tal que permitiera
negar su envolvimiento y le ordenó iniciar los contactos con Pablo
Escobar. Paralelo a estas operaciones, hay notas sobre crecientes
contactos con los carteles mexicanos para operaciones de gran
envergadura en los que la participación de Tony de la Guardia es más
tangencial, pero no pueden tener lugar sin el conocimiento y la
aprobación de Fidel Castro.
Esta implicación directa de Castro continúa mucho después del
fusilamiento de Tony de la Guardia. El contrabandista Jorge «Gordito»
Cabrera, actualmente cumpliendo una sentencia de diez y nueve años, fue capturado en los Cayos de la Florida, en Enero de 1996, con 6,000 libras de cocaína y una foto de él con Fidel Castro.
Esto alcanzó gran publicidad cuando, durante el escándalo sobre
contribuciones ilegales a la campaña del Presidente Clinton, se
descubrió que Cabrera había contribuido $20,000 a dicha campaña y había
sido invitado a una fiesta de Navidad en la Casa Blanca, donde se
retrató con la Primera Dama, y a otra en Miami, donde se retrató con el
Vice Presidente Al Gore.
Jorge Luis «Gordito» Cabrera y Hillary Clinton
Jorge Luis «Gordito» Cabrera y Al Gore
( Fotos y comentario añadidos por el bloguista de Baracutey Cubano:
"Thanks to Castro" boasted the FARC's late commander " Tiro-Fijo"
(sure-shot) in a 2001 interview, "we are now a powerful army, not a hit
and run band." The conduit for Castro's aid was (and is), of course,
Venezuela. "The evidence against Castro is already greater than the
evidence that led to the drug indictment of Manuel Noriega in 1988,"
Said one of the federal prosecutors to the Miami Herald in Judy 25,
1996. A total of four grand juries had revealed Castro's involvement in
drug traffic. Much of the evidence came from famous Clinton financial
backer Luis "El Gordito" Cabrera. Pictures from the 1995 White House
Christmas party, show him smiling with Hillary and backslapping with
Vice President Gore. During his arrest for cocaine smuggling
exactly two weeks after that party, pictures turned up of "Gordito"
Cabrera smiling and backslapping with Fidel Castro.
The drug arrest took place in Miami in January when police, following
a tip about smuggled Cuban Cohiba cigars, raided a warehouse and found
nearly three tons of cocaine. One Colombian and several Cuban Americans
were detained, including 40-year-old Jorge Luis Cabrera, nicknamed "el
Gordito" (the fat man), whose family owns a lobster and crab business in
the Florida Keys.
The main basis for the supposed Castro link
was alleged to be photographs found in a suspect's car at the scene of
the bust, said to show "the fat man" posing with Mr Castro.)
Por su parte, de acuerdo con el periodista Andrés Oppenheimer, las
autoridades mexicanas encontraron vínculos del Rey de los Cielos, Amado
Carrillo Fuentes, con el régimen cubano. Este disfrutaba de una casa de
protocolo del gobierno de Cuba durante sus visitas a la Habana,
privilegio que cualquiera que sepa cómo se gobierna Cuba sabe es
imposible de obtener sin la aprobación del propio Castro. Estas casas
son asignadas personalmente por Fidel Castro y la administración de esas propiedades es una de las funciones de su Jefe de Despacho, el Dr. José M. Miyar Barruecos.
(Norberto Fuentes entre Fidel y Raúl Castro; nótese a Raúl eufórico. ¿estaría tomando vodka con jugo de naranja?)
Finalmente, en este caso, lo que pudiera llamarse el «smoking
gun», de acuerdo con el argot policíaco, es el incidente, ocurrido en
enero 18 de 1991, en la prisión de Guanajay que albergaba tanto a los
procesados en el caso Ochoa como en el caso Abrantes. En esa oportunidad
Abrantes, antiguo Ministro del Interior, le confesó al general Patricio
de la Guardia, cuyo hermano gemelo Tony fue uno de los ejecutados por
Fidel Castro, que él mantenía a Fidel Castro informado de todas las
acciones de su Ministerio relacionadas con el tráfico de drogas.
Patricio reaccionó violentamente ante esta evidencia que confirmaba que
su hermano había sido ejecutado por cumplir misiones aprobadas por
Fidel. Esta indiscreción de Abrantes ocasiona su misteriosa muerte el
21 de enero de 1991, tres días después,
a causa de un fallo cardíaco que, en el mejor de lo casos, no fue
atendido debidamente por sus carceleros y, en el peor, fue ocasionado
deliberadamente por las inyecciones que le daban éstos.
(Norberto Fuentes y Raúl Castro)
Pero, aparte de revelar que Castro sí ha estado y sigue estando envuelto
en el tráfico de drogas, las revelaciones, hasta ahora inéditas, de
Norberto Fuentes alimentan otra hipótesis sobre el caso de Ochoa. En
vista de toda la evidencia aportada en esas notas, es razonable asumir
que Ochoa estaba convirtiéndose en una amenaza para el monopolio de
poder de Castro. Esto se deduce claramente del incidente ocurrido el 28
de Mayo de 1989 descrito en la narrativa de Fuentes. En esa oportunidad
Raúl Castro, en presencia de los generales Ulises Rosales del Toro y
Abelardo Colomé (Furry), se reúne con el General Ochoa, ya bajo arresto
preventivo, y lo increpa en relación con cuatro temas:
Su juntadera con los generales soviéticos en Angola (en momentos en que
Castro ya había dado órdenes al Ministro del Interior de seguir a los
soviéticos en Cuba por desconfiar de sus contactos con funcionarios y
oficiales cubanos);
Su desobediencia de las órdenes de Fidel en la última fase de la guerra
en Angola (Ochoa se concentró en atacar a las fuerzas de Savimbi y Fidel
quería que atacara a los sudafricanos);
El que hubiera apoyado la operación de ataque a la guarnición militar La
Tablada en Buenos Aires sin haber consultado a la alta jerarquía del
régimen (Ochoa había conocido a Gorriarán, el guerrillero argentino que lideró esa violenta acción, en Nicaragua y se habían hecho amigos); y, finalmente,
Sus esfuerzos por crear su propia organización para el tráfico de drogas
en alianza con Pablo Escobar (lo que interfería con las mucho más
amplias operaciones de narcotráfico que ya estaban en camino a través de
Raúl y el Ministro del Interior, José Abrantes, con pleno conocimiento y
aprobación del propio Fidel).
(Norberto Fuentes hace unos pocos años en Miami)
Como puede apreciarse, la agenda anti-Ochoa era muy amplia. De hecho,
constituía una respuesta al reto que él representaba al liderazgo de
Castro en muchos frentes. La confirmación de este reto, que se acentúa
con su regreso a Cuba y la intensificación de contactos con Pablo
Escobar, coincide con las sentencias dictadas en el caso de los Ruiz en
los tribunales de la Florida en Abril 23 de 1989. Este caso envolvía
operaciones de tráfico de drogas que se estaban efectuando regularmente a
través de Cuba, las cuales eran imposibles de llevar a cabo sin la
aprobación de Raúl y, por consiguiente, del propio Fidel. El dictador
panameño Manuel Noriega advirtió a Castro que él era el objetivo en el
caso de los Ruiz.
Castro decidió matar dos pájaros de un tiro. Ejecutando a Ochoa y sus
principales colaboradores acusándolos de tráfico de drogas, silenciaba
toda alusión al envolvimiento de él y su hermano Raúl en esas
operaciones, y justificaba su inocencia, al mismo tiempo que se libraba
de un peligroso rival potencial por el control del poder.
En este esfuerzo confiaba, además, en el apoyo incondicional que siempre
ha tenido en los medios masivos de comunicación estadounidenses de
simpatizadores o agentes de influencia como Ted Turner de CNN, Dan
Rather de CBS y Peter Jennings de ABC, así como de algunos reporteros en
los líderes de la prensa liberal como The Washington Post y The New
York Times. Fidel Castro esperaba que esa interpretación, avalada por
escritores como el premio Nóbel Gabriel García Márquez, iba a prevalecer
en la opinión pública americana. Y así ha sido hasta ahora.
En forma cronológica presenta el autor información no conocida sobre las
actividades terroristas y en el narcotráfico del gobierno de Fidel
Castro. Revela también informaciones sobre el juicio de la Causa #1 de
1989, sobre el general Arnaldo Ochoa y los hermanos De la Guardia, sobre
la guerra en Angola y otros escenarios fuera y dentro de Cuba en los
que participara directamente o tuviera información por sus amigos del
MININT y el MINFAR, que participaron en ellos. Un libro inquietante y
revelador que muestra importantes interioridades de la cúpula gobernante
de Cuba. Prólogo de Ernesto F. Betancourt.
(pueden leer la partes I, II y III haciendo click AQUÍ )
Por Juan Benemelis
(Ex diplomático Castrista vinculado a la Inteligencia)
En
el curso de la década de los 70 se dieron cita dos coyunturas
importantes. La primera tendría que ver con el consumo de narcóticos,
que vería una gran expansión en Estados Unidos primero con la marihuana y
luego con la cocaína.
La otra coyuntura tenía que ver con el
narcotráfico en sí. El Cartel de Medellín necesitaba de un punto
intermedio cercano para operar hacia aguas norteamericanas. El Cartel de
Medellín llegará a introducir unas 45 toneladas de cocaína en Estados
Unidos, representando 25 billones de dólares, y alrededor de 10
toneladas en Europa.
En una intervención ante el Senado, en abril
de 1983, James H. Michel, Secretario de Estado para Asuntos
Interamericanos, expresó que existían pruebas de que en 1979, el buró
político del Partido Comunista de Cuba había aprobado un plan para
intervenir en el narcotráfico utilizando a Cuba como puente y base de
apoyo para las redes de traficantes de Estados Unidos.
El
suministro se organizó desde las fuentes de abastecimiento en América
del Sur y el gobierno de La Habana necesitaba recursos en moneda
convertible que estaría dispuesto a obtener de cualquier manera. La
vinculación cubana con el narcotráfico era inevitable desde un
principio, y además tenía que producirse de manera casi natural:
primero, porque en las áreas de producción de Suramérica, los
guerrilleros sostenidos por Cuba ocupaban el mismo espacio ilegal que los narcotraficantes.
La
guerrilla necesitaba armas y dinero, mientras que el narcotráfico,
siempre abundante en dinero, necesitaba protección armada y, sobre todo,
acceso a las redes de organización clandestina de la guerrilla y su
experiencia conspirativa. Además, una parte importante de todo el
tráfico de drogas cayó en manos de exilados cubanos, sobre los cuales La
Habana tenía abundante información para el chantaje. La parte del
exilio que se vinculó al narcotráfico con Cuba también se sentía
razonablemente segura de que no sería traicionada.
En
la medida que la crisis financiera y económica se hacía más profunda,
la dependencia de la Isla para con los recursos extraídos de Angola y
del narcotráfico se amplió. Apurado por lograr una nueva fuente de
recursos, Castro se fue involucrando cada vez más en el tráfico de
drogas, como apuntara el general cubano exiliado Rafael del Pino.
Tradicionalmente
los barcos usados en el narcotráfico colombiano tenían que atravesar el
Paso de los Vientos, entre Cuba y Haití, lo que muchas veces les
situaba en aguas territoriales cubanas, donde eran interceptados. Las
pérdidas de los narcotraficantes se incrementaron con alarma.
(Al centro el Embajador Fernando Ravelo y a su lado el alto Johny Crump)
Según
el testimonio dado en 1982 por el narcotraficante colombiano de Miami
Juan Lozano (alias Johnny Crump), es alrededor de 1975 que algunos de
los más importantes narcotraficantes colombianos se entrevistaron en
Bogotá con el embajador cubano Fernando Ravelo Renedo para negociar la
devolución de los barcos y las tripulaciones.
El
embajador cubano contestó con una contraoferta de La Habana: a cambio
de 800 mil dólares por cada barco, Cuba estaba preparada no sólo para
ignorar la actividad de los buques madres que se detectasen en sus
aguas, sino que podía proveerles de servicios de reparación y gasolina
en sus puertos, así como identificación y escolta cubana hasta las
proximidades de los cayos de la Florida.
Así,
los poderosos colombianos Alfonso Cotés y Alfonso García comenzaron sus
negocios de tráfico a través de Cuba. Los agentes de inteligencia
cubanos se pusieron en contacto con algunos potentados de la droga en
Miami, como por ejemplo Johnny Crump y el conocido narcotraficante Jaime
Guillot-Lara, quien con posterioridad sería empleado de los servicios
secretos cubanos y se casaría con una hija de Raúl Castro.
Entre
los cubanos exiliados en Estados Unidos implicados en el narcotráfico
con Cuba estaban José Alvero Cruz y Osiris Santi. En noviembre de 1976,
Alvero había viajado a España donde disponía de fondos bancarios, y allí
obtuvo de la propia embajada cubana en Madrid un pasaporte cubano. En
1978, actuando como agente de Cuba, Alvero arregló el envío de 5,000
armas para las guerrillas sandinistas en Nicaragua. Por su parte, Osiris
Santi era un narcotraficante cuyos barcos ya recibían protección en los
puertos cubanos. Su lugarteniente, Orlando Torres, se entrevistaba
constantemente en México con los funcionarios del régimen cubano
destacados en Mérida.
El
narcotraficante colombiano, Jaime Guillot-Lara -casado con la hija del
ministro de defensa cubano Raúl Castro- será el contacto entre Cuba y el
movimiento M-19. El 7 de noviembre de 1981, Guillot-Lara tiene que
escapar a toda prisa de Colombia y se refugia en México, donde los
agentes cubanos negocian su libertad con las autoridades mexicanas con
el fin de evitar que se descubriera su conexión con La Habana. En 1982,
Castro hablaba de Guillot-Lara como "un buen amigo".
(Jaime Guillot Lara, foto superior, y
en la foto inferior René Rodríguez Cruz quien fuera una de las personas
especializadas en dar el tiro de gracia a los fusilados en la Sierra
Maestra y al principio del triunfo de la Revolución; posteriormente fue
Presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos o ICAP, una
dependencia Castrista vinculada con la Dirección de Inteligencia. Murió
en extrañas circunstancias en Cuba después de llegar huyendo por las
acusaciones de narcotráfico. Comentarios y fotos añadidas por el
bloguista de Baracutey Cubano)
La
conexión cubana sería descubierta y probada más tarde. Los informes de
la participación cubana en el tráfico de drogas saldrían por vez primera
a la luz pública en 1982, cuando la Oficina Legal de los Estados Unidos
en Miami nombró entre los acusados al jefe de la marina de guerra de
Cuba, almirante Aldo Santamaría, y al ex embajador cubano en Colombia,
Fernando Ravelo, en un caso que incluía 23 toneladas de marihuana.
El
15 de noviembre de 1982, los colombianos Guillot-Lara y Johnny Crump, y
los cubanos Lázaro Visuña, Mario Estévez y David L. Pérez, brindaron a
un tribunal en Miami amplias pruebas de las actividades de narcotráfico
por parte de Cuba desde el año 1975, tráfico que tenía como uno de sus
objetivos el envió de armas a la guerrilla colombiana del M-19.
Según
la deposición de Johnny Crump, él y Guillot-Lara se dirigieron a La
Habana en compañía del embajador Ravelo, donde éste y el embajador de
Cuba en Venezuela, Norberto de la Osa, les confirmaron que el barco
Viviana, dedicado al narcotráfico, obtendría salvoconducto todas las
veces que atravesase las aguas jurisdiccionales cubanas.
Por la
protección de este tránsito, Guillot-Lara pagaba 20 mil dólares por cada
tonelada de marihuana a bordo. A su vez, el compromiso incluía el
transporte de armas a las guerrillas del M-19 en Colombia. Según
Guillot-Lara, a su retorno a Colombia inició los trámites para preparar
otro barco para enviar a Cuba en 1980.
(El embajador Fernando Ravelo bautizando a Viviana, hija de Johny Crump, el cual se encuentra en la extrema derecha de la foto)
Conforme
al testimonio de Johnny Crump, los funcionarios cubanos Ravelo y René
Rodríguez Cruz -presidente del Instituto Cubano de Amistad con los
Pueblos (ICAP)-, le sugirieron la posibilidad de comprar y enviar armas
para elementos anti-Pinochet en Chile a través de Panamá. Una semana
después, un chileno de apellido Galván, le hacía entrega de un microfilm
en un cigarrillo que contenía la lista de las armas, alimentos y
municiones para 300 hombres.
Por otra parte, Johnny Crump
cuenta cómo durante una campaña en la costa norte del Pacifico, las
autoridades colombianas cercaron a un grupo guerrillero del M-19
comandados por Carmenea Cardona, muchos de los cuales figuraron en el
secuestro de la embajada dominicana en Bogotá y que supuestamente debían
haber estado refugiados en Cuba.
Entre los detenidos y testigos
de la causa de Miami figuraba también Mario Estévez, un agente de la
inteligencia cubano, infiltrado en los Estados Unidos en 1980. En su
deposición ante el Gran Jurado, Estévez expresó que había sido
infiltrado con el objetivo de activar el tráfico de drogas, comenzando
por transacciones de marihuana hasta que fue arrestado el 29 de
noviembre de 1981. Estévez testificó ante una comisión del senado de los
Estados Unidos que había introducido en la Florida marihuana y gualudes
desde Cuba, y de ahí trasladado a Nueva York.
Las declaraciones
de Estévez resultaron desconcertantes: la alta cúpula de la dirigencia
cubana había organizado una extensa red de narcotráfico desde América
Latina hasta los puntos de distribución en ciudades norteamericanas,
usando sus propios servicios secretos. Estévez identificó al alto
oficial de inteligencia cubana, René Rodríguez Cruz y al vicealmirante
Aldo Santamaría como las personas encargadas por Castro para canalizar
este tráfico.
Estévez apuntó que desde los inicios de la década
de los setenta se producía marihuana en la región cubana de Manzanillo
para venderla en los Estados Unidos, operación que Castro venía
madurando desde los días de la guerra de Vietnam. Estévez estimó en 200
millones de dólares anuales los ingresos cubanos sólo por concepto de la
marihuana.
Durante el período de su actividad ilícita, Estévez
logró el traslado de Cuba a Estados Unidos de alrededor de 270
kilogramos de cocaína, posteriormente vendida en Miami, Chicago, Ohio,
Nueva Jersey, Nueva York y otras ciudades. El dinero acumulado lo
llevaba a Cuba él personalmente. También informó que en un momento de su
actividad, sus jefes en el gobierno cubano le recomendaron se
trasladase a Bimini, en Las Bahamas, para conocer y entrenar a Frank
Bonilla, otro agente proveniente de Cuba.
De regreso a Cuba,
recalaron en la pequeña isla de Paredón Grande, donde hallaron el buque
Viviana del colombiano Guillot-Lara con un cargamento de 8 millones de
qualudes. El yate estaba escoltado por buques de guerra cubanos.
De
acuerdo con la narración de Estévez, corroborada luego por otros
narcotraficantes, estando en Paredón Grande concurrieron el jefe de la
Marina de Cuba, almirante Santamaría, y el alto jefe de la inteligencia
René Rodríguez, presidente del ICAP, organismo pantalla de la
inteligencia cubana, con quienes sostuvo una extensa conversación sobre
el narcotráfico. Explicó que cuando salió de Cuba a bordo del Viviana se
acarreaba otro barco, el Lazy Lady, hasta la isla de Andros en Las
Bahamas, donde se hizo el traspaso de los qualudes. Después fue ordenado
a seguir hasta Cayo Güincho donde recogió 23,000 libras de marihuana
procedente de Cuba.
(fotos superiores: Gonzalo Bassols y el ya fallecido Vicealmirante
Aldo Santamaría Cuadrado; fotos inferiores: el extrañamente fallecido
en Cuba René Rodríguez Cruz y el embajador Fernando Ravelo)
El
testimonio de Estévez implicó en el narcotráfico internacional a
Santamaría, René Rodríguez, al embajador Ravelo, a Gonzalo Bassols
Suárez, diplomático cubano en Colombia; a Teodobaldo Rico Rodríguez y
Francisco Echemendía, funcionarios del Ministerio del Interior de Cuba.
Con
posterioridad, René Rodríguez moría en La Habana, en circunstancias
misteriosas, después del fusilamiento de los militares el general Ochoa,
Tony de La Guardia, en 1989, y al deceso en prisión, en 1991, del
general José Abrantes Fernández, exministro del Interior.
Coincidentemente,
Estévez también fallecería en una prisión norteamericana. Los hilos de
la trama que conducían hasta Fidel y Raúl Castro irían desapareciendo
con el tiempo.
El ex secretario de Estado, Shultz, refiriéndose a
los resultados del Gran Jurado de Miami, indicó que se "demostró la
evidencia de la complicidad de Cuba en el tráfico de narcóticos en
América Latina”. En marzo de 1983 fue confiscado en la Florida un velero
con 750 libras de marihuana a bordo. Durante el registro del bote se
halló un diario con la ruta seguida. Había zarpado de la Florida para
Las Bahamas, siguió a Haití, luego a Cuba, después a Jamaica, retornó a
Las Bahamas y finalmente llegó a la Florida de nuevo.
Poco
después, el 20 de mayo de 1983, el presidente de los Estados Unidos,
Ronald Reagan declaraba en Miami que existían fuertes pruebas de que
funcionarios de Castro estaban involucrados en el tráfico de drogas
desde Cuba. Un mes después, el administrador de la DEA, Francis Mullen
ratificaba ante el senado estadounidense que el gobierno de Cuba estaba
consciente de los movimientos de drogas a través de su territorio, y que
facilitaban tales movimientos.
Del libro Las guerras secretas de Fidel Castro, de Juan F. Benemelis.
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Firmas por la libertad de los presos politicos cubanos
Licenciado en Matemática Pura en la Universidad de La Habana (UH) y Catedrático universitario con 24 años de experiencia en la docencia universitaria cubana; posee la Categoría Docente Principal de Profesor Titular universitario. Fue expulsado el 29 de enero de 1997 del Instituto Superior Pedagógico de Pinar del Río ( universidad de perfil formativo o pedagógico) por motivos políticos. Activo colaborador desde su fundación de la revista VITRAL y del Centro Católico de Formación Cívica y Religiosa (CFCR) de la Diócesis de Pinar del Río. Colaboró en Cuba con las organizaciones opositoras: Todos Unidos, Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba y con el Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC).
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COLABORADORES:
Paul Echániz